La NASA adjudicó a Relativity Space, controlada por Eric Schmidt, un contrato para diseñar, lanzar y operar la misión Aeolus hacia Marte en 2028. La apuesta acelera la carrera espacial comercial y coloca a la empresa como una posible rival de SpaceX en el intento por concretar la primera misión privada al planeta rojo.
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- La NASA eligió a Relativity Space para construir la nave de Aeolus, lanzarla y enviarla a Marte en 2028.
- La misión llevará cuatro instrumentos científicos para mapear a diario polvo, vientos y temperatura en la atmósfera marciana.
- El contrato refuerza el modelo público-privado, pero también expone a la NASA al riesgo de depender de una empresa aún no probada en órbita.
🚀📉 ¡Urgente! La NASA elige a Relativity Space para la misión Aeolus a Marte en 2028
La empresa competirá con SpaceX en la carrera hacia el planeta rojo.
Aeolus llevará instrumentos para estudiar la atmósfera marciana.
Este acuerdo marca un avance en el modelo… pic.twitter.com/lQkpY2jtMV
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 18, 2026
La NASA adjudicó a Relativity Space un contrato para desarrollar la misión Aeolus, una iniciativa científica que buscará estudiar la atmósfera de Marte desde la órbita. La decisión coloca a la empresa controlada por Eric Schmidt en una posición inesperada dentro de la carrera espacial comercial.
El acuerdo contempla que Relativity diseñe y construya la nave espacial, la lance al espacio y la opere en su trayecto hasta Marte. La agencia estadounidense, por su parte, aportará la carga científica de la misión.
El anuncio abre una comparación inevitable con SpaceX, la firma de Elon Musk, que durante años ha asociado su marca con la ambición de colonizar Marte. Sin embargo, SpaceX aún no ha enviado una misión propia al planeta rojo.
Si Aeolus despega según el cronograma previsto, Relativity podría convertirse en la primera empresa privada en alcanzar Marte. Ese posible desenlace daría a Schmidt una victoria simbólica en un sector donde Musk ha dominado la conversación pública.
La noticia también refleja cómo la NASA sigue profundizando su estrategia de alianzas con el sector privado. Ese modelo ya se ha usado para llevar carga a la Estación Espacial Internacional y para apoyar misiones lunares comerciales.
Aeolus y la apuesta científica de la NASA
Aeolus transportará cuatro instrumentos destinados a medir e imaginar la atmósfera marciana desde la órbita. El objetivo es ofrecer lo que la NASA describió como la primera visión global diaria del polvo, los vientos y la temperatura en Marte.
Ese tipo de datos tiene un valor operativo además de científico. La agencia considera que ayudarán a reducir riesgos para futuros aterrizadores y, más adelante, para eventuales astronautas que visiten la superficie marciana.
Jared Isaacman, administrador de la NASA, sostuvo en un comunicado que la combinación entre instrumentos de clase mundial de la agencia e innovación comercial puede entregar más ciencia con mayor frecuencia. También afirmó que ese enfoque puede reducir el tiempo necesario para poner datos críticos en manos de los investigadores.
La misión está programada para despegar en 2028, un plazo que destaca por su agresividad dentro de los estándares de la exploración planetaria. Para cumplirlo, Relativity deberá avanzar en paralelo con el desarrollo de la nave y con la finalización de su cohete Terran R.
La NASA no reveló cuánto pagará a Relativity por este encargo. La empresa tampoco respondió a las preguntas de TechCrunch sobre los detalles financieros del contrato.
Un modelo público-privado con ventajas y riesgos
La estructura del contrato recuerda a otros acuerdos impulsados por la NASA en los que el Estado concentra la ciencia y la empresa privada aporta la infraestructura. Ese esquema se aplicó con SpaceX para el abastecimiento de la Estación Espacial Internacional y con Firefly Aerospace en iniciativas lunares.
El principio detrás de este enfoque es que la empresa asume una parte del costo de desarrollo. A cambio, la NASA puede extender su presupuesto y financiar proyectos ambiciosos sin cargar por completo con el riesgo financiero.
Isaacman ha defendido este tipo de asociaciones y, además, tiene una relación cercana con el modelo comercial de vuelos espaciales. El actual administrador de la NASA ha viajado dos veces al espacio en misiones privadas operadas por SpaceX.
Sin embargo, la agencia también acepta una cuota importante de incertidumbre cuando apuesta por actores emergentes. Relativity todavía no ha demostrado que pueda colocar de forma exitosa una carga propia en órbita, y eso vuelve más delicada la ejecución de un proyecto interplanetario.
La experiencia reciente muestra que no todas las startups respaldadas por la NASA logran consolidarse. Algunas han quebrado y otras han sufrido fallas visibles, incluso en aterrizadores lunares que terminaron inclinados tras tocar la superficie.
Para Relativity, el beneficio potencial va más allá del ingreso directo asociado al contrato. Una validación de este nivel podría abrir nuevas oportunidades comerciales, desde lanzamientos de satélites hasta transporte de carga con destino a la Luna.
El problema es que, mientras más lejos se extienden estas alianzas en el espacio profundo, menos claro resulta el mercado comercial real para esos servicios. En otras palabras, la promesa de negocio futuro existe, pero todavía luce difusa.
La trayectoria de Relativity Space bajo el control de Eric Schmidt
Relativity Space fue fundada en 2015 por dos exingenieros de SpaceX y Blue Origin. Desde el inicio, la empresa planteó que la impresión 3D podía convertirse en la base para fabricar cohetes más baratos y rápidos de producir.
Su primer gran vehículo, Terran-1, despegó en marzo de 2023. Aquel lanzamiento terminó en fracaso durante el vuelo, un tropiezo que obligó a la compañía a revisar su estrategia tecnológica y comercial.
Después de esa prueba, Relativity decidió concentrarse en un diseño más grande llamado Terran R. La empresa apostó por ese modelo como su plataforma principal, pero antes de llevarlo a la rampa de lanzamiento enfrentó dificultades de financiamiento.
En ese contexto apareció Eric Schmidt, exdirector ejecutivo de Google, quien tomó una participación mayoritaria en la compañía el año pasado. Además de convertirse en accionista clave, Schmidt asumió el cargo de CEO.
Su entrada sorprendió a varios observadores del sector por una razón simple. La industria de cohetes es intensiva en capital, está saturada de aspirantes y suele castigar con dureza los retrasos técnicos.
Aun así, Schmidt ha mostrado interés en aplicaciones espaciales que van más allá del lanzamiento tradicional. Según la información citada por TechCrunch, ha hablado de centros de datos orbitales y se cree que usa Relativity para poner en órbita un telescopio espacial llamado Lazuili, financiado por Schmidt Sciences.
Ese trasfondo ayuda a entender por qué un contrato de la NASA vale más que un simple ingreso. También representa una señal de credibilidad para una empresa que todavía necesita demostrar capacidad operativa en una categoría extremadamente exigente.
La rivalidad implícita con SpaceX y el panorama del mercado
La dimensión más llamativa del anuncio es que coloca a Relativity y a SpaceX en una carrera simbólica hacia Marte. Musk ha hablado durante mucho tiempo de su meta marciana, pero su empresa aún no concreta una misión propia al planeta rojo.
El texto original ironiza incluso con una comparación inevitable. El Tesla enviado al espacio por SpaceX en 2018 no cuenta como misión a Marte.
Si Aeolus llega a despegar en 2028 y completa su trayecto, Relativity podría arrebatar a SpaceX un hito narrativo de gran valor. En una industria donde la percepción pública y el acceso al capital son decisivos, ese detalle puede tener peso estratégico.
La rivalidad también tiene un trasfondo personal entre Schmidt y Musk. Ambos han coincidido en debates sobre seguridad de la inteligencia artificial, un terreno donde sus posturas y estilos han generado fricciones visibles.
En paralelo, el mercado de lanzamientos mantiene una demanda contenida por nuevos cohetes disponibles. Los retrasos de Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos, han contribuido a esa presión sobre la oferta.
Ese cuello de botella podría jugar a favor de Schmidt si Terran R logra llegar al espacio. Un vehículo operativo en este entorno no solo serviría a la NASA, sino que también podría captar clientes privados necesitados de alternativas.
Por ahora, el anuncio mezcla ambición científica, competencia empresarial y una alta dosis de riesgo tecnológico. La NASA gana una ruta potencialmente más ágil y económica hacia Marte, pero la ejecución dependerá de que Relativity pruebe en pocos años lo que aún no ha podido demostrar en vuelo.
Si lo consigue, la empresa no solo cambiará su propia historia. También reordenará el mapa de poder dentro de la nueva carrera espacial comercial.
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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.
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