Por Canuto  

El Pentágono puso en marcha FORTRESS America para acumular minerales, combustible y municiones dentro de EE.UU. ante la posibilidad de sabotajes y ataques a infraestructura. Pero la dependencia de China y la limitada producción nacional de imanes de tierras raras y tungsteno podrían retrasar el plan y elevar su costo.
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  • FORTRESS America busca mantener operativas las fuerzas estadounidenses ante interrupciones de energía, ciberataques y sabotajes en territorio nacional.
  • EE.UU. cubrió con fuentes nacionales apenas 300 de las 48.000 toneladas métricas de imanes de tierras raras que demandó en 2025.
  • El contrato de tungsteno de hasta USD $2.000 millones contempla solo USD $150 millones garantizados, y las entregas dependerán de nueva producción.


El Pentágono busca preparar a las fuerzas estadounidenses para una guerra de gran escala incluso si ataques cibernéticos o sabotajes interrumpen fábricas, redes eléctricas y cadenas de suministro dentro del país. La iniciativa FORTRESS America, establecida formalmente el 30 de septiembre, prevé acumular minerales críticos, combustible y municiones en territorio nacional; sin embargo, la dependencia de proveedores extranjeros amenaza con complicar la construcción de esas reservas.

El plan también refleja un cambio de enfoque: en lugar de concentrar existencias cerca de posibles campos de batalla en el extranjero, Washington quiere proteger materiales dentro de EE.UU. El reto abarca desde preparar bases para operar durante 90 días sin conexión a la red eléctrica hasta asegurar insumos que la industria local produce en cantidades insuficientes, según la información publicada por Fortune.

Reservas nacionales ante el riesgo de sabotaje

FORTRESS corresponde a las siglas en inglés de Federal Operations for Resilience, Troop Resources, Energy, Supply, and Survivability, un programa concebido para sostener las operaciones militares si un conflicto corta el suministro eléctrico o paraliza parte de la manufactura estadounidense. El esfuerzo está detrás, además, del impulso del Pentágono para que las grandes bases planifiquen cómo funcionar durante 90 días sin la red, una medida que vincula la continuidad militar con la resiliencia energética.

Acumular materiales no es una práctica nueva para las fuerzas armadas estadounidenses, explicó Bryan Clark, investigador sénior del Hudson Institute. Lo distintivo, a su juicio, es la escala prevista y la prioridad otorgada a reservas dentro del país: durante la Guerra Fría, el Pentágono guardaba cantidades iguales o superiores de material bélico en el extranjero, cerca de zonas de conflicto potencial en Europa del Este o el noreste de Asia.

El viraje hacia almacenes nacionales responde a la preocupación de que las propias fábricas estadounidenses se conviertan en objetivos durante una confrontación. Clark advirtió que China podría afectar la producción industrial mediante operaciones cibernéticas, drones, guerra electromagnética o ataques ejecutados por personas dentro de EE.UU.; el riesgo no se limita, por tanto, a interrumpir rutas comerciales en el exterior.

Agencias estadounidenses ya habían advertido que hackers patrocinados por el Estado chino se posicionaron dentro de infraestructura crítica del país. Un antecedente de la vulnerabilidad de redes industriales ocurrió en Polonia el 29 de diciembre de 2025, cuando ciberataques alcanzaron cerca de 30 instalaciones de energía renovable, una empresa manufacturera y una planta de calor y electricidad que atendía a casi 500.000 clientes.

Las autoridades polacas atribuyeron esos ataques al Servicio Federal de Seguridad de Rusia y dijeron que los responsables intentaron destruir sistemas industriales. El país evitó un apagón mayor, pero el episodio ilustra por qué el Pentágono considera que una guerra podría afectar simultáneamente infraestructura, producción y distribución; las reservas pretenden reducir la vulnerabilidad frente a esa clase de interrupciones.

La brecha de imanes y minerales críticos

La capacidad de almacenar materiales depende de que existan suministros disponibles, y Estados Unidos parte con una brecha industrial considerable. En 2025 importó alrededor de USD $60.000 millones en minerales críticos distintos de las tierras raras, entre ellos níquel, litio, cobalto, grafito y tungsteno, de acuerdo con datos del Peterson Institute for International Economics citados en el informe.

La dependencia es especialmente marcada en los imanes de tierras raras, componentes empleados en distintos sectores industriales y de defensa. La demanda estadounidense del tipo más común llegó a unas 48.000 toneladas métricas en 2025, mientras que las fuentes nacionales aportaron apenas 300 toneladas métricas, según cifras de Arthur D. Little reportadas por Reuters.

Las empresas estadounidenses se encaminan a disponer de capacidad para producir unas 5.000 toneladas métricas hacia finales de 2026, cerca de una décima parte de la demanda registrada el año anterior. Ese crecimiento ampliaría la oferta nacional, pero la distancia entre producción y consumo seguiría siendo amplia, por lo que el abastecimiento de reservas militares competiría con las necesidades de fabricantes privados.

La escasez ya afectó a la producción industrial. Ford, ubicada en el puesto 22 de la lista Fortune 500 de 2026, detuvo durante una semana su planta de Explorer en Chicago en mayo de 2025 cuando disminuyó el suministro de tierras raras, un episodio que muestra cómo una restricción de estos insumos puede propagarse más allá del sector de defensa.

China ha endurecido repetidamente los controles de exportación de tierras raras y, de acuerdo con Reuters, empresas estadounidenses seguían teniendo dificultades para asegurar suficiente suministro al 6 de noviembre. Ese mismo día, el representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer, instó al viceprimer ministro chino He Lifeng a cumplir los compromisos de Pekín sobre tierras raras y otros minerales críticos.

Un conflicto de gran escala podría reducir aún más la producción extranjera y dificultar el transporte marítimo, justamente cuando el Pentágono necesitaría reponer sus existencias. Clark describió una estrategia doble para limitar esa dependencia: adquirir materias primas para formar reservas y, al mismo tiempo, financiar capacidad de extracción y procesamiento dentro del país.

El tungsteno muestra los límites de los contratos

El tungsteno, identificado como una prioridad de almacenamiento, expone la distancia entre anunciar una inversión y disponer del material. Estados Unidos no extrae tungsteno comercialmente desde 2015, cuando las importaciones más baratas debilitaron la producción nacional, según Scientific American; además, la dependencia neta de importaciones superó el 50% en 2025, de acuerdo con el Servicio Geológico de EE.UU.

Elmet Group anunció el 14 de septiembre un acuerdo con la Agencia de Logística de Defensa por hasta USD $2.000 millones para suministrar minerales, concentrados y tungstato de sodio a la Reserva de Defensa Nacional. Sin embargo, solo USD $150 millones están garantizados, distinción importante porque el valor máximo del acuerdo no equivale a una compra inmediata ni asegura que todo ese volumen llegue a las existencias públicas.

El Pentágono también comprometió USD $450 millones con Elmet, incluidos alrededor de USD $150 millones para reiniciar el complejo de tungsteno de Springer, en Nevada. La empresa indicó que no comenzará las entregas a la reserva hasta contar con suministro adicional, una condición que busca evitar que los pedidos del Gobierno desvíen tungsteno que ya utilizan los fabricantes estadounidenses.

Para cumplir ese objetivo, Elmet espera a que entren en producción nuevas inversiones en Nevada, Australia y España. El calendario ilustra un límite estructural del plan: un contrato puede establecer una relación de suministro, pero no crea de inmediato una mina, una planta de procesamiento ni una reserva física disponible para uso militar.

La experiencia con el tungsteno puede repetirse en otros materiales que el programa necesita asegurar. Si el Gobierno compite por insumos con fabricantes que también dependen de ellos, la compra pública podría presionar una oferta restringida; si espera a que aparezca nueva producción, en cambio, las reservas tardarán más en alcanzar el volumen previsto.

Costos elevados y plazos que chocan con la urgencia

El costo total de FORTRESS America todavía no estaba definido. El programa seguía en etapa de evaluación de costos, según informó Inside Defense. La falta de una cifra oficial dificulta estimar cuánto tendrá que invertir el Gobierno para ampliar las existencias y fortalecer la producción y la infraestructura nacionales.

Para ayudar a financiar el esfuerzo, el Pentágono explora asociaciones público-privadas, según Dale Marks, subsecretario de Defensa para energía, instalaciones y medio ambiente, citado por Breaking Defense. Ese mecanismo podría sumar capital y capacidad empresarial, pero la escala de la inversión no elimina el problema central: los nuevos proyectos mineros y de procesamiento necesitan tiempo antes de aportar materiales.

Clark consideró poco probable que el Pentágono cumpla sus objetivos a corto plazo, dada la dificultad de acumular rápidamente tanto armas terminadas como minerales en bruto. Chris Berry, analista de la industria minera, dijo a Reuters que construir la infraestructura necesaria para competir con la cadena de suministro dominante de China tomará muchos años más.

La primera prueba regulatoria importante llega el 1 de enero de 2027, cuando las reglas federales exigirán a los contratistas de defensa dejar de comprar tierras raras, imanes y tungsteno de China, Rusia, Irán y Corea del Norte. Washington ha concedido exenciones repetidamente porque la oferta nacional no alcanza, según informó Reuters en julio.

La fecha deja al descubierto la tensión entre una meta de seguridad y la capacidad industrial disponible: los contratistas deberán cumplir la restricción mientras los productores locales amplían una oferta que sigue por debajo de la demanda. Si la producción nueva no llega a tiempo, el Gobierno podría verse obligado a mantener excepciones o a competir por los mismos materiales escasos que necesita la industria.

FORTRESS America no se limita a almacenar suministros, sino que busca que las fuerzas armadas puedan operar si coinciden ataques, cortes de energía y rupturas comerciales. Pero, como muestran los imanes y el tungsteno, la resiliencia requiere minas, procesamiento, transporte y contratos que produzcan entregas reales; para el Pentágono, llenar las reservas podría ser mucho más difícil que anunciar el plan.


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