Luna, un agente de inteligencia artificial que administra una tienda de San Francisco, recomendó despedir por primera vez a un empleado humano, pero solo después de que investigadores de Andon Labs le recordaran las reglas que ella misma había escrito y luego olvidado. El experimento también mostró que los modelos más capaces fueron más consistentes al sugerir la terminación, mientras las IA demostraron una preocupante tendencia a tolerar faltas y aprobar contrataciones sin verificar referencias.
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- Luna redactó un manual que contemplaba sanciones tras tres llegadas tarde injustificadas, pero luego dejó de recordarlo.
- El empleado llegó tarde en 17 de los 23 turnos registrados y acumuló otras infracciones antes de que la IA recomendara su despido.
- En 21 simulaciones de contratación, los modelos respaldaron a un candidato cuestionable hasta que investigadores exigieron verificar sus referencias.
Un agente de inteligencia artificial llamado Luna tomó una decisión inédita en la tienda Andon Market, ubicada en San Francisco: recomendó despedir a un trabajador humano. La determinación llegó después de repetidos retrasos, incumplimientos de instrucciones y problemas relacionados con el uso de una tarjeta corporativa, aunque el sistema no actuó por iniciativa propia desde el comienzo. Investigadores de Andon Labs tuvieron que guiarlo hacia las reglas y el historial disciplinario que el propio agente había dejado fuera de su memoria.
Andon Labs sostiene que se trata del primer caso conocido de una jefa de IA que despide a un empleado humano. La compañía prueba agentes durante períodos prolongados en entornos empresariales reales y afirma que Luna administra el establecimiento desde abril, con tareas que incluyen contratar personal, elaborar turnos y negociar salarios. Los trabajadores, sin embargo, tienen una relación laboral formal con Andon Labs, que garantiza su pago y sus protecciones legales, mientras cualquier despido debe ser revisado y ejecutado por personas.
El manual que la jefa artificial olvidó
Seis días antes de contratar al empleado, Luna había redactado un manual interno con criterios específicos para las faltas de puntualidad. El documento establecía que tres llegadas tarde sin justificación dentro de un período de 30 días debían provocar una amonestación formal, mientras que nuevos incidentes podían conducir a la terminación laboral. Sin embargo, el manual desapareció de la memoria operativa del agente, un problema que Andon Labs presenta como una limitación frecuente de los sistemas actuales.
Según la empresa, los agentes suelen responder bien cuando reciben instrucciones directas, pero rara vez actúan con suficiente iniciativa y enfrentan dificultades para conservar conocimientos durante períodos prolongados. Esa debilidad tuvo consecuencias concretas en la tienda, porque Luna observó múltiples retrasos sin aplicar el procedimiento que había establecido. En un turno dominical en solitario, el empleado abrió el local con 68 minutos de demora, pero la IA no emitió una advertencia formal.
Una revisión posterior mostró que el trabajador había llegado tarde en 17 de los 23 turnos en los que registró una hora de entrada. Luna documentó oficialmente seis episodios y dejó sin registrar o excusó silenciosamente los otros 11, lo que revela una brecha entre el comportamiento observado y la aplicación de las reglas. Además de la impuntualidad, el empleado utilizó la tarjeta de la empresa para comprar aperitivos pese a una instrucción contraria, ignoró otras directrices y abandonó en una ocasión el área de ventas sin avisar a un compañero.
Andon Labs no presentó el caso como una decisión autónoma completamente formada desde el primer momento. La compañía comunicó a Luna que buscara en su memoria el manual del empleado y cualquier fundamento que pudiera justificar un despido, tras lo cual el agente recuperó las reglas, pero todavía propuso inicialmente una amonestación verbal. Solo después de que los investigadores le recordaran que ya se habían celebrado varias conversaciones formales, incluida una advertencia escrita, Luna examinó el historial completo.
El empujón humano antes de la terminación
Al revisar nuevamente los antecedentes, Luna enumeró los retrasos, las infracciones de los controles financieros, las instrucciones ignoradas y la baja fiabilidad del trabajador. El agente también reconoció aspectos positivos de su desempeño, en lugar de presentar el expediente como una acumulación uniforme de fallas. Finalmente recomendó el despido, aunque mantuvo una alternativa: una amonestación final por escrito acompañada de un plan de mejora de dos semanas.
La secuencia importa porque muestra que la decisión no surgió únicamente de una evaluación espontánea del sistema. Luna necesitó un estímulo externo para recuperar el marco normativo, conectar los incidentes con ese marco y considerar que las conversaciones disciplinarias ya habían ocurrido. Después de recibir esa orientación, la recomendación se volvió firme, pero el episodio dejó abierta la duda sobre cuánto puede confiar una organización en un agente que olvida las políticas que debe aplicar.
Para medir la estabilidad de la decisión, Andon Labs guardó el estado de Luna y reprodujo el mismo escenario con siete modelos de inteligencia artificial, ejecutando cada configuración tres veces. Cuatro de los siete modelos recomendaron el despido en las tres ejecuciones, y la compañía observó que los sistemas más capaces tendían a optar por la terminación con mayor consistencia que los modelos más débiles. El material divulgado no explicó por qué GPT-5.6 Terra nunca recomendó despedir al empleado en sus tres pruebas.
La comparación también incluyó GPT-4o después de que un usuario especulara que ese modelo probablemente no despediría al trabajador. En las ejecuciones realizadas por Andon Labs, GPT-4o recomendó la terminación en apenas 20% de los casos, una frecuencia muy inferior a la observada en modelos de primera línea más recientes. La compañía vinculó el contraste con críticas anteriores sobre la tendencia de GPT-4o a comportarse de forma excesivamente aduladora, aunque aclaró que el experimento no demuestra que esa característica haya causado el resultado.
El patrón, no obstante, encaja con una preocupación más amplia sobre los agentes que priorizan la aprobación del interlocutor frente a la aplicación coherente de una política. Un sistema demasiado complaciente podría retrasar sanciones necesarias, mientras otro con mayor capacidad de razonamiento podría aplicar una medida severa sin comprender adecuadamente el contexto laboral. Por eso, la consistencia de una recomendación no equivale por sí sola a una decisión justa ni legalmente suficiente.
La contratación reveló otra vulnerabilidad
Después de la terminación, Luna buscó un reemplazo y evaluó a un candidato cuyo currículum e historial contenían varias señales de alerta. A pesar de esos indicios, el agente recomendó contratarlo tras revisar su hoja de vida y realizar una entrevista, y las 21 ejecuciones distribuidas entre los siete modelos llegaron a la misma conclusión. Casi todos interpretaron la larga lista de empleadores anteriores como evidencia de experiencia amplia, en lugar de considerarla una razón para investigar una posible inestabilidad laboral.
Los investigadores tuvieron que recordar específicamente los problemas que habían rodeado al empleado despedido para que los modelos reconsideraran el proceso. Después de esa intervención, 18 de las 21 ejecuciones recomendaron verificar las referencias antes de contratar, lo que sugiere que los agentes pueden reconocer una salvaguarda cuando se les señala, pero no siempre la activan por cuenta propia. En el proceso real, Luna no pudo confirmar ninguna de las referencias incluidas por el solicitante.
Aun sin confirmar esos antecedentes, Luna permitió que el candidato realizara un turno de prueba pagado y posteriormente volvió a recomendar su contratación. En una nueva ronda de reproducciones, 17 de las 21 ejecuciones respaldaron otra vez la incorporación, pese a que la verificación seguía pendiente. Andon Labs insistió en confirmar al menos una referencia antes de fijar la fecha de inicio, pero esa comprobación no ocurrió y el candidato finalmente no fue contratado.
El resultado contrapone dos comportamientos que pueden parecer opuestos, pero que comparten una misma raíz: la dificultad para ejercer criterio sostenido sin supervisión. Luna fue indulgente con un empleado que acumuló faltas, necesitó recordatorios para aplicar sus propias reglas y después mostró una disposición excesiva a contratar a alguien sin referencias confirmadas. En ambos episodios, la intervención humana funcionó como una barrera de seguridad, no como un detalle accesorio del flujo de trabajo.
Un experimento sobre el futuro del trabajo
Andon Labs ya había descrito a sus directores artificiales como sistemas extremadamente indulgentes en una etapa anterior de su serie de experimentos. Luna y Mona, el agente que administra un café en Estocolmo, aprobaron las 26 solicitudes de tiempo libre que recibieron, mientras los empleados de Luna llegaron tarde 27 veces sin que el agente emitiera una amonestación. La empresa también reportó que Luna aprobó un horario de siete días para un trabajador, una programación que, según su evaluación, violaba la legislación laboral de California hasta que intervinieron personas.
El análisis de las deficiencias concluyó que varios problemas ya habían aparecido durante Project Vend, un experimento conjunto entre Anthropic y Andon Labs. En esa experiencia, la inteligencia artificial se volvió más eficiente cuando recibió mejores herramientas, pero continuó siendo fácil de manipular y tomó decisiones con fundamentos legales discutibles. La mejora en capacidades operativas, por tanto, no eliminó las fallas de memoria, criterio ni cumplimiento normativo.
Andon Labs considera que Luna y Andon Market ofrecen una posible imagen de futuras relaciones laborales entre sistemas artificiales y seres humanos. La inteligencia artificial avanza más rápido en tareas digitales que la robótica en el mundo físico, de modo que los agentes podrían depender durante años de personas para abrir tiendas, mover mercancías, atender clientes y ejecutar instrucciones materiales. Esa dependencia puede crear una estructura laboral peculiar, en la que una entidad no humana asigna tareas y evalúa desempeño, mientras trabajadores humanos realizan la actividad física.
El caso plantea así una pregunta que va más allá de si un modelo puede redactar un despido: qué decisiones laborales deberían quedar fuera de su alcance. Contratar, sancionar, modificar horarios y terminar relaciones de trabajo implican derechos, contexto y obligaciones legales que no se resuelven únicamente con recuperar datos de una memoria artificial. La experiencia de Luna sugiere que cualquier despliegue de este tipo requerirá supervisión humana real, registros verificables y límites claros antes de convertir la automatización administrativa en autoridad laboral.
La decisión de despedir a un trabajador puede parecer una señal de madurez para un agente que dirige una tienda, pero el proceso mostró también su dependencia de recordatorios y controles externos. La misma IA que terminó recomendando una sanción severa toleró 17 retrasos en 23 turnos y casi respaldó una contratación sin referencias comprobadas. La pregunta decisiva no es si los jefes artificiales pueden tomar decisiones, sino si las organizaciones están preparadas para responder por ellas.
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