Por Canuto  

SpaceX presentó documentos para arrancar Terafab, una planta de chips en Texas con una inversión inicial de USD $55.000 millones que podría escalar hasta cerca de USD $119.000 millones. El proyecto, desarrollado junto a Tesla, busca asegurar el suministro de semiconductores para IA, conducción autónoma, robots humanoides y aplicaciones espaciales.
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  • SpaceX registró en Texas una inversión inicial de USD $55.000 millones para construir Terafab.
  • La planta conjunta con Tesla podría expandirse en fases hasta cerca de USD $119.000 millones.
  • Musk quiere producir chips para Full Self-Driving, Optimus, Robotaxi, satélites y centros de datos orbitales.


SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk, presentó documentación para construir Terafab, una nueva planta de fabricación de chips en el condado de Grimes, Texas, con un gasto inicial de USD $55.000 millones. El proyecto, desarrollado de forma conjunta con Tesla, podría crecer más adelante hasta una inversión aproximada de USD $119.000 millones si se completan todas sus fases previstas.

De acuerdo con la información reportada por Yahoo Finance, la presentación ante las autoridades locales también forma parte del proceso para solicitar una exención del impuesto a la propiedad. En el sitio web del condado de Grimes se publicó un aviso para convocar una reunión de comisionados el 3 de junio, en la que se evaluará esa solicitud vinculada al complejo industrial.

El aviso oficial describe a Terafab como una instalación de fabricación de semiconductores y computación avanzada de próxima generación, integrada verticalmente y desarrollada en múltiples fases. Según ese texto, la iniciativa representaría una inversión transformadora en la capacidad nacional de manufactura de semiconductores en Estados Unidos, un tema que ha ganado peso estratégico por la carrera global por IA y hardware avanzado.

Para los lectores menos familiarizados con este sector, la integración vertical implica concentrar bajo un mismo proyecto varias etapas críticas del proceso industrial. En este caso, la ambición no es menor, ya que Musk pretende reunir diseño de chips, fabricación, producción de memoria y empaquetado dentro de una misma estructura operativa.

La lógica detrás de Terafab

Terafab ocupa un lugar central en los planes tecnológicos de Musk porque buscaría resolver una limitación que afecta a varias de sus compañías al mismo tiempo. La planta apunta a abastecer las necesidades de Tesla, SpaceX, xAI y otros proyectos relacionados con inteligencia artificial, robótica y computación de alto rendimiento.

Musk definió la iniciativa como “el esfuerzo de construcción de chips más épico de la historia con diferencia”. Su argumento es que proveedores como TSMC y Samsung no están ampliando su producción al ritmo que necesitan sus empresas, especialmente para sistemas intensivos en cómputo y aplicaciones de IA.

En esa línea, el empresario sostuvo que la situación dejó de ser una preferencia estratégica para convertirse en una necesidad operativa. “O construimos Terafab o no tenemos los chips, y necesitamos los chips, así que construimos Terafab”, afirmó, en una declaración que resume la urgencia del proyecto dentro de su ecosistema empresarial.

Musk también aseguró que los fabricantes establecidos tienen una tasa máxima de expansión con la que se sienten cómodos, pero esa velocidad sería muy inferior a la que él considera necesaria. Fue más allá y dijo que la producción actual de cómputo para IA ronda los 20 gigavatios por año, mientras que la producción del resto del mundo sería apenas cerca del 2% de lo que necesitan sus compañías.

Qué chips quiere fabricar SpaceX con Tesla

El plan de Terafab se concentra en dos grandes familias de procesadores. La primera corresponde a un chip de inferencia en el borde, optimizado para los sistemas Full Self-Driving de Tesla, así como para los robots humanoides Optimus y las futuras flotas de Robotaxi.

Este tipo de procesador resulta clave porque permite ejecutar tareas de IA directamente en el dispositivo, sin depender siempre de centros de datos remotos. En vehículos autónomos y robots, esa capacidad puede ser determinante, ya que reduce latencia y mejora la toma de decisiones en tiempo real.

La segunda línea de desarrollo contempla una variante de alta potencia endurecida para entornos espaciales. Ese diseño estaría orientado a respaldar satélites de SpaceX, centros de datos orbitales e iniciativas relacionadas con xAI, lo que sugiere una convergencia entre infraestructura espacial y procesamiento intensivo para inteligencia artificial.

El alcance del proyecto también revela una visión más amplia del hardware como cuello de botella para el crecimiento de la IA. Mientras buena parte del debate público se enfoca en modelos, software y centros de datos, Terafab apuesta por controlar el insumo más escaso de toda la cadena: los semiconductores avanzados.

Texas, Intel y el calendario del megaproyecto

Uno de los detalles más llamativos es que, pese a la conocida inclinación de Musk por internalizar procesos, Terafab usaría el proceso 14A de Intel para producir chips. El empresario lo indicó el mes pasado durante la llamada de resultados del primer trimestre de Tesla, una señal de que está dispuesto a incorporar capacidades externas cuando el objetivo lo requiere.

Ese punto es relevante porque muestra una estrategia híbrida. Por un lado, SpaceX y Tesla quieren asegurar producción propia y mayor control sobre el suministro. Por otro, reconocen que levantar una operación de esta escala exige apoyarse en tecnologías y experiencia ya desarrolladas por actores establecidos de la industria.

El momento del anuncio también llamó la atención del mercado. La noticia llega en un contexto en el que SpaceX podría salir a bolsa tan pronto como este verano, lo que añadiría una capa financiera y estratégica adicional a uno de los mayores proyectos industriales asociados al grupo de Musk.

Sin embargo, la producción no comenzaría de inmediato. Según una proyección de Morgan Stanley citada en la cobertura original, incluso bajo un escenario de expansión agresiva, la fabricación inicial de chips en Terafab no arrancaría antes de mediados de 2028. Eso indica que, aunque el monto de inversión es enorme, el despliegue industrial será gradual.

En términos de mercado, el anuncio refuerza una tendencia más amplia: las grandes compañías tecnológicas ya no solo compiten por modelos de IA o capacidad de nube, sino también por el control físico de los chips que sostienen esa infraestructura. En ese contexto, Terafab se perfila como una jugada de largo plazo para reducir dependencia de terceros y asegurar suministro para vehículos autónomos, robótica avanzada, satélites y computación espacial.

La magnitud del desembolso inicial, junto con la posibilidad de expandirse hasta cerca de USD $119.000 millones, coloca al proyecto entre las apuestas manufactureras más ambiciosas del momento en Estados Unidos. Si logra avanzar según lo previsto, Terafab podría convertirse en una referencia para la nueva etapa de competencia tecnológica centrada en semiconductores, IA y automatización industrial.


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