Por Canuto  

El debate sobre los costos del dólar como moneda de reserva volvió al centro de la discusión tras resurgir un comentario de JD Vance. Un análisis de Forbes sostiene que Bitcoin podría ofrecer una alternativa neutral, aunque su volatilidad y limitada adopción oficial todavía lo mantienen lejos de reemplazar al oro o al dólar.
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  • JD Vance cuestionó si la condición de reserva del dólar beneficia por igual a todos los sectores de Estados Unidos.
  • El dilema de Triffin describe el conflicto entre suministrar liquidez al mundo y atender las prioridades internas del país emisor.
  • Bitcoin aparece como una reserva potencialmente neutral, pero enfrenta obstáculos de volatilidad, custodia y adopción soberana.


Bitcoin vuelve a aparecer en el debate sobre el futuro del sistema monetario internacional como un posible activo de reserva neutral. La discusión tomó fuerza después de que resurgiera un video antiguo de JD Vance, grabado cuando era senador de Estados Unidos, en el que cuestionaba si el estatus global del dólar realmente beneficia a la economía estadounidense en todos sus frentes.

El comentario analizado por Forbes, escrito por el colaborador Dave Birnbaum, conecta las palabras de Vance con el llamado dilema de Triffin. Esa idea plantea que una moneda nacional puede enfrentar una contradicción cuando, además de servir a su propio país, debe proporcionar liquidez y activos seguros al resto del mundo.

El costo interno del privilegio del dólar

Vance describió su posición como “súper heterodoxa” y reconoció que la demanda internacional de dólares ofrece ventajas visibles para Estados Unidos. Entre ellas figuran menores costos de endeudamiento y la posibilidad de que los consumidores compren bienes extranjeros a precios más bajos, gracias al acceso global a la moneda estadounidense.

Sin embargo, el entonces senador también señaló que esa fortaleza puede trasladar costos a otros sectores de la economía. Una demanda externa elevada tiende a sostener un tipo de cambio más alto, lo que encarece los productos estadounidenses para compradores internacionales y reduce la competitividad de fabricantes y exportadores frente a las importaciones.

Birnbaum presentó así una tensión entre los beneficios que reciben los consumidores y las dificultades que enfrentan las industrias orientadas al exterior. La misma primacía monetaria que facilita el financiamiento del Gobierno y abarata ciertos productos puede complicar el objetivo político de fortalecer la manufactura nacional.

El dólar suele describirse como un “privilegio exorbitante” porque Estados Unidos puede emitir deuda en su propia moneda mientras gobiernos, bancos e inversionistas extranjeros mantienen grandes cantidades de activos denominados en dólares. Según el análisis, los aranceles y los incentivos industriales intentan compensar parte de la presión sobre la producción local, aunque al mismo tiempo la conservación del liderazgo del dólar mantiene la demanda internacional que ayuda a sostener su fortaleza.

La participación del dólar en las reservas mundiales de divisas también ha disminuido gradualmente, de aproximadamente 72% en 2001 a cerca de 58%, según los datos citados por la fuente. La evidencia disponible no permite precisar aquí el año exacto de la cifra final. Aun así, la moneda conserva una presencia dominante en el comercio, las finanzas y los activos de reserva, mientras que sus versiones digitales han ampliado el alcance fuera del sistema bancario tradicional.

El dilema de Triffin y la arquitectura monetaria

El origen histórico del debate se remonta al sistema de Bretton Woods, creado después de la Segunda Guerra Mundial. Bajo ese esquema, varias monedas estaban vinculadas al dólar y las autoridades extranjeras podían convertir sus tenencias en oro a razón de USD $35 por onza, lo que obligaba a Estados Unidos a suministrar dólares para facilitar el comercio internacional.

El economista Robert Triffin advirtió ante el Congreso en 1960 que esa estructura contenía una contradicción difícil de resolver. Si Estados Unidos limitaba la emisión de dólares, el mundo podía quedarse sin liquidez suficiente; pero si continuaba entregándolos, los derechos extranjeros sobre el oro estadounidense crecerían hasta poner en duda la convertibilidad.

El Banco Central Europeo describió posteriormente cómo los pasivos monetarios de Estados Unidos frente a no residentes ya habían superado sus existencias de oro a comienzos de la década de 1960. La presión continuó hasta que Richard Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro el 15 de agosto de 1971, tras lo cual Bretton Woods dio paso a los tipos de cambio flotantes y los bonos del Tesoro ganaron importancia como activos de reserva.

La aplicación del argumento original al sistema moderno no es aceptada sin matices. Un documento de 2017 del Banco de Pagos Internacionales, elaborado por Robert McCauley y Michael Bordo, sostuvo que es defectuosa la idea de que el papel internacional del dólar exige déficits persistentes en la cuenta corriente estadounidense, porque los dólares pueden ingresar al sistema mundial mediante otros canales.

Los autores, no obstante, consideraron vigente el principio general de Triffin: las prioridades internas de un país pueden chocar con las responsabilidades derivadas de emitir un activo utilizado como bien público internacional. Esa tensión sigue siendo relevante mientras la demanda extranjera por valores estadounidenses permanece elevada y conecta las decisiones fiscales de Washington con las necesidades de liquidez global.

Un informe del Tesoro estadounidense situó las tenencias extranjeras de cartera en valores de Estados Unidos en USD $35,349 billones al 30 de junio de 2025. La cifra incluía USD $19,860 billones en acciones estadounidenses y USD $13,840 billones en títulos de deuda de largo plazo. La evidencia disponible no confirma la cifra de USD $1,65 billones en obligaciones de corto plazo mencionada en el borrador.

Las stablecoins amplían la demanda de deuda estadounidense

Las stablecoins respaldadas por dólares agregaron un canal digital para que usuarios de todo el mundo mantengan exposición a la moneda estadounidense. Según la información citada, cerca del 97% del mercado de stablecoins estaba denominado en dólares, aunque otras fuentes sitúan la proporción en torno al 98% o describen el mercado como mayoritariamente denominado en esa moneda.

La Ley GENIUS estableció un marco federal para las stablecoins de pago y exige a los emisores calificados mantener reservas de respaldo uno a uno en activos permitidos, incluidos efectivo, depósitos y bonos del Tesoro estadounidense de corto plazo. En consecuencia, el crecimiento de tokens regulados puede generar demanda adicional por deuda pública, aunque no elimina la dependencia de un pasivo emitido por Estados Unidos.

Circle ya mantenía la mayor parte de las reservas de USDC en bonos del Tesoro de corto plazo y equivalentes de efectivo, con BNY Mellon como custodio y BlackRock a cargo de administrar el Fondo de Reserva de Circle. Este modelo conecta directamente el crecimiento de los activos digitales con el mercado de deuda soberana estadounidense y refuerza el papel financiero del dólar.

Durante junio, Fidelity Investments lanzó un fondo de reserva que invierte en efectivo, títulos del Tesoro de corto plazo, acuerdos de recompra respaldados por el Tesoro a un día y otros activos permitidos por el marco federal. State Street presentó un producto similar ese mismo mes y citó estimaciones de la industria que ubican la emisión mundial de stablecoins entre USD $1,9 billones y USD $4 billones para 2030.

Para Birnbaum, esos instrumentos pueden fortalecer el uso internacional del dólar y elevar la demanda por bonos del Tesoro, pero no resuelven el conflicto descrito por Triffin. Cada token respaldado por valores públicos depende, en última instancia, de un pasivo estadounidense, por lo que la digitalización amplía el alcance del sistema sin cambiar su fundamento monetario.

Sustituir al dólar por otra moneda nacional tampoco resolvería necesariamente la contradicción. Cualquier emisor que asumiera el papel de reserva podría terminar enfrentando la misma presión entre proveer liquidez internacional y administrar sus propias prioridades económicas, una dificultad que John Maynard Keynes intentó evitar cuando propuso una unidad supranacional llamada bancor durante las negociaciones de Bretton Woods.

Bitcoin como reserva potencialmente neutral

La propuesta favorable a Bitcoin parte de una diferencia estructural frente a las monedas nacionales. Su emisión sigue las reglas del protocolo y no depende de la deuda, la balanza comercial ni la política fiscal de un país específico, mientras que su oferta circulante puede verificarse de manera independiente en la red.

En ese argumento, la transferencia internacional de BTC no requiere que un banco central o un Gobierno emita el pasivo subyacente. Bitcoin podría funcionar, al menos en teoría, como un activo de ahorro soberano separado de la moneda utilizada para contratos, pagos e impuestos, aunque esa posibilidad todavía pertenece más al debate de política monetaria que a la práctica dominante.

El análisis no afirma que Bitcoin esté listo para reemplazar al dólar o al oro en las reservas de los bancos centrales. El activo tiene aproximadamente 17 años de historia, una volatilidad considerable, exigencias de custodia y una adopción soberana mucho menor que la de los instrumentos tradicionales, factores que dificultan la gestión de grandes carteras públicas.

El oro conserva una posición más sólida como reserva políticamente neutral y ha recibido compras oficiales históricas. El Consejo Mundial del Oro registró adquisiciones de más de 1.000 toneladas métricas por año en 2022, 2023 y 2024, el primer período de tres años por encima de ese nivel dentro de sus datos.

La comparación con el metal precioso también muestra una posible ventaja operativa de Bitcoin. El oro exige almacenamiento, transporte, seguridad y verificación física para grandes transferencias soberanas, mientras que la propiedad de BTC puede liquidarse digitalmente, aunque ese proceso requiere infraestructura tecnológica y controles de custodia igualmente rigurosos.

Los bancos centrales compraron 1.136 toneladas métricas de oro en 2022, 1.037 toneladas en 2023 y aproximadamente 1.045 toneladas en 2024, según las cifras citadas del Consejo Mundial del Oro. Hasta ahora, esas compras muestran que la diversificación oficial se ha concentrado en el oro y no en Bitcoin, pese a que ambos activos suelen presentarse como alternativas independientes de la política monetaria de un emisor.

La experiencia estadounidense y el debate futuro

Estados Unidos ya dio un paso limitado hacia el tratamiento de Bitcoin como activo de reserva soberana. El 6 de marzo de 2025, el presidente Donald J. Trump firmó una orden ejecutiva que creó una Reserva Estratégica de Bitcoin con BTC obtenidos mediante decomisos de activos penales y civiles.

La reserva funciona principalmente como un mecanismo de retención, no como un programa activo de compras gubernamentales. Una revisión publicada en junio encontró que la administración todavía no había establecido adquisiciones regulares, aunque la orden permitió al Departamento del Tesoro examinar métodos presupuestariamente neutros para obtener Bitcoin adicional.

Las propuestas legislativas han planteado una participación estatal más ambiciosa. La Ley BITCOIN, impulsada por la senadora Cynthia Lummis, propone construir una reserva federal de hasta BTC 1.000.000 durante varios años, mientras otras iniciativas se enfocan en conservar durante períodos prolongados los bitcoins que ya están en manos del Gobierno.

Estas propuestas no modifican los obstáculos que enfrentaría Bitcoin como activo de reserva global, pero sí muestran que la discusión dejó de limitarse al sector privado. La cuestión central consiste en determinar si un activo con oferta independiente y liquidación digital puede complementar al oro sin introducir una volatilidad que complique la administración de reservas nacionales.

El planteamiento de Birnbaum no exige abandonar el dólar ni sustituir de inmediato los bonos del Tesoro. Su escenario contempla que las monedas nacionales continúen dominando contratos, pagos e impuestos, mientras los Gobiernos acumulen gradualmente activos neutrales para el ahorro de largo plazo, con oro y Bitcoin compartiendo eventualmente esa función.

El desenlace dependerá de la evolución de la volatilidad, la custodia institucional, la regulación y la disposición de los bancos centrales a diversificar fuera de los activos tradicionales. Por ahora, el oro conserva la ventaja en las reservas oficiales, pero Bitcoin ofrece una característica que ninguna moneda nacional puede garantizar: un calendario de emisión que no depende de las prioridades fiscales de un Gobierno.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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