La guerra con Irán ya deja huella en la economía de Estados Unidos. El alza de la gasolina, la presión sobre la inflación, el nerviosismo de la Reserva Federal y el riesgo de un menor crecimiento componen un panorama que sigue siendo manejable, pero muy sensible al precio del petróleo y a la duración del conflicto.
***
- El impacto más visible está en la energía, con gasolina en un promedio nacional de USD $4,10 por galón y el crudo como variable crítica.
- Economistas prevén un golpe modesto al PIB de Estados Unidos, pero advierten que un reinicio de los combates empeoraría el escenario.
- La inflación general subió con fuerza en marzo, mientras Asia y Europa podrían sufrir más por su dependencia del petróleo de Oriente Medio.
La guerra con Irán comenzó a sentirse en la economía de Estados Unidos a través de canales muy visibles, como el encarecimiento de la energía, y por otros menos evidentes, como la presión sobre el crecimiento, el crédito y las cadenas de suministro. Aunque el deterioro no apunta aún a una ruptura severa, sí añade una nueva capa de tensión sobre una economía que ya venía lidiando con incertidumbre política, inflación y tasas elevadas.
De acuerdo con un reporte publicado por CNBC, la mayoría de los economistas considera que el conflicto restará apenas unas décimas al crecimiento total del producto interno bruto. Sin embargo, ese cálculo depende de una condición central: que el actual alto el fuego se mantenga. Si la guerra se reanuda, el efecto inflacionario podría prolongarse y afectar con más fuerza al consumo, la inversión y la confianza.
Mike Skordeles, economista jefe para Estados Unidos en Truist Advisory Services, resumió ese riesgo con una idea simple: la economía podrá absorber parte del golpe, pero la mayor amenaza es la incertidumbre. En su lectura, el conflicto se suma a un período ya complejo que comenzó con los aranceles del “día de la liberación” anunciados por Donald Trump a inicios de abril de 2025 y que después derivó en una política exterior más dura.
Para los mercados, esa incertidumbre importa porque afecta expectativas de inflación, decisiones de consumo y la hoja de ruta de la Reserva Federal. También importa en sectores como cripto y acciones de riesgo, donde el apetito de los inversores suele reaccionar con rapidez a cualquier shock energético o geopolítico que modifique las previsiones sobre tasas, liquidez y crecimiento global.
El golpe más inmediato aparece en la energía y el consumo
El frente más evidente está en las estaciones de servicio. El precio promedio nacional de la gasolina se ubicó recientemente en USD $4,10 por galón, según AAA, lo que supone una presión directa sobre el bolsillo de los hogares. Al mismo tiempo, las tasas altas encarecen otros gastos relevantes, como las hipotecas, en un momento en que la vivienda ya mostraba señales de debilidad.
Ese contexto ayudó a empujar las ventas de viviendas existentes en marzo a su nivel más bajo en nueve meses. Aun así, el consumidor estadounidense no ha dejado de gastar. Bank of America reportó que el gasto con tarjetas de débito y crédito aumentó 4,3% en marzo, su mayor avance en más de tres años.
Una parte de ese salto estuvo explicada por un incremento de 16,5% en el gasto en gasolineras. Pero el dato más relevante es que, aun excluyendo gasolina, el banco observó un “crecimiento saludable” de 3,6%. Eso sugiere que, al menos por ahora, los hogares siguen teniendo capacidad para absorber un encarecimiento parcial del combustible sin frenar por completo su consumo.
Otro factor de apoyo ha sido el mayor volumen de devoluciones de impuestos. Según cifras del IRS, el reembolso promedio este año fue de USD $3.521, un alza de 11,1% frente al mismo período de 2025. Ese dinero adicional podría estar amortiguando el impacto de los precios más altos, especialmente entre hogares con menor margen financiero.
Sin embargo, el comportamiento real del gasto contrasta con el pesimismo de las encuestas. La medición de la Universidad de Michigan mostró que el sentimiento del consumidor cayó a un mínimo histórico dentro de una serie que se remonta a la década de 1950. El deterioro fue más profundo que en episodios como la estanflación de los años setenta, los atentados del 11 de septiembre, la crisis financiera global y la pandemia.
Pese a ello, varios economistas recuerdan que la relación entre sentimiento y gasto no siempre es directa. David Kelly, estratega global jefe de JPMorgan Asset Management, señaló en una nota semanal que una caída del sentimiento nunca ha sido un predictor confiable del comportamiento real del consumidor. Su proyección es que el gasto real de los hogares siga creciendo, aunque lentamente, con un avance de 0,8% este año y de 1,7% en 2027.
El petróleo define el riesgo y marca la frontera del problema
En esta historia, el petróleo es la variable central. Joseph Brusuelas, economista jefe de RSM, fijó en USD $125 por barril para el West Texas Intermediate, la referencia estadounidense, el punto a partir del cual el shock se convertiría en un problema económico de mayor tamaño. El miércoles por la mañana, el crudo cotizaba cerca de USD $91, después de haber superado brevemente los USD $115 a inicios de abril.
Según Brusuelas, todavía existe cierta distancia respecto al umbral en el que la destrucción de demanda comenzaría a acelerarse y ampliarse. También indicó que no está listo para afirmar que ya existan cicatrices estructurales en la economía, porque aún no está claro el alcance del daño sobre la producción física y la capacidad de refinación en Oriente Medio.
Ese matiz es importante. Un precio del petróleo alto puede empujar la inflación y castigar el consumo, pero una interrupción más profunda de la oferta tendría efectos mucho más severos y difíciles de contener. Por eso, el mercado sigue observando no solo el nivel del barril, sino también la estabilidad de la tregua y la capacidad logística de la región.
Skordeles añadió que el shock actual luce más como un shock de precios de la energía que como un shock de oferta propiamente dicho. En otras palabras, el problema principal está en cuánto sube el costo del combustible, no en una escasez generalizada de energía. Esa distinción ayuda a explicar por qué el impacto en Estados Unidos sigue viéndose como manejable, al menos por ahora.
Crecimiento más débil, empleo más suave y una Fed en modo de espera
El consenso entre economistas apunta a un crecimiento algo menor, pero no a un colapso. Goldman Sachs recortó su previsión de PIB para este año a 2%, medido de cuarto trimestre a cuarto trimestre. El ajuste fue de medio punto porcentual respecto a su pronóstico previo, una rebaja que refleja el costo combinado de energía más cara y mayor incertidumbre.
En paralelo, la Fed de Atlanta proyecta que el crecimiento del primer trimestre será de apenas 1,3%. La cifra mejora frente al modesto 0,5% del cuarto trimestre, pero queda muy por debajo de estimaciones anteriores de 3,2%. El deterioro no implica una recesión inmediata, aunque sí confirma una economía más frágil de lo que se esperaba meses atrás.
Goldman también anticipa que una actividad más débil se traducirá en menor contratación y en una tasa de desempleo más alta. Su nuevo cálculo sitúa el desempleo en 4,6% para finales de año, apenas 0,3 puntos porcentuales por encima del nivel de marzo. Es un empeoramiento moderado, pero suficiente para influir en el debate monetario.
Jessica Rindels y David Mericle, economistas de Goldman, explicaron que el aumento de los precios del petróleo, la mayor incertidumbre sobre las perspectivas y el sólido informe laboral de marzo han mantenido a la Fed firmemente en modo de esperar y ver. En su escenario, una combinación de más desempleo y un avance limitado en inflación abriría la puerta a dos recortes de tasas, en septiembre y diciembre.
Esa lectura es más agresiva que la del mercado, que no descuenta recortes hasta al menos mediados de 2027. Los funcionarios de la Fed, por su parte, anotaron una reducción en marzo. El problema es que la autoridad monetaria se encuentra atrapada entre dos fuerzas opuestas: una economía que necesita alivio y una inflación que todavía no ofrece plena tranquilidad.
Skordeles sostuvo que la Fed está retrasando, no cancelando, eventuales recortes adicionales, y que eso empuja las rebajas hacia la segunda mitad del año o incluso más adelante. Mientras tanto, los costos de endeudamiento para consumidores siguen elevados, una carga relevante para crédito automotriz, vivienda y tarjetas, con posibles efectos colaterales sobre gasto y activos de riesgo.
La inflación sube, pero la subyacente aún da señales mixtas
Los datos de inflación son el canal donde el impacto de la guerra aparece con mayor claridad. El índice de precios al consumidor para todos los artículos subió 0,9% en marzo, llevando la tasa anual a 3,3%. Era un movimiento esperable, dado el repunte de la energía, pero no dejó de encender alertas en torno a la reacción futura de la Fed.
La señal fue menos negativa en la inflación subyacente. Al excluir alimentos y energía, el aumento mensual fue de solo 0,2%, mientras la tasa anual subyacente se ubicó en 2,6%. Sigue por encima del objetivo de 2% del banco central, pero la trayectoria todavía luce más favorable que la inflación general.
El índice de precios al productor mostró un patrón similar. La lectura general avanzó 0,5%, mientras la subyacente aumentó apenas 0,1%. Eso sugiere que el shock energético se está sintiendo con fuerza en la superficie de los datos, aunque todavía no se ha transmitido completamente al resto de la economía.
También hubo diferencias en las encuestas de expectativas. La medición mensual de la Fed de Nueva York, menos volátil que la de la Universidad de Michigan, situó en marzo las expectativas de inflación a un año en 3,4%. Eso implicó un alza mensual de 0,3 puntos porcentuales, pero quedó muy por debajo de la previsión de 4,8% registrada por Michigan.
Europa y Asia enfrentan un golpe mayor por su dependencia energética
El conflicto no afecta a todos por igual. Aunque Estados Unidos siente la presión por la energía y la inflación, varios analistas creen que Europa y, sobre todo, Asia podrían llevarse el impacto más duro. La razón es simple: dependen más de las fuentes de combustible de Oriente Medio para mover sus economías.
Skordeles dijo que Asia es la región que está recibiendo el golpe, precisamente porque es una gran consumidora de energía importada. Ese elemento es clave para entender por qué una guerra en Oriente Medio no se traduce solo en más gasolina cara en Estados Unidos, sino en posibles tensiones mucho más profundas sobre manufactura, comercio y logística global.
Las cadenas de suministro ya muestran señales de estrés. El índice de presión de la cadena de suministro global de la Fed de Nueva York alcanzó en marzo su nivel más alto desde enero de 2023. Se espera que ese impacto se sienta con mayor intensidad en los próximos meses, a medida que se estrechen los flujos de materias primas y se traslade el mayor costo energético.
Por ahora, no está claro si habrá efectos de segunda ronda de gran magnitud en Estados Unidos. El sentimiento predominante sigue siendo que el daño será limitado. Skordeles sostuvo que, aunque los costos de la energía han subido en los últimos años, todavía siguen por debajo de los niveles vistos en décadas anteriores. Su conclusión fue directa: la economía podrá superarlo, aunque el crecimiento sí resultará afectado.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.
Suscríbete a nuestro boletín
Artículos Relacionados
Estados Unidos
Trump amenaza con despedir a Powell si sigue en la Fed tras vencer su mandato como presidente
Análisis de mercado
Dogecoin mantiene estabilidad por encima de USD $0,093 en 15 de abril de 2026
Análisis de mercado
Bnb sube 0,69% en consolidación técnica ante resistencias clave
Análisis de mercado