Por Canuto  

La primera reunión de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal no apunta a un cambio inmediato en las tasas, pero sí podría marcar un giro profundo en la forma en que el banco central se comunica con Wall Street y con el público. Los mercados siguen de cerca si mantendrá el llamado dot plot, una herramienta clave durante más de una década, o si comenzará a desmontar la guía futura que definió la era de Jerome Powell.

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  • Se espera que la Reserva Federal mantenga las tasas sin cambios en la primera reunión liderada por Kevin Warsh.
  • Wall Street observa si Warsh omitirá su punto en el dot plot, rompiendo con una práctica vigente desde hace unos 14 años.
  • El nuevo presidente de la Fed ha prometido un “cambio de régimen” que podría afectar proyecciones, conferencias de prensa y estructura interna.

 


La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) se encamina a mantener las tasas de interés sin cambios esta semana, pero la atención real del mercado está puesta en otra parte. Inversores, economistas y hogares pendientes del costo del crédito quieren saber qué clase de banco central emergerá bajo el liderazgo del nuevo presidente, Kevin Warsh.

La conferencia de prensa programada para el miércoles a las 2:30 p.m. ET será su primera gran aparición pública como presidente de la Fed tras asumir el 22 de mayo. Ese momento podría ofrecer señales decisivas sobre su enfoque de política monetaria y, sobre todo, sobre su estilo de comunicación.

Su llegada marca una ruptura con la etapa de Jerome Powell, quien convirtió las ruedas de prensa posteriores a cada reunión en una pieza central de la transparencia del banco central. Durante años, los mercados se acostumbraron a leer no solo la decisión sobre tasas, sino también los matices de cada respuesta del presidente de la Fed.

Ahora, el desafío para Wall Street es interpretar un nuevo manual. Warsh ha adelantado que quiere un “cambio de régimen” en la institución, una frase que sugiere ajustes profundos tanto en las herramientas de comunicación como en la estructura interna del organismo.

Ese giro se produce en un momento delicado para la economía estadounidense. Aunque la inflación viene aumentando, la visión predominante dentro de la Fed ha sido que los choques de oferta no siempre justifican un endurecimiento monetario si su impacto no se vuelve persistente.

Una reunión sin cambios en tasas, pero cargada de señales

La expectativa dominante es que el Comité Federal de Mercado Abierto deje intacto el nivel actual de las tasas. Sin embargo, según reportó CNBC, parte del foco está en si Warsh decidirá no presentar su punto individual dentro del llamado “dot plot”.

Esa cuadrícula muestra hacia dónde creen los funcionarios que podrían dirigirse las tasas este año, hasta 2028 y más allá. Aunque no representa una previsión oficial de la Fed, el mercado la usa como una brújula para anticipar cambios en el costo del dinero.

Si Warsh se abstiene de participar, rompería con cerca de 14 años de práctica institucional tras la crisis financiera. Esa decisión sería interpretada como algo más que un gesto técnico, porque pondría en duda el valor futuro de una de las herramientas más observadas por operadores y analistas.

Bill English, exjefe de asuntos monetarios de la Fed y ahora profesor en Yale, dijo que le parece “bastante probable” que Warsh no quiera presentar una previsión de tasas. También sugirió que podría haber otros miembros del comité dispuestos a acompañar esa postura.

Desde el punto de vista del mercado, la omisión no sería trivial. También están en juego el Resumen de Proyecciones Económicas, las posibles modificaciones al comunicado posterior a la reunión y la continuidad de las conferencias de prensa tras cada encuentro.

Para quienes siguen activos de riesgo, desde acciones hasta bitcoin, estos matices importan. Un banco central menos explícito puede elevar la volatilidad, porque reduce la visibilidad sobre el calendario y la magnitud de futuros movimientos monetarios.

La inflación sigue alta, pero la Fed mira más allá del ruido

Que la inflación esté subiendo no implica automáticamente una subida de tasas. Los banqueros centrales intentan distinguir entre un alza causada por factores transitorios y otra que pueda enquistarse en la economía durante varios trimestres.

En meses recientes, uno de los grandes temores fue un posible choque inflacionario impulsado por el petróleo debido al conflicto de meses en Medio Oriente. Ese riesgo perdió intensidad después de que un acuerdo entre Estados Unidos e Irán redujera la probabilidad de una escalada adicional.

La postura dominante dentro de la Fed ha sido que los choques de oferta suelen ser eventos de una sola vez. Jerome Powell ya había señalado en marzo que, en muchos casos, el banco central debe “mirar más allá” de ese tipo de perturbaciones.

Tom Barkin, presidente de la Fed de Richmond, lo explicó el 21 de mayo en un evento en Raleigh, Carolina del Norte. Dijo que “las olas pueden agitar el barco momentáneamente, pero rara vez causan daños duraderos”.

Barkin añadió que subir las tasas para debilitar la demanda no ataca la raíz de la inflación provocada por choques de oferta. En su descripción, esa medida no libera rutas comerciales, no reabre fábricas ni derrite hielo.

La lógica detrás de esa cautela es simple. Como la política monetaria opera con rezago, la Fed necesita convencerse de que la inflación elevada persistirá durante el próximo año antes de endurecer de nuevo las condiciones financieras.

Qué busca la Fed antes de mover tasas

Los funcionarios están buscando evidencias de “efectos de segunda ronda”. Ese concepto describe un ciclo en el que los precios altos empujan salarios al alza y esos mayores salarios alimentan nuevos incrementos de precios.

Hasta ahora, las señales de ese fenómeno parecen limitadas. Los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales indican que los estadounidenses no están exigiendo aumentos salariales más altos para compensar el mayor costo de vida.

Esa ausencia de presión salarial reduce el riesgo de una espiral inflacionaria más persistente. Al mismo tiempo, varias encuestas empresariales muestran que muchas compañías dudan en trasladar por completo los mayores costos de energía a los consumidores.

La razón es que los hogares se han vuelto más sensibles a los precios. En un contexto así, subir tarifas puede frenar ventas, lo que actúa como un límite para que la inflación se propague con más fuerza al resto de la economía.

Para aislar el ruido, la Fed presta especial atención a medidas básicas de inflación que excluyen alimentos y energía. Esas lecturas se han mostrado relativamente más suaves en los últimos meses, lo que ayuda a justificar una pausa por ahora.

Otro punto clave son las expectativas de inflación de cinco a diez años. Eugenio Alemán, economista jefe de Raymond James, resumió esa importancia al afirmar que “las expectativas determinan lo que sucederá con los precios”.

Según varias mediciones, las expectativas de corto plazo han subido con más claridad. Las de más largo plazo, en cambio, han aumentado de manera más gradual, una diferencia que la Fed vigila con atención para evitar que se desanclen.

El dot plot bajo amenaza en la era Warsh

Warsh ha criticado de forma abierta el dot plot y otros mecanismos de orientación futura. Su argumento es que esas herramientas limitan la capacidad de decisión del banco central al comprometerlo demasiado con proyecciones que luego pueden quedar obsoletas.

Durante su audiencia de confirmación en abril, sostuvo que la Fed le dice al mundo entero cuáles serán sus puntos y cuáles serán sus previsiones. Luego advirtió que, al ser una institución humana, tiende a aferrarse a esos pronósticos por más tiempo del conveniente.

En su visión, sería preferible llegar a cada reunión con mayor flexibilidad y deliberar con información más fresca. Según explicó entonces, esa deliberación incremental podría evitar que el banco central acumule errores como ocurrió con la inflación calificada de “transitoria” en 2021 y 2022.

Aditya Bhave, economista de Bank of America, espera que Warsh no presente un punto esta vez. David Mericle, economista de Goldman Sachs, escribió que esa es también su suposición, aunque reconoció que no hay certeza.

No todos ven con buenos ojos ese posible movimiento. Liz Ann Sonders, estratega jefa de inversiones en Charles Schwab, afirmó que el SEP nunca le pareció especialmente preciso, pero reconoció que sigue siendo una vía mediante la cual la Fed expresa una opinión que mueve al mercado.

Claudia Sahm, economista jefa de New Century Advisors, advirtió que neutralizar el SEP esta semana podría crear problemas nuevos. A su juicio, los inversores podrían interpretar la medida como un intento de ocultar un giro más agresivo dentro del comité frente a la inflación.

Ese riesgo reputacional es relevante para una institución cuya eficacia depende en buena medida de la credibilidad. Una Fed que parezca esconder su propio debate interno podría verse como complaciente en materia inflacionaria, justo cuando no puede darse ese lujo.

Un cambio de régimen que va más allá de las tasas

Warsh no puede ejecutar por sí solo las rebajas de tasas que el presidente Donald Trump ha reclamado durante largo tiempo. El presidente de la Fed es apenas un voto dentro de un comité de 12 miembros, por lo que su margen formal tiene límites.

Aun así, sí puede influir de manera decisiva en la cultura institucional, en la comunicación y en la agenda de reformas. Por eso su primera rueda de prensa importa tanto como la decisión sobre tipos de interés.

Jose Rasco, director de inversiones para las Américas en HSBC Global Private Banking and Wealth, dijo a CNN que Warsh ha dejado bastante claro que quiere cambiar mucho de lo que está ocurriendo en términos del sistema y la estructura en la Fed. También señaló que el mayor cambio podría concentrarse en las proyecciones, porque el mercado se ha acostumbrado mucho a ellas.

Según una persona familiarizada con el asunto, Warsh ya contrató como asesores temporales de la Fed a dos veteranos de políticas conservadoras. Ninguno de los dos tiene experiencia directa en política monetaria o regulación bancaria.

Uno es Paul Winfree, quien trabajó en política interna durante la primera administración Trump. También fue autor de la sección sobre la Fed en el Proyecto 2025, el plan conservador para transformar el gobierno.

El otro es Daniel Heil, investigador de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford, donde fue colega de Warsh. Además, fue asesor en la candidatura presidencial de Jeb Bush en 2016.

Warsh ha dicho que hay “mucho material obsoleto” dentro de la Fed. Esa frase abrió especulaciones sobre una posible reestructuración de la plantilla del banco central, que cuenta con alrededor de 3.000 personas en Washington, D.C.

Powell ya había comenzado el año pasado un proceso para reducir personal, en línea con esfuerzos similares dentro del gobierno federal. Sin embargo, la retórica de Warsh sugiere una revisión más amplia del funcionamiento interno de la entidad.

Qué observarán ahora los mercados

Además de la decisión sobre tasas, los mercados examinarán cada detalle del mensaje de Warsh. Importará si conserva la publicación completa del SEP, si participa del dot plot y si mantiene el esquema de conferencias de prensa tras cada reunión.

También pesará la forma en que describa la inflación subyacente. Durante su audiencia de confirmación, Warsh defendió medidas alternativas como los “promedios de media recortada”, porque considera que capturan mejor la tendencia de fondo que los cambios puntuales por geopolítica o por el precio de la carne.

Ese matiz técnico puede parecer menor, pero no lo es. Cambiar la métrica que se privilegia para leer la inflación puede modificar el tono del debate y, con el tiempo, influir en las decisiones sobre recortes o aumentos de tasas.

Para los participantes del mercado, el reto será adaptarse a una Fed posiblemente menos predecible en su comunicación. En el corto plazo, eso podría traducirse en mayor sensibilidad de bonos, acciones y dólar a cada frase emitida por el nuevo presidente.

La primera aparición pública de Warsh, por tanto, no solo servirá para explicar una pausa monetaria. También funcionará como una presentación formal de su proyecto para rediseñar el banco central más influyente del mundo.

Si ese “cambio de régimen” empieza con la desaparición de un punto en el dot plot, Wall Street entenderá que la transición ya comenzó. Si no ocurre, el mercado igualmente seguirá buscando pistas sobre hasta dónde planea llegar en la reestructuración de la Reserva Federal.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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