Sony Music Publishing y Warner Chappell demandaron a Anthropic, a Dario Amodei y a Benjamin Mann en California, acusándolos de utilizar decenas de miles de composiciones para entrenar Claude sin autorización. El caso podría marcar una nueva etapa en la disputa entre la inteligencia artificial y los derechos de autor musicales.
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- Sony Music Publishing y Warner Chappell presentaron una demanda federal contra Anthropic y sus fundadores.
- Los demandantes alegan que la empresa utilizó torrents, raspado y descargas masivas para entrenar Claude con miles de obras protegidas.
- Anthropic rechazó las acusaciones y afirmó que defenderá su posición con firmeza ante los tribunales.
Sony Music Publishing y Warner Chappell presentaron una demanda contra Anthropic por el presunto uso ilegal de decenas de miles de composiciones musicales protegidas para desarrollar sus modelos de inteligencia artificial Claude. La acción también señala como demandados al CEO Dario Amodei y al cofundador Benjamin Mann, y podría convertirse en una disputa prolongada sobre tecnología, música y propiedad intelectual.
Yahoo Finance describe el caso como uno de los mayores conflictos recientes entre la industria creativa y una empresa de IA, porque la acusación no se limita a unas pocas canciones identificadas. Según la demanda, Anthropic habría recurrido a torrents, raspado y descargas masivas de obras protegidas con el objetivo de construir, operar y obtener beneficios de la serie de modelos Claude.
Una acusación de escala excepcional
La demanda de Sony Music Publishing y Warner Chappell destaca por la amplitud de sus alegaciones frente a otros procesos iniciados contra Anthropic. Los demandantes sostienen que la compañía entrenó sus modelos con decenas de miles de composiciones pertenecientes a editoriales musicales, mientras que una demanda presentada anteriormente por BMG se concentra en 493 composiciones presuntamente infringidas.
En su queja, los editores califican la conducta atribuida a Anthropic y a sus fundadores como una campaña descarada de adquisición ilegal de material protegido. El documento sostiene que la empresa descargó y raspó obras musicales a una escala masiva, una práctica que, de comprobarse, podría ampliar considerablemente el alcance económico y jurídico del litigio.
La acusación no establece por sí sola que Anthropic haya cometido las infracciones señaladas, ya que esos hechos deberán discutirse durante el proceso judicial. Sin embargo, el planteamiento de los demandantes busca presentar el entrenamiento de Claude como una actividad comercial que utilizó obras protegidas sin autorización, en lugar de tratarlo como un uso aislado o incidental de material disponible en internet.
Los editores solicitan daños estatutarios de hasta USD 150.000 por cada obra que, según su reclamación, haya sido infringida de forma deliberada. También reclaman compensaciones por la presunta eliminación de información de gestión de derechos. La cifra final dependerá de los derechos involucrados, del número de composiciones que el tribunal considere afectadas y de cómo avance la discusión sobre la responsabilidad de Anthropic, Amodei y Mann.
Por qué la música complica el conflicto
El sistema de derechos de autor musical tiene una estructura particularmente fragmentada, porque una misma canción puede incorporar varios elementos protegibles. Las letras, la composición musical y la grabación sonora pueden estar sujetas a derechos diferentes, repartidos entre artistas, editoriales y compañías discográficas, de modo que una sola obra puede generar reclamaciones de varios titulares.
Esta división ofrece a los demandantes distintos caminos para cuestionar el uso de una canción en el entrenamiento de modelos de IA. Una editorial puede reclamar por la composición o la letra, mientras otros titulares podrían invocar derechos relacionados con la grabación, lo que aumenta la posibilidad de procesos paralelos sobre una misma pieza musical.
La complejidad también puede influir en la cuantificación de los daños reclamados. Los demandantes pueden apoyarse en daños estatutarios, una figura que no exige demostrar ante el tribunal la pérdida financiera exacta ocasionada por la infracción, aunque su aplicación y cuantía deberán resolverse durante el proceso.
Para las empresas de inteligencia artificial, el problema plantea una tensión entre la escala del entrenamiento y la granularidad del derecho musical. Un modelo puede procesar enormes volúmenes de material durante su desarrollo, pero cada composición protegida puede representar una unidad jurídica distinta cuando los titulares deciden acudir a los tribunales.
Anthropic ya había enfrentado un acuerdo millonario
El nuevo proceso tampoco constituye la primera acusación de piratería relacionada con el entrenamiento de los modelos de Anthropic. En septiembre de 2025, la empresa acordó pagar USD 1.500 millones a autores y editoriales en un litigio relacionado con el uso de libros protegidos. El acuerdo recibió aprobación judicial definitiva en 2026, según los reportes disponibles.
Aquel antecedente da contexto a la nueva demanda, aunque no determina automáticamente su resultado ni resuelve las diferencias entre obras literarias y composiciones musicales. El caso actual incorpora además la particular distribución de derechos de la industria musical, donde editoriales, artistas y discográficas pueden tener intereses distintos sobre una misma canción.
La industria musical tiene una larga trayectoria de litigios cuando considera que una tecnología amenaza sus derechos o sus ingresos. Las disputas asociadas con Napster y LimeWire forman parte de ese historial, y el conflicto con Anthropic muestra cómo la expansión de la IA está trasladando esa confrontación hacia los sistemas de entrenamiento y los modelos generativos.
La dimensión del caso podría convertirlo en una referencia para futuras negociaciones entre desarrolladores de IA y titulares de contenido creativo. Si los tribunales aceptan una interpretación amplia de las reclamaciones, las empresas tecnológicas enfrentarían mayor presión para demostrar cómo obtuvieron sus datos de entrenamiento, mientras los editores tendrían nuevos incentivos para exigir licencias y compensaciones.
La respuesta de Anthropic y lo que sigue
Anthropic rechazó las afirmaciones de los editores y dijo que tiene la intención de defenderse con firmeza ante los tribunales. La compañía no aceptó la caracterización de sus prácticas como piratería, por lo que la disputa deberá avanzar con argumentos sobre el origen de los materiales, el funcionamiento del entrenamiento y el alcance de los derechos que los demandantes dicen controlar.
La demanda representa el inicio de un proceso, no una determinación judicial sobre la responsabilidad de Anthropic. A partir de ahora, las partes podrían discutir qué obras fueron utilizadas, de qué manera llegaron a los sistemas de la empresa y si ese uso constituye una infracción conforme a las normas aplicables de derechos de autor.
El procedimiento también pondrá bajo examen la relación entre el desarrollo de modelos de IA y los mercados de contenidos creativos. Mientras las compañías tecnológicas buscan entrenar sistemas capaces de producir y comprender lenguaje, música y otros materiales, los titulares de derechos intentan evitar que esa capacidad se construya mediante obras obtenidas sin autorización.
La disputa entre Anthropic y las filiales editoriales de Sony Music y Warner Music podría prolongarse durante años, como anticipa el alcance de las reclamaciones y la cantidad potencial de obras involucradas. Su resultado tendrá importancia no solo para las partes, sino también para la forma en que la industria de la IA negocia, licencia y documenta los datos utilizados para crear sus modelos.
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