Los hogares estadounidenses de 55 años o más acumulan cerca de USD $140 billones y controlan alrededor de tres cuartas partes del patrimonio neto nacional. El auge bursátil vinculado a la inteligencia artificial engordó sus activos, pero la riqueza está concentrada y una parte importante de los mayores no cuenta con ahorros suficientes para la jubilación.
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- Los hogares de 55 años o más controlaban cerca del 75% del patrimonio neto de Estados Unidos en el segundo trimestre de 2026, según un análisis del Bank of America Institute.
- Los baby boomers reunían USD $97,4 billones, equivalentes al 52% del patrimonio neto de los hogares del país.
- La dependencia del consumo respecto de los hogares ricos y mayores amplifica los riesgos de una caída bursátil, especialmente para quienes se acercan a la jubilación.
🚨 Mayores de 55 concentran USD 140 billones: 75% de la riqueza de EE. UU.
Los baby boomers reúnen USD 97,4 billones. El auge bursátil ligado a la IA impulsó sus activos.
Pero casi un tercio de los mayores de 55 no tiene ahorros para la jubilación. pic.twitter.com/US9olsbo6N
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 7, 2026
El patrimonio de los hogares mayores creció más de 20% en dos años, impulsado en parte por las acciones tecnológicas y el auge de la inteligencia artificial. Sin embargo, las cifras agregadas ocultan una marcada desigualdad: millones de personas mayores carecen de ahorros para la jubilación y podrían sentir con más fuerza una caída de los mercados.
Los hogares estadounidenses de 55 años o más poseían cerca de USD $140 billones en el segundo trimestre de 2026, alrededor de tres cuartas partes del patrimonio neto de todo el país. El dato, incluido en un informe publicado el 1 de octubre por el Bank of America Institute a partir de información de la Reserva Federal, muestra cuánto peso financiero acumularon las generaciones mayores y cómo ese poder está conectado con los mercados bursátiles.
El economista sénior David Michael Tinsley señaló que el patrimonio neto de esos hogares aumentó más de 20% en los últimos dos años, en un periodo marcado por el avance de las acciones. El repunte benefició a personas que ya tenían activos financieros, pero no elevó por igual la situación de todos los adultos mayores: la distribución de acciones, ahorros de retiro e ingresos mantiene diferencias pronunciadas dentro de esa población, reseña Fortune.
Una fortuna concentrada en los baby boomers
La mayor parte de la riqueza de los adultos mayores corresponde a los baby boomers, cuyos integrantes tienen entre 62 y 80 años en 2026. Las estimaciones de la Oficina del Censo sitúan su población en unos 68 millones de personas, cerca de cuatro de cada cinco estadounidenses mayores de 60 años y aproximadamente dos tercios de quienes tienen 55 años o más.
Los boomers reunían USD $97,4 billones en el segundo trimestre, de acuerdo con datos de la Reserva Federal citados en el informe. Esa suma equivale a cerca del 52% del patrimonio neto de los hogares estadounidenses y alrededor del 70% de la riqueza de todos los hogares encabezados por personas mayores de 55 años, pese a que los boomers encabezan solo cerca del 30% de los hogares del país.
La brecha también aparece al comparar la participación demográfica con la propiedad de activos: las personas de 55 años o más representan alrededor del 31% de la población, pero controlan cerca del 75% del patrimonio neto nacional. Además, los boomers poseen el 54% de todas las acciones estadounidenses, una posición que vincula directamente el desempeño de las bolsas con las finanzas de una generación que ya se acerca o llegó a la jubilación.
La acumulación de activos otorga a muchos hogares mayores capacidad para seguir consumiendo cuando dejan de recibir un salario. Ed Yardeni, veterano de Wall Street, describió esta divergencia como una economía en forma de G: una división marcada por la edad, en la que los jubilados con riqueza acumulada avanzan mientras muchos hogares jóvenes aún intentan construir su patrimonio.
La inteligencia artificial impulsó el alza bursátil
El avance de las carteras de los adultos mayores coincidió con un fuerte impulso de las acciones relacionadas con la inteligencia artificial. Los llamados Magnificent Seven aportaron más de la mitad de las ganancias del S&P 500 durante el año anterior, y estrategas de Goldman Sachs calcularon que las acciones tecnológicas explicaron el 85% del retorno del índice hasta mediados de mayo de 2026.
Luca Russignan, de Capgemini, afirmó en junio que el rendimiento impulsado por la IA había sido el motor estructural más importante del desempeño bursátil. La subida de los títulos elevó el valor de activos financieros que suelen formar parte del patrimonio de los hogares mayores, incluidos los ahorros para la jubilación, aunque la exposición varía ampliamente entre familias y no todos participan de la misma manera en el mercado.
El Bank of America Institute describió a los hogares mayores como algunos de los principales beneficiarios de las recientes alzas de las acciones. Ese efecto puede extenderse del balance de una cuenta de retiro al gasto cotidiano: una cartera que gana valor puede dar confianza para financiar viajes, actividades recreativas y otros consumos, lo que convierte a los movimientos bursátiles en una influencia indirecta sobre la demanda de las empresas.
El economista jefe de Moody’s Analytics, Mark Zandi, sostuvo que las personas mayores de 50 años realizan la mayor parte del gasto y que están conduciendo el tren del consumo. Su análisis de datos de la Reserva Federal indicó que el 20% de mayores ingresos genera ahora el 59% del gasto de los consumidores, una concentración que puede sostener la actividad en el corto plazo, pero también deja a la economía más expuesta a cambios en la riqueza de ese grupo.
El crecimiento del patrimonio no alcanza a todos
Las ganancias de los mercados se distribuyen de manera desigual, incluso entre los propios baby boomers. Una investigación anterior del Bank of America encontró que el 10% más rico de esa generación controlaba el 71% de su riqueza en 2022, mientras que casi un tercio de los estadounidenses de 55 años o más no tenía ahorros para la jubilación.
La concentración de acciones es todavía más extrema al observar a todos los hogares estadounidenses. En el segundo trimestre de 2026, la mitad inferior de los hogares poseía USD $0,37 billones en acciones y fondos mutuos, frente a USD $16,15 billones en manos del 0,1% más rico, según datos de la Reserva Federal citados por Fortune.
Ray Dalio advirtió que la inteligencia artificial podría ser una burbuja con efectos devastadores para muchas personas y sostuvo que la mayoría no se está beneficiando adecuadamente. Su advertencia apunta a una diferencia relevante: el aumento del valor de los activos puede enriquecer a quienes ya poseen acciones, pero no garantiza que los hogares sin inversiones reciban una mejora equivalente en sus ingresos o en su capacidad de compra.
Para quienes dependen de ingresos fijos, el panorama puede ser más difícil. Una investigación de la Oficina del Censo citada por el instituto encontró que alrededor del 14% de los beneficiarios del Seguro Social mayores de 65 años obtiene de ese programa más del 90% de sus ingresos, por lo que tiene menos recursos para compensar los aumentos de gastos cotidianos.
El informe señaló que costos crecientes como la gasolina probablemente han puesto bajo mayor presión financiera a esos hogares, que dependen de los ajustes anuales por costo de vida del Seguro Social. La atención médica también ocupa una proporción mayor del presupuesto de las familias mayores que del de las más jóvenes, de modo que el patrimonio colectivo de USD $140 billones no describe por sí solo la realidad de quienes carecen de ahorros propios.
Más adultos mayores cambian el mapa del consumo
El cambio demográfico lleva décadas en curso: la proporción de estadounidenses mayores de 60 años aumentó casi 10 puntos porcentuales entre 1995 y 2025, hasta alcanzar el 25%. La Oficina del Censo proyecta que esa proporción crecerá otros cinco puntos para 2055, cuando se acercaría al 30% de la población, una transformación que influirá en qué bienes y servicios encuentran más demanda.
Los registros de tarjetas de Bank of America entre enero y julio de 2026 mostraron que los hogares mayores asignaban una mayor parte de sus gastos a comestibles. En cambio, destinaban proporciones menores a restaurantes, gasolina, productos generales y ropa que otros grupos de edad, un patrón que refleja prioridades distintas y que las empresas pueden considerar al diseñar ofertas para una población envejecida.
Los hogares de personas de 61 a 75 años también asignaban una parte mayor de su gasto a viajes. Su participación en el gasto de las aerolíneas se recuperó más rápido desde la pandemia que la del conjunto de los hogares, aunque todavía permanecía por debajo de los niveles de 2019, según los datos citados por el informe.
Ese poder de compra también ayuda a explicar por qué la riqueza de los hogares mayores tiene efectos que van más allá de sus cuentas individuales. Zandi consideró que el gasto de los consumidores mayores y ricos resulta muy positivo y necesario para evitar una recesión en el corto plazo, aunque advirtió que su peso puede convertirse en una presión considerable para la oferta de la economía en el futuro.
La dependencia del consumo respecto de una franja reducida de hogares hace que un retroceso financiero pueda alcanzar a sectores como las aerolíneas, los hoteles y los supermercados, además de afectar a quienes trabajan para esas empresas. El riesgo cobra relevancia porque los jubilados tienen menos tiempo para recuperarse de pérdidas en sus carteras que quienes ahorran durante décadas antes de retirarse.
Los diez mayores fondos mutuos 401(k) registraban una asignación promedio de 38% a tecnología y servicios de comunicación, según datos de Morningstar citados por Fortune. Una caída de las acciones tecnológicas puede tener un impacto distinto en la cartera de una persona de 67 años que en la de alguien de 32, porque el primero dispone de menos tiempo para esperar una recuperación antes de utilizar sus ahorros.
Dalio señaló en agosto que la riqueza no equivale al dinero disponible para gastar: cuando los activos suben de valor, sus propietarios deben venderlos para convertir esa ganancia en efectivo. La advertencia resume la vulnerabilidad de una economía apoyada en carteras bursátiles cada vez más concentradas, pues un revés en los mercados podría reducir tanto el patrimonio de algunos jubilados como el consumo que sostiene a numerosas empresas.
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