Por Canuto  

La baja del petróleo no ha sido suficiente para impulsar a Bitcoin en 2026. Aunque un Brent por debajo de USD $76 podría aliviar las presiones inflacionarias y abrir la puerta a recortes de tasas, la Reserva Federal mantiene un tono duro que sigue golpeando a los activos de riesgo.
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  • Bitcoin acumula una caída de 30% en 2026 y se mantiene 50% por debajo de su pico de octubre pasado.
  • El Brent retrocedió desde su máximo anual de USD $118,35 hasta ubicarse justo por debajo de USD $76 al 9 de julio.
  • La Reserva Federal sostuvo su tasa de referencia entre 3,5% y 3,75%, y varios funcionarios apoyaron futuras alzas.


La lógica tradicional del mercado sugiere que un petróleo más barato debería aliviar las presiones inflacionarias y, con ello, mejorar el entorno para activos de riesgo como Bitcoin. Sin embargo, ese vínculo no se ha traducido en un repunte para la principal criptomoneda.

El contraste es llamativo porque el crudo Brent se ubica justo por debajo de USD $76 por barril al 9 de julio. Aun así, Bitcoin sigue cotizando muy por debajo de USD $65.000, en medio de un contexto monetario que continúa siendo restrictivo.

Según explicó The Motley Fool, el mercado esperaba que una moderación en los precios energéticos ayudara a reforzar la posibilidad de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal. Esa expectativa, no obstante, chocó con el mensaje más reciente del banco central.

Para los inversionistas en criptomonedas, este episodio vuelve a poner sobre la mesa una tensión recurrente. Bitcoin puede beneficiarse de narrativas de largo plazo, pero en el corto plazo sigue muy condicionado por la liquidez global y por la política monetaria de Estados Unidos.

También deja una lección para lectores menos familiarizados con la macroeconomía. Que una variable mejore, como el petróleo, no garantiza por sí sola una mejora en el precio de Bitcoin si otros factores de mayor peso continúan presionando al mercado.

El petróleo cayó, pero el alivio no alcanzó para Bitcoin

El precio del Brent subió con fuerza luego del inicio del conflicto actual en Irán el 28 de febrero y del cierre resultante del Estrecho de Ormuz. Desde USD $72,28 el 27 de febrero, el barril avanzó 63% hasta alcanzar su máximo de 2026 en USD $118,35 el 30 de marzo.

Más adelante, la desescalada del conflicto ayudó a que el petróleo retrocediera desde esos niveles. Sin embargo, la declaración del presidente Donald Trump de que el alto el fuego ha terminado volvió a empujar los precios al alza.

Aun con ese nuevo impulso, el Brent seguía justo por debajo de USD $76 por barril al 9 de julio. En términos relativos, esa cifra luce mucho menos amenazante que los máximos observados a fines de marzo.

En teoría, un petróleo más bajo debería reducir parte de la presión inflacionaria asociada a la energía. Ese tipo de alivio suele ser interpretado como un factor que podría darle mayor margen a la Reserva Federal para bajar las tasas de interés.

En un mercado acostumbrado a responder a cambios de liquidez, muchos operadores podrían asumir que ese escenario favorecería a Bitcoin. Pero la reacción real ha sido distinta, lo que muestra que el mercado no está viendo el petróleo como una señal suficiente para anticipar una relajación monetaria.

La lectura es importante porque Bitcoin no opera en el vacío. Aunque la narrativa cripto suele enfocarse en adopción, escasez digital o descentralización, la dirección de las tasas y del apetito por riesgo sigue marcando buena parte del comportamiento de precio.

La Fed mantiene una postura dura y pesa sobre los activos de riesgo

Uno de los puntos centrales del análisis es la postura de la Reserva Federal. En su reunión de junio, el banco central dejó la tasa de referencia sin cambios dentro de un rango de 3,5% a 3,75%.

Más allá de la pausa, varios funcionarios argumentaron a favor de futuros aumentos de tasas. Esa señal fue interpretada como un mensaje duro para los mercados que esperaban una transición más clara hacia una política monetaria laxa.

El respaldo a esa posición proviene, en parte, de un mercado laboral que sigue mostrando fortaleza. A eso se suman las preocupaciones por la inflación energética, que continúan dando argumentos a quienes prefieren no aflojar la política demasiado pronto.

Para Bitcoin, el problema es directo. Como activo de alto riesgo y sin rendimiento intrínseco, suele perder atractivo cuando el dinero tiene un costo más alto y cuando los bonos o instrumentos conservadores ofrecen retornos relativamente competitivos.

En ese entorno, los inversionistas tienden a reducir asignaciones hacia activos más inciertos. Incluso si esos activos conservan un fuerte potencial alcista, la preferencia por seguridad y rendimiento inmediato puede dominar las decisiones de cartera.

Eso ayuda a explicar por qué Bitcoin ha caído 30% en 2026. También explica por qué se mantiene 50% por debajo de su pico de octubre pasado, en un retroceso que, aunque severo, no resulta inédito desde una perspectiva histórica.

El trasfondo importa porque el mercado bajista actual no surge de un problema aislado del ecosistema cripto. La presión viene, sobre todo, de un marco macroeconómico en el que la liquidez sigue restringida y la Fed no parece lista para ofrecer alivio.

El debate sobre el valor de Bitcoin sigue abierto

El artículo también plantea un punto clásico en la discusión sobre Bitcoin. A diferencia de una empresa que vende productos, genera ingresos y produce flujos de caja, la criptomoneda no encaja con facilidad en los modelos tradicionales de valoración.

Los inversionistas bursátiles suelen recurrir a métricas y métodos para calcular un valor justo. En el caso de Bitcoin, esa referencia no existe de forma equivalente, aunque muchos participantes del mercado intentan construir marcos alternativos.

Esa ausencia de un valor justo ampliamente aceptado complica la lectura del precio en el corto plazo. Cuando no hay una base consensuada de valoración, los movimientos suelen depender más del sentimiento, la liquidez y la narrativa dominante.

Por esa razón, el autor sugiere evitar la obsesión por objetivos de precio inmediatos. En cambio, plantea que una mirada de una década o más podría ser una forma más adecuada de entender el potencial del activo.

Ese enfoque no elimina la volatilidad ni las caídas abruptas. Lo que propone es que, en vez de juzgar a Bitcoin solo por su desempeño de unos meses, se le evalúe dentro de fuerzas monetarias y fiscales de más largo alcance.

Para lectores nuevos en el tema, esta distinción es clave. Una acción puede compararse con utilidades futuras, mientras que Bitcoin suele ser analizado más como un activo monetario escaso cuyo precio depende de adopción, liquidez y confianza.

La oferta monetaria aparece como la variable de fondo

Dentro de esa visión de largo plazo, el dato más importante a seguir sería la oferta monetaria, de acuerdo con el análisis citado. La referencia concreta es la expansión de la M2 en Estados Unidos desde el nacimiento de Bitcoin.

Desde enero de 2009, cuando se minó el primer bloque de Bitcoin, la oferta monetaria M2 de EE. UU. se ha expandido 178%. Esa cifra resume el aumento estructural de liquidez que ha acompañado a la economía estadounidense durante los últimos años.

El gobierno federal inyectó capital en la economía durante la crisis financiera de 2008-09 y durante la pandemia de COVID-19. Esos episodios aceleraron la expansión monetaria y reforzaron el debate sobre la pérdida de poder adquisitivo del dinero fíat.

El análisis añade que incluso fuera de períodos recesivos la oferta monetaria y la carga de deuda continúan creciendo. La razón principal serían los déficits fiscales persistentes, que no muestran señales claras de reversión estructural.

Desde esa óptica, no habría motivos para pensar que la tendencia vaya a invertirse en el futuro. Si ese patrón se mantiene, Bitcoin podría seguir beneficiándose de un entorno de liquidez más amplio a lo largo de varias décadas.

La idea central no es que el precio deba subir de inmediato. Más bien, el argumento es que el contexto monetario de largo plazo podría proporcionar una base para cotizaciones mucho más altas en el tiempo, aun si el presente sigue dominado por una Fed restrictiva.

Esa tesis, por supuesto, no garantiza resultados ni elimina el riesgo. Pero ayuda a entender por qué algunos inversionistas continúan viendo a Bitcoin como una cobertura frente a la expansión monetaria, incluso en medio de fuertes correcciones.

Entre la prudencia de corto plazo y la tesis de largo plazo

La historia reciente muestra que Bitcoin puede reaccionar con fuerza a los cambios en expectativas de tasas, inflación y crecimiento. Por eso, el hecho de que el petróleo haya bajado no alcanza por sí solo para modificar un entorno dominado por señales restrictivas de la Fed.

En ese sentido, el mercado parece estar priorizando el mensaje de política monetaria sobre el alivio parcial en energía. Mientras las tasas permanezcan elevadas y exista la posibilidad de nuevas alzas, los activos de riesgo seguirán enfrentando una valla difícil.

Al mismo tiempo, la discusión de fondo sobre Bitcoin no desaparece. Su escasez programada, combinada con una oferta monetaria fiduciaria que ha crecido 178% desde enero de 2009, sigue siendo una de las narrativas más fuertes para quienes piensan a largo plazo.

También conviene recordar que el artículo original incluye una advertencia editorial adicional. El equipo de analistas de Motley Fool Stock Advisor identificó lo que considera las 10 mejores acciones para comprar ahora, y Bitcoin no figura en esa lista.

Según ese mismo servicio, el retorno total promedio de Stock Advisor es de 929%, frente a 211% del S&P 500. Además, el texto menciona ejemplos históricos de recomendaciones en Netflix y Nvidia, acompañados por rendimientos acumulados muy superiores.

Neil Patel indicó no tener posición en ninguna de las acciones mencionadas. El texto también señala que The Motley Fool tiene posiciones en Bitcoin y lo recomienda, además de contar con una política de divulgación.

La conclusión general es menos dramática de lo que algunos esperarían. Bitcoin sigue bajo presión no porque el petróleo haya dejado de importar, sino porque la Reserva Federal todavía pesa más en la ecuación de corto plazo.

Para el inversor, eso implica separar horizontes. En el corto plazo manda la política monetaria; en el largo plazo, la tesis de escasez y expansión monetaria sigue siendo el argumento que muchos consideran decisivo.


ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.

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