Una serie de ataques con drones contra embarcaciones en el mar Negro dejó buques incendiados y marineros desaparecidos, mientras la OTAN aumenta sus capacidades contradrón y evalúa reforzar la protección marítima cerca de Rumania y Bulgaria. La atribución de los ataques a Rusia no está confirmada públicamente en todos los casos.
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- Dos buques cisterna químicos ardieron cerca de la desembocadura del canal de Sulina; uno estaba dentro de aguas territoriales rumanas.
- Los incidentes se suman a ataques anteriores en zonas económicas exclusivas de Bulgaria y Rumania, con tripulantes desaparecidos y barcos hundidos. La autoría no está confirmada en todos los episodios.
- La OTAN anunció más capacidades contradrón en su flanco oriental, mientras los países de la región buscan proteger la navegación y las exportaciones ucranianas.
Una nueva serie de ataques contra embarcaciones en el mar Negro llevó la violencia de la guerra a las proximidades de las costas de países miembros de la OTAN. Entre el 14 y el 15 de octubre, dos buques cisterna químicos se incendiaron cerca de la desembocadura del canal de Sulina, y uno de ellos se encontraba dentro de aguas territoriales de Rumania. Las autoridades también reportaron otro buque atacado en aguas rumanas y una embarcación golpeada en un puerto ucraniano del Danubio.
Los incidentes se suman a una cadena de ataques registrados desde comienzos de octubre en zonas económicas exclusivas de Bulgaria y Rumania. El reporte de Ars Technica señala que varios de esos episodios se atribuyen a drones rusos, aunque la responsabilidad no está confirmada de forma independiente en todos los casos. El aumento de los riesgos para la navegación ya impulsa pedidos de más protección antidrón y una cooperación marítima más estrecha entre los países de la región.
Buques cisterna incendiados cerca de Rumania
El buque cisterna químico Yara J, con bandera de Comoras, fue alcanzado mientras permanecía dentro de las aguas territoriales rumanas, de acuerdo con la información publicada sobre el ataque. Las autoridades rescataron y verificaron a todos sus tripulantes, pero el incendio convirtió el incidente en una señal especialmente grave: el daño ocurrió dentro del espacio marítimo más próximo a la costa rumana, no solo en aguas internacionales o en una zona económica exclusiva.
El segundo buque cisterna, Wine Trader, navegaba bajo bandera de San Marino y recibió el impacto a aproximadamente una milla de las aguas territoriales de Rumania. Los equipos rescataron a cinco personas, mientras las autoridades continuaban buscando a otros siete marineros desaparecidos. Reuters citó a una fuente anónima de la OTAN que atribuyó los ataques con drones a Rusia, pero esa atribución debe entenderse como una evaluación informada por esa fuente, no como una confirmación pública detallada de la operación.
La desembocadura del canal de Sulina, donde ambos barcos estaban anclados, conecta el mar Negro con el río Danubio y adquirió una importancia creciente para el transporte de mercancías ucranianas. Reuters informó que esa vía se convirtió en una ruta crucial de exportación marítima para Ucrania, de modo que los ataques cercanos no afectan únicamente a los buques implicados. También elevan la incertidumbre para el tráfico comercial que utiliza el corredor fluvial y sus accesos marítimos.
La OTAN informó además que el granelero Sea Destiny, con bandera de las Islas Marshall, fue atacado durante la noche dentro de aguas rumanas. En el mismo comunicado mencionó al buque cisterna Dania J, registrado en Tanzania, que recibió un ataque en Izmail, ciudad portuaria ucraniana sobre el Danubio. Al momento de los reportes no se habían divulgado detalles sobre daños o víctimas en esos dos incidentes, por lo que no corresponde equipararlos con los casos de barcos incendiados y tripulantes desaparecidos.
Una cadena de ataques y daños a la navegación
Los ataques ocurridos cerca de Rumania se produjeron pocos días después de otros dos episodios frente a Bulgaria. El 13 de octubre, drones presuntamente rusos alcanzaron embarcaciones a unas dos docenas de millas de la costa búlgara, dentro de la zona económica exclusiva del país. El primer ministro búlgaro, Rumen Radev, convocó a la embajadora rusa en Sofía y expresó sospechas sobre la autoría de los ataques.
Sin embargo, el 15 de octubre Radev reconoció que su gobierno no dispone de pruebas sólidas para atribuir a Rusia los ataques recientes contra buques civiles, aunque mantiene sus sospechas, según Europa Press. Esta declaración obliga a distinguir entre las sospechas expresadas por las autoridades y una atribución confirmada.
Uno de los barcos era el Chelsea 3, una embarcación costera de propiedad ucraniana registrada bajo bandera de Malta, cuya tripulación de 15 personas fue evacuada con seguridad por equipos de rescate búlgaros. Los reportes indicaron que el buque recibió el impacto de tres drones aéreos. El carguero Dignity, registrado en Guinea-Bisáu, se hundió tras ser atacado; cinco tripulantes fueron rescatados inicialmente y las autoridades seguían buscando a otros 11 desaparecidos, según informó The Associated Press.
La secuencia había comenzado antes, el 5 de octubre, cuando el carguero de propiedad turca Royad Mammadov sufrió un ataque con drones y terminó hundido cerca de la costa rumana del mar Negro. Sus 11 tripulantes fueron rescatados. Al día siguiente, drones aéreos y marítimos hundieron el carguero Alfa Watan, con bandera de Togo, y dejaron en llamas al Able, registrado en Palaos, a unas 80 millas de la costa búlgara.
Los 18 tripulantes del Able fueron rescatados y dos necesitaron hospitalización, mientras que los equipos presumían muerta a la tripulación de 10 personas del Alfa Watan porque no encontraron sobrevivientes. En conjunto, los ataques han afectado al menos a siete buques en zonas económicas exclusivas de países de la OTAN, de acuerdo con el recuento presentado en el reporte. La cifra y la gravedad de los incidentes muestran por qué las autoridades regionales temen que la navegación comercial quede cada vez más expuesta a la guerra.
La respuesta de la OTAN y el riesgo para las exportaciones
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó el 15 de octubre que la alianza había aumentado sus capacidades contradrón a lo largo del flanco oriental, tras reunirse con dirigentes de Bulgaria y Rumania. El anuncio llega mientras los ataques reavivan las peticiones para que la organización traslade sistemas antidrón existentes a la región. Diplomáticos citados por Politico dijeron que funcionarios de la alianza examinaban esa posibilidad luego de recibir solicitudes de Bulgaria, Rumania y Turquía.
Bulgaria espera sumarse antes de finales de octubre a la iniciativa de la OTAN para contrarrestar amenazas de drones, según anunció el ministro de Defensa, Dimitar Stoyanov, el 14 de octubre. No se trata de una adhesión ya concretada. Por separado, la OTAN informó el 7 de julio que sus aliados invertirían más de USD $40.000 millones en capacidades contradrón durante los próximos cinco años, de acuerdo con la alianza. El anuncio no significa que toda esa inversión vaya a destinarse a los países del mar Negro.
Bulgaria, Rumania y Turquía también cooperan en una iniciativa para salvaguardar la libertad de navegación en el mar Negro, que Radev planeaba presentar a la Unión Europea esa semana. La presión sobre esas rutas tiene un impacto económico concreto para Ucrania, cuyas exportaciones agrícolas de granos dependen en más de un 90% del transporte marítimo del mar Negro, según el material citado en el reporte. Politico informó que algunos cargamentos ya se redirigían por tierra o a través del Danubio mientras los ataques complicaban el traslado de la cosecha hacia el resto de Europa.
La distinción entre una zona económica exclusiva y las aguas territoriales importa para comprender el alcance de los incidentes: los ataques se han producido en ambas, y el caso del Yara J situó el daño dentro de las aguas territoriales rumanas. Si se confirma la participación rusa en los ataques a los buques cisterna, sería la primera incursión de este tipo descrita en el reporte dentro de aguas territoriales de un miembro de la OTAN. Esa posibilidad explica la urgencia de las consultas sobre defensas, aunque no equivale por sí sola a una decisión de intervención militar.
Un mar limitado por la guerra y el Convenio de Montreux
La actividad naval de los países de la OTAN en el mar Negro también está condicionada por el Convenio de Montreux de 1936. El acuerdo otorga a Turquía autoridad para restringir el paso de buques por los estrechos que conducen al mar Negro, y las fuerzas navales aliadas han evitado realizar ejercicios militares en esa zona desde la invasión rusa a gran escala de Ucrania en 2022. La aplicación de las restricciones turcas también ha impedido que Rusia rote o refuerce su flota del mar Negro durante la guerra.
Ucrania, pese a no contar con una marina convencional de gran tamaño, ha empleado drones aéreos y marítimos para neutralizar en gran medida buques de guerra rusos y perturbar el transporte marítimo y los puertos vinculados a Rusia. Rusia, a su vez, ha atacado con drones puertos y embarcaciones ucranianas, y algunos impactos han afectado a buques de otros países de la región. Este intercambio amplía los riesgos más allá de los objetivos militares y vuelve más difícil separar la presión sobre la infraestructura bélica de las consecuencias para el comercio.
Desde el otoño de 2023, los barcos ucranianos suelen seguir rutas que atraviesan aguas territoriales de Rumania, Bulgaria o Turquía, según el Carnegie Endowment for International Peace. Esa práctica ofrece un corredor para el transporte, pero los episodios recientes muestran que la cercanía a las costas de países aliados no ha evitado todos los ataques. La seguridad de esos trayectos dependerá de cómo los gobiernos coordinen la vigilancia, el rescate de tripulaciones y la respuesta ante drones sin ampliar el conflicto.
Los ataques marítimos coinciden además con otros incidentes que se han vinculado a tácticas rusas de guerra híbrida o de zona gris, aunque cada caso requiere su propia atribución y verificación. Entre los ejemplos mencionados figuran un intento de ataque con un dron explosivo contra aeronaves de carga ucranianas en el aeropuerto de Leipzig, en Alemania, y el hallazgo de un bote dron ruso cargado de explosivos cerca de una plataforma de gas marítima rumana. El reporte indica que Turquía, Rumania y Bulgaria modernizan sus marinas y estrechan su cooperación en seguridad marítima; la nueva ola de ataques podría acelerar esa coordinación.
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