La llegada de SpaceX a los grandes índices bursátiles de Estados Unidos está empujando la acción a millones de carteras pasivas. Pero para un grupo creciente de inversores, el problema ya no es solo la valuación de la empresa, sino la idea de terminar financiando, aunque sea de forma indirecta, a Elon Musk.
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- SpaceX debutó en bolsa en junio y ya fue incorporada a índices como FTSE Russell, MSCI y Nasdaq 100.
- Algunos inversores han movido dinero a acciones internacionales o carteras personalizadas para evitar exposición a Musk.
- Asesores y analistas ven en el caso una muestra extrema del poder que la inversión pasiva ejerce sobre Wall Street.
La incorporación de SpaceX a los principales índices de renta variable en Estados Unidos está obligando a muchos ahorristas a tener exposición indirecta a la empresa. Para algunos, eso es una simple consecuencia del tamaño bursátil de la compañía; para otros, es un motivo suficiente para rehacer por completo su portafolio.
El fenómeno combina rechazo político a Elon Musk, dudas sobre la valuación de sus compañías y una crítica más amplia al auge de la inversión pasiva. En esa intersección, SpaceX se convirtió en un nuevo campo de batalla entre quienes siguen los índices y quienes ahora buscan esquivarlos.
SpaceX ya entró en índices como Russell 1000, CRSP US Total Market Index y Nasdaq 100.
Algunos inversores trasladaron capital a fondos internacionales o compraron acciones rivales para evitar exposición.
Asesores financieros reportan más consultas de clientes que piden carteras sin Tesla ni SpaceX.
La entrada de SpaceX a los índices desata una reacción inusual
Christopher Bejnar, un ingeniero de software de 46 años en Filadelfia, pasó los últimos meses revisando los documentos de fondos cotizados, escribiendo a asesores y moviendo dinero para impedir que SpaceX entrara en su cartera de USD $1.000.000.
Según relató la cobertura original de Bloomberg publicada por Yahoo Finance, Bejnar transfirió USD $50.000 a fondos indexados europeos y compró acciones de Rocket Lab Corp, una rival de SpaceX, para mantenerse alejado de la compañía de Elon Musk.
Su rechazo tiene una dimensión política y otra financiera. Dijo estar en el “lado anti-Elon” por el activismo político inflamatorio de Musk y por la deuda que, a su juicio, sostiene tecnología todavía no probada dentro de SpaceX.
Bejnar resumió su posición con una frase tajante. Afirmó que incluso una exposición de una décima de percentil seguiría siendo demasiado para él si ese dinero terminara respaldando a Musk.
Su caso no es aislado. En Reddit, TikTok y otros foros, distintos inversores han compartido estrategias para evitar a SpaceX ahora que la empresa comenzó a aparecer en referencias ampliamente utilizadas por fondos indexados.
La situación ilustra una tensión central de los mercados modernos. Quienes antes podían mantenerse neutrales usando productos pasivos ahora descubren que las grandes empresas terminan convirtiéndose en tenencias casi inevitables.
El tamaño de Musk en Wall Street complica a sus críticos
Elon Musk ya ocupaba un lugar dominante en las carteras de millones de personas gracias a Tesla. La automotriz representa 2% del fondo Vanguard S&P 500 ETF, conocido por su ticker VOO, que gestiona USD $980.000 millones.
Tesla también pesa más de 3% en el Invesco QQQ Trust Series 1, un vehículo de USD $490.000 millones que replica al Nasdaq 100. Esa presencia ya hacía difícil evitar a Musk dentro de cuentas de retiro basadas en fondos amplios.
La llegada de SpaceX elevó todavía más esa dificultad. Con una capitalización bursátil aproximada de USD $2,1 billones, equivalente a 1,4 veces la de Tesla, la empresa irrumpió casi de inmediato entre las acciones más grandes del mercado estadounidense.
Tras el cierre del mercado del lunes, SpaceX será añadida al Nasdaq 100. Antes ya había ingresado a los índices de FTSE Russell y MSCI Inc, lo que activa compras automáticas por parte de fondos que siguen esas referencias.
En un contexto de presión sobre las acciones, la demanda mecánica derivada de esa inclusión podría aportar al menos USD $5.400 millones en compras de fondos indexados. Esa cifra refleja el enorme peso que hoy tienen los flujos pasivos en la formación de precios.
Aun así, el peso inicial de SpaceX en los principales índices será inferior a 1% en la mayoría de los casos. La razón es su relativamente pequeña flotación pública, muy por debajo de lo que suele verse en otras compañías de ese tamaño.
Valuación, deuda y metodología bajo escrutinio
La rapidez con la que SpaceX fue incorporada a varios índices no pasó inadvertida. Algunos críticos sostienen que varios proveedores hicieron excepciones o modificaron sus metodologías para acomodar a la empresa pese a su escasa porción de acciones flotantes.
Ese cuestionamiento se suma a dudas más tradicionales sobre valoración. Tanto SpaceX como Tesla cotizan con múltiplos que superan a los de sus pares, un punto que desde hace tiempo preocupa a distintos analistas del mercado.
SpaceX se disparó tras salir a bolsa en junio, pero después llegó a caer hasta 24%. Ese retroceso reforzó la idea de que las expectativas del mercado podrían haberse adelantado a los fundamentales del negocio.
Bejnar señaló además que el endeudamiento de la empresa fue determinante para endurecer su postura. La venta de deuda por USD $25.000 millones a finales de junio, según dijo, fortaleció su convicción de que la compañía ayuda a sostener el imperio empresarial más amplio de Musk.
Su metáfora fue severa. Dijo que la estructura le hacía pensar en alguien que abre tarjetas de crédito para pagar otras tarjetas de crédito, una imagen con la que cuestionó la sostenibilidad del proyecto.
SpaceX y Musk no respondieron a solicitudes de comentarios, de acuerdo con la fuente original. Esa ausencia de respuesta dejó intactas las críticas sobre endeudamiento, metodología de índices y concentración de poder en torno al fundador.
Del rechazo personal a los cambios concretos de cartera
David Greer, analista de datos de 30 años en Davis, California, publicó recientemente sobre cómo esquivar la exposición a SpaceX. En abril trasladó USD $650.000 de sus ahorros de jubilación desde fondos indexados estadounidenses hacia fondos internacionales.
Greer explicó que su desencanto no se limita a una sola empresa. Dijo sentirse desilusionado con la segunda administración del presidente Donald Trump y describió a Musk como “el Trump del mundo tecnológico”.
También expresó dudas más amplias sobre Estados Unidos como destino de inversión. Con Trump amenazando con sacar al país de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y aplicando una política exterior de “América Primero”, Greer teme que la fortaleza estadounidense ya no sea la misma.
Por eso considera que SpaceX fue el detonante final más que la causa exclusiva. Señaló que cuando vio claro que la empresa iría al mercado y que él terminaría invertido en ella, sintió que era la gota que colmaba el vaso.
Omar Qureshi, asesor financiero y director gerente de Hightower Signature Wealth, dijo por su parte que se ha mantenido alejado de comprar acciones de SpaceX porque considera a Musk “un ser humano maligno”. Sin embargo, también ayudó a clientes a participar en la oferta pública inicial.
Ese contraste muestra la complejidad del momento. Un profesional puede tener objeciones personales muy fuertes y, aun así, reconocer que desde el punto de vista financiero sus clientes desean exposición a una de las salidas a bolsa más grandes registradas.
La indexación directa aparece como vía de escape
Emily Green, directora de gestión patrimonial en Ellevest, afirmó que su firma ha recibido preguntas de clientes que no quieren participar en una empresa controlada por Musk. A su juicio, esta conversación difícilmente existiría si el fundador no fuera tan polarizante.
Green comparó el actual sentimiento anti-Musk con la reacción pública que enfrentó Meta Platforms después de los escándalos posteriores a las elecciones de 2016. Recordó que ya en los últimos años varias personas preguntaban cómo evitar Tesla, y ahora repiten la consulta con SpaceX.
La solución que ofrece Ellevest es la indexación directa. En lugar de comprar un ETF, el cliente adquiere una canasta de acciones individuales diseñada para replicar un índice mientras excluye compañías específicas que no desea tener.
Según Green, eliminar una o dos acciones dentro de una cartera amplia no debería alterar demasiado el rendimiento general. Sostuvo que las ganancias de otras posiciones pueden compensar la ausencia de un nombre concreto, incluso si ese nombre sube con fuerza.
Describió el enfoque de su firma como una cartera de alrededor de 300 posiciones individuales. Esa cesta abarca acciones estadounidenses de gran, mediana y pequeña capitalización, además de acciones internacionales de mercados desarrollados.
Para Green, ese grado de personalización responde a una realidad nueva. Invertir ya no es solo una cuestión de retornos y riesgo, sino también un acto profundamente personal para clientes que quieren alinear sus carteras con sus valores.
La inversión pasiva y la profecía autocumplida de los grandes índices
Más allá del caso Musk, Qureshi cree que el episodio revela una consecuencia mayor del auge de la gestión pasiva. Durante dos décadas, una parte creciente del ahorro para la jubilación ha fluido automáticamente hacia vehículos que replican índices.
Cuando una empresa entra en esas referencias, su valor estratégico cambia de forma drástica. Las compañías más grandes reciben una porción desproporcionada del dinero nuevo, lo que ayuda a sostener sus cotizaciones y complica el trabajo de los gestores activos.
Qureshi resumió esa dinámica con una idea sencilla. Si eres uno de los grandes, estás garantizado a recibir flujos, y eso termina convirtiéndose en una profecía autocumplida para el rendimiento bursátil.
Las entradas impulsan el desempeño, dijo el asesor, y ese desempeño atrae todavía más dinero hacia los índices. El resultado es un circuito de retroalimentación que beneficia a los gigantes y refuerza su presencia dentro de carteras estándar.
Para lectores del ecosistema cripto, el paralelo no es menor. Del mismo modo que ciertos tokens ganan visibilidad y liquidez al ingresar en grandes índices, plataformas o reservas institucionales, las acciones públicas también reciben una prima estructural cuando pasan a formar parte de canastas obligatorias.
En ese sentido, la polémica alrededor de SpaceX no es solo sobre Musk. También trata sobre cómo la infraestructura financiera moderna puede convertir una decisión aparentemente neutral, como comprar un fondo indexado, en una apuesta indirecta por figuras y empresas muy específicas.
Evitar a SpaceX podría ser cada vez más difícil
Ni Greer ni Bejnar quieren migrar a fondos gestionados activamente. El primero prefiere investigar por su cuenta y seguir con la lógica de “configúralo y olvídalo”, mientras el segundo revisó opciones con su asesor antes de elegir un subconjunto de ETF que no tendrán a SpaceX.
Ese margen de maniobra, sin embargo, podría reducirse con el tiempo. El asesor de Bejnar le advirtió que si la acción rinde bien y sigue siendo incorporada a más referencias, será mucho más difícil mantenerla fuera del portafolio.
Bejnar cree que SpaceX no llegará pronto al S&P 500. Citó el período de “aderezamiento” de 12 meses, además de los requisitos de rentabilidad y flotación pública que exige ese proveedor de índices.
Aun así, su posición parece firme. Ha animado a amigos y a otros usuarios en Reddit a sumarse a lo que ve como un éxodo anti-Musk, impulsado tanto por convicciones políticas como por dudas sobre el modelo financiero del empresario.
Su cierre fue categórico. Dijo que no se sentiría mal por no comprar nunca SpaceX, sin importar cuán bien pudiera hacerlo la acción a largo plazo.
Ese comentario captura el núcleo de la historia. En una era dominada por fondos pasivos y grandes índices, algunos inversores están dispuestos a sacrificar comodidad, diversificación e incluso potencial rendimiento con tal de no terminar financiando a una figura que rechazan.
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