Por Canuto  

El CEO de Microsoft, Satya Nadella, cerró su testimonio en el juicio entre Elon Musk y OpenAI asegurando que el magnate nunca le expresó inquietudes sobre los acuerdos de su empresa con el desarrollador de ChatGPT. Su declaración volvió a poner bajo la lupa la relación multimillonaria entre Microsoft y OpenAI, así como el conflicto por la misión original de la organización.
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  • Satya Nadella dijo en corte que Elon Musk nunca se comunicó con él para cuestionar las inversiones de Microsoft en OpenAI.
  • Microsoft ha invertido más de USD $13.000 millones en OpenAI y, según un ejecutivo, ya reconoció cerca de USD $9.500 millones en ingresos por esa alianza.
  • Nadella calificó como una auténtica chapuza la breve destitución de Sam Altman en 2023 y negó haber exigido su restitución.

 


Satya Nadella, CEO de Microsoft, compareció este lunes ante un tribunal federal en Oakland, California, como parte del juicio Musk v. Altman. Durante varias horas, el ejecutivo respondió preguntas sobre la relación entre Microsoft y OpenAI, los primeros años de esa alianza y la crisis interna que estalló en 2023 con la salida temporal de Sam Altman.

Uno de los puntos centrales de su testimonio fue una afirmación directa: Elon Musk nunca se comunicó con él para expresarle preocupaciones sobre si las inversiones de Microsoft en OpenAI violaban compromisos especiales o la supuesta misión original de la organización. Esa declaración es relevante porque Musk incluyó a Microsoft como demandado en su acción judicial contra OpenAI, Altman y Greg Brockman, reseña CNBC.

El caso gira alrededor de una acusación presentada por Musk en 2024. El empresario sostiene que OpenAI incumplió su promesa de proteger su estructura sin fines de lucro y de mantener una misión benéfica en el desarrollo de inteligencia artificial. En ese marco, también acusa a Microsoft de ayudar e instigar la presunta violación de un fideicomiso benéfico.

Para comprender el trasfondo, conviene recordar que OpenAI nació en 2015 como una iniciativa impulsada por Musk, Altman, Brockman y otros ejecutivos e investigadores. La organización se presentó entonces como un laboratorio centrado en desarrollar IA avanzada de manera responsable, pero con el tiempo adoptó una estructura híbrida que permitió atraer capital externo a través de una subsidiaria con fines de lucro.

Microsoft fue uno de los aliados clave de OpenAI desde 2019, mucho antes de que ChatGPT la convirtiera en una marca de alcance masivo a finales de 2022. Esa relación es hoy uno de los ejes de la disputa, ya que Musk considera que el peso de las inversiones y los incentivos comerciales desvió la misión original de la entidad.

Las inversiones de Microsoft y el núcleo del desacuerdo

Durante su declaración, Nadella dijo sentirse “muy orgulloso” de que Microsoft asumiera el riesgo de invertir en OpenAI cuando, según sus palabras, “nadie más estaba dispuesto” a apostar por ese laboratorio emergente. La empresa ha invertido más de USD $13.000 millones en OpenAI, una cifra que fue mencionada repetidamente a lo largo del juicio.

El detalle presentado en sala incluyó una inversión de USD $1.000 millones en 2019, otra de USD $2.000 millones en 2021 y una más de USD $10.000 millones en 2023. Musk había declarado previamente que esta última operación fue el punto de inflexión que lo llevó a pensar que OpenAI estaba incumpliendo su misión sin fines de lucro.

Desde el estrado, Musk afirmó que la magnitud de esa inversión le generó inquietud y lo impulsó a abrir una investigación legal sobre OpenAI. Según su testimonio, temía que la organización estuviera tratando de despojar a la estructura benéfica de su propósito original. También cuestionó si era deseable que Microsoft terminara controlando una eventual superinteligencia digital.

Nadella, sin embargo, sostuvo que nunca consideró estas inversiones como donaciones. Dijo que desde el inicio existió un componente comercial claro en la asociación. Explicó que, en los primeros años, Microsoft ofreció fuertes descuentos en capacidad computacional a OpenAI y que la compañía esperaba obtener beneficios de marketing a cambio.

Esa visión fue reforzada por una declaración en video de Michael Wetter, ejecutivo de desarrollo corporativo de Microsoft, reproducida durante la jornada. Según ese testimonio, Microsoft ha reconocido aproximadamente USD $9.500 millones en ingresos hasta la fecha gracias a su relación con OpenAI.

La propia estructura financiera de OpenAI ha cambiado de forma notable desde la salida de Musk en 2018. Tras una serie de desacuerdos internos, entre ellos un intento fallido de integrar OpenAI con Tesla, el empresario abandonó la junta. Poco después, OpenAI creó su subsidiaria con fines de lucro, lo que facilitó el ingreso de grandes inversionistas y disparó su valoración por encima de USD $850.000 millones.

La crisis por Sam Altman y la reacción de Nadella

Otro tramo relevante del testimonio se concentró en noviembre de 2023, cuando Sam Altman fue despedido brevemente como CEO de OpenAI. La junta argumentó en ese momento que el ejecutivo no había sido “consistentemente franco en sus comunicaciones”, una formulación que generó desconcierto en el mercado y entre los socios de la empresa.

Nadella dijo que estaba “bastante sorprendido” por aquella decisión. Según explicó, su prioridad inmediata fue asegurar la continuidad para los clientes de Microsoft, dado el grado de integración tecnológica y comercial entre ambas compañías. También intentó entender con precisión qué había ocurrido dentro de OpenAI.

El CEO de Microsoft relató que, tras la destitución de Altman, se esforzó por obtener más información de los miembros de la junta. Señaló que sospechaba que detrás del conflicto podía haber celos o mala comunicación. A su juicio, la explicación pública sobre la falta de franqueza de Altman no era suficiente para justificar una medida tan drástica.

Nadella afirmó que necesitaba más detalles porque se trataba del director de una empresa en la que Microsoft había invertido y con la que mantenía una relación profunda. Dijo que esperaba conocer incidentes concretos o elementos de fondo que aclararan la gravedad del caso, pero eso no ocurrió. “Para mí, aquello fue una auténtica chapuza”, testificó.

La exdirectora de OpenAI Tasha McCauley había recordado en una declaración grabada, mostrada la semana pasada, una conversación con Nadella y otros miembros de la junta después de la destitución. Según ella, Satya quería restaurar las cosas a como habían estado. No obstante, ya en sala este lunes, Nadella negó que hubiera exigido a la junta reinstalar a Altman como CEO.

Ese episodio sigue siendo relevante porque ilustra hasta qué punto la gobernanza de OpenAI se ha convertido en un asunto sensible para sus socios, competidores y críticos. También muestra la tensión entre la estructura formal de una organización sin fines de lucro y la realidad de un negocio de IA que maneja inversiones, clientes y participaciones de enorme tamaño.

Gobernanza, competencia y fricciones recientes

Durante el interrogatorio, el abogado de Musk, Steven Molo, mostró capturas de mensajes de texto entre Nadella y Kevin Scott, director de tecnología de Microsoft, sobre posibles candidatos para integrar la junta de OpenAI. Entre los nombres mencionados estaban Emilie Choi, Julia Hartz, Sue Desmond-Hellmann, Bing Gordon, Ursula Burns, Jeff Weiner y Diane Greene.

En uno de esos intercambios, Nadella respondió “no” sobre la posibilidad de que Greene ocupara un puesto en la junta. En el tribunal explicó que su objeción se debía a la relación reciente de Greene con Google, empresa que consideraba un competidor directo y de gran peso en inteligencia artificial, especialmente después de la compra de DeepMind.

Nadella recordó que, cuando asumió como CEO de Microsoft en 2014, Google era el principal rival de la compañía en IA. Esa rivalidad ayuda a entender por qué veía conflictos en incorporar a alguien con vínculos recientes con ese grupo. Finalmente, OpenAI anunció en marzo de 2024 el nombramiento de Sue Desmond-Hellmann para su junta. Nadella dijo que ya la conocía de antes.

En octubre, OpenAI completó una recapitalización que consolidó su estructura como una organización sin fines de lucro con una participación accionaria en su negocio con fines de lucro. Como parte de ese anuncio, Microsoft reveló que poseía aproximadamente un 27% de la unidad con fines de lucro de OpenAI, participación valorada en torno a USD $135.000 millones.

Aunque ambas compañías siguen describiendo su relación como estratégica y central para sus negocios, en los últimos meses han surgido señales de tensión. A finales del mes pasado, el mismo día en que comenzó la selección del jurado en Musk v. Altman, Microsoft y OpenAI anunciaron un acuerdo de asociación renovado.

Ese nuevo pacto permite a OpenAI limitar los pagos por participación en ingresos y atender a clientes a través de cualquier proveedor de nube. OpenAI indicó que el objetivo era simplificar la asociación y la forma de trabajar entre ambas firmas. En el contexto del juicio, ese reajuste también refuerza la percepción de que la alianza sigue siendo poderosa, pero está lejos de ser estática.

La cobertura de CNBC señaló que Musk no se opone por completo a que OpenAI tenga una unidad con fines de lucro, pero sostuvo que esa estructura terminó convirtiéndose en “la cola moviendo al perro”. En su visión, Altman y Brockman se habrían enriquecido apoyándose en una organización benéfica mientras conservaban el prestigio de dirigir una entidad sin fines de lucro.

Más allá del resultado judicial, el caso expone una pregunta de fondo para el sector tecnológico y financiero: quién controla, financia y orienta el desarrollo de los sistemas de IA más avanzados. Lo que se discute en Oakland no es solo la relación entre Musk, Altman y Microsoft, sino también el delicado equilibrio entre misión pública, gobernanza y capital privado en la carrera por la inteligencia artificial.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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