Por Canuto  

El alza de los rendimientos de los bonos soberanos y la reducción de compras de deuda estadounidense por parte de China y Japón están alimentando una nueva ola de nerviosismo en los mercados. El debate ya no gira solo en torno a tasas de interés, sino sobre la capacidad de los gobiernos para sostener deudas cada vez más costosas en un entorno de inflación persistente, energía cara y demanda debilitada por los Treasuries.
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  • China redujo sus tenencias de bonos del Tesoro de EE. UU. desde cerca de USD $1,3 billones hasta unos USD $650.000 millones, su nivel más bajo desde 2008.
  • Japón, mayor tenedor extranjero de Treasuries con alrededor de USD $1,1 billones, también ha vendido deuda para defender al yen y conseguir dólares.
  • El análisis sostiene que la combinación de inflación, menor demanda externa de bonos y déficit fiscales crecientes complica el margen de acción de la Reserva Federal.


La tensión en el mercado de bonos volvió al centro del debate financiero tras un nuevo repunte en los rendimientos de la deuda soberana de Estados Unidos y de otras economías desarrolladas. En este contexto, crecieron las alarmas por la menor demanda extranjera de bonos del Tesoro, en especial desde China y Japón, dos actores históricamente clave para financiar al gobierno estadounidense.

Según expone Andrei Jikh en China & Japan Are Dumping US Bonds, el rendimiento del bono del Tesoro a 30 años superó el 5%, su nivel más alto desde julio de 2007. A la vez, el rendimiento del bono a 10 años, referencia esencial para múltiples tasas de la economía, subió 75 puntos básicos desde el inicio de la guerra con Irán, de acuerdo con el análisis presentado.

Para los lectores menos familiarizados con este mercado, un bono soberano es, en esencia, un pagaré emitido por un Estado. Los gobiernos venden esa deuda para financiar gasto público, infraestructura, defensa, pensiones y otros compromisos. El rendimiento que exigen los compradores funciona como una señal de confianza o desconfianza: si el riesgo percibido sube, el mercado exige más interés.

Ese punto es crucial porque el mercado global de bonos, estimado en USD $140 billones, es mayor que el de acciones y sirve de base para el costo del dinero en toda la economía. Cuando suben los rendimientos de los Treasuries, también tienden a subir las hipotecas, los préstamos para autos, el crédito corporativo y el costo financiero del propio Estado.

Un problema que va más allá de Estados Unidos

El análisis sostiene que no se trata de un fenómeno exclusivamente estadounidense. Los rendimientos de los bonos han escalado a máximos de varias décadas en países como Reino Unido, Alemania, Francia, Canadá, Australia e Italia. En Japón, el bono a 10 años ha mostrado una aceleración especialmente marcada en gráficos de largo plazo, lo que ha reavivado preguntas sobre la capacidad del Banco de Japón para contener las presiones en su propio mercado de deuda.

La expresión “crisis de deuda soberana” se usa para describir el punto en el que los inversionistas empiezan a dudar seriamente de la capacidad de un gobierno para pagar sus obligaciones sin recurrir a más emisión monetaria, más impuestos o recortes de gasto. Cuando esa desconfianza se generaliza, el costo de refinanciar la deuda puede elevarse hasta volverse una carga estructural.

En ese contexto, el mercado estaría enviando una señal incómoda para la Reserva Federal. Chris Waller, presentado en el análisis como uno de los primeros funcionarios en respaldar recortes de tasas, habría indicado que ya no puede descartar nuevas subidas si la inflación no cede y si las expectativas inflacionarias se desanclan. La lectura del mercado, según el video, apunta a más de 70% de probabilidad de un alza para enero de 2027.

Esa perspectiva contrasta con las expectativas que dominaban hace un año, cuando gran parte de Wall Street apostaba por varios recortes consecutivos. El cambio de narrativa refleja que el problema actual no es solo el crecimiento económico, sino también la necesidad de seguir atrayendo compradores para una deuda cada vez más abundante y costosa.

Inflación, energía y pérdida de atractivo de los bonos

Uno de los motores de esta presión es la inflación. El análisis afirma que, desde el inicio de la guerra en Irán, el petróleo se ha mantenido por encima de USD $100 por barril durante unos dos meses. También señala subidas de 60% en el crudo, 58% en el combustible para aviones, 52% en la gasolina, 54% en el gas natural europeo y 20% en fertilizantes.

Ese encarecimiento energético importa porque se traslada, aunque con rezago, al conjunto de la economía. Jikh menciona que el índice de precios al productor, o PPI, llegó a 6%, su nivel más alto desde 2023, mientras el índice de precios al consumidor, o CPI, se ubicó en 3,8%, por encima del objetivo de 2% que persiguen las autoridades monetarias.

Desde la óptica del comprador de bonos, una inflación de 3,8% con riesgo de subir más reduce fuertemente el rendimiento real de un Treasury al 4,5% o al 5%. Si además el inversionista sospecha que la inflación real puede ser superior a la reportada, la compensación exigida sube todavía más. En otras palabras, el mercado pide una prima mayor para seguir prestando.

El video también subraya que algunos insumos, como los fertilizantes, pueden tardar entre tres y seis meses en reflejarse plenamente en los precios finales. Bajo esa lógica, el 6% del PPI sería más una advertencia temprana que una imagen completa del impacto inflacionario pendiente.

China y Japón reducen su papel como grandes financiadores

La segunda gran fuente de presión es la menor participación de compradores extranjeros. China, que en su punto máximo llegó a poseer cerca de USD $1,3 billones en bonos del Tesoro, tendría ahora alrededor de USD $650.000 millones, el nivel más bajo desde 2008. El análisis remarca que no se trataría de una liquidación abrupta, sino de una reducción sostenida a lo largo de 17 años.

Cada venta por parte de un acreedor importante obliga al mercado estadounidense a encontrar reemplazos. Menos demanda externa implica que el Tesoro debe ofrecer mayores rendimientos para atraer nuevos compradores. Esa dinámica se intensifica si varios países se mueven en la misma dirección. El video también menciona ventas por parte de Taiwán, Arabia Saudita, India, Emiratos Árabes Unidos, Noruega y Singapur.

Japón representa un caso distinto. Con alrededor de USD $1,1 billones en Treasuries, sigue siendo el mayor tenedor extranjero. Sin embargo, el análisis sostiene que Tokio ha tenido que vender deuda estadounidense para defender al yen y obtener dólares, una necesidad agravada por la dependencia energética y por el costo de las importaciones.

De acuerdo con el contenido, Japón ha gastado más de USD $200.000 millones desde 2022 en operaciones para comprar yenes y vender dólares. Incluso se afirma que, en el primer trimestre de 2026, el país habría vendido más bonos del Tesoro que en los cuatro años previos combinados. Esa dinámica crea un círculo complejo: vender Treasuries eleva los rendimientos en EE. UU., fortalece al dólar frente al yen y obliga a nuevas intervenciones japonesas.

El dilema fiscal y monetario de Washington

El tercer factor señalado es la magnitud de la deuda estadounidense. El análisis cifra la deuda oficial de EE. UU. en USD $39 billones, con un aumento aproximado de USD $2,5 billones por año. Además, menciona compromisos no incluidos en esa cifra, como Medicare, Medicaid, Seguridad Social y pensiones, que elevan aún más las obligaciones futuras del Estado.

En este escenario, mantener tasas altas encarece de manera directa el servicio de esa deuda. Según el video, la factura anual por intereses ya superó USD $1 billón. Cada nuevo aumento de tasas haría mayor esa carga, reduciendo el margen presupuestario para otras partidas o empujando al gobierno hacia más emisión de deuda y, eventualmente, más creación monetaria.

Allí aparece lo que el autor describe como una “trampa” para la Reserva Federal. Si recorta tasas con inflación todavía elevada y energía cara, puede provocar una venta de bonos que termine empujando aún más arriba los rendimientos de mercado. Pero si mantiene o sube tasas, agrava el costo financiero de la deuda y endurece las condiciones para hogares, empresas y bancos.

El análisis añade que esta tensión coincide con señales de fragilidad en otros frentes, como morosidad de tarjetas de crédito por encima de 12%, mayores incumplimientos en préstamos para automóviles, desaceleración del mercado inmobiliario y valoraciones exigentes en la renta variable. En ese marco, la política monetaria enfrenta restricciones poco habituales.

Qué podría implicar para acciones, oro y Bitcoin

Uno de los puntos más llamativos del análisis es que la bolsa estadounidense sigue cerca de máximos pese al deterioro del mercado de bonos. La explicación propuesta es que los inversionistas accionarios todavía apuestan a un eventual rescate monetario. Es decir, descuentan que, si las condiciones empeoran lo suficiente, la Fed volverá a inyectar liquidez y eso sostendrá el precio de los activos.

Sin embargo, esa hipótesis podría chocar con la realidad de una inflación persistente. Jikh sostiene que métricas como precio sobre ventas, precio sobre valor en libros y relación precio-beneficio futura en torno a 24 veces apuntan a valoraciones altas. También resalta que un rendimiento por dividendos cercano a 1% luce poco atractivo frente a bonos soberanos que ofrecen más de 5%.

Sobre el oro, el análisis reconoce que la teoría financiera tradicional sugiere presión bajista cuando suben las tasas, ya que el metal no paga rendimiento. Pero al mismo tiempo destaca que bancos centrales compraron más de 1.000 toneladas en 2024, un comportamiento que interpretó como una búsqueda de diversificación geopolítica frente al dólar y los bonos del Tesoro.

En cuanto a Bitcoin, el argumento central es el de un activo de oferta fija en un mundo donde los gobiernos podrían verse tentados a monetizar sus deudas. El video menciona además que Irán estaría demandando Bitcoin a cambio de petróleo como mecanismo de resguardo, aunque esa afirmación aparece dentro del marco interpretativo del autor. Más allá de ese punto, la lectura general es que el actual estrés en el mercado de bonos vuelve a poner sobre la mesa el atractivo de activos percibidos como cobertura frente a la pérdida de poder adquisitivo de las monedas fíat.

La conclusión del análisis no es que una crisis sea inminente en términos absolutos, sino que la estructura financiera global atraviesa una fase de confianza más frágil. Si la inflación no cede con claridad y si los grandes compradores extranjeros siguen retrocediendo, el mercado de bonos podría seguir imponiendo condiciones más duras a gobiernos, empresas y consumidores por igual.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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