Las nuevas hostilidades entre Estados Unidos e Irán en el Estrecho de Ormuz volvieron a disparar el petróleo y complicaron las expectativas sobre la próxima decisión del Banco Central Europeo.
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- El Brent superó los USD $85 por barril, después de cotizar cerca de USD $70 la semana anterior.
- Los mercados aún asignan una probabilidad cercana al 20% a otra subida de tasas del BCE el 22 de julio.
- El banco central deberá decidir antes de conocer los datos más recientes de inflación y crecimiento de la eurozona.
🚨 El petróleo se dispara y el BCE enfrenta un dilema crítico 🚨
El Brent supera los USD $85 tras tensiones en el Estrecho de Ormuz.
La reunión del BCE del 22 de julio se complica sin datos recientes sobre inflación.
Se estima un 20% de probabilidad de aumento de tasas.
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— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) July 15, 2026
El recrudecimiento de los enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán volvió a colocar al Estrecho de Ormuz en el centro de la atención económica mundial. La ruta marítima es clave para el suministro de petróleo y su inestabilidad elevó nuevamente la incertidumbre sobre la política monetaria europea.
El Banco Central Europeo debe decidir sus tasas de interés el 22 de julio. La institución llegará a esa reunión con un panorama energético más tenso y sin los datos más recientes de inflación y crecimiento de la eurozona.
Los inversores habían descartado prácticamente una nueva subida de tasas durante la reunión de la próxima semana. Sin embargo, el repunte del petróleo cambió parte de esas expectativas y reabrió el debate sobre una posible respuesta más restrictiva.
La situación resulta especialmente delicada porque el BCE ya modificó su rumbo monetario en junio. Después de varios recortes, el banco central elevó su tasa de depósito en 25 puntos básicos, hasta el 2,25%.
Según informó CNBC, Joachim Nagel, presidente del Bundesbank y responsable de tasas del BCE, describió el escenario como “extremadamente volátil”. El funcionario defendió una reacción cautelosa, aunque también pidió actuar con determinación si las condiciones lo exigen.
El petróleo vuelve a alterar la estrategia del BCE
Durante la primera mitad de 2025, el BCE recortó sus tasas de interés en cuatro ocasiones. Esas decisiones llevaron la tasa de depósito desde el 3% al comienzo de ese año hasta el 2% a mediados de junio.
La institución cambió de dirección el mes pasado, cuando incrementó su tasa de depósito en 25 puntos básicos. El movimiento llevó el indicador al 2,25% y reflejó la presión que ejercían los precios de la energía sobre la inflación.
Antes del estallido de la guerra en Irán, la inflación general de la eurozona se mantenía cerca del objetivo del 2% establecido por el BCE. Posteriormente, el indicador se aceleró hasta alcanzar un máximo de 3,2% en mayo.
Las estimaciones iniciales señalaron que la inflación de la eurozona descendió hasta el 2,8% el mes pasado. La moderación ocurrió pese a que los costos de la energía aumentaron 8,7% interanual.
La inflación subyacente se ubicó en 2,4%, un nivel que sugiere efectos limitados de segunda ronda en el resto de la economía. Este concepto describe la posibilidad de que un choque inicial, como el petróleo caro, se extienda hacia salarios, servicios y otros precios.
El nuevo repunte energético volvió a poner ese riesgo bajo observación. Los futuros de septiembre del crudo Brent internacional cotizaban por encima de USD $85 por barril el miércoles, frente a niveles cercanos a USD $70 la semana anterior.
La diferencia muestra la rapidez con la que un conflicto geopolítico puede modificar las expectativas de los mercados. También complica la tarea del BCE, que debe distinguir entre un impacto temporal y una presión inflacionaria capaz de prolongarse.
La eurozona depende de las importaciones para cubrir una parte importante de sus necesidades energéticas. Los datos más recientes de Eurostat indican que el bloque importó el 57% de la energía que necesitó en 2024.
Mercados divididos entre inflación y recesión
El BCE enfrenta dos riesgos que apuntan en direcciones opuestas. Una política demasiado flexible podría permitir que el aumento de la energía se filtre a otros precios, mientras que una política excesivamente restrictiva podría debilitar aún más la actividad económica.
La economía de la eurozona se contrajo 0,2% interanual durante el primer trimestre de 2026. Una nueva presión sobre los costos energéticos podría reducir el consumo y la inversión, especialmente si los hogares y las empresas trasladan el impacto a sus presupuestos.
Los funcionarios también deben tomar en cuenta el calendario estadístico. Las estimaciones iniciales del crecimiento del producto interno bruto del segundo trimestre no estarán disponibles hasta el 30 de julio.
Los datos de inflación correspondientes a julio llegarán un día después, el 31 de julio. Por ese motivo, la decisión del 22 de julio se adoptará sin información que podría ofrecer una lectura más precisa sobre la tendencia de los precios.
Los estrategas de tasas de ING, Michiel Tukker y Benjamin Schroeder, señalaron que los datos de inflación serán fundamentales para desafiar las posiciones más agresivas del mercado. Aun así, advirtieron que esas cifras no bastarían para disipar las dudas sobre los riesgos de segunda ronda.
El problema central para los responsables de política monetaria es que el petróleo puede subir sin que la inflación subyacente responda de inmediato. Si el encarecimiento se mantiene, el impacto podría aparecer después en el transporte, la producción industrial y los servicios.
Martin Kocher, presidente del banco central austríaco, afirmó al periódico alemán Börsen-Zeitung que actualmente no observan efectos de segunda ronda. También sostuvo que la política monetaria debe alinearse con las expectativas de inflación.
La postura del mercado sigue siendo prudente, aunque ya no resulta tan cómoda como la semana pasada. La valoración actual apunta a una probabilidad cercana al 20% de una subida de tasas en la reunión del 22 de julio.
Los inversores todavía esperan dos incrementos adicionales de 25 puntos básicos para la próxima primavera. Si esas previsiones se cumplen, la tasa de depósito del BCE llegaría al 2,75%.
La incertidumbre también puede aumentar la divergencia entre las expectativas para el BCE y las del Sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos. Los estrategas de ING consideran que el impulso inflacionario estadounidense debería ser descendente, mientras que el europeo todavía podría no haber alcanzado su máximo.
El BCE tendrá que evaluar si el repunte del Brent representa un episodio pasajero o una amenaza más persistente. La respuesta será relevante para los mercados de bonos, las divisas y las condiciones de crédito para hogares y empresas.
Nagel insistió en que la política monetaria mantendrá una postura vigilante. Su mensaje refleja la dificultad de comprometerse con una decisión definitiva cuando los precios de la energía dependen de acontecimientos militares que cambian con rapidez.
Para los inversores, la reunión del 22 de julio se convirtió en un evento de mayor riesgo. La combinación de petróleo caro, inflación todavía elevada y crecimiento débil deja poco margen para errores de política.
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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.
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