Por Canuto  

Un administrador de la Universidad de Kentucky obtuvo una adaptación para abstenerse de usar IA en su trabajo por convicciones humanistas. El caso muestra que las solicitudes relacionadas con creencias no se limitan a las religiones teístas, aunque la universidad evaluó esta situación de manera individual.
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  • David Durman, administrador de la Universidad de Kentucky, consiguió una adaptación laboral que le permite no usar IA en sus funciones.
  • Durman relaciona sus objeciones con el pensamiento crítico, el bienestar humano, el impacto ambiental y la creatividad.
  • La universidad dijo que evaluó la solicitud individualmente y que podría revisar la adaptación si cambian las responsabilidades laborales.


Un humanista obtiene una exención laboral para no usar inteligencia artificial

Una adaptación basada en convicciones humanistas

David Durman, administrador de la Universidad de Kentucky, consiguió una adaptación laboral que le permite abstenerse de usar inteligencia artificial en su trabajo. El caso, reportado por TechCrunch el 29 de octubre de 2026, destaca que una solicitud de este tipo no necesariamente depende de creer en un dios. Durman se identifica como humanista no teísta y sostiene que el uso de estas herramientas entra en tensión con sus convicciones.

El humanismo, explicó Durman, reúne ideas sobre la experiencia humana y la manera en que las personas se relacionan con el mundo. Su marco pone el énfasis en el bienestar y el florecimiento de cada individuo y de la sociedad, y anima a las personas a contribuir a ambos. Desde esa perspectiva, la objeción de Durman no se limita a una preferencia tecnológica: él considera que delegar ciertas tareas a la IA puede debilitar la capacidad de pensar y actuar moralmente.

El administrador dijo que las personas desarrollan su capacidad de actuar como agentes morales mediante el uso activo de la mente, tanto para sí mismas como en relación con los demás. A su juicio, una dependencia excesiva de sistemas de IA puede afectar ese proceso y perjudicar el pensamiento crítico. Su argumento expresa una convicción personal, no una conclusión científica o legal general sobre los efectos de todas las herramientas de inteligencia artificial.

Durman contó que empezó a investigar sus opciones al ver que la IA ganaba popularidad en la vida cotidiana y en los entornos laborales. Para ello recurrió a la Asociación Humanista Estadounidense, una organización sin fines de lucro que promueve el humanismo secular, y exploró si podía solicitar protección frente a una eventual exigencia de usar estas tecnologías. No buscó impedir que sus colegas recurrieran a ellas, sino que su propia postura recibiera consideración en el trabajo.

Las preocupaciones sobre la IA y la dignidad humana

En un comunicado de la Asociación Humanista Estadounidense publicado a principios de esa semana, Durman enumeró otros motivos de preocupación. Dijo que la IA puede interferir con la capacidad de las personas para ganarse la vida y que los costos ambientales de la tecnología representan un riesgo para la humanidad y el planeta. También planteó que la suplantación y el robo de creatividad humana amenazan expresiones culturales como el arte y la literatura.

Esas críticas aparecen en un debate más amplio sobre el lugar de la automatización en el trabajo y la vida pública, pero en este caso funcionan como parte de la explicación personal de Durman. Él relaciona el florecimiento de la sociedad con actividades creativas y con la posibilidad de que las personas ejerzan sus propias capacidades. La noticia no detalla qué sistemas concretos considera incompatibles con sus creencias ni establece una prohibición general de la IA dentro de la universidad.

La abogada de la organización, Alexandria Huiskens, señaló que la preocupación por la IA y la dignidad humana puede presentarse dentro de distintas tradiciones, entre ellas la doctrina católica, el Unitarismo Universalista y el humanismo. Su argumento es que las personas humanistas o no teístas también pueden estar comprendidas en las protecciones laborales relacionadas con creencias. La declaración pone el foco en que una convicción no deja de ser relevante para una solicitud solo porque no se base en la fe en una deidad.

Una decisión individual, no una regla general

El portavoz de la Universidad de Kentucky, Jay Blanton, dijo que la institución examina las solicitudes de adaptaciones religiosas caso por caso. Según su declaración, la revisión toma en cuenta las responsabilidades del puesto y las circunstancias particulares de cada petición. En el caso de Durman, la universidad determinó que podía ofrecer una adaptación y permitirle, al mismo tiempo, continuar con las funciones esenciales de su cargo.

La universidad agregó que podría volver a evaluar la adaptación si cambian la tecnología o las responsabilidades laborales, para determinar si sigue siendo razonable y viable. Esa condición es relevante porque la autorización no aparece descrita como una exención permanente e incondicional frente a cualquier uso futuro de IA. La institución no detalló en la información publicada qué tareas específicas quedaron excluidas ni si impuso condiciones adicionales.

El puesto de Durman consiste en apoyar a investigadores que solicitan subvenciones, y la universidad no le había exigido usar IA para cumplir con su trabajo. Algunos colegas y líderes, como ocurre con trabajadores de distintos sectores, habían recomendado probar estas herramientas; Durman quiso asegurar una adaptación antes de que una recomendación pudiera transformarse en un mandato. Por eso, su solicitud fue preventiva frente a un posible cambio, no una respuesta a una obligación ya vigente en su función.

El caso de Erin Maus, ingeniera de software y unitaria universalista, ayudó a inspirar a Durman a buscar protecciones similares. La situación de Maus es particularmente inusual, según la información publicada, porque se ha vuelto poco común que los ingenieros de software escriban código sin asistencia de IA. Durman es el primer humanista que obtiene una adaptación laboral de este tipo y una de las primeras personas en hablar públicamente de su búsqueda.

Durman espera que su experiencia anime a otras personas con preocupaciones parecidas a buscar una solución adecuada, aunque no necesariamente una exención religiosa. Su caso muestra que una solicitud puede surgir de convicciones sobre la autonomía, el pensamiento y el bienestar humanos, pero no determina por sí mismo cómo deben resolver otras organizaciones peticiones semejantes. La decisión conocida corresponde a un empleado, a un puesto concreto y a la evaluación individual de su universidad.


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