Por Canuto  

Huawei enfrentará en Nueva York un juicio por extorsión, robo de secretos comerciales, fraude electrónico y fraude bancario, mientras su futuro en los chips de inteligencia artificial avanza en mercados donde Estados Unidos intenta contenerla.
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  • La selección del jurado comenzará el martes, siete años después de que Estados Unidos acusara a Huawei.
  • La fiscalía vincula el caso con presuntos robos tecnológicos, operaciones en Corea del Norte y negocios con Irán mediante Skycom.
  • El proceso ocurre mientras Malasia y Egipto evalúan utilizar aceleradores y centros de datos de inteligencia artificial de Huawei.


Huawei llegará esta semana a un tribunal de Nueva York para responder por una acusación federal que combina presunta extorsión, robo de secretos comerciales, fraude electrónico y fraude bancario. La selección del jurado comenzará el martes, casi siete años después de que Estados Unidos presentara el caso, y el proceso podría prolongarse durante las próximas semanas. La compañía niega todos los cargos, por lo que cada acusación deberá ser examinada por un jurado y no puede tratarse como un hecho probado.

Un caso amplio con acusaciones internacionales

Según informó Larry Neumeister para The Associated Press, el eje de la acusación es que Huawei habría robado tecnología desarrollada en Estados Unidos y habría utilizado ese conocimiento dentro de una estructura empresarial con operaciones en varios países. Los fiscales también sostienen que Huawei y algunas de sus subsidiarias hicieron negocios en Corea del Norte pese a las sanciones estadounidenses, una alegación que amplía el alcance geográfico de la causa. La empresa ha rechazado desde el comienzo las acusaciones y ha intentado que el proceso sea desestimado.

La extorsión funciona en la acusación como el cargo que conecta los distintos episodios y permite a la fiscalía presentarlos como un patrón de conducta de una organización. Bajo esa lógica, el caso no se limita a un incidente aislado, sino que abarca una década, varios países y diferentes tipos de presuntos delitos. Los abogados de Huawei han cuestionado precisamente esa amplitud, porque consideran que reúne hechos que deberían analizarse por separado.

La defensa argumentó en documentos judiciales que las acusaciones eran demasiado vagas para permitir una respuesta adecuada. También sostuvo que algunas partes del caso eran inadmisiblemente extraterritoriales y que los cargos de fraude electrónico y fraude bancario no se referían a conductas domésticas dentro de Estados Unidos. La fiscalía, en cambio, busca demostrar que los vínculos con el sistema financiero y tecnológico estadounidense bastan para que el tribunal tenga jurisdicción.

El expediente incluye además una acusación relacionada con Irán, donde los fiscales aseguran que Huawei utilizó una empresa fantasma de Hong Kong llamada Skycom para vender equipos pese a las sanciones vigentes. También alegan que la compañía instaló equipos de vigilancia que ayudaron al Gobierno iraní a monitorear a manifestantes durante las protestas antigubernamentales de 2009. Huawei tendrá que responder a esas afirmaciones con pruebas y argumentos ante el jurado, no únicamente mediante declaraciones públicas.

El antecedente de Meng Wanzhou

La causa corporativa está estrechamente relacionada con Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei e hija del fundador de la empresa. Los fiscales estadounidenses la acusaron de fraude por lo que, según su versión, había comunicado a HSBC sobre las actividades de Huawei en Irán. Canadá la arrestó a finales de 2018 a solicitud de extradición de Estados Unidos, lo que convirtió el caso en un punto de tensión entre Washington, Pekín y Ottawa.

Meng regresó a China en septiembre de 2021, después de un acuerdo que incluyó la liberación de dos ciudadanos canadienses detenidos por China. Como parte del entendimiento, Estados Unidos retiró su solicitud de extradición y afirmó que desestimaría los cargos de fraude contra ella, de modo que su proceso individual terminó. Sin embargo, ese desenlace no eliminó la causa contra Huawei, que continuó avanzando de manera separada.

En junio, un juez estadounidense resolvió que las declaraciones y admisiones de Meng podían utilizarse contra Huawei durante el juicio. Esa decisión ofrece a la fiscalía un elemento central para intentar demostrar que la empresa conocía o controlaba las operaciones que Estados Unidos considera ilícitas. La defensa todavía podrá discutir el significado de esas declaraciones, su contexto y la manera en que deben ser valoradas por los jurados.

El expediente de Meng también muestra por qué el proceso ha tenido consecuencias diplomáticas mucho antes de llegar a una sentencia. Pekín ha descrito el juicio como un acto de intimidación económica y ha acusado a Washington de utilizar la seguridad nacional como pretexto para oprimir a empresas chinas. Esas declaraciones reflejan el conflicto político que rodea al caso, aunque el tribunal deberá concentrarse en la evidencia presentada sobre los cargos concretos.

Una Huawei transformada por las sanciones

La acusación original data de principios de 2019, cuando Huawei ocupaba un lugar central en la disputa internacional por el despliegue de redes 5G. Durante el primer mandato de Donald Trump, Estados Unidos presionó a sus aliados para excluir los equipos de Huawei de sus nuevas redes de telecomunicaciones, y Reino Unido y Canadá se sumaron a esa posición. La empresa continúa impedida de vender equipos a operadoras estadounidenses.

Huawei sigue siendo el mayor proveedor mundial de equipos para redes inalámbricas, pero perdió el acceso al mercado estadounidense, a varios aliados occidentales y a buena parte de los chips procesadores fabricados en Estados Unidos. Ese aislamiento modificó la estructura de su negocio y la obligó a competir con recursos más limitados en áreas donde antes dependía de proveedores extranjeros. Aun así, la compañía mantuvo una presencia visible en los dispositivos de consumo y en otros productos electrónicos.

La semana pasada, Huawei presentó un teléfono plegable de tres paneles apenas dos días antes de un evento de Apple, una maniobra que subrayó su intención de seguir compitiendo en el mercado de productos tecnológicos. La empresa también desarrolló sus propios chips para reducir la dependencia de proveedores estadounidenses, aunque sus aceleradores de inteligencia artificial todavía están muy por detrás de los de Nvidia. Un científico de Huawei sostuvo en agosto que Nvidia eventualmente enfrentará una barrera similar, una afirmación que refleja la confianza tecnológica que la compañía intenta proyectar.

Por eso, la Huawei que se sentará en el banquillo no es exactamente la misma empresa que Washington acusó en 2019. El juicio se refiere principalmente a hechos de la década anterior, mientras la compañía intenta posicionarse en sectores emergentes como los chips y la infraestructura para inteligencia artificial. Esa diferencia temporal será relevante para los mercados y los gobiernos, que deberán separar las conclusiones jurídicas sobre el pasado de las decisiones comerciales sobre el futuro.

El veredicto y la nueva competencia por la IA

El momento del juicio coincide con señales de que Huawei está recuperando terreno en áreas donde Estados Unidos ha tratado de limitar su avance. Bloomberg informó que Malasia se inclina por utilizar chips de Huawei en un proyecto nacional de inteligencia artificial, lo que podría convertirla en el primer Gobierno en elegir abiertamente aceleradores chinos por encima de alternativas estadounidenses. La decisión todavía se presenta como una inclinación, no como una confirmación definitiva.

Huawei también participa en una licitación para construir centros de datos de inteligencia artificial en Egipto, mientras Washington prepara una contraoferta. La coincidencia plantea un contraste inusual: un jurado de Nueva York examinará si la empresa obtuvo tecnología de manera ilícita durante la década de 2010, mientras distintos gobiernos valoran la tecnología que Huawei desarrolló durante la década de 2020. El resultado judicial no detendrá automáticamente esas decisiones, pero podría influir en la percepción de riesgo de algunos compradores.

Europa observa el conflicto desde una posición intermedia, entre la presión estadounidense y la oferta tecnológica china. En Bélgica, fiscales mantienen detenido a un investigador de chips por presuntos secretos transferidos a China, en un caso que no está relacionado con Huawei, pero que responde a la misma preocupación sobre la forma en que empresas chinas adquirieron capacidades avanzadas. La multiplicación de investigaciones muestra que el debate ya no se limita a las telecomunicaciones, sino que se extiende a toda la cadena de innovación tecnológica.

Una condena daría al Gobierno estadounidense un registro fáctico producido por un jurado, en lugar de una acusación que durante años permaneció sin una evaluación definitiva en juicio. Ese resultado podría tener peso entre los aliados que actuaron contra Huawei basándose en preocupaciones de seguridad nacional y en las alegaciones de Washington. La carga de probar cada delito, sin embargo, recae completamente en la fiscalía y no en la empresa acusada.

Una absolución sería políticamente más incómoda, aunque tampoco eliminaría las prohibiciones, las listas negras ni las restricciones que Estados Unidos impuso por motivos de seguridad nacional. Esas medidas no dependen exclusivamente del desenlace penal y podrían permanecer vigentes incluso si el jurado no encuentra responsabilidad en los cargos presentados. Huawei, por su parte, ha negado las acusaciones desde el principio y no ha sido condenada por ellas.

El veredicto describirá lo que el jurado considere probado sobre las actividades de Huawei hace aproximadamente una década. Las decisiones de compra sobre sus chips, sus centros de datos y sus equipos de telecomunicaciones seguirán desarrollándose en paralelo, con Malasia y Egipto entre los gobiernos que ya evalúan sus capacidades. En ese contraste se resume la importancia del proceso: Estados Unidos juzga el pasado de Huawei mientras el mercado decide si financiará su próxima etapa.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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