La Marina de EE. UU. actualizó su lista de prioridades tecnológicas para orientar a startups e inversores hacia áreas como inteligencia artificial, computación cuántica, redes resilientes e interoperabilidad. El objetivo es acelerar la incorporación de soluciones comerciales y reducir la dependencia de procesos tradicionales de adquisición.
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- La Marina estima un gasto anual cercano a USD $150.000 millones, aunque la cifra abarca sus compras totales y no equivale a inversión directa en startups.
- Sus cinco áreas prioritarias son IA aplicada, ciencia de la información cuántica, redes avanzadas, operaciones del espectro electromagnético e ingeniería digital e interoperabilidad.
- La institución busca que el capital privado financie etapas tempranas mientras la Marina emite señales más claras sobre sus futuras necesidades de compra.
🚨🇺🇸 La Marina de EE. UU. actualiza su hoja de ruta tecnológica.
Prioriza IA, computación cuántica, redes, espectro electromagnético e interoperabilidad.
💰 Busca atraer capital privado. Su gasto anual ronda USD 150.000 millones, pero no es inversión directa en startups. pic.twitter.com/zpfSopYswL
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 20, 2026
La Marina de Estados Unidos actualizó su hoja de ruta tecnológica para los próximos años con una señal dirigida tanto a empresas emergentes como a inversores privados. El documento prioriza cinco áreas, entre ellas la inteligencia artificial aplicada, la computación cuántica, las redes avanzadas y la interoperabilidad, mientras la institución intenta acelerar la llegada de soluciones comerciales a sus operaciones.
Justin Fanelli, director de tecnología del Departamento de la Marina, explicó que la publicación busca reemplazar la antigua incertidumbre sobre las necesidades de compra por un esquema más previsible. La intención no es comprometer fondos para programas específicos, sino permitir que las compañías y los fondos decidan hoy dónde invertir con una expectativa más clara de demanda futura.
Una señal para el capital privado
Fanelli afirmó que la señal de demanda difundida el año pasado cambió la forma en que algunos inversores evaluaban los planes de adquisición de la Marina. Por esa razón, la nueva lista fue revisada antes de su publicación por un grupo de inversores de capital de riesgo cuyos nombres no fueron revelados, una decisión que busca hacerla más útil para quienes financian tecnología en sus primeras etapas.
El funcionario calculó que la Marina gasta alrededor de USD $150.000 millones cada año, aunque aclaró que esa cantidad representa el gasto total de compras y no una inversión directa en participaciones de empresas. La precisión resulta importante porque la institución todavía canaliza la mayor parte de sus recursos mediante mecanismos tradicionales y grandes contratistas de defensa.
Fanelli describió el nuevo enfoque como una forma de coinversión, en la que la Marina puede esperar a que una empresa madure su producto con respaldo privado antes de adquirirlo. La toma directa de participaciones accionarias sería una versión más agresiva y poco habitual de esa estrategia, mientras que el modelo más frecuente consiste en comprar soluciones que ya demostraron viabilidad comercial.
La Marina suele comprar principalmente a compañías que se encuentran entre las rondas Serie D y Serie F, según el funcionario, después de que sus productos han avanzado considerablemente. En el pasado, la institución financiaba más investigación temprana para cubrir el tramo entre las rondas semilla y Serie B, pero ahora pretende que los inversores comerciales asuman una parte mayor de ese riesgo.
Compras que ya están cambiando las operaciones
Entre las adquisiciones mencionadas aparece un contrato de USD $562 millones para el MQ-25 Stingray, un dron autónomo de reabastecimiento diseñado para ampliar el alcance de aeronaves tripuladas que operan desde portaaviones. El sistema representa uno de los ejemplos más visibles de la búsqueda de capacidades autónomas que puedan complementar plataformas militares existentes.
La Marina también ha comprado hardware de computación en el borde a Armada, en forma de contenedores de transporte cargados con servidores para barcos y despliegues remotos. Esa clase de infraestructura permite procesar datos cerca del lugar donde se generan, una característica relevante cuando las conexiones con redes centrales son lentas, intermitentes o se encuentran degradadas.
Otro caso citado fue el trabajo de Gecko Robotics, cuyos sistemas realizan inspecciones que anteriormente exigían tareas manuales y potencialmente peligrosas. Fanelli sostuvo que la adopción encontró poca resistencia interna porque, en general, el personal no quería continuar realizando ese tipo de labores, lo que facilitó la sustitución de procesos convencionales por herramientas robóticas.
Domino Data Lab administra actualmente el flujo de trabajo de aprendizaje automático de la Marina, mientras que Applied Intuition participó en una renovación del sistema de cámaras de un barco. En lugar de esperar durante años por una solución de un contratista de defensa, la institución combinó cámaras comerciales con software de la empresa y, según Fanelli, redujo aproximadamente cuatro años del cronograma y amplió el despliegue a más barcos de lo previsto.
Las cinco prioridades tecnológicas
La primera categoría es la IA aplicada, que incluye aprendizaje automático y software con capacidades cada vez más agénticas para convertir datos sin procesar en decisiones. El documento menciona fusión de sensores, apoyo a la puntería, comportamiento autónomo y operaciones cibernéticas basadas principalmente en software, en lugar de depender de nuevo hardware para cada capacidad.
La segunda prioridad es la ciencia de la información cuántica, pero la Marina no la presenta únicamente como una carrera por poseer computadoras cuánticas. Su interés se concentra también en aplicaciones cuánticas o cercanas a lo cuántico para navegación, comunicaciones seguras y criptografía, campos donde una mejora tecnológica podría afectar la protección y confiabilidad de los sistemas.
Las redes avanzadas forman la tercera categoría y buscan mantener el movimiento seguro de datos en entornos con conectividad limitada. La necesidad puede surgir tanto en un barco que opera en alta mar como en una red perteneciente a un socio de una coalición, por lo que la resiliencia y la capacidad de adaptación son tan importantes como la velocidad de transmisión.
La cuarta área corresponde a las operaciones del espectro electromagnético, con herramientas capaces de detectar y administrar el espectro en escenarios disputados. La quinta reúne ingeniería digital e interoperabilidad, incluyendo interfaces de programación abiertas, ingeniería de sistemas basada en modelos y arquitecturas de confianza cero para que los sistemas navales intercambien información sin requerir integraciones personalizadas cada vez.
El desafío de pasar de la lista a la adopción
La publicación no constituye una promesa de financiación ni clasifica programas individuales, y el propio memorando advierte que las prioridades pueden cambiar según las necesidades emergentes de corto y largo plazo. En consecuencia, las empresas no deberían interpretar cada categoría como una orden de compra futura, sino como una orientación sobre los problemas que la Marina considera relevantes.
El reto principal aparece después de la primera adquisición, cuando una tecnología debe encontrar espacio dentro de ciclos presupuestarios y estructuras operativas prolongadas. Fanelli explicó en una conversación anterior que muchas herramientas prometedoras fracasan por razones presupuestarias y no técnicas, especialmente cuando no sustituyen o apagan un sistema que la Marina ya está pagando.
El proceso de selección tampoco depende, según Fanelli, de una multitud de aprobaciones sucesivas. Las decisiones pasan por un comité de selección de fuentes, un grupo reducido que intenta mantener la evaluación basada en el mérito y evitar capas adicionales de revisión que podrían ralentizar la entrada de proveedores nuevos.
La Marina no confirmó si alguna de estas tecnologías comerciales ya está siendo utilizada en el estrecho de Ormuz, una zona señalada en la conversación por ataques contra petroleros, la incautación de un buque y disputas sobre rutas marítimas. Fanelli dijo que con frecuencia no sabe qué información es clasificada y cuál no, porque suele conversar con personas que cuentan con autorizaciones de seguridad, por lo que tendría que verificar cualquier aplicación concreta antes de afirmarla.
TechCrunch informó que Fanelli compartió la lista mientras se preparaba para abordar un vuelo cuyo destino todavía desconocía, una escena que ilustra la velocidad y el secretismo que pueden rodear las operaciones de defensa. Más allá de la anécdota, el documento intenta resolver una tensión central: atraer innovación privada sin prometer compras que todavía dependen de presupuestos, evaluaciones y necesidades militares cambiantes.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
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