Por Canuto  

El debate sobre los costos del dólar como moneda de reserva vuelve a poner a Bitcoin bajo los reflectores. Un análisis de Forbes sostiene que su oferta programada y su independencia de cualquier Estado podrían convertirlo, al menos en teoría, en un activo de reserva neutral frente al dilema de Triffin.

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  • JD Vance cuestionó si el estatus de reserva del dólar beneficia por completo a Estados Unidos, pese a reducir sus costos de endeudamiento e importación.
  • Las stablecoins respaldadas por dólares pueden aumentar la demanda de bonos del Tesoro sin resolver el conflicto entre las prioridades internas y las responsabilidades globales de la moneda estadounidense.
  • Bitcoin es presentado como una alternativa neutral porque su emisión depende del protocolo y no de la deuda, el comercio o la política fiscal de un país.

 


 

Bitcoin (BTC) vuelve a aparecer en el debate sobre el futuro del sistema monetario internacional, esta vez como una posible respuesta al conflicto que genera el dominio global del dólar.

Un comentario del colaborador de Forbes, Dave Birnbaum, retoma declaraciones de JD Vance, grabadas cuando todavía era senador de Estados Unidos, para examinar si los beneficios de emitir la principal moneda de reserva compensan las presiones que esa posición impone a la economía estadounidense.

La discusión gira alrededor del dilema de Triffin, una contradicción identificada hace más de seis décadas por el economista Robert Triffin. El planteamiento sostiene que una moneda nacional debe suministrar liquidez al resto del mundo cuando también funciona como reserva global, pero ese flujo puede entrar en conflicto con los objetivos económicos y fiscales del país emisor.

El costo interno del privilegio del dólar

Vance describió su posición como “súper heterodoxa” y cuestionó que el estatus de moneda de reserva sea necesariamente beneficioso para Estados Unidos. Según sus declaraciones, la demanda internacional de dólares permite a los consumidores estadounidenses comprar bienes extranjeros a menor precio y concede al Gobierno acceso inusualmente sencillo al endeudamiento, dos ventajas que suelen resumirse como el “privilegio exorbitante“.

Sin embargo, esa misma demanda externa puede sostener un tipo de cambio elevado, encareciendo los productos estadounidenses en otros mercados y abaratando las importaciones para los compradores locales. Birnbaum sostiene que allí aparece una tensión entre el poder adquisitivo que favorece a los consumidores y la presión que enfrentan los fabricantes y exportadores nacionales, especialmente cuando la política pública busca recuperar capacidad industrial.

El análisis vincula esa contradicción con el impulso del presidente Donald Trump para expandir la manufactura estadounidense. Los aranceles y los incentivos a la producción interna intentan aliviar parte del daño atribuido a una moneda fuerte, pero conservar la primacía del dólar mantiene la demanda internacional que contribuye a sostener esa fortaleza.

La participación del dólar en las reservas mundiales también ha cambiado gradualmente, aunque la moneda continúa dominando el sistema. El material citado por crypto.news señala que representó aproximadamente 58% de las reservas globales en 2026, frente a cerca de 72% en 2001, mientras que las stablecoins han ampliado el uso de dólares fuera de la banca corresponsal tradicional.

El dilema de Triffin desde Bretton Woods

El problema tomó forma en el sistema de Bretton Woods, establecido después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las principales monedas quedaron vinculadas al dólar y los bancos centrales extranjeros podían convertir sus tenencias en oro a USD $35 por onza. El comercio internacional necesitaba una oferta creciente de dólares, por lo que Estados Unidos debía proporcionar liquidez a otras economías.

Triffin advirtió ante el Congreso estadounidense en 1960 que esa estructura contenía una contradicción difícil de resolver. Si Estados Unidos limitaba la emisión de dólares, el mundo podía sufrir una escasez de liquidez; si continuaba suministrándolos, aumentaban las reclamaciones extranjeras sobre las reservas de oro y podía deteriorarse la confianza en la convertibilidad.

El Banco Central Europeo describió posteriormente una señal concreta de ese desequilibrio: a comienzos de la década de 1960, los pasivos monetarios estadounidenses frente a no residentes ya habían superado las tenencias de oro del país. La presión culminó el 15 de agosto de 1971, cuando el presidente Richard Nixon suspendió la conversión del dólar en oro.

Tras el fin de Bretton Woods, los tipos de cambio flotantes dejaron a los bonos del Tesoro y a otros activos denominados en dólares con un papel central en las reservas internacionales. No obstante, un documento de 2017 de Robert McCauley y Michael Bordo, publicado por el Banco de Pagos Internacionales, cuestionó que el papel global del dólar exija necesariamente déficits persistentes en la cuenta corriente estadounidense, porque los dólares pueden entrar al sistema por otros canales.

Ese trabajo no descartó la idea general de Triffin, ya que los objetivos de política interna todavía pueden chocar con las responsabilidades que surgen cuando una moneda nacional funciona como un bien público internacional. La magnitud de la demanda extranjera sigue siendo visible: un informe del Tesoro estadounidense de abril de 2026 situó las tenencias foráneas de cartera en valores de Estados Unidos en USD $35,35 billones al 30 de junio de 2025, incluidos USD $13,84 billones en deuda de largo plazo y USD $1,65 billones en deuda de corto plazo.

Las stablecoins amplían la demanda de dólares

Las stablecoins respaldadas por dólares agregaron un canal digital para que la demanda internacional llegue a activos del Gobierno estadounidense. La Ley GENIUS creó un marco federal para las stablecoins de pago y exige que los emisores calificados mantengan reservas en instrumentos líquidos, entre ellos efectivo y bonos del Tesoro de corto plazo.

Ese diseño puede convertir el crecimiento de la emisión regulada en una fuente adicional de demanda para la deuda pública. Un informe de junio sobre USDC indicó que Circle mantenía la mayor parte de sus reservas en bonos del Tesoro de corto plazo y equivalentes de efectivo, con BNY Mellon como custodio y BlackRock como administrador del Fondo de Reserva de Circle.

Los grandes administradores de activos también comenzaron a lanzar productos orientados específicamente a esas reservas. Fidelity Investments presentó en junio un fondo que invierte en efectivo, valores del Tesoro de corto plazo, acuerdos de recompra garantizados por títulos del Tesoro a un día y otros activos permitidos por el marco federal, mientras State Street anunció un producto similar durante el mismo mes.

State Street citó estimaciones de la industria que ubican la emisión mundial de stablecoins entre USD $1,9 y USD $4 billones para 2030. Para Birnbaum, esa expansión puede reforzar el uso del dólar y elevar la demanda por bonos del Tesoro, pero no elimina el conflicto de fondo, porque cada token respaldado por valores gubernamentales depende finalmente de un pasivo estadounidense.

Sustituir el dólar por otra moneda nacional tampoco resolvería automáticamente el dilema. Cualquier nuevo emisor de reserva podría enfrentar la misma presión entre proporcionar liquidez al sistema internacional y atender sus propias prioridades económicas, una dificultad que John Maynard Keynes intentó evitar al proponer una unidad supranacional llamada bancor durante las negociaciones de Bretton Woods.

Bitcoin como activo de reserva neutral

La tesis de Birnbaum presenta a Bitcoin como una estructura diferente porque su oferta no se genera mediante las políticas fiscales, comerciales o monetarias de un país específico. La emisión sigue las reglas del protocolo, la oferta circulante puede verificarse de forma independiente en la red y la propiedad puede transferirse entre jurisdicciones sin que un banco central soberano deba emitir el pasivo subyacente.

Ese argumento describe una posibilidad de largo plazo, no una realidad consolidada en las carteras oficiales. Bitcoin tiene aproximadamente 17 años de existencia y todavía enfrenta volatilidad, exigencias de custodia y una adopción soberana limitada, obstáculos relevantes para gobiernos que administran reservas destinadas a preservar liquidez y estabilidad.

El oro conserva una posición mucho más firme como activo políticamente neutral. Los datos del Consejo Mundial del Oro muestran que los bancos centrales compraron más de 1.000 toneladas métricas en 2022, 2023 y 2024, el primer período de tres años consecutivos por encima de ese nivel dentro de sus registros.

Bitcoin, no obstante, ofrece una diferencia operativa frente al metal precioso: la liquidación digital evita parte de los costos asociados con almacenamiento, transporte, seguridad y verificación física. Las grandes transferencias soberanas de oro requieren infraestructura material, mientras que la propiedad de BTC puede moverse mediante la red, aunque esa ventaja también traslada la responsabilidad hacia la seguridad de las claves y la custodia institucional.

Estados Unidos ya adoptó un paso limitado en esa dirección. Donald Trump firmó el 6 de marzo de 2025 una orden ejecutiva que creó una Reserva Estratégica de Bitcoin con BTC obtenido mediante confiscaciones de activos penales y civiles, pero el mecanismo funciona principalmente como una política de retención y no como un programa activo de compras gubernamentales.

Una revisión de la reserva publicada en junio encontró que la administración todavía no había establecido un calendario regular de adquisiciones. La orden, sin embargo, permitió al Departamento del Tesoro estudiar métodos presupuestariamente neutrales para obtener Bitcoin adicional, mientras que la Ley BITCOIN, impulsada por la senadora Cynthia Lummis, propuso construir una reserva federal de hasta 1 millón de BTC durante varios años.

El análisis no afirma que Bitcoin esté listo para sustituir al dólar o al oro en las reservas de los bancos centrales. Su propuesta es más gradual: que los dólares continúen utilizándose para contratos, pagos e impuestos, mientras los gobiernos incorporan lentamente activos neutrales para el ahorro de largo plazo, con el oro y Bitcoin ocupando potencialmente espacios complementarios.

Por ahora, las cifras oficiales reflejan una preferencia clara por el oro, cuyas compras alcanzaron 1.136 toneladas métricas en 2022, 1.037 toneladas en 2023 y aproximadamente 1.045 toneladas en 2024. Bitcoin todavía debe demostrar que puede ofrecer estabilidad, custodia segura y profundidad suficiente, pero su calendario de emisión independiente mantiene abierta una pregunta incómoda para el sistema actual: si una moneda nacional debe sostener al mundo, ¿quién protege al país emisor de las consecuencias?


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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