Por Canuto  

La inversión en energía limpia en Estados Unidos apunta a un récord pese a los recortes y obstáculos impulsados por la administración de Donald Trump. La demanda de los centros de datos, los precios energéticos y los plazos fiscales están acelerando la construcción solar, eólica y de baterías.
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  • Las adiciones de capacidad limpia podrían alcanzar 45 gigavatios en 2026, un 25% más que el récord registrado en 2024, según S&P Global.
  • La demanda eléctrica estadounidense podría crecer 39% hasta 2035, de acuerdo con ICF, impulsada por los centros de datos y la electrificación.
  • Los desarrolladores aceleraron obras antes de los plazos establecidos por la Ley One Big Beautiful Bill para conservar beneficios fiscales.


La energía limpia estadounidense se encamina a un año récord pese a los esfuerzos de la administración de Donald Trump para frenar el despliegue de instalaciones solares y eólicas. Según S&P Global, las nuevas adiciones de capacidad limpia podrían alcanzar 45 gigavatios en 2026, una magnitud aproximadamente 25% superior al récord observado en 2024. El resultado muestra cómo las necesidades del sistema eléctrico y los incentivos económicos están imponiendo límites a la agenda política.

El impulso proviene de varios frentes que se reforzaron durante los últimos meses. La creciente demanda de los centros de datos, la volatilidad de los precios mundiales de la energía y la carrera de los desarrolladores para aprovechar créditos fiscales están acelerando decisiones de inversión que ya se encontraban en marcha. La relación con el conflicto entre Estados Unidos e Irán puede considerarse un factor plausible de apoyo a tecnologías menos expuestas a los combustibles fósiles, pero no está confirmada como causa directa del crecimiento renovable descrito.

La demanda eléctrica cambia el cálculo

S&P Global prevé que la capacidad de generación eléctrica añadida en 2026 aumente casi un tercio, mientras que la tecnología eólica crecería cerca de 50%. La generación solar, por su parte, alcanzaría otro récord en 2027, aunque las previsiones para el viento contemplan una desaceleración temporal antes de una posterior recuperación.

La consultora ICF calcula que el consumo de electricidad de Estados Unidos podría crecer 39% hasta 2035, después de permanecer prácticamente estable durante más de una década. El incremento dependerá de la expansión de los centros de datos intensivos en energía, además de la electrificación de los hogares y el transporte, sectores que están incorporando nuevas cargas a la red.

Los centros de datos necesitan contratos de suministro con rapidez, una presión que favorece las tecnologías capaces de entrar en operación en plazos relativamente cortos. Un análisis de RMI indica que los nuevos proyectos solares y eólicos pueden desplegarse en menos de dos años, frente a los tres años o más que suele requerir una central de gas.

David Zindler, jefe técnico de investigación en BloombergNEF, describió el momento como especialmente favorable para los desarrolladores porque los centros de datos necesitan electricidad de inmediato. La urgencia de esas instalaciones está llevando a compradores y productores a priorizar proyectos que puedan conectarse con mayor rapidez, incluso cuando persisten debates sobre almacenamiento, transmisión y confiabilidad.

Costos, precios e incentivos

La comparación económica también favorece a las energías renovables en determinados proyectos. De acuerdo con Lazard, los productores pueden alcanzar el punto de equilibrio vendiendo electricidad solar por tan solo USD $38 por megavatio hora y energía eólica por USD $37, frente a al menos USD $48 por megavatio hora en una planta de gas.

Esas cifras no incorporan necesariamente todos los costos asociados con la gestión de la red ni con las baterías necesarias para compensar la intermitencia solar y eólica. Aun así, la ventaja de construir instalaciones en menos tiempo puede resultar decisiva cuando los operadores necesitan cubrir una demanda que crece más rápido de lo previsto.

Los desarrolladores también esperan beneficiarse de precios eléctricos más altos cuando expiren los subsidios previstos en la Ley de Reducción de la Inflación aprobada durante la presidencia de Joe Biden. Las estimaciones citadas en el análisis apuntan a incrementos de entre 40% y 120%, una perspectiva que podría mejorar los ingresos de los proyectos renovables, aunque también elevaría los costos para consumidores y empresas.

La Ley One Big Beautiful Bill, promovida por Trump, recortó créditos fiscales para proyectos solares y eólicos, pero incluyó un periodo de transición que generó una carrera constructora. Bajo sus términos, los desarrolladores tenían hasta el 4 de julio para comenzar las obras y hasta 2030 para terminarlas, condiciones que llevaron a muchas empresas a adelantar actividades con el objetivo de preservar los beneficios disponibles.

Una política de freno con límites prácticos

La administración Trump llegó al poder con la promesa de combatir el avance de las energías renovables y desmontar parte de la transición impulsada por Biden. Entre sus acciones tempranas estuvo la desarticulación de iniciativas vinculadas con Esmeralda 7, en Nevada, que era presentado como el mayor proyecto solar individual del país, además de interferencias en el proceso normal de aprobación de más de 150 proyectos eólicos terrestres.

Sin embargo, la presión sobre el suministro eléctrico está obligando al Gobierno a mantener una postura pragmática. Izzet Bensenuce, directora ejecutiva del grupo de inversión energética Captona, sostuvo que la administración entiende que no puede prescindir de las renovables mientras la demanda continúe aumentando.

Un portavoz de la Casa Blanca defendió la gestión presidencial y afirmó que el país registra una producción solar y de gas sin precedentes. El funcionario aseguró que Trump cumplió su promesa de liberar la energía estadounidense, aunque cuestionó que los contribuyentes deban financiar fuentes consideradas poco confiables por la administración.

El contraste entre el discurso político y la dinámica de mercado no implica que la transición avance sin obstáculos. La reducción de créditos fiscales, los permisos, las limitaciones de transmisión y la necesidad de respaldo con baterías o generación convencional pueden modificar el calendario de los proyectos y aumentar sus costos finales.

Baterías, consumidores y tribunales

La inversión de los consumidores en paneles solares, baterías de almacenamiento y vehículos de cero emisiones también aceleró el crecimiento del sector. Rhodium Group indicó que esa inversión aumentó 45% en el segundo trimestre de 2026 frente al trimestre anterior y 25% respecto del mismo periodo de 2025.

En California, algunos hogares están instalando baterías para mantener el suministro eléctrico durante interrupciones y episodios de clima extremo. La combinación de cortes, temperaturas severas y precios más altos de los combustibles está dando a los consumidores un incentivo directo para almacenar energía y reducir su dependencia de la red.

El conflicto con Irán y su impacto sobre los mercados energéticos también puede alterar las decisiones de compra. El encarecimiento de los combustibles podría mejorar la competitividad relativa de los vehículos eléctricos y estimular anuncios de inversión en tecnologías que reduzcan la exposición a la volatilidad del petróleo y el gas, aunque la evidencia disponible no permite atribuirle de forma concluyente el récord previsto.

Los tribunales estadounidenses, entretanto, han moderado algunos elementos de la ofensiva contra las renovables. Organismos reguladores revocaron recientemente un fallo de un tribunal de Oregón relacionado con proyectos solares y eólicos, mientras los desarrolladores intentan cuestionar decisiones administrativas y señalan posibles vínculos entre funcionarios reemplazados y la administración Trump.

El desafío de construir la red

El crecimiento de la generación limpia no resuelve por sí solo el problema de abastecer una economía cada vez más electrificada. Los proyectos necesitan líneas de transmisión, conexiones aprobadas y sistemas de almacenamiento que permitan entregar electricidad cuando no hay suficiente sol o viento, factores que pueden convertirse en cuellos de botella incluso cuando la tecnología de generación ya está disponible.

La rapidez de los centros de datos intensifica esa tensión porque sus operadores buscan energía firme y conexiones en plazos muy breves. Por eso, la competencia no se limita al costo por megavatio hora: también incluye la ubicación, la disponibilidad de terrenos, la capacidad de las redes regionales y la posibilidad de combinar renovables con baterías o plantas convencionales.

Cliff Graham, director general de Clean Energy USA, señaló que una de las lecciones del proceso de permisos es que la administración puede actuar de forma impredecible. Esa incertidumbre dificulta la planificación financiera y puede elevar el riesgo regulatorio, aunque no necesariamente elimina la voluntad de invertir cuando las empresas esperan una demanda sólida.

El escenario deja a Estados Unidos ante una paradoja energética: la Casa Blanca intenta reducir el respaldo público a la energía limpia, mientras la economía necesita sumar capacidad con rapidez y a costos competitivos. La cifra de 45 gigavatios prevista para 2026 no garantiza una transición ordenada, pero sí evidencia que la demanda, los precios y los intereses empresariales pueden mantener el auge renovable incluso frente a un cambio político adverso.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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