Por Canuto  

Donald Trump dijo ante la Asamblea General de la ONU que los documentos oficiales de Estados Unidos utilizarían el término superinteligencia en lugar de inteligencia artificial. El presidente también volvió a rechazar las advertencias sobre los riesgos de esta tecnología y aseguró que no frenará un desarrollo que, a su juicio, podría superar el impacto de la revolución industrial.

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  • Trump dijo que los documentos del Gobierno de Estados Unidos cambiarían inteligencia artificial por superinteligencia.
  • El presidente reiteró que las advertencias sobre la IA son un engaño.
  • Trump afirmó que no asfixiará el crecimiento de una tecnología que considera más grande que la revolución industrial.

 


 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo el 22 de septiembre de 2026 que los documentos oficiales del país utilizarían en adelante el término superinteligencia en lugar de inteligencia artificial (IA).

La declaración ocurrió durante su discurso ante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada en Nueva York, donde presentó el cambio de nombre como una forma más precisa de describir el desarrollo tecnológico. Trump también expresó su deseo de que otros países adopten la misma denominación.

La modificación anunciada se refiere al lenguaje empleado en documentos gubernamentales, no a una nueva tecnología descrita con especificaciones técnicas distintas. En su intervención, el presidente planteó que la palabra artificial no reflejaría adecuadamente la magnitud que atribuye a estos sistemas, por lo que propuso sustituirla por super. La cobertura disponible no detalla una orden ejecutiva, una guía administrativa ni un calendario de implementación para aplicar el cambio.

El anuncio ante la Asamblea General

Trump comunicó la iniciativa desde la tribuna de la Asamblea General de la ONU, en el marco de una sesión en Nueva York. Reuters reportó que el mandatario dijo que todos los documentos de Estados Unidos, y ojalá también los del mundo, cambiarían el término inteligencia artificial por superinteligencia. La frase vinculó una decisión administrativa nacional con una aspiración de alcance internacional, aunque no incluyó un mecanismo específico para que otros gobiernos adoptaran el vocabulario.

La expresión elegida por Trump busca colocar el énfasis en la capacidad y el potencial de la tecnología, en lugar de destacar que sus sistemas son creados por seres humanos. En el uso habitual, inteligencia artificial funciona como una denominación amplia para herramientas y modelos capaces de ejecutar tareas asociadas con capacidades cognitivas, pero el discurso presidencial no presentó una definición técnica detallada de superinteligencia. Por eso, el anuncio debe entenderse principalmente como una decisión retórica y política sobre la terminología oficial.

El discurso tuvo lugar el 22 de septiembre de 2026 y fue acompañado por imágenes del presidente llegando a la sede de Naciones Unidas y hablando ante la Asamblea General. La cobertura identificó a Trump como presidente de Estados Unidos y situó el acto en Nueva York, sin atribuirle nuevas medidas regulatorias, presupuestarias o legislativas relacionadas con la inteligencia artificial. El dato central fue el cambio de lenguaje que propuso para los documentos gubernamentales.

La referencia a los documentos oficiales podría influir en la manera en que agencias, funcionarios y comunicaciones institucionales describan los sistemas de IA. Sin embargo, la información disponible no especifica qué dependencias realizarían primero el cambio, qué normas de redacción se modificarían ni si existiría una guía formal para aplicar la nueva expresión. Tampoco se informó de una instrucción equivalente emitida por Naciones Unidas o por otros gobiernos.

La defensa del crecimiento tecnológico

Además del cambio terminológico, Trump afirmó que no asfixiaría el crecimiento de una tecnología que, según su valoración, será más grande que la revolución industrial. La comparación presentó el desarrollo de la IA como una transformación histórica de enorme alcance, aunque el presidente no acompañó esa afirmación con una estimación económica, una fecha o un indicador concreto. Su argumento colocó la expansión tecnológica por encima de las advertencias sobre posibles efectos adversos.

La frase refleja una postura favorable a mantener el impulso de la inteligencia artificial y evitar, desde su perspectiva, que las preocupaciones sobre sus riesgos se conviertan en obstáculos para la innovación. El discurso no detalló qué regulaciones consideraría excesivas ni qué políticas utilizaría para promover el crecimiento del sector. En consecuencia, la declaración establece una orientación general, pero no permite identificar cambios específicos en las reglas aplicables a empresas, desarrolladores o usuarios.

Para el sector tecnológico, la diferencia entre inteligencia artificial y superinteligencia no es únicamente lingüística cuando aparece en comunicaciones oficiales. Las palabras utilizadas por un gobierno pueden influir en la percepción pública de una tecnología, en la forma en que se presentan sus oportunidades y en el tono de futuros debates sobre seguridad, responsabilidad y supervisión. Aun así, el anuncio de Trump no modificó por sí mismo las capacidades de ningún sistema ni presentó un nuevo producto.

La declaración tampoco incluyó referencias a criptomonedas, blockchain, mercados financieros o aplicaciones concretas de la IA. La conexión con esos sectores queda limitada al impacto general que el lenguaje gubernamental puede tener sobre la conversación tecnológica, especialmente en industrias que siguen de cerca las decisiones de Washington. Cualquier efecto sobre inversiones, empresas o proyectos requeriría información adicional que no aparece en la noticia original.

Trump vuelve a cuestionar las advertencias

Durante el mismo discurso, Trump repitió sus anteriores afirmaciones de que las advertencias sobre la inteligencia artificial eran un engaño. Reuters describió esta posición como una reiteración de comentarios previos, pero la información disponible no identifica en este caso a qué advertencias concretas se refería el presidente ni menciona a investigadores, empresas u organizaciones específicas. Por ello, la afirmación debe atribuirse directamente a Trump y no presentarse como una conclusión técnica sobre los riesgos de la tecnología.

El término engaño utilizado por el presidente endurece el tono del debate público sobre la IA, porque descalifica de manera amplia las preocupaciones expresadas por quienes alertan sobre sus posibles consecuencias. Sin una lista de advertencias o estudios señalados en el discurso, no es posible determinar si Trump cuestionaba los riesgos de seguridad, el impacto laboral, la desinformación, la privacidad u otros asuntos. La noticia solo confirma que rechazó en términos generales las alertas sobre la tecnología.

La postura presidencial combina dos mensajes: una defensa decidida del crecimiento de estos sistemas y una crítica a las advertencias sobre sus peligros. Esa combinación puede orientar el debate hacia la velocidad de desarrollo y la competencia tecnológica, aunque todavía no define cómo se equilibrarían esos objetivos con la supervisión pública. El cambio de nombre propuesto para los documentos oficiales funciona, en ese contexto, como una señal política sobre la importancia que Trump concede a la tecnología.

El discurso no informó de un calendario para revisar los documentos, de una agencia responsable de coordinar el cambio ni de una consulta con aliados internacionales. Tampoco confirmó que otros países hayan aceptado la propuesta de utilizar superinteligencia. La expresión de Trump, según la cual esperaba que el resto del mundo adoptara el término, fue una aspiración planteada en su discurso y no una decisión multilateral anunciada.

Qué significa el cambio de término

Inteligencia artificial es una expresión consolidada en la administración pública, la investigación y la industria tecnológica, mientras que superinteligencia suele sugerir capacidades superiores a las humanas en una amplia variedad de tareas. La noticia no indica que Estados Unidos haya establecido una definición legal para esta segunda palabra ni que la utilice para clasificar sistemas concretos. Por eso, el anuncio no permite concluir que todos los programas de IA del Gobierno pasarán a considerarse superinteligencia en sentido técnico.

El alcance real de la iniciativa dependerá de cómo se implemente en los documentos oficiales y de si la administración publica instrucciones adicionales. Si el cambio permanece como una fórmula política, su efecto podría concentrarse en discursos, comunicados y materiales institucionales; si se acompaña de directrices administrativas, podría extenderse a contratos, informes o programas públicos. La fuente no reportó ninguno de esos pasos, de modo que cualquier descripción más amplia sería especulativa.

La insistencia de Trump en presentar la tecnología como una fuerza histórica también plantea una diferencia entre promoción y evaluación. Promover el crecimiento puede implicar apoyar la investigación y el desarrollo, pero evaluar sus resultados exige observar evidencias, riesgos y efectos concretos, aspectos que no fueron detallados durante el anuncio. El discurso ofreció una valoración política de la importancia de la IA, no un balance técnico sobre su desempeño.

Por ahora, el hecho confirmado es que el presidente propuso sustituir inteligencia artificial por superinteligencia en los documentos de Estados Unidos y expresó la esperanza de que el mundo siguiera ese camino. También reiteró que considera engañosas las advertencias sobre la IA y prometió no frenar una expansión que compara con la revolución industrial. Los próximos documentos oficiales y eventuales instrucciones de la administración mostrarán si la propuesta se convierte en una práctica institucional sostenida.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.

 


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