Por Canuto  

Canadá y la Unión Europea quieren definir en junio una relación inédita que podría acercar a Ottawa al bloque como miembro asociado. La iniciativa combina comercio digital, minerales críticos, computación e iniciativas de seguridad, mientras Mark Carney busca reducir la dependencia económica de Estados Unidos.
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  • Mark Carney espera concluir en junio las negociaciones para una posible membresía asociada de Canadá en la UE.
  • La alianza contempla acuerdos sobre comercio digital, minerales críticos, inteligencia artificial, seguridad y cooperación tecnológica.
  • La declaración conjunta no formalizó la membresía asociada y dejó para 2027 la definición de una asociación más estrecha.


Una relación nueva ante un escenario de presión

Canadá y la Unión Europea buscan establecer una relación que vaya más allá de sus acuerdos actuales, en un contexto marcado por tensiones comerciales y dudas sobre la dependencia de Washington. El primer ministro canadiense, Mark Carney, dijo el viernes que espera concluir en junio las negociaciones para que su país se convierta en el primer “miembro asociado” del bloque europeo.

La propuesta surgió al cierre de una cumbre de dos días en Montreal, donde Carney, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, anunciaron la Alianza para el Futuro. Según Fortune, los líderes vincularon el acercamiento con la necesidad de proteger la soberanía y ampliar la cooperación económica y de seguridad en un orden mundial cambiante.

La guerra comercial impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump y sus amenazas contra aliados tradicionales aceleraron los esfuerzos de Canadá y Europa por diversificar sus relaciones. Von der Leyen sostuvo que los une una visión compartida del mundo y advirtió que los cambios y las presiones actuales no serían pasajeros.

Carney presentó la iniciativa como una forma de preservar la capacidad de ambos socios para decidir por sí mismos, no como una alianza dirigida contra un país específico. Cuando le preguntaron si Trump podría ser invitado a sumarse, no respondió directamente y reiteró que el objetivo era reforzar la soberanía y las libertades de la población canadiense y europea.

La membresía asociada aún no está definida

La etiqueta de “miembro asociado” ocupó un lugar central en las declaraciones públicas de Carney y von der Leyen, pero no apareció en la declaración conjunta de la cumbre. En su lugar, los líderes acordaron definir una “asociación cada vez más estrecha” en su próxima reunión, prevista para 2027, por lo que la forma institucional de la relación todavía está por concretarse.

La diferencia entre el lenguaje de los dirigentes y el documento compartido muestra que el acercamiento político avanza, aunque persisten cuestiones por resolver sobre cómo describirlo. Costa afirmó que ambas partes quieren crear una fórmula distinta de las asociaciones previas de la UE con países que no pertenecen al bloque, “todo menos la membresía plena”.

El calendario planteado por Carney contempla una reunión de ministros de su gabinete con comisarios europeos en marzo, antes de que el primer ministro asista a las reuniones del Consejo Europeo en junio. Allí espera cerrar las negociaciones sobre la relación propuesta, mientras Costa confirmó la invitación y señaló que se darían más detalles en ese momento.

Von der Leyen dijo que existe un amplio respaldo a acercar a Canadá a la Unión Europea, pese al desacuerdo sobre el nombre de la relación. Esa distinción importa: el apoyo político al objetivo no equivale todavía a un acuerdo formal sobre los términos, los mecanismos o el alcance de una eventual membresía asociada.

Comercio, minerales e infraestructura tecnológica

Canadá y la UE ya cuentan con un acuerdo de libre comercio que eliminó la mayoría de los aranceles, pero la nueva agenda busca atender áreas que requieren reglas y conexiones adicionales. El viernes concluyeron las negociaciones de un acuerdo de comercio digital destinado a facilitar que las empresas vendan a través del Atlántico, una medida que Carney describió como una vía para reducir obstáculos y ampliar oportunidades.

La industria canadiense de minerales críticos también figura entre las prioridades económicas del acercamiento. Canadá firmó un acuerdo que permite al Banco Europeo de Inversiones financiar proyectos vinculados con esos recursos, con la posibilidad de abrir una nueva fuente de inversión para el sector minero del país.

En tecnología, Canadá se unirá a una iniciativa europea de supercomputación que, según Carney, podría transformar la investigación. Como ejemplo, señaló que el supercomputador europeo JUPITER podría completar en un día cálculos que tomarían seis meses a la computadora de investigación más potente de Canadá.

Los dos socios también concluyeron las negociaciones de un acuerdo de competencia destinado a frenar prácticas anticompetitivas y reducir los precios para los consumidores. Además, estudiarán la posibilidad de vincular sus sistemas de pagos instantáneos para que las transferencias transfronterizas sean más rápidas y baratas; ambos proyectos amplían la agenda más allá de la eliminación de aranceles.

Seguridad y diversificación de las exportaciones

La Alianza para el Futuro podría incorporar con el tiempo a otros países con ideas afines, aunque Canadá y la UE quedarían en su núcleo. Esa posibilidad acompaña una agenda bilateral que incluye cooperación en defensa, ciberseguridad, seguridad en el Ártico y medidas contra la injerencia extranjera, además de un nuevo arreglo de seguridad fronteriza.

Los líderes acordaron estudiar si es viable exportar gas natural licuado canadiense a Europa y explorar la construcción de nuevos cables submarinos que conecten Canadá, Europa y Asia. La noticia no detalló rutas, costos ni plazos para esos proyectos, que todavía aparecen como asuntos sujetos a evaluación y exploración.

La movilidad académica y laboral también está en discusión: Canadá y la UE iniciarán negociaciones para ampliar la participación canadiense en Erasmus+, el programa europeo de intercambio estudiantil. Asimismo, explorarán maneras de facilitar que jóvenes puedan estudiar y trabajar a ambos lados del Atlántico, aunque aún no se anunciaron condiciones concretas.

La iniciativa se relaciona con el peso que Estados Unidos conserva en la economía canadiense: ese país representó el 71,7% de las exportaciones de mercancías de Canadá en 2025. Carney quiere duplicar las exportaciones canadienses a otros países durante la próxima década, de modo que el acercamiento europeo puede contribuir a diversificar destinos, aunque las medidas anunciadas todavía deben traducirse en acuerdos y oportunidades comerciales concretas.

Las amenazas de aranceles ponen a prueba el acercamiento

Trump ha sugerido que el acuerdo propuesto entre Canadá y la UE podría constituir un “acto hostil” y ha amenazado con imponer aranceles a Europa si considera que la iniciativa es poco amistosa. Esa advertencia añade presión a un proceso que sus promotores presentan como una apuesta por la autonomía, pero que también puede generar fricciones con un socio comercial central para Canadá.

Carney insistió en que la alianza no está dirigida contra ningún país y resumió su propósito como una iniciativa “a favor” de la soberanía. La formulación busca diferenciar el fortalecimiento de los vínculos entre Canadá y Europa de una coalición explícitamente orientada a contener a Estados Unidos, aun cuando la preocupación por la dependencia de Washington esté presente en el trasfondo.

La respuesta europea también combina respaldo político con cautela institucional: von der Leyen destacó el apoyo a acercar a Canadá, mientras la declaración conjunta evitó adoptar el término de membresía asociada. Por ahora, los anuncios incluyen acuerdos negociados, compromisos de cooperación y áreas que apenas se estudiarán, por lo que no todas las iniciativas tienen el mismo nivel de definición.

La próxima etapa será comprobar si las reuniones previstas para marzo y junio permiten cerrar un marco aceptable para ambas partes, sin confundir la ambición del proyecto con un resultado ya alcanzado. El horizonte de 2027 para definir una asociación más estrecha y el objetivo canadiense de diversificar sus exportaciones muestran que la iniciativa pretende ser duradera, pero su alcance dependerá de las negociaciones y de la reacción a las tensiones comerciales.


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