Una encuesta de The New York Times y la Universidad Siena muestra que la oposición a los centros de datos de IA supera ampliamente al respaldo, impulsada por preocupaciones sobre el agua, el ambiente y el impacto comunitario.
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- El 61% de los 1.503 votantes encuestados dijo oponerse a la construcción de centros de datos para alimentar la IA.
- El ambiente y el uso del agua fueron la principal razón de rechazo, con 32% de las respuestas.
- Aunque la IA figura entre los temas menos importantes para el voto de mitad de mandato, los demócratas y republicanos confían en sus propios partidos para gestionarla.
⚠️📊 EE. UU.: 61% rechaza nuevos centros de datos para IA.
Encuesta NYT/Siena a 1.503 votantes: solo 14% los respalda firmemente.
Entre opositores, 32% cita agua y ambiente, y 21% impacto comunitario.
La IA sigue entre los temas menos decisivos del voto. pic.twitter.com/l2yefSAkYl
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 16, 2026
La IA y los centros de datos enfrentan un rechazo mayoritario entre votantes de EE. UU.
La expansión de la inteligencia artificial enfrenta una contradicción política cada vez más visible en Estados Unidos: despierta rechazo cuando se traduce en infraestructura física, pero todavía ocupa un lugar marginal entre las prioridades electorales. Una encuesta publicada el 15 de septiembre de 2026 por The New York Times y la Universidad Siena encontró que 61% de los votantes se opone a construir centros de datos destinados a alimentar la IA, mientras apenas 14% expresó un respaldo firme.
El sondeo consultó a 1.503 votantes entre el 8 y el 13 de septiembre, antes del debate reciente sobre una posible desaceleración de la seguridad de la IA. Sus resultados confirman una tendencia que ya había aparecido en mediciones anteriores y que también ha empezado a recibir respuestas políticas, aunque la oposición ciudadana no se traduce todavía en una prioridad electoral central.
Un rechazo amplio, pero con diferencias partidistas
La oposición no se distribuye de manera uniforme entre todos los grupos políticos. Entre las personas que votaron por Donald Trump en 2024, las posiciones estuvieron casi equilibradas: 49% apoyó la construcción de estos centros y 45% se manifestó en contra, una diferencia estrecha frente al rechazo registrado en otros segmentos.
En cambio, quienes votaron por Kamala Harris mostraron una oposición de 74%, mientras que las personas que no votaron se inclinaron en 67% por rechazar los proyectos. La distancia sugiere que el tema puede atravesar las divisiones partidistas habituales, aunque los votantes republicanos que respaldaron a Trump mantienen una disposición considerablemente más favorable hacia la infraestructura de IA.
Entre quienes se oponen a los centros de datos, la mayoría no pidió necesariamente detener todos los proyectos. El 56% de ese grupo dijo preferir límites, mientras 38% respaldó una prohibición total, lo que marca una diferencia entre exigir controles más estrictos y rechazar por completo la instalación de nueva infraestructura.
Ese matiz puede resultar relevante para los gobiernos locales y para las empresas tecnológicas que buscan expandir su capacidad de cómputo. Los datos reflejan un malestar significativo, pero también muestran que una parte importante de los opositores podría aceptar proyectos sujetos a restricciones, supervisión o condiciones que reduzcan sus efectos sobre las comunidades.
Agua, ambiente y presión sobre las comunidades
La principal razón de rechazo está relacionada con el ambiente y el uso del agua, mencionada por 32% de los encuestados que se oponen a los centros de datos. La preocupación conecta el crecimiento de la IA con recursos locales concretos, especialmente en lugares donde la disponibilidad de agua y la presión sobre la infraestructura ya forman parte del debate público.
El impacto sobre las comunidades locales ocupó el segundo lugar, con 21% de las respuestas. Esta categoría apunta a inquietudes sobre cómo los grandes complejos tecnológicos pueden modificar el entorno donde se instalan, aunque la encuesta citada no desglosa qué efectos específicos incluyeron los participantes dentro de esa preocupación.
Un 18% explicó su oposición mediante una desconfianza general o un rechazo directo hacia la inteligencia artificial. La proporción muestra que parte del conflicto no depende únicamente del consumo de recursos o de la planificación territorial, sino también de una percepción negativa sobre la tecnología que esos centros de datos deben sostener.
Las preocupaciones regulatorias representaron 10% de las respuestas y las económicas alcanzaron 9%. En conjunto, estas cifras muestran que el debate combina impactos ambientales, tensiones comunitarias, desconfianza tecnológica y dudas sobre las consecuencias económicas, sin que una sola causa explique por completo la oposición.
Una prioridad baja en las elecciones de mitad de mandato
Pese al rechazo mayoritario, la IA y los centros de datos aparecen muy abajo en la lista de asuntos que los votantes consideran más importantes al decidir su voto en las elecciones de mitad de mandato. En la mayoría de los grupos demográficos, menos de 1% escogió ese tema como su principal preocupación, por debajo de la economía, la política exterior, la inflación y la oposición a Trump o a los republicanos.
Los votantes más jóvenes mostraron un interés relativamente mayor por la cuestión. Entre las personas de 18 a 29 años, 3% eligió la IA y los centros de datos como el asunto más importante, una proporción todavía pequeña, pero superior a la observada en la mayoría de los demás grupos demográficos.
La baja prioridad electoral no elimina la posibilidad de que el tema influya en disputas locales o en decisiones específicas sobre permisos, energía y recursos. Más bien indica que los votantes pueden oponerse a una expansión concreta de los centros de datos sin considerar que la IA deba dominar su decisión general en las urnas.
El contraste entre rechazo y prioridad electoral también plantea un desafío para las compañías tecnológicas y los responsables políticos. La infraestructura puede generar resistencia suficiente para alterar proyectos locales, pero esa resistencia todavía compite con asuntos nacionales que tienen mayor peso al momento de definir el voto.
La confianza partidista permanece dividida
Cuando se preguntó qué partido merece más confianza para gestionar la IA y los centros de datos, los votantes de ambos bloques escogieron abrumadoramente a su propio partido. Entre los 554 participantes que respondieron esta pregunta, 40% favoreció a los demócratas, 42% a los republicanos y 18% dijo no saber o prefirió no responder.
La diferencia entre ambos partidos fue reducida y quedó dentro de un escenario de fuerte polarización política. Aunque los republicanos obtuvieron una ventaja de dos puntos en confianza general, el resultado no permite afirmar que exista un consenso partidista sobre cómo regular la construcción de centros de datos o administrar sus costos ambientales.
Los resultados también contrastan con la percepción pública más amplia de la inteligencia artificial. Una encuesta de NBC News realizada en marzo mostró que la IA tenía una valoración inferior a la del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, mientras una medición de Gallup publicada en mayo encontró que siete de cada diez estadounidenses se oponían a construir centros de datos de IA en su localidad.
La encuesta de Gallup y el nuevo sondeo de The New York Times y la Universidad Siena apuntan en la misma dirección general, aunque utilizaron preguntas y momentos distintos. En conjunto, sugieren que la industria enfrenta una resistencia pública persistente, incluso cuando la tecnología aún no se convierte en uno de los asuntos decisivos para la mayoría de los votantes.
Para la expansión de la IA, el problema no es solamente conseguir capacidad de cómputo, sino obtener aceptación social para construirla. Mientras el ambiente, el agua y el impacto comunitario continúen encabezando las objeciones, las empresas y los gobiernos tendrán que enfrentar una oposición que cruza buena parte del electorado y puede hacerse más visible en los debates locales.
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