Por Canuto  

Goldman Sachs y Morgan Stanley buscan que las agencias de calificación traten a OpenAI y Anthropic como emisores de grado de inversión, aunque ambas compañías siguen registrando pérdidas y todavía no alcanzan el punto de equilibrio. La decisión podría definir quién asume el riesgo financiero de la expansión de la inteligencia artificial, incluida una garantía de Nvidia por hasta USD $105.000 millones.
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  • Goldman Sachs y Morgan Stanley solicitaron calificaciones de grado de inversión para OpenAI y Anthropic antes de sus posibles OPI.
  • OpenAI registró una pérdida neta de aproximadamente USD $39.000 millones en 2025, mientras Anthropic prevé alcanzar el equilibrio en 2028.
  • Una calificación satisfactoria permitiría a Nvidia terminar su respaldo a obligaciones de arrendamiento por hasta USD $105.000 millones en Ohio.


Goldman Sachs y Morgan Stanley han pedido a las principales agencias de calificación crediticia que consideren a OpenAI y Anthropic como emisores de grado de inversión cuando lleguen al mercado bursátil. La solicitud ocurre pese a que ambos laboratorios de inteligencia artificial todavía queman efectivo, acumulan pérdidas y no esperan alcanzar el punto de equilibrio en el corto plazo, una combinación que normalmente limita el acceso de los inversores institucionales a sus bonos.

La información, publicada originalmente por el Financial Times y reseñada por BeInCrypto, coloca el foco en una disputa central para el financiamiento de la IA: si el potencial de crecimiento puede compensar la ausencia de ganancias actuales. Una calificación elevada no solo reduciría potencialmente el costo de la deuda, sino que también ampliaría el grupo de fondos de pensiones y aseguradoras autorizados a comprar esos títulos.

Una calificación que puede cambiar quién asume el riesgo

El grado de inversión representa una categoría de solvencia que las agencias asignan a emisores considerados relativamente capaces de cumplir sus obligaciones financieras. Por debajo de ese nivel se encuentra el grado especulativo, asociado con un riesgo mayor y con inversores que suelen exigir rendimientos más altos para compensar la posibilidad de incumplimiento.

OpenAI y Anthropic buscan ese tratamiento antes de demostrar rentabilidad, algo inusual frente al historial de compañías que tuvieron que esperar años para recibir una evaluación similar. Meta, Netflix y Tesla, según la información citada en el borrador original, esperaron una década o más antes de obtener el mismo reconocimiento crediticio, mientras los laboratorios pretenden adelantar el proceso apoyándose en sus perspectivas de crecimiento.

Los bancos de inversión tendrían un incentivo claro para impulsar la petición, porque una eventual salida a bolsa de cualquiera de los dos laboratorios generaría operaciones de acciones, bonos y financiamiento corporativo. Sin embargo, las agencias mantienen la responsabilidad de evaluar pérdidas, liquidez, competencia, divulgación financiera y capacidad futura de pago, incluso cuando Wall Street presiona para que el mercado acepte una narrativa más optimista.

La propuesta supone tratar el efectivo obtenido en una OPI como una suerte de sustituto de las ganancias. Esa interpretación podría facilitar una expansión más rápida de la infraestructura de IA, pero también trasladaría una parte significativa del riesgo desde las grandes empresas tecnológicas que hoy respaldan el sector hacia los compradores ordinarios de deuda.

El compromiso de Nvidia con el campus de Ohio

La situación tiene una consecuencia concreta para Nvidia, que acordó garantizar hasta USD $105.000 millones en obligaciones de arrendamiento relacionadas con un campus de OpenAI en el condado de Pike, Ohio. La garantía expone a la fabricante de chips a obligaciones financieras que, de acuerdo con un documento presentado ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, podrían terminar si OpenAI obtiene una calificación crediticia satisfactoria.

El documento establece varias circunstancias de terminación, entre ellas el vigésimo aniversario del comienzo del arrendamiento aplicable y la cancelación del contrato por parte de OpenAI conforme a sus condiciones. La tercera alternativa es la que concentra la atención de los inversores: que OpenAI consiga la calificación exigida para liberar a Nvidia de ese compromiso.

El texto citado en la presentación señala: “Las obligaciones de NVIDIA en virtud de un Acuerdo terminarán ante la primera de las siguientes circunstancias: (iii) OpenAI obteniendo una calificación crediticia satisfactoria”. OpenAI también acordó reembolsar e indemnizar a Nvidia por los montos que la compañía efectivamente pague al arrendador bajo esos acuerdos, de modo que la garantía no constituye necesariamente una pérdida inmediata.

Para Nvidia, la obtención de una calificación favorable reduciría la exposición directa a la expansión física de OpenAI y podría aliviar parte del riesgo concentrado en su balance. Para OpenAI, en cambio, demostrar solvencia suficiente ante las agencias se convertiría en una herramienta financiera capaz de destrabar infraestructura, atraer capital institucional y mejorar sus condiciones de endeudamiento.

Google y Broadcom también buscan una salida

El asunto no se limita a Nvidia ni al proyecto de Ohio. Anthropic anunció un nuevo acuerdo con Google y Broadcom para acceder a capacidad de cómputo basada en varias gigavatios de unidades de procesamiento tensorial de nueva generación. El acuerdo vincula el crecimiento del laboratorio con proveedores estratégicos de capacidad computacional.

La asociación muestra cómo los laboratorios de IA buscan asegurar con anticipación la infraestructura necesaria para entrenar y operar sus modelos. Sin embargo, la evidencia disponible no permite afirmar que esos apoyos vayan a retirarse automáticamente una vez que Anthropic cotice en bolsa, ni que su eventual OPI elimine los riesgos asociados con sus pérdidas, su consumo de efectivo o la competencia de modelos más baratos.

Los apoyos de fabricantes de chips y grandes plataformas han sido relevantes para una industria que necesita inversiones de capital extraordinarias antes de convertir el uso de sus modelos en ingresos suficientes. Mientras esas empresas proporcionan infraestructura o garantías, una parte del riesgo permanece concentrada entre actores tecnológicos con mayor capacidad financiera y acceso a los mercados.

Una calificación de grado de inversión modificaría esa distribución, porque abriría la puerta a que más instituciones compren bonos de los laboratorios. El beneficio sería inmediato para quienes buscan financiar centros de datos y contratos de largo plazo, pero el costo potencial recaería sobre los tenedores de deuda si el crecimiento esperado no se transforma en flujos de caja sostenibles.

SpaceX muestra que la etiqueta no garantiza tranquilidad

El precedente más cercano que aparece en el análisis es SpaceX, que recibió calificaciones de grado de inversión en junio, pocos días después de su histórica oferta pública inicial. Posteriormente, la empresa lanzó una venta de deuda por USD $25.000 millones, una operación que evidenció el acceso que una compañía de ese tamaño puede obtener en el mercado de bonos.

La reacción del mercado, sin embargo, fue más cautelosa que la etiqueta crediticia. La demanda inicial por los títulos fue elevada, pero el comportamiento de los bonos también reflejó que los inversores evalúan por separado el riesgo de la empresa y las condiciones concretas de cada emisión.

El episodio demuestra que una calificación no elimina la evaluación independiente de los compradores de bonos. Los inversores también consideran el precio de emisión, la duración, las tasas de interés, la liquidez, la estructura de garantías y el riesgo de que el crecimiento esperado no justifique el endeudamiento asumido.

Para OpenAI y Anthropic, el caso de SpaceX ofrece una advertencia: conseguir el sello podría ser apenas el primer paso de una prueba más exigente. Las compañías tendrían que convencer al mercado de que sus necesidades de capital, sus pérdidas actuales y sus planes de expansión pueden coexistir con una capacidad razonable para atender futuras obligaciones.

Las agencias todavía no han dado su aprobación

La solicitud de Goldman Sachs y Morgan Stanley no equivale a una aprobación de las agencias. OpenAI y Anthropic aún deben presentar información suficiente para que los calificadores evalúen sus pérdidas, liquidez, perspectivas de ingresos, necesidades de capital y capacidad futura de pago. También deberán enfrentar el riesgo de que aparezcan alternativas de código abierto más baratas.

La competencia de modelos chinos de código abierto y de menor costo añade presión sobre los ingresos futuros de los laboratorios. Si los clientes pueden acceder a capacidades similares con precios inferiores, las proyecciones de crecimiento y los márgenes necesarios para financiar infraestructura podrían enfrentar un deterioro antes de que cualquiera de las dos compañías alcance el equilibrio.

Anthropic ha sido vinculada con una posible OPI en octubre y con una valoración que podría alcanzar los USD $2 billones, según resultados de búsqueda que citan reportes de prensa. El propio calendario de OpenAI apunta a una OPI a comienzos de 2027, aunque esos plazos todavía dependen de las condiciones del mercado, de la preparación corporativa y de la capacidad de cada empresa para presentar información suficiente a inversores y agencias.

Por ahora, la solicitud de grado de inversión sigue siendo una petición, no una decisión aprobada. El desenlace mostrará si las agencias consideran que el efectivo de una OPI puede compensar la falta de ganancias o si mantendrán una evaluación más prudente hasta que OpenAI y Anthropic demuestren ingresos, liquidez y rentabilidad con mayor claridad.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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