El déficit federal de EE.UU. aumentó 12% en el año fiscal 2026, hasta USD 1,99 billones. El gasto creció más que los ingresos y Scott Bessent señaló los reembolsos arancelarios como uno de los factores del deterioro, mientras se reavivan las dudas sobre la capacidad del crecimiento para contener la deuda.
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- El gasto federal llegó a USD 7,4 billones, un alza de 6%, mientras los ingresos sumaron USD 5,4 billones y crecieron 3%.
- La deuda pública pendiente superó los USD 40 billones. La CBO proyecta que la deuda alcanzará 108% del PIB en 2030, por encima del récord de 106% citado en el reporte.
- Kristalina Georgieva y autoridades de la CBO cuestionan que el crecimiento, incluso impulsado por la IA, baste para estabilizar la deuda.
El Gobierno federal de Estados Unidos registró un déficit de USD 1,99 billones durante el año fiscal 2026, que terminó el 30 de septiembre. La cifra, divulgada el viernes según Bloomberg y Yahoo Finance, representa un aumento aproximado de 12% frente a los USD 1,78 billones del ejercicio anterior, pese al avance de los ingresos.
El déficit equivale a cerca de 6% del producto interno bruto, según los datos citados en el reporte. El gasto aumentó más rápido que la recaudación: el desembolso federal subió 6%, mientras que los ingresos crecieron 3%. El resultado vuelve a situar las necesidades de financiamiento público cerca de los USD 2 billones.
Gasto al alza y factores detrás del déficit
Durante el ejercicio fiscal, el Gobierno gastó USD 7,4 billones y recaudó USD 5,4 billones, de acuerdo con el reporte del Tesoro. Las cifras están redondeadas, pero ilustran la brecha entre desembolsos e ingresos y por qué el aumento de la recaudación no bastó para reducir el déficit.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, atribuyó parte del deterioro a los reembolsos de aranceles. Estos se relacionan con el fallo de la Corte Suprema de febrero de 2026, que determinó que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) no autoriza al presidente a imponer aranceles. La decisión se refirió a los gravámenes impuestos bajo esa ley; no anuló todos los aranceles de la administración.
La atribución de Bessent identifica un factor señalado por el funcionario, pero no permite concluir que los reembolsos expliquen por sí solos el aumento del déficit. El reporte tampoco cuantifica su impacto en las cuentas de 2026.
La política comercial sigue formando parte del panorama fiscal. Según el reporte, la administración trabaja en la construcción de un nuevo muro arancelario mediante otra legislación. Las cifras divulgadas para el año fiscal 2026 no permiten calcular cuánto podrían recaudar futuras medidas ni cuándo entrarían en vigor.
El aumento contrasta con la reducción oficial del déficit registrada el año pasado, que Bessent había destacado. Según el reporte, aquella mejora obedeció a un tratamiento contable: la ley tributaria republicana de 2025 endureció los límites sobre los préstamos estudiantiles y el Tesoro contabilizó el cambio como una reducción del gasto de ese ejercicio. No se trató de una disminución equivalente en los desembolsos ordinarios.
Las advertencias sobre deuda y crecimiento
El déficit anual se suma a un nivel de deuda pública que ya superó los USD 40 billones. La deuda rebasó esa marca en agosto, según reportes publicados entonces. El déficit y la deuda no son conceptos intercambiables: el primero mide la diferencia entre ingresos y gastos durante un periodo, mientras que la segunda acumula obligaciones pendientes.
La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), una entidad no partidista, proyectó que la deuda estadounidense pasaría de 101% del PIB al cierre de 2026 a 108% para finales de 2030. Esa proporción superaría el récord de 106% establecido en 1946, según la proyección citada en el reporte. El pronóstico sitúa el debate más allá de un solo ejercicio fiscal y plantea interrogantes sobre la trayectoria de las obligaciones federales.
Bessent ha sostenido que Estados Unidos puede cambiar rápidamente la trayectoria de la deuda, en especial si mantiene un crecimiento económico más acelerado. En su planteamiento, el auge de la inteligencia artificial podría impulsar la productividad y contribuir a ese avance. Sin embargo, economistas, inversionistas y otros funcionarios públicos dudan de que el crecimiento por sí solo pueda compensar el ritmo de endeudamiento.
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, afirmó el 14 de octubre que el crecimiento ayuda, pero no puede proporcionar con suficiente rapidez los ajustes necesarios. David Zervos, asesor de Bessent recientemente designado, cuestionó esa evaluación en comentarios a CNBC y sostuvo que el FMI ha tenido pronósticos «desastrosos». La discusión refleja distintas posturas sobre cuánto puede resolver la expansión económica sin cambios fiscales adicionales.
Presión política y próximos pasos fiscales
Christine Lagarde, predecesora de Georgieva al frente del FMI, dijo el 14 de octubre que el déficit estadounidense «necesita ser abordado», como cualquier otro déficit de esa magnitud. Sus comentarios coincidieron con los de Georgieva, aunque ninguna de las declaraciones detalló un plan concreto para reducirlo.
El director de la CBO, Phillip Swagel, dijo el 8 de octubre que no era «verosímil» que el crecimiento, por sí solo, estabilizara los niveles de deuda de Estados Unidos. Su advertencia apunta a una diferencia central con el argumento de Bessent: incluso si una economía más productiva eleva los ingresos, eso no garantiza que el efecto llegue a tiempo para frenar la acumulación de obligaciones públicas.
Bessent se comprometió a presentar un plan de consolidación fiscal, que podría llegar durante la sesión de lame duck del Congreso si los republicanos pierden el control de la Cámara de Representantes o del Senado. El reporte no indica que el plan ya esté definido ni ofrece medidas específicas, por lo que su contenido y viabilidad dependerán de las decisiones de la administración y del escenario legislativo.
Mientras tanto, Trump ha pedido un aumento cercano a USD 500.000 millones para defensa y ha prometido cheques de USD 5.000 para cada estadounidense si los republicanos conservan el control del Congreso en las elecciones de medio mandato de noviembre. La propuesta de los cheques no está aprobada y no tiene fecha de pago, según la información disponible. El reporte no precisa cómo se financiarían estas iniciativas.
La combinación de un déficit anual mayor, una deuda pendiente récord y nuevas promesas de gasto mantiene abierto el debate sobre las prioridades presupuestarias. Los datos no determinan por sí solos qué políticas deberían cambiar, pero muestran que la diferencia entre ingresos y desembolsos sigue siendo amplia, mientras autoridades y organismos ofrecen diagnósticos distintos sobre el papel que el crecimiento puede desempeñar para cerrarla.
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