Por Canuto  

Una estimación citada por Bloomberg calcula que las emisiones del sector eléctrico estadounidense podrían alcanzar 2.100 millones de toneladas métricas de CO2 para 2030 si se concretan los proyectos previstos de centros de datos, un aumento de 42% frente a 2025.
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  • El Sierra Club calcula que, con los proyectos previstos incluidos, las emisiones totales del sector eléctrico estadounidense podrían llegar a 2.100 millones de toneladas métricas de CO2 para 2030.
  • Alrededor de 40% de los centros de datos de EE. UU. funcionaría con turbinas de gas natural, mientras la disponibilidad de equipos y energía renovable enfrenta dificultades, según la información citada.
  • La cifra depende de proyectos que aún podrían retrasarse o no concretarse por límites de la red, oposición local y dudas sobre la economía de los hiperescaladores.


La expansión de centros de datos en EE. UU. pone en riesgo años de avances climáticos

Una proyección que enciende las alarmas

El rápido crecimiento de los centros de datos en Estados Unidos podría tener un costo climático mucho mayor al previsto. Una estimación del Sierra Club, reportada por Bloomberg, sostiene que las emisiones totales del sector eléctrico podrían llegar a 2.100 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono para 2030 si se tienen en cuenta los proyectos de centros de datos previstos.

La cifra representaría un incremento de 42% frente a los niveles de 2025, equivalente a 618 millones de toneladas métricas adicionales, según Bloomberg. El cálculo citado por Tom’s Hardware compara el total proyectado con las emisiones de México en su conjunto. El Sierra Club advierte que ese escenario podría revertir 15 años de avances en la reducción de gases de efecto invernadero.

La proyección retrata la presión que ejerce la expansión de instalaciones que sostienen servicios digitales y, cada vez más, cargas de trabajo relacionadas con inteligencia artificial. El crecimiento de esa demanda impulsa una carrera por construir con rapidez, pero el ritmo de las obras y la energía disponible pueden alejarse de los objetivos de reducción de emisiones.

Jeremy Fusher, asesor principal de clima y energía del Sierra Club, resumió la preocupación con una frase: “los números siguen dejándonos atónitos”. La estimación actual también supera ampliamente cálculos anteriores de investigadores, que se ubicaban entre una cuarta parte y la mitad de las proyecciones más recientes.

Gas natural, turbinas y energía renovable

Una de las razones de la preocupación es la dependencia de fuentes de energía que pueden aumentar las emisiones mientras crece la capacidad informática. La información de origen señala que cerca de 40% de los centros de datos estadounidenses se alimenta con turbinas de gas natural, una proporción que no parece encaminada a reducirse a corto plazo.

La demanda de electricidad de estas instalaciones crece en un momento en que la incorporación de fuentes verdes difícilmente avanzaría al mismo ritmo. En el mercado actual, marcado por la expansión de la IA, la velocidad para poner en marcha nuevos centros de datos se ha convertido en una prioridad, y esa urgencia puede favorecer soluciones disponibles antes que alternativas renovables.

Las turbinas también enfrentan limitaciones de suministro. Según la información citada, sus precios aumentaron 50% y la producción acumula retrasos de varios años; un fabricante ya ofrece espacios de producción para 2032, un plazo que muestra lo difícil que puede ser conseguir estos equipos para proyectos en curso.

En paralelo, algunos gobiernos estatales y países adoptan normas que exigen a las nuevas instalaciones obtener una parte importante de su energía de fuentes limpias. Sin embargo, esas reglas suelen aplicarse a construcciones nuevas, no necesariamente a las que ya operan, y pueden contemplar períodos de transición antes de exigir el cumplimiento pleno.

Reglas graduales y obstáculos para concretar los proyectos

El caso de Irlanda ilustra cómo una exigencia ambiental puede incluir un calendario prolongado. La norma mencionada en la información de origen pide que los nuevos centros de datos funcionen con 80% de energía renovable, pero concede hasta seis años desde su puesta en marcha para alcanzar esa proporción.

Ese tipo de plazos importa porque las decisiones energéticas de una instalación no cambian necesariamente al mismo tiempo que se aprueba una regulación. Si una obligación solo rige para nuevos proyectos o permite una implementación gradual, puede tardar en reflejarse en las emisiones del conjunto del sector.

Aun así, las proyecciones no equivalen a una certeza sobre cuántas instalaciones se construirán ni sobre la energía que usarán. Brendan Pierpont, de la organización Energy Innovation, advierte que resulta difícil hacer un pronóstico firme, en parte por la disponibilidad de turbinas y los retrasos para conectar los proyectos a la red eléctrica.

También hay una diferencia entre la cantidad de solicitudes de permisos y la capacidad efectiva de la red para atender nuevas instalaciones. La información citada señala que las solicitudes superan ampliamente esa capacidad en todo Estados Unidos y que varios proyectos encuentran una fuerte oposición, obstáculos que podrían retrasar o impedir parte de las construcciones.

La incertidumbre sobre el auge de la IA

La estimación del Sierra Club parte de una expansión que todavía depende de proyectos en distintas etapas, y no de una lista de obras que necesariamente llegarán a completarse. Por eso, las emisiones previstas deben leerse como un escenario condicionado por el ritmo de construcción, el acceso a la energía y la disponibilidad de equipos, no como un resultado garantizado.

Las dudas sobre la economía de los hiperescaladores también podrían influir en qué proyectos siguen adelante. El material de origen menciona preocupaciones recientes sobre la viabilidad económica de algunos de estos grandes operadores, aunque no identifica empresas ni cuantifica posibles cancelaciones, de modo que el efecto sobre las obras permanece abierto.

El contraste entre la urgencia de construir y los límites energéticos concentra el dilema: la demanda de infraestructura digital puede crecer más rápido que la capacidad de abastecerla con energía renovable. Si predominan las turbinas de gas y las fuentes limpias no aumentan al mismo ritmo, el sector eléctrico podría registrar las emisiones que anticipa el cálculo.

Pero los retrasos de conexión, las restricciones de suministro, la oposición a las obras y las dudas comerciales también podrían moderar el resultado. La advertencia pone el foco en una tensión que acompañará la expansión de la IA: la infraestructura que la hace posible requiere energía, mientras las decisiones sobre cómo producirla determinarán si el crecimiento suma emisiones o avanza hacia fuentes más limpias.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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