La tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a sacudir el estrecho de Ormuz, elevó el precio del petróleo y reabrió el riesgo de una escalada militar. Mientras Teherán propone regresar al acuerdo provisional de junio, el presidente Donald Trump amenaza con responder con dureza a nuevos ataques.
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- Un buque cisterna recibió el impacto de tres proyectiles desconocidos mientras navegaba por el estrecho de Ormuz, sin víctimas reportadas.
- El Brent subió 1,6% hasta USD $91,90 por barril y el WTI avanzó 2% hasta USD $87,48.
- Irán ofreció retomar sus compromisos de junio, pero Washington mantiene la presión militar y amplía las sanciones económicas.
Los precios internacionales del petróleo ampliaron sus ganancias el martes, mientras los operadores evaluaban el riesgo de una nueva escalada entre Estados Unidos e Irán y las consecuencias para el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
La reanudación de los ataques militares entre ambos países llegó después de más de un mes sin intercambios directos, en una guerra que ya se extiende hasta su séptimo mes y que ha alterado los suministros mundiales de energía.
La tensión aumentó después de que un buque cisterna recibiera el impacto de tres proyectiles de origen desconocido mientras navegaba hacia el este por Ormuz el lunes. El incidente no dejó víctimas, pero volvió a colocar una de las rutas marítimas más importantes del mundo en el centro de la atención de los mercados, debido a su relevancia para el transporte de crudo y a la posibilidad de que nuevos ataques encarezcan los seguros, los fletes y la energía.
Ormuz concentra el riesgo para el petróleo
El tanquero transitaba por el carril sur de navegación, cerca de la costa de Omán, según un informe del Centro de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido. La organización no identificó a los responsables de los disparos ni precisó qué tipo de proyectiles alcanzaron la embarcación, por lo que el episodio todavía no permite atribuir públicamente el ataque a una de las partes involucradas en el conflicto.
A las 8:19 a.m., hora del este de Estados Unidos, los futuros del Brent avanzaban 1,6%, hasta USD $91,90 por barril, mientras los contratos del West Texas Intermediate subían 2%, hasta USD $87,48. El Brent, referencia internacional para el mercado energético, volvió a cotizar por encima de USD $90, una señal de que los operadores están incorporando una prima de riesgo geopolítico ante cualquier interrupción adicional en el estrecho.
La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán también informó el lunes que había interceptado un dron estadounidense MQ-9 sobre la parte oriental de Ormuz. El anuncio se produjo en un escenario donde la navegación comercial enfrenta incertidumbre por la presencia militar de ambos países, aunque hasta el momento la información disponible no indica que el ataque al tanquero haya provocado un cierre formal de la ruta.
Ormuz funciona como un punto de control estratégico para el transporte marítimo y como una zona de presión militar para Irán, especialmente por la ubicación de la isla de Larak. La pequeña isla se encuentra dentro del estrecho y ha ayudado a las fuerzas iraníes a mantener una posición de vigilancia sobre el tránsito de buques, mientras Washington sostiene que Teherán busca conservar la capacidad de minar la vía marítima.
Intercambio de ataques y señales diplomáticas
La secuencia militar comenzó el domingo, cuando fuerzas estadounidenses atacaron dos lanzacohetes iraníes instalados en Larak. Washington afirmó que Teherán pretendía emplearlos para lanzar cohetes con minas navales hacia Ormuz, y el ataque estadounidense dejó presuntamente tres personas muertas, de acuerdo con la información citada en el reporte original.
Irán respondió el lunes con un ataque contra dos bases estadounidenses ubicadas en Jordania, según el mismo reporte. Los intercambios representaron la primera vez en más de un mes que Estados Unidos e Irán se atacaron mutuamente, aunque las señales públicas de ambos gobiernos sugieren que ninguno parece buscar, por ahora, un regreso a una guerra a gran escala.
Donald Trump afirmó el lunes a Fox News que Washington responderá a los ataques contra sus bases militares en la región y advirtió: “Vamos a golpearlos con dureza”. Desde el Despacho Oval, el presidente estadounidense también sostuvo que los sistemas financieros, las fuerzas armadas y el órgano de gobierno iraní habían quedado ampliamente degradados, aunque agregó que eso no impedía ordenar otro golpe para evaluar las consecuencias.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ofreció una señal diferente durante la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái. Según la Agencia de Noticias de Estudiantes Iraníes, Teherán respondería de inmediato si Washington aceptaba volver a cumplir sus compromisos bajo el acuerdo provisional firmado en junio, una propuesta que combina una advertencia militar con la posibilidad de reactivar un canal diplomático.
Reportes sobre el entendimiento alcanzado en junio describen un cese de hostilidades durante 60 días y la reapertura del estrecho de Ormuz como parte de sus compromisos. La propuesta de Pezeshkian apunta a recuperar ese marco, aunque su continuidad depende de que ambas partes vuelvan a cumplirlo.
Presión económica y cálculo militar de Washington
Analistas consultados en el reporte interpretaron el ataque contra los lanzacohetes de Larak como un intento de romper un estancamiento, más que como una modificación completa de la estrategia estadounidense. Ali Vaez, subdirector de programa del International Crisis Group, señaló que al atacar los lanzadores en lugar de una infraestructura militar iraní más amplia, Estados Unidos parecía castigar una conducta específica sin ampliar, al menos por ahora, sus objetivos de guerra.
Jason Brodsky, director de políticas de United Against Nuclear Iran, describió la operación como una forma de hacer cumplir el bloqueo. A su juicio, la administración Trump busca reducir todavía más la capacidad de Teherán para minar Ormuz, mientras combina la coerción militar con medidas económicas dirigidas a compradores del petróleo iraní y con un calendario político que se aproxima a las elecciones de medio mandato.
Washington ha intensificado la presión sobre la economía iraní mediante sanciones secundarias, que castigan a países y empresas que compran crudo procedente de Irán. Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, dijo el lunes al margen de una reunión de ministros de Finanzas del Grupo de los 20 que la economía iraní estaba sintiendo el efecto de las nuevas medidas y que la respuesta de Teherán se había vuelto “cinética”.
El objetivo de estas sanciones consiste en reducir los ingresos que sostienen al gobierno iraní, pero también eleva el riesgo de que la presión financiera produzca una reacción militar más agresiva. Brodsky calificó de impredecible el comportamiento de Trump y advirtió que esa característica debería preocupar a Teherán, especialmente porque el deterioro económico puede estrechar el margen de maniobra de las autoridades iraníes y empujarlas hacia acciones de mayor impacto.
Mercados atentos a la próxima respuesta
La subida del petróleo coincidió con los ataques y el incidente marítimo, pero no existe por ahora una atribución pública que permita establecer un único catalizador confirmado para el movimiento. La tensión geopolítica y el riesgo para la navegación constituyen una explicación plausible de la prima incorporada por los operadores, aunque otros factores del mercado también podrían haber influido.
La evolución del petróleo dependerá de si los ataques permanecen limitados a objetivos militares concretos o si alcanzan instalaciones energéticas, embarcaciones comerciales y rutas de navegación. Un nuevo incidente en Ormuz podría generar un aumento más pronunciado de los precios, no solo por el volumen de crudo en riesgo, sino también por la incertidumbre que afectaría la planificación de las compañías navieras y de los compradores internacionales.
Los operadores también deben valorar la diferencia entre una interrupción puntual y un bloqueo prolongado del estrecho. El primer escenario puede traducirse en una subida temporal impulsada por coberturas y especulación, mientras que el segundo tendría efectos más amplios sobre la inflación, los costos de transporte y las expectativas de crecimiento, con posibles repercusiones para los mercados financieros globales.
Por ahora, ninguna de las partes ha indicado públicamente que quiera cerrar de forma permanente la vía marítima o iniciar una campaña militar sin límites. Sin embargo, Estados Unidos dice que actuará contra cualquier intento de minar el estrecho, e Irán ha dejado claro que responderá a nuevos ataques, una combinación que mantiene abierta la posibilidad de errores de cálculo frente a buques civiles, drones o instalaciones militares.
El mensaje diplomático de Pezeshkian introduce una alternativa al ciclo de represalias, pero su condición depende de que Washington retome los compromisos del acuerdo de junio. Mientras la Casa Blanca amenaza con nuevas acciones y mantiene las sanciones, el mercado seguirá observando cada movimiento en Larak, cada incidente marítimo y cualquier señal que indique si la crisis se dirige hacia una negociación o hacia una confrontación más amplia.
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