Investigadores de Penn State proponen aprovechar las ondas sísmicas generadas por los rayos y registradas mediante fibra óptica para reconstruir el terreno bajo su campus, una alternativa intermedia entre esperar un terremoto y provocar uno artificialmente.
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- Los rayos pueden transferir parte de su energía a la corteza superficial, un fenómeno denominado “thunderquakes” o “terremotos de trueno”.
- La señal resulta difícil de interpretar porque el rayo produce múltiples ondas de choque que se interfieren y recorren trayectorias irregulares.
- Un modelo desarrollado por científicos de Penn State permitió utilizar esas señales para reconstruir el subsuelo del campus.
Una alternativa entre el terremoto y la explosión
Gran parte del conocimiento científico sobre el interior de la Tierra procede de las ondas sísmicas, cuya velocidad cambia según las características de las rocas que atraviesan. Una formación sólida o fundida, la cantidad de agua, la presencia de fracturas y el grado de compactación modifican el recorrido de esa energía, de modo que reunir suficientes registros permite construir una imagen del subsuelo a distintas profundidades.
Los investigadores suelen obtener esos datos a partir de terremotos naturales, aunque ese método obliga a esperar acontecimientos que no pueden programarse ni concentrarse necesariamente en la zona de interés. Otra opción consiste en generar ondas de manera deliberada mediante explosivos, una práctica que ofrece mayor control, pero implica crear un evento sísmico propio para examinar un territorio específico.
Científicos de la Universidad Penn State plantean una tercera vía basada en las tormentas eléctricas. Según la información publicada por Ars Technica, parte de la energía asociada con un rayo puede transmitirse a la corteza superficial y producir señales que el equipo denomina “thunderquakes”, una especie de terremotos de trueno.
La propuesta no convierte a un trueno en un sustituto perfecto de un terremoto ni elimina las dificultades de la exploración sísmica. Su interés radica en aprovechar un fenómeno natural frecuente, sin esperar un sismo de gran magnitud y sin recurrir necesariamente a explosivos, siempre que los registros puedan interpretarse con suficiente precisión.
Por qué un rayo produce una señal difícil de leer
El origen físico del trueno ya introduce una complejidad considerable. Los rayos generan el sonido mediante la superposición de burbujas de plasma expulsadas a lo largo de su canal, una estructura que puede asemejarse a una cuenta de rosario y que no sigue una trayectoria recta.
Cada una de esas burbujas puede crear una onda de choque acústica, por lo que el fenómeno no se comporta como una fuente única y limpia de energía. En lugar de ello, produce una cadena de ondas que se expanden siguiendo aproximadamente el recorrido del rayo, mientras las distintas señales pueden interferir entre sí durante su propagación.
La interacción con el suelo añade otra capa de dificultad. Aunque el primer impacto se concentra en un punto, el frente de energía se expande simultáneamente desde esa zona y pierde potencia a medida que avanza, lo que complica la identificación de la señal útil entre múltiples reverberaciones.
El terreno también modifica el resultado de maneras diferentes según sus materiales. Las ondas de choque pueden encontrar suelo blando, roca sólida, infraestructuras y otras superficies, y cada una altera tanto la energía que penetra en la corteza como el comportamiento posterior de las ondas sísmicas.
La fibra óptica como red de observación
La investigación de Penn State se apoya en el cableado de fibra óptica para registrar pequeñas variaciones producidas por el paso de las ondas. En este enfoque, la infraestructura de comunicaciones deja de ser únicamente un medio para transportar datos y funciona también como una extensa línea de sensores distribuidos a lo largo del terreno.
La ventaja potencial de una red así consiste en que puede cubrir una zona amplia sin instalar un instrumento sísmico independiente en cada punto. Sin embargo, la fibra no resuelve por sí misma el problema de interpretación, porque los registros siguen reflejando la mezcla de ondas originadas por el rayo, las interferencias y las respuestas propias del subsuelo.
Por esa razón, el avance central descrito en la investigación no es simplemente haber detectado vibraciones durante una tormenta. El equipo afirma que pudo construir un modelo capaz de gestionar la complejidad de esas señales y utilizarlo para reconstruir el terreno situado bajo la zona del campus universitario.
La reconstrucción ofrece una demostración concreta de la idea: una tormenta puede proporcionar información sobre la superficie terrestre cuando sus señales se combinan con una red de observación y un método adecuado de análisis. El resultado no significa que cualquier cable de fibra óptica pueda generar automáticamente un mapa geológico, pero sí apunta a una posible ampliación de las herramientas disponibles para la imagen sísmica.
Qué puede aportar este método
La imagen sísmica permite inferir propiedades del subsuelo a partir de la manera en que las ondas viajan, se reflejan y pierden energía. Si el modelo logra separar los componentes asociados con el trueno y relacionarlos con las respuestas del terreno, los científicos pueden obtener pistas sobre la distribución de materiales bajo la superficie.
El valor de la técnica está en su posición intermedia dentro de la exploración sísmica. Los terremotos ofrecen energía natural, pero llegan sin aviso y no necesariamente iluminan el área que interesa; los explosivos entregan una fuente controlada, aunque requieren planificación y una intervención directa, mientras las tormentas podrían aportar señales naturales con una disponibilidad distinta.
La propia complejidad del fenómeno impone límites que el artículo no presenta como resueltos de manera universal. La trayectoria irregular del rayo, las interferencias entre ondas de choque y la diversidad de materiales superficiales pueden afectar la nitidez de los registros, por lo que la calidad de cualquier reconstrucción dependerá del modelo y de las condiciones específicas de cada sitio.
El trabajo realizado en Penn State se presenta, por ahora, como una prueba de que las señales de los truenos pueden interpretarse para estudiar el subsuelo de una zona concreta. Su importancia está menos en reemplazar las técnicas existentes que en mostrar que una infraestructura ya desplegada y un fenómeno meteorológico pueden combinarse para extraer información geológica adicional.
Una idea que conecta clima, infraestructura y geología
La propuesta también ilustra cómo una infraestructura tecnológica puede adquirir una función científica inesperada. Los cables de fibra óptica instalados para comunicaciones recorren espacios habitados y universitarios, precisamente los lugares donde las tormentas, los edificios y las capas superficiales generan un entorno complejo pero observable.
En términos metodológicos, el desafío consiste en distinguir la fuente de la señal, seguir su propagación y asociar sus cambios con las propiedades del terreno. La investigación descrita sugiere que un modelo matemático puede convertir un registro aparentemente desordenado en una representación útil, aunque todavía sea necesario evaluar hasta dónde puede generalizarse ese resultado.
El fenómeno denominado “thunderquakes” no implica que los rayos estén provocando terremotos comparables con los grandes sismos tectónicos. La expresión describe la transferencia de energía hacia la corteza superficial y las vibraciones resultantes, cuyo aprovechamiento científico depende de la escala, la intensidad y la capacidad de los instrumentos para capturarlas.
Por ahora, el caso de Penn State abre una línea de investigación que une tormentas eléctricas, fibra óptica y análisis sísmico. Si futuros estudios confirman la utilidad del enfoque en otros terrenos, los rayos podrían dejar de ser únicamente una fuente de ruido atmosférico para convertirse en una herramienta natural de observación bajo nuestros pies.
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