Donald Trump afirmó que un acuerdo para poner fin a la guerra con Irán se firmará este domingo y que el estrecho de Hormuz reabrirá de inmediato, pero reportes paralelos muestran que todavía hay choques militares, desacuerdos sobre la firma y dudas sobre cómo se aplicarán los términos del pacto interino.
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- Trump dijo que el acuerdo con Irán se firmará el domingo y que Hormuz quedará abierto inmediatamente después.
- Bloomberg reportó que EE. UU. e Irán están más cerca de un pacto interino, aunque persisten enfrentamientos, minas y diferencias sobre los términos.
- El mercado energético reaccionó con caídas en el Brent y el gas europeo ante la expectativa de una desescalada.
🚨 Acuerdo con Irán se firmará este domingo
Donald Trump anuncia que se cerrará un pacto para poner fin a la guerra con Irán.
El estrecho de Hormuz se abrirá de inmediato tras la firma.
Sin embargo, persisten choques militares y desacuerdos.
El mercado energético ya reacciona… pic.twitter.com/OC5bOpn9s1
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 13, 2026
El presidente Donald Trump aseguró este sábado que un acuerdo para poner fin a la guerra con Irán será firmado el domingo. También afirmó que el estrecho de Hormuz se abrirá “inmediatamente después” de la firma.
La declaración llegó en una publicación en Truth Social, donde Trump presentó el pacto como un paso decisivo para desactivar el conflicto. Según su mensaje, el resultado inmediato sería la reapertura de una de las rutas marítimas más sensibles del mundo.
La importancia de Hormuz va mucho más allá de la disputa entre Washington y Teherán. Ese paso concentra una parte crítica del tráfico energético global y su interrupción ha sido una fuente directa de volatilidad para el petróleo, el gas y la percepción general de riesgo en los mercados.
Trump también sugirió que Estados Unidos trabajará con Irán para retirar del país el uranio enriquecido en una fecha aún no determinada. En sus palabras, eso ocurriría “en el momento apropiado, cuando todo esté en calma”.
En el mismo mensaje, el mandatario dijo que Washington recogerá “el polvo nuclear, enterrado bajo las poderosas montañas de granito hundidas”. Añadió además que espera trabajar con Irán y con todo Medio Oriente “durante mucho tiempo en el futuro”.
Un anuncio político con versiones cruzadas sobre el calendario
Aunque Trump habló de una firma el domingo, otras versiones conocidas durante la jornada mostraron un panorama menos definido. Un reporte citado por Yahoo Finance, basado en información de Bloomberg, señaló que Pakistán comunicó que un acuerdo interino podría cerrarse dentro de 24 horas.
El primer ministro paquistaní Shehbaz Sharif, uno de los mediadores clave entre Washington y Teherán, dijo que su país se preparaba para la firma electrónica del acuerdo de paz. Según su versión, después vendrían conversaciones técnicas la próxima semana.
Esas declaraciones elevaron las expectativas de que ambas partes están más cerca de un entendimiento amplio. Sin embargo, el mismo reporte indicó que un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán descartó una firma el domingo, según información difundida por IRIB.
El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, sí respaldó la idea de una firma próxima. En un discurso transmitido por la televisión estatal el viernes, dijo que el acuerdo podría concretarse en los próximos días.
Araghchi resumió el momento con una frase que refleja tanto el avance como la incertidumbre. Dijo que las partes están “más cerca de un entendimiento que nunca”, pero advirtió que eso podía significar uno o dos días, o simplemente “los próximos días”.
La cautela no es menor porque Trump ha prometido en numerosas ocasiones que un pacto estaba cerca desde que comenzó la guerra en febrero. Hasta ahora, ninguno de esos anuncios previos se había traducido en una firma efectiva.
Qué busca cada parte en el acuerdo interino
Los objetivos centrales de Estados Unidos en esta fase son dos. El primero es reabrir el estrecho de Hormuz al tráfico marítimo y el segundo es frenar el programa nuclear de Irán.
Irán, por su parte, insiste en mantener un grado de control sobre la vía marítima. También busca obtener acceso inmediato a fondos congelados, mientras las negociaciones sobre el enriquecimiento de uranio quedarían para una etapa posterior a la firma inicial.
Un alto funcionario de la administración Trump dijo el viernes que había entre un 80% y un 85% de probabilidad de que el pacto se firmara pronto. Ese mismo funcionario sostuvo que Washington permitiría a Irán mantener un programa nuclear civil, siempre que no derive en un programa de armas nucleares.
Según esa explicación, el acuerdo también contemplaría la salida del material nuclear enriquecido fuera de Irán. Además, pondría fin al bloqueo del estrecho de Hormuz por ambas partes.
Si todas las condiciones se cumplen, Estados Unidos relajaría las sanciones contra Irán y permitiría su reintegración en la economía global. Aun así, el propio funcionario reconoció que sectores duros dentro de Irán todavía quieren frenar cualquier avance.
Araghchi sostuvo que la soberanía iraní sobre el estrecho se mantendría bajo el acuerdo propuesto. También afirmó que el régimen de administración de Hormuz sería distinto al anterior, cuando Teherán prestaba servicios de gestión sin cobrar.
La revisión del borrador continúa del lado iraní. De acuerdo con un funcionario europeo familiarizado con el asunto, los términos además deben recibir la aprobación del líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei.
Choques militares, minas y riesgos para la implementación
La posibilidad de un acuerdo se desarrolla en medio de incidentes armados que muestran cuán frágil sigue siendo el contexto. Horas antes de algunos de estos anuncios, el Comando Central de Estados Unidos informó que derribó varios drones iraníes dirigidos contra barcos comerciales cerca del estrecho.
La Marina del Reino Unido también reportó el sábado que un buque fue alcanzado por un proyectil no identificado frente a la costa de Omán. Ese episodio reforzó la idea de que el riesgo operativo en la zona sigue siendo elevado.
Otro foco de tensión es la presencia de posibles minas en el estrecho. Un diplomático familiarizado con las conversaciones dijo que Estados Unidos y sus aliados quieren asegurar niveles normales de tránsito aproximadamente un mes después de la firma del acuerdo.
Ese objetivo podría complicarse por la probabilidad de que Irán haya colocado minas en la zona. Un alto funcionario estadounidense dijo a reporteros el sábado que, si el pacto se firma, Reino Unido y Francia formarían una coalición para retirar esos explosivos.
También hay dudas sobre cómo interpretar la promesa de “reapertura” de Hormuz en la práctica. Una persona cercana a las deliberaciones explicó que el memorando dejaría algunas áreas abiertas a interpretación, incluido el significado operativo de esa apertura.
Antes del estallido del conflicto, alrededor de 140 barcos cruzaban el estrecho cada día. Aunque el volumen de embarcaciones ha aumentado en semanas recientes, aún sigue muy por debajo de los niveles previos a la guerra.
Mercados, geopolítica y el costo político del acuerdo
La reacción de los mercados energéticos fue inmediata cuando Trump anunció un día antes que había cancelado planes para nuevos ataques contra Irán. El viernes, los futuros del Brent llegaron a caer hasta un 5,1%.
Con ese movimiento, el crudo de referencia global tocó su nivel más bajo desde los primeros días de la guerra. El gas europeo, por su parte, se desplomó hasta un 8,4%. Aun con esa caída reciente, el Brent todavía acumula un alza cercana al 50% en lo que va de año. Sin embargo, ya quedó por debajo del pico de USD $125 registrado a finales de abril.
Para los inversionistas, este posible acuerdo importa porque reduce el riesgo de una interrupción prolongada en la energía global. También altera las expectativas sobre inflación, política monetaria y apetito por activos de riesgo en un momento delicado para los mercados financieros.
En el plano político, cerrar la guerra se ha convertido en un desafío complejo para Trump. El presidente quiere vender el pacto como una victoria tanto para los sectores más duros de seguridad nacional de su partido como para un electorado estadounidense cada vez más contrario al conflicto.
La guerra comenzó con un bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero. Desde entonces, el conflicto ha matado a miles de personas en toda la región, principalmente en Irán y Líbano.
El diseño del acuerdo emergente refleja ese cálculo político. El enfoque sería gradual, con una reapertura inicial de Hormuz y recompensas económicas para Teherán a medida que cumpla con las demandas de Washington.
Esa secuencia busca evitar que la Casa Blanca asuma compromisos irreversibles demasiado pronto. Pero también deja múltiples puntos de quiebre donde el pacto podría deteriorarse antes de consolidarse.
Becca Wasser, responsable de defensa en Bloomberg Economics, advirtió que cualquier arreglo que posponga los temas más críticos y dependa de condiciones podría dejar a Estados Unidos e Irán exactamente donde han estado. Su evaluación apunta a un alto el fuego frágil, vulnerable a nuevas pruebas y episodios de violencia.
Israel, el G7 y las incógnitas de la siguiente fase
Israel no forma parte de las negociaciones para el acuerdo interino, y esa ausencia podría convertirse en otro foco de conflicto. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha dejado entrever que preferiría más ataques para seguir degradando la capacidad militar de Irán.
De acuerdo con una persona familiarizada con el asunto, la expectativa mínima israelí es que cualquier acuerdo de fin de guerra garantice la salida del uranio altamente enriquecido de territorio iraní. Ese punto coincide con una de las prioridades declaradas por Washington.
Araghchi, en cambio, describió a Israel como un “enemigo” del acuerdo propuesto con Estados Unidos. También dijo que ese país estaba buscando sabotear el proceso.
La próxima semana Trump asistirá a una reunión del Grupo de los Siete en Francia. Al margen de ese encuentro, también planea reunirse con líderes de Egipto, Catar y Emiratos Árabes Unidos.
Esos contactos sugieren que la negociación no se limita a un texto bilateral entre Washington y Teherán. Su implementación dependerá de una red más amplia de aliados, mediadores y actores regionales con intereses muchas veces contrapuestos.
La propia Casa Blanca ha volcado múltiples figuras a esta ofensiva diplomática en las últimas 24 horas. Según un alto funcionario estadounidense, en el esfuerzo participaron el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth, Jared Kushner y la jefa de gabinete Susie Wiles.
Por ahora, el escenario sigue dividido entre una promesa de desenlace inminente y una realidad cargada de condiciones, minas, drones y desconfianza mutua. Hasta que Irán responda formalmente y el texto se firme, será difícil saber si este es el paso más firme hacia la paz o apenas otra promesa temporal en una guerra que ya entra en su cuarto mes.
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