La deuda nacional de Estados Unidos alcanzó un punto de presión inédito: el gobierno destinó en 2025 casi una quinta parte de sus ingresos al pago de intereses, mientras la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial compite por el mismo capital que necesita el Tesoro.
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- El pago neto de intereses federales llegó a USD $1,25 billones en 2025, equivalentes al 18,5% de los ingresos del gobierno.
- La deuda federal en manos del público supera los USD $32 billones y representa más del 100% del PIB estadounidense.
- Las emisiones de deuda de las grandes tecnológicas y las recompras del Tesoro reflejan una competencia creciente por el capital de largo plazo.
💰🇺🇸 Récord de intereses para EE. UU.
El pago neto de intereses llegó a USD 1,25 billones en 2025, el 18,5% de los ingresos federales.
La deuda pública supera USD 32 billones.
Las proyecciones apuntan al 25% de los ingresos en 2036. pic.twitter.com/NqnLzT7Le4
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La carga financiera de Estados Unidos alcanzó un nuevo máximo, aunque el rendimiento de sus bonos de largo plazo todavía no se acerca a los récords históricos. En 2025, el gobierno federal destinó USD $1,25 billones al pago neto de intereses de su deuda nacional, una suma equivalente al 18,5% de sus ingresos, según un análisis de la firma de gestión de inversiones DoubleLine citado por Fortune.
La proporción supera ligeramente el récord de 18,4% registrado en 1991 y muestra cómo el tamaño acumulado de la deuda cambió la sensibilidad de las cuentas públicas a las tasas de interés. En términos prácticos, casi USD $19 de cada USD $100 que recauda el gobierno se utilizan para remunerar a los tenedores de sus bonos, en lugar de financiar infraestructura, educación u otras inversiones con potencial para impulsar el crecimiento.
Una carga récord con una deuda mucho mayor
El contraste con 1991 resulta central para entender el riesgo actual. En ese momento, la economía estadounidense salía de una recesión marcada por los choques petroleros de la Guerra del Golfo y el rendimiento del bono del Tesoro a 30 años rondaba el 8%, después de haber superado el 10% durante las décadas anteriores.
El gobierno podía absorber un costo nominal elevado porque la deuda en manos del público representaba aproximadamente 44% del producto interno bruto. Ahora, esa deuda supera los USD $32 billones y equivale a más de 100% del PIB. Una referencia reciente sitúa esa relación en 101% para 2026 y proyecta que alcanzaría 120% en 2036, de acuerdo con las proyecciones citadas de la Oficina de Presupuesto del Congreso.
Los analistas de DoubleLine resumieron la diferencia al señalar que el gobierno federal alcanzó una carga récord de intereses sin que el bono de largo plazo se encuentre cerca de un rendimiento récord. La advertencia apunta a un problema estructural: el rendimiento puede parecer ordinario, pero la cantidad de deuda que debe refinanciarse vuelve a las finanzas públicas mucho más vulnerables a cualquier aumento adicional.
La dinámica también puede reforzarse por sí misma. Cuando el gobierno necesita emitir más deuda para cubrir déficits y pagar intereses, aumenta la oferta de bonos en el mercado; si los compradores exigen una compensación mayor, el Tesoro enfrenta rendimientos más altos y el costo de las nuevas emisiones vuelve a crecer.
El pronóstico para los próximos años
El aumento de los intereses no se limita a un dato aislado de 2025, pues su peso sobre los ingresos se ha multiplicado durante la última década a medida que subieron las tasas. El comentarista de mercados globales Kobeissi Letter, citando proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, sostuvo que el gasto en intereses podría alcanzar 25% de los ingresos para 2036.
Ese escenario reduciría todavía más el margen de maniobra de Washington ante una recesión, una emergencia nacional o un programa de inversión de gran escala. Las autoridades tendrían que elegir entre elevar ingresos, recortar otros gastos, refinanciar obligaciones a un costo mayor o aceptar un déficit más amplio, decisiones que pueden generar tensiones económicas y políticas.
Kobeissi Letter describió la situación como una crisis de deuda en territorio inexplorado, pero también aclaró que las proyecciones parten de supuestos relativamente benignos. En particular, no contemplan una desaceleración importante, una recesión ni un aumento significativo en los rendimientos de los bonos del Tesoro durante el periodo analizado.
La cautela es relevante para los mercados financieros porque el costo efectivo de la deuda no depende únicamente de la tasa vigente en un día determinado. También influyen el calendario de vencimientos, la necesidad de refinanciar emisiones anteriores y la disposición de los inversores nacionales e internacionales a mantener títulos estadounidenses frente a otras alternativas de renta fija.
La inteligencia artificial compite por el capital
La expansión de la inteligencia artificial añadió una presión particular al mercado de deuda. Las grandes empresas tecnológicas, especialmente los hiperescaladores, recurrieron con fuerza a bonos de vencimientos entre 10 y 30 años para financiar la infraestructura necesaria para centros de datos, redes y capacidad de cómputo.
Los hiperescaladores habían emitido alrededor de USD $194.000 millones en deuda durante 2026, según datos citados por Bloomberg Línea. Otra recopilación basada en datos de LSEG situó el total de emisiones de Alphabet, Amazon, Meta Platforms y Oracle en USD $223.000 millones hasta el 20 de agosto. Por ello, la cifra no debe describirse como USD $225.000 millones emitidos únicamente durante la primera mitad del año.
La oleada ocurre mientras el gobierno estadounidense también necesita captar grandes cantidades de capital, lo que puede intensificar la competencia por los inversores que compran deuda de largo plazo. Ed Yardeni sostuvo que el capital dirigido a bonos corporativos deja de fluir hacia los títulos del Tesoro y planteó que los rendimientos de los bonos estadounidenses podrían tener que subir para equilibrar el mercado. Se trata de una explicación plausible del comportamiento de los rendimientos, no de una causalidad demostrada para cada movimiento.
El impacto fiscal de las inversiones tecnológicas también puede ampliarse por el tratamiento tributario de una parte de esos gastos de capital. La información analizada advierte que muchas inversiones son deducibles de impuestos, una característica que podría reducir la recaudación mientras las empresas privadas y el gobierno compiten simultáneamente por financiamiento.
La intervención del Tesoro sorprende al mercado
En un intento por estabilizar el mercado de bonos, el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent amplió el tamaño de las recompras de bonos del Tesoro con vencimientos de 10 a 30 años. Las operaciones pasaron de USD $2.000 millones a por lo menos USD $4.000 millones cada una, según la información citada sobre la medida.
Las recompras pueden ayudar a gestionar la composición de la deuda y la liquidez de determinados tramos del mercado, pero la decisión también fue interpretada como una intervención directa poco habitual del jefe del Tesoro. Para los analistas de DoubleLine, la estrategia difumina la frontera entre la gestión de efectivo y el control del mercado.
La medida adquiere mayor importancia porque llega cuando el gasto neto en intereses ya representa una proporción récord de los ingresos y el Tesoro continúa financiando déficits elevados. Al mismo tiempo, la demanda privada de capital se mantiene fuerte debido a la construcción de infraestructura vinculada con la IA, lo que vuelve más trascendente el nivel del rendimiento de los bonos de largo plazo.
Qué significa para los mercados
El deterioro de las finanzas públicas estadounidenses puede repercutir en toda la estructura de los mercados, porque los bonos del Tesoro sirven como referencia para valorar deuda corporativa, hipotecas y otros activos financieros. Si los inversores exigen mayores rendimientos para mantener títulos soberanos, las empresas también pueden enfrentar un encarecimiento del crédito, incluso cuando sus proyectos de inversión estén relacionados con una tecnología considerada estratégica.
Para los operadores de divisas y renta fija, la combinación de déficits elevados, refinanciación constante y demanda corporativa de deuda aumenta la importancia de los datos sobre inflación, crecimiento y política monetaria. Un mercado que antes absorbía emisiones con facilidad puede exigir una prima adicional si percibe que la trayectoria fiscal limita la capacidad de respuesta de las autoridades.
Los activos de riesgo, incluidas las criptomonedas, también pueden sentir los efectos indirectos de ese entorno, aunque la información analizada no presenta una relación mecánica ni una predicción específica para BTC u otros tokens. Unos rendimientos soberanos más atractivos pueden retirar liquidez de inversiones volátiles, mientras que la preocupación por la sostenibilidad fiscal puede alimentar el interés por activos alternativos, dependiendo de las condiciones monetarias y del apetito de riesgo.
La señal más importante, por ahora, está en la proporción de ingresos que el gobierno debe dedicar al servicio de la deuda. Cuando esa proporción aumenta desde 2015 y las proyecciones apuntan a 25% para 2036, el problema deja de ser únicamente el volumen nominal de la deuda y pasa a ser la pérdida progresiva de flexibilidad para responder a futuras crisis.
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