Scott Bessent anticipa una ofensiva financiera contra Irán, mientras Teherán amenaza con responder sobre las rutas petroleras del Golfo y el tráfico por el estrecho de Ormuz permanece severamente reducido.
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- Scott Bessent dijo que Estados Unidos prepara una nueva campaña de presión económica contra Irán y amenazó a los países que lo ayuden.
- Irán rechazó la afirmación de Washington sobre el debilitamiento de sus capacidades militares y nucleares.
- Menos de 20 buques cruzaron el estrecho de Ormuz durante el fin de semana, un dato que mantiene la presión sobre el suministro energético global.
Estados Unidos se dispone a intensificar su presión económica contra Irán con una campaña que Scott Bessent, secretario del Tesoro de la administración del presidente Donald Trump, describió como la mayor ofensiva financiera desplegada contra un adversario. El anuncio está previsto para una conferencia de prensa a las 2 p. m. EDT del lunes, equivalente a las 7 p. m. BST, después de que Bessent calificara el momento como la fase final de la confrontación.
En un artículo publicado por el Financial Times, Bessent sostuvo que Trump y la fuerza militar estadounidense han desmantelado de forma significativa las capacidades militares iraníes y han debilitado su programa nuclear. A partir de esa evaluación, afirmó que Washington iniciaría al amanecer un llamado “Día D económico”, cuyo objetivo sería cortar las vías financieras que todavía sostienen al gobierno de Teherán.
Washington eleva la presión financiera
La advertencia del secretario del Tesoro no se limitó a Irán, porque también apuntó contra los gobiernos que puedan ofrecer respaldo comercial o financiero a Teherán. Bessent afirmó que cualquier nación que funcione como una “arteria financiera” de un régimen que Estados Unidos considera moribundo deberá compartir su aislamiento y arriesgarse a convertirse en un paria global ante Washington.
El funcionario vinculó esa amenaza con la acusación estadounidense de que Irán sostiene un régimen tiránico y respalda actividades terroristas. Según su planteamiento, la presión continuará hasta que el gobierno iraní quede sin apoyo externo, una estrategia que amplía el posible alcance de las medidas más allá de las entidades directamente relacionadas con Teherán.
Las declaraciones coinciden con las advertencias formuladas por Trump la semana anterior, cuando prometió consecuencias financieras “enormes” para cualquier país que mantenga negocios con Irán durante la nueva campaña. La coordinación entre la Casa Blanca y el Tesoro sugiere que Washington busca presentar las futuras sanciones como una operación integral, con efectos sobre bancos, empresas, comercio y proveedores de servicios vinculados con la economía iraní.
Desde la revolución iraní de 1979, Estados Unidos ha impuesto sucesivas sanciones económicas, comerciales, científicas y militares contra Irán. El nuevo anuncio se inserta en esa larga historia de coerción financiera, aunque el lenguaje utilizado por Bessent plantea una ofensiva de alcance particularmente amplio y con advertencias explícitas para terceros países.
Teherán rechaza la narrativa estadounidense
Irán desestimó el lunes las afirmaciones de Washington sobre el supuesto desmantelamiento de sus capacidades militares y nucleares. Hassan Qharibabadi, viceministro de Relaciones Exteriores iraní, escribió que la narrativa estadounidense no era coherente, al contrastar las declaraciones de victoria con la necesidad de movilizar una campaña financiera de dimensión histórica.
En su mensaje, Qharibabadi cuestionó que Estados Unidos necesitara recurrir a la mayor ofensiva económica de su historia si realmente había destruido por completo las fábricas iraníes y enterrado el programa nuclear. El funcionario planteó esa contradicción como una pregunta política: si la operación militar había sido tan exitosa, la nueva escalada financiera podría interpretarse como una admisión de derrota y no como una confirmación de victoria.
La respuesta iraní refleja el choque entre dos relatos incompatibles sobre el estado del conflicto. Mientras Washington presenta sus acciones militares como un debilitamiento decisivo, Teherán intenta demostrar que conserva capacidad de resistencia y que las amenazas económicas son una señal de que Estados Unidos todavía necesita presionar sus fuentes de ingresos.
El intercambio de declaraciones también complica las perspectivas de una desescalada duradera. Aunque un alto el fuego anunciado el 8 de abril puso fin a casi 40 días de intensos bombardeos, las condiciones relacionadas con el comercio, los activos congelados y el transporte marítimo siguen manteniendo abierta una disputa con consecuencias internacionales.
El estrecho de Ormuz se convierte en punto de presión
El control del estrecho de Ormuz se consolidó como uno de los principales puntos de tensión después del alto el fuego. Washington considera prioritaria la reapertura de la vía marítima para estabilizar los suministros globales de petróleo y gas, mientras Teherán insiste en que el paso permanecerá cerrado hasta que Estados Unidos levante el bloqueo naval de los puertos iraníes.
Irán también exige el retiro de las sanciones petroleras y el descongelamiento de sus activos en el extranjero como condiciones para modificar su postura. La disputa convierte una ruta marítima estratégica en una herramienta de negociación directa, porque cualquier reducción prolongada del tránsito puede aumentar la incertidumbre para los mercados energéticos y para los países que dependen de esos cargamentos.
Los datos citados por la fuente muestran una contracción marcada del tráfico durante el fin de semana: 13 barcos cruzaron el estrecho el sábado y apenas cuatro lo hicieron el domingo, para un total inferior a 20 embarcaciones. La cifra, atribuida a los últimos registros de Kpler, ilustra la magnitud de la interrupción en una vía que antes de la crisis concentraba un flujo marítimo considerable.
Trump ha afirmado que el estrecho se convertirá en territorio estadounidense una vez terminada la guerra. El sábado publicó en Truth Social una imagen en la que marcó la vía fluvial y la acompañó con la frase “Nueva versión de country oriented”, una señal política que añadió un componente territorial a la disputa por la navegación y el control de los suministros.
Causas de movimientos recientes
(a) Catalizador confirmado: el tráfico por Ormuz se redujo durante el fin de semana, con 13 buques el sábado y cuatro el domingo, según los registros de Kpler citados por la fuente. La caída coincide con la tensión militar, el bloqueo naval mencionado por Teherán y la disputa sobre las sanciones, pero estos datos no permiten atribuir por sí solos el movimiento a una única causa.
(b) Explicación plausible: las amenazas de nuevas sanciones estadounidenses contra Irán y contra terceros países, junto con las advertencias iraníes sobre posibles ataques a rutas e intereses energéticos, pueden estar elevando la percepción de riesgo para operadores y cargamentos. El impacto final sobre los precios del petróleo y el gas dependerá de la duración de la interrupción y de la respuesta de los mercados.
Amenazas sobre las rutas petroleras
Mohsen Rezzai, identificado como jefe de seguridad de Irán, advirtió durante el fin de semana que el enfrentamiento podría comportarse como un terremoto si Estados Unidos tomaba nuevas medidas. Su mensaje estuvo dirigido especialmente a los países del Golfo que pudieran sumarse a la presión estadounidense o colaborar con la imposición de sanciones sobre el petróleo iraní.
Rezzai sostuvo que, si los países vecinos se unen a Washington en la guerra económica, no quedaría una gota de petróleo del Golfo Pérsico y Teherán atacaría otras rutas de exportación petrolera de la región. La amenaza amplía el riesgo más allá del estrecho de Ormuz, porque plantea posibles ataques contra corredores alternativos y contra infraestructuras conectadas con el comercio energético.
El funcionario añadió que Irán todavía no había atacado intereses económicos estadounidenses y que, hasta ese momento, sus operaciones se habían concentrado en bases militares. Sin embargo, afirmó que una campaña de sanciones provocaría ataques contra empresas petroleras estadounidenses y otros intereses económicos relacionados con Estados Unidos dentro y fuera de Irán.
Ese cambio de objetivo potencial elevaría el costo de cualquier escalada, especialmente para compañías que operan en energía, transporte y servicios vinculados con el comercio regional. También aumentaría la incertidumbre para gobiernos y empresas que deban decidir si mantienen relaciones con Teherán o cumplen las exigencias de Washington para evitar sanciones secundarias y represalias.
Omán busca una salida diplomática
En paralelo con las amenazas, la diplomacia regional intenta mantener abiertos los canales de comunicación. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán informó que Badr Albusaidi, ministro de Asuntos Exteriores de Omán, viajaría a Teherán el jueves para reunirse con funcionarios iraníes y conversar sobre el conflicto.
La visita de Albusaidi se produce en un momento en que el transporte marítimo, las sanciones y el bloqueo naval se encuentran estrechamente conectados. Cualquier iniciativa diplomática deberá abordar simultáneamente la reapertura de Ormuz, las restricciones petroleras y los activos iraníes congelados, porque cada asunto funciona como una condición para resolver los demás.
Omán aparece así como un interlocutor relevante para discutir una salida que reduzca el riesgo de nuevos ataques sin ignorar las exigencias de las partes. La noticia no detalla los términos de una propuesta concreta, por lo que el resultado de la visita dependerá de la disposición de Washington y Teherán para transformar sus amenazas públicas en compromisos verificables.
Masoud Pezeshkian, presidente de Irán, declaró el domingo que consideraba que el memorando de entendimiento que expiró entre Estados Unidos e Irán seguía siendo la mejor vía para terminar la guerra. Su posición ofrece una alternativa al ciclo de sanciones y represalias, aunque el endurecimiento anunciado por Bessent muestra que la prioridad inmediata de Washington continúa siendo la presión económica.
El siguiente paso será la conferencia de prensa del Tesoro, donde se conocerán el alcance y los objetivos concretos de la ofensiva anunciada. Hasta entonces, la combinación de sanciones, amenazas contra terceros países, tráfico reducido en Ormuz y advertencias sobre empresas estadounidenses mantiene elevada la tensión financiera y energética alrededor de Irán.
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