Por Canuto  

Los automovilistas en Estados Unidos enfrentan este Día de los Caídos los precios de gasolina más altos para la fecha desde 2022, en medio del impacto que ha tenido la guerra entre EE. UU., Israel e Irán sobre el mercado petrolero mundial. Analistas advierten que, si el estrecho de Ormuz no reabre, el combustible podría escalar hasta USD $5 por galón en junio y seguir bajo presión durante meses.
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  • El precio promedio de la gasolina en EE. UU. llegó a USD $4,55 por galón, más de 50% por encima del nivel previo al inicio de la guerra el 28 de febrero.
  • Analistas del sector advierten que la gasolina podría tocar USD $5 por galón y el diésel escalar aún más si continúa cerrado el estrecho de Ormuz.
  • Aunque EE. UU. está mejor protegido frente a una escasez física, la competencia de Asia y Europa por combustibles refinados estadounidenses elevaría los precios internos.


Los conductores de Estados Unidos llegan al fin de semana largo del Día de los Caídos con un problema muy concreto: llenar el tanque cuesta casi tanto como en los peores momentos del shock energético de 2022. El aumento coincide con una fase de fuerte tensión en el mercado petrolero global, tras la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz.

Para un lector nuevo en el tema, el estrecho de Ormuz es uno de los cuellos de botella energéticos más importantes del planeta. Por esa vía marítima sale buena parte del crudo exportado por los grandes productores del Golfo Pérsico. Cuando esa ruta se interrumpe, el impacto no se limita a Medio Oriente. También llega a las refinerías, a las cadenas de suministro y, finalmente, al precio que pagan los consumidores en las gasolineras.

Según reportó CNBC, el precio promedio nacional de la gasolina se ubicó en USD $4,55 por galón el viernes. Eso representa un alza de más de 50% desde que Estados Unidos e Israel comenzaron la guerra con Irán el 28 de febrero. También es el precio más alto registrado para un viernes previo al Día de los Caídos desde 2022, luego de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia.

La cifra bajó levemente frente al jueves, cuando los conductores pagaron en promedio el nivel más alto desde julio de 2022. Aun así, el alivio fue marginal y no cambia el cuadro general. La presión sigue concentrada en una mezcla de menor oferta global, nerviosismo geopolítico y expectativas de escasez futura.

El cierre de Ormuz y el salto del petróleo

El principal detonante de esta escalada ha sido el aumento del precio del crudo en Estados Unidos. De acuerdo con la información citada, el petróleo estadounidense ha subido más de 40% frente a los niveles previos a la guerra. Esa variación se ha producido por el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán, un evento que ha desencadenado la mayor interrupción del suministro petrolero de la historia.

Ese punto es clave para entender por qué sube la gasolina incluso en un país con gran producción interna como Estados Unidos. Aunque la oferta local sigue siendo relevante, el mercado energético funciona con referencias globales. Si una ruta esencial queda fuera de operación, los compradores compiten por barriles alternativos y el costo termina propagándose al resto del sistema.

Patrick De Haan, jefe de análisis petrolero en GasBuddy, advirtió que los precios en las estaciones de servicio podrían llegar a USD $5 por galón en algún momento de junio si Ormuz permanece cerrado. Su comentario refleja que el mercado aún no da por resuelto el episodio, pese a ciertos retrocesos momentáneos en el petróleo.

Durante esta semana, los precios del crudo cayeron casi 7% antes del feriado, después de que el presidente Donald Trump dijera que canceló ataques inminentes contra Irán para dar más tiempo a las negociaciones. Sin embargo, ese movimiento no fue suficiente para cambiar las expectativas de fondo, porque el mercado percibe que las tensiones siguen siendo inestables y reversibles.

El mercado exige señales verificables

De Haan sostuvo que Trump ha prometido repetidamente que la guerra terminará rápido, pero luego las tensiones con Irán vuelven a intensificarse y los precios repuntan. En ese contexto, el analista puso en duda el valor de las señales políticas que no se traduzcan en hechos comprobables sobre el terreno.

“El presidente da a entender que hay mucho progreso, pero no sé cuántas maniobras engañosas más vamos a ver”, dijo De Haan. A su juicio, el mercado necesita ver medidas verificables y definitivas para reabrir Ormuz antes de descartar de verdad el escenario de una gasolina a USD $5 por galón.

Su advertencia va más allá del corto plazo. De Haan estimó que los precios en las gasolineras probablemente no se normalizarán por completo hasta bien entrado 2027 incluso si el estrecho reabre. Esa proyección sugiere que el problema no es solo el shock inicial, sino también el tiempo que tomaría reconstruir inventarios, flujos comerciales y márgenes logísticos.

Trump, por su parte, dijo a los reporteros el martes que no está pensando en la situación financiera de los estadounidenses “ni un poquito” mientras intenta negociar un acuerdo con Irán. “No pienso en la situación financiera de los estadounidenses”, afirmó. “No pienso en nadie. Pienso en una cosa: no podemos permitir que Irán tenga un arma nuclear”.

Inventarios en descenso y presión sobre gasolina, diésel y combustible para aviones

Otro elemento que agrava el panorama es la caída acelerada de los inventarios globales de petróleo. David Goldwyn, quien se desempeñó como enviado especial y coordinador del Departamento de Estado para asuntos internacionales de energía entre 2009 y 2011, señaló que faltan apenas entre cuatro y seis semanas para que los precios de la gasolina, el diésel y el combustible para aviones suban aún más a medida que se agoten los colchones existentes.

Ese comentario introduce una diferencia importante entre la percepción pública y la mecánica real del mercado. Los aumentos no siempre reflejan una escasez inmediata en las estaciones de servicio. A veces responden a la anticipación de que los inventarios de respaldo se están consumiendo y pronto será más caro reemplazarlos.

Goldwyn explicó que Estados Unidos está protegido frente a una amenaza de escasez física real de combustible gracias a su sólida producción nacional y a sus reservas estratégicas. En otras palabras, el país no enfrenta por ahora un escenario de desabastecimiento generalizado, pero eso no significa que esté inmune al encarecimiento.

La razón es internacional. Asia y Europa están compitiendo por el petróleo crudo y por las exportaciones estadounidenses de productos refinados, debido a la pérdida de suministros que antes llegaban desde Medio Oriente. Esa competencia, según Goldwyn, ejercerá presión alcista sobre los precios internos estadounidenses, incluso si la oferta doméstica sigue fluyendo.

Qué significa esto para los consumidores y los mercados

Goldwyn fue aún más directo al describir el riesgo que viene. “La razón por la que estaremos viendo gasolina a USD $5, probablemente ya estemos viendo diésel a USD $6, pero quizá diésel a USD $7, es la competencia global por los productos”, afirmó. La frase resume el corazón del problema: no se trata solo de producir más, sino de quién está dispuesto a pagar más por cada barril y cada derivado.

Para los hogares, ese encarecimiento se traduce en mayores costos de movilidad justo antes de la temporada alta de verano. Para las empresas, el golpe puede sentirse también en transporte, logística y cadenas de distribución. El diésel caro impacta especialmente en camiones, agricultura y movimiento de mercancías, mientras el combustible para aviones puede encarecer los viajes.

Desde la óptica de los mercados financieros, la situación reabre una ecuación conocida: energía más cara suele añadir presión inflacionaria y puede alterar expectativas sobre consumo, crecimiento y política monetaria. Aunque esta nota se centra en combustibles, el efecto puede irradiarse a otros activos sensibles al riesgo geopolítico y a los costos de producción.

Por ahora, el punto decisivo sigue siendo Ormuz. Si la reapertura no ocurre con señales claras y sostenibles, el alivio puede ser temporal. Y si la interrupción se prolonga, el verano de 2026 podría quedar marcado por una combinación incómoda de combustible caro, mayor presión sobre inventarios y consumidores mucho más expuestos al pulso de la geopolítica energética.


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