Por Canuto  

Las campañas y grupos externos han gastado USD $173 millones en anuncios sobre centros de datos, casi todos negativos. El gasto se concentra en cuatro estados del Rust Belt y refleja una disputa que combina promesas de empleo e innovación con inquietudes locales sobre la expansión de estas instalaciones.
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  • Los demócratas aportaron USD $140 millones al gasto publicitario, frente a USD $28 millones de los republicanos y USD $5 millones de grupos independientes.
  • Ohio, Michigan, Wisconsin y Pensilvania concentran cerca de USD $95 millones, más de la mitad del total registrado.
  • La controversia también llegó a una contienda legislativa local en los suburbios de Filadelfia, donde los anuncios superan USD $4 millones.


La guerra publicitaria contra los centros de datos ya suma USD $173 millones

La expansión de los centros de datos, clave para sostener servicios de inteligencia artificial, se ha convertido en un tema de campaña con un volumen inusual de publicidad negativa en Estados Unidos. Las campañas y grupos externos han gastado USD $173 millones en anuncios relacionados con estas instalaciones durante la elección general de este año, de acuerdo con cifras de AdImpact citadas por Axios.

El monto no se distribuye de manera uniforme entre los partidos ni entre los estados: los demócratas concentran la mayor parte del gasto y varias regiones del Rust Belt reúnen más de la mitad del total. La geografía de esa reacción importa porque el debate sobre centros de datos e IA podría ganar todavía más peso en 2028 y ayudar a definir dónde se disputará la próxima elección presidencial.

Una campaña costosa y predominantemente negativa

De los USD $173 millones contabilizados, USD $140 millones corresponden a los demócratas, mientras que los republicanos han desembolsado USD $28 millones y los grupos independientes, USD $5 millones. La diferencia revela que la publicidad sobre centros de datos se ha convertido, por ahora, en un terreno de mayor inversión para los demócratas, aunque el gasto de ambos partidos aparece en contiendas y regiones distintas.

El tono de los anuncios también destaca: cuando Axios preguntó a AdImpact si había identificado un comercial que defendiera abiertamente los centros de datos, la firma dijo que no pudo encontrar ninguno. La observación no significa que todos los anuncios tengan el mismo mensaje, pero sí apunta a una discusión electoral en la que la crítica domina la comunicación pagada y las ventajas de estas instalaciones reciben menos promoción explícita.

Ese desequilibrio convive con argumentos favorables a la expansión tecnológica que sí aparecen en el debate político. El presidente Trump y muchos republicanos sostienen que la IA y los centros de datos pueden generar empleos, además de considerar importante que Estados Unidos avance más rápido que China en estas tecnologías.

Sin embargo, la postura republicana no es uniforme, y las críticas tampoco se limitan a un solo partido. El gobernador de Texas, Greg Abbott, ha pedido restricciones a los centros de datos, una señal de que las tensiones locales sobre su crecimiento pueden cruzar las líneas partidistas y obligar a dirigentes a equilibrar sus argumentos económicos con las preocupaciones de sus comunidades.

El Rust Belt concentra el gasto y la disputa

Ohio, Michigan, Wisconsin y Pensilvania acumulan cerca de USD $95 millones en anuncios sobre centros de datos, más de la mitad del gasto nacional informado. Michigan, Wisconsin y Pensilvania han sido estados bisagra en elecciones presidenciales recientes, mientras que Ohio enfrenta este año una contienda competitiva por el Senado, combinación que ayuda a explicar la atención que reciben estas plazas.

Ohio destaca por la escala de la campaña y por la diferencia entre partidos: los demócratas han gastado casi USD $28 millones en anuncios relacionados con centros de datos, mientras que los republicanos no han desembolsado dinero en ese tema dentro del estado. Según la firma de inteligencia de mercado Cleanview, Ohio ocupa el cuarto lugar nacional en centros de datos en operación, con 80, y el quinto en instalaciones planificadas, con 140.

Pensilvania presenta otro perfil: cuenta con solo 16 centros de datos actualmente en operación, pero registra 273 proyectos planificados, el tercer mayor número del país, por detrás de Texas y Virginia. Esa distancia entre la infraestructura existente y la prevista ayuda a entender por qué la conversación política puede intensificarse antes de que todos los proyectos se materialicen.

Texas, por su parte, ha registrado más de USD $11 millones en anuncios sobre centros de datos, el quinto mayor gasto estatal del país. Cleanview señala que el estado tiene la mayor cantidad de instalaciones planificadas en Estados Unidos, de modo que el volumen publicitario coincide con una expansión proyectada que ya provoca debate político y llamados a imponer límites.

De la política estatal a las contiendas locales

La discusión también ha obligado a algunos dirigentes a ajustar sus posiciones. El gobernador demócrata de Pensilvania, Josh Shapiro, declaró en 2025 que el estado estaba «totalmente comprometido con la IA», pero comenzó a pedir nuevas salvaguardias a principios de este año, según la información publicada por Axios.

Ese cambio de énfasis refleja una tensión política concreta: apoyar el desarrollo de la inteligencia artificial no necesariamente implica respaldar sin condiciones todos los proyectos de centros de datos. La fuente no detalla cuáles son las salvaguardias reclamadas por Shapiro, por lo que el dato permite describir el giro en su postura pública, pero no atribuirle medidas específicas que no aparecen en la información disponible.

En los suburbios de Filadelfia, la controversia ha escalado hasta una contienda legislativa estatal poco conocida, en la que se han gastado más de USD $4 millones en anuncios sobre centros de datos. Esa cifra iguala el gasto de algunas de las principales carreras para gobernador y Senado del país, y tanto demócratas como republicanos han desembolsado cantidades aproximadamente similares en esa disputa local.

La campaña ocurre mientras residentes del condado de Montgomery, donde vive Shapiro, se han rebelado contra un grupo planificado de centros de datos. El conflicto muestra cómo un debate nacional sobre IA, empleo y competitividad puede transformarse en una preocupación electoral de proximidad cuando los proyectos llegan a comunidades concretas, aunque la información disponible no especifica los motivos particulares de cada residente.

Un tema que puede crecer hacia 2028

Los datos disponibles muestran una reacción política concentrada en determinados estados y comunidades, no una oposición distribuida por igual en todo el país. El Rust Belt aporta más de la mitad del gasto registrado, mientras que Texas combina la mayor cantidad de centros de datos planificados con un nivel de publicidad que se ubica entre los más altos.

Para las campañas, las instalaciones reúnen asuntos que suelen tener consecuencias locales y nacionales al mismo tiempo: inversión tecnológica, empleo, expansión de la IA y la posición de Estados Unidos frente a China. Los argumentos favorables y las peticiones de restricciones conviven, por lo que la disputa no se reduce a una división simple entre quienes apoyan la tecnología y quienes la rechazan.

La publicidad de este año tampoco permite concluir por sí sola cómo votarán los residentes ni qué postura dominará en 2028. Sí ofrece una señal sobre dónde los centros de datos ya generan suficiente tensión para atraer grandes inversiones en anuncios, incluso en elecciones locales que, fuera de sus comunidades, reciben poca atención.

Con la IA cada vez más presente en el debate público, la forma en que los candidatos respondan a las preocupaciones sobre proyectos concretos podría influir en futuras campañas. El gasto de USD $173 millones convierte a los centros de datos en un asunto electoral visible, pero la disputa política seguirá dependiendo de cómo cada estado y cada comunidad valore sus beneficios prometidos frente a las condiciones que reclama para permitir su expansión.


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