Por Canuto  

Scott Bessent llega a la reunión del G20 con una agenda cargada de aranceles, sanciones contra Irán y promesas para contener los rendimientos de la deuda estadounidense, mientras sus pares cuestionan la estrategia de Washington y la estabilidad del mercado de bonos.
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  • Bessent buscará que el G20 reduzca los desequilibrios comerciales y respalde una postura más dura contra Irán.
  • Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 30 años alcanzaron su nivel más alto en 19 años, mientras la deuda pública superó los USD $40 billones.
  • China y Europa llegan enfrentadas por el crecimiento de las exportaciones chinas, y varios países rechazan que Irán domine la agenda del foro.


El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, enfrentará esta semana una prueba clave de diplomacia económica ante los ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20. La reunión, prevista para el lunes y martes en Asheville, Carolina del Norte, ocurre bajo la presión simultánea de los aranceles de la administración del presidente Donald Trump, la guerra con Irán, el cierre del estrecho de Ormuz y la inquietud creciente por el endeudamiento estadounidense.

Una agenda internacional cargada de conflictos

Bessent intentará convencer a las grandes economías de que reduzcan los desequilibrios comerciales globales, impulsen el crecimiento y corten vínculos económicos con Irán, según un reporte de Reuters. Al mismo tiempo, deberá responder a las dudas sobre la trayectoria fiscal de Estados Unidos y sobre las medidas del Tesoro para contener los rendimientos de los bonos de largo plazo, una combinación que deja poco espacio para una diplomacia rutinaria.

El encuentro también representa un intento de Washington por recuperar influencia dentro del G20 después de que Bessent rechazara el proceso del grupo el año pasado en Sudáfrica. Bajo el liderazgo estadounidense, el secretario busca reorientar el foro hacia la visión económica de la administración Trump, centrada en menos regulación, mayor producción de energía e innovación impulsada por el sector privado.

La coyuntura, sin embargo, está dominada por incertidumbres que exceden la política comercial. Los próximos movimientos arancelarios de Washington siguen sin definirse por completo, mientras la guerra comercial con Canadá, descrito como un aliado cercano, añade fricción a una relación que también tiene consecuencias para las cadenas de suministro y el crecimiento de los miembros del G20.

El conflicto con Irán ha elevado los precios de la energía y de otras materias primas, al tiempo que el cierre del estrecho de Ormuz ha drenado el crecimiento de casi todas las economías del grupo. Bessent advirtió que los países podrían enfrentar sanciones secundarias de Estados Unidos si continúan comprando petróleo iraní o facilitando transacciones con Teherán, una amenaza que puede convertir la reunión en un pulso diplomático antes que en una negociación económica.

Washington quiere endurecer la presión sobre Irán

El viernes, el Tesoro estadounidense impuso restricciones a un banco con sede en Egipto por sus vínculos con Irán a través de sucursales en Emiratos Árabes Unidos. Egipto pertenece al G20, de modo que la medida coloca a uno de los miembros del foro bajo presión directa y ofrece una muestra concreta de las consecuencias que Washington está dispuesto a aplicar mientras intenta ampliar el aislamiento financiero de Teherán.

Josh Lipsky, presidente de economía internacional del Atlantic Council, anticipó que Bessent querrá colocar a Irán en el centro de las conversaciones y promover un endurecimiento de las sanciones. Sin embargo, muchos países alrededor de la mesa preferirán discutir los aranceles, porque sus economías sufren el aumento de los costos energéticos y porque no comparten necesariamente la estrategia estadounidense frente al conflicto.

La división puede ser todavía más profunda porque el G20 reúne a Estados Unidos, China y Rusia, además de economías con intereses muy distintos en materia de energía, comercio y seguridad. El foro ha tenido dificultades para acordar medidas colectivas y, en los últimos años, ha evitado convertir las tensiones geopolíticas, incluida la guerra en Ucrania, en el centro formal de sus decisiones económicas.

Mark Sobel, antiguo funcionario del Tesoro estadounidense que negoció comunicados del G20 durante administraciones republicanas y demócratas, advirtió que los ministros no aceptarán simplemente palabras tranquilizadoras. Sobel, quien ahora preside la representación estadounidense del grupo de reflexión OMFIF sobre política monetaria, sostuvo que sus economías ya resultan perjudicadas por la guerra de Trump contra Irán y que sus gobiernos no respaldan ese conflicto.

Aranceles y desequilibrios comerciales

Los aranceles ocupan un lugar central en el esfuerzo de la administración Trump para reducir los desequilibrios comerciales globales. Un alto funcionario del Tesoro afirmó que esos desequilibrios nacen de políticas económicas gubernamentales que distorsionan los mercados e impiden una competencia justa, argumento que Washington llevará a las discusiones de Asheville como una de sus principales prioridades.

Después de que la Corte Suprema anuló en febrero los amplios aranceles globales impuestos por Trump bajo una ley de emergencias nacionales, la administración comenzó a reconstruir sus gravámenes con diferentes autoridades legales. En julio, todos los países del G20 y la Unión Europea estuvieron entre las 60 economías golpeadas con aranceles estadounidenses de 10% o 12,5%, bajo la acusación de no aplicar adecuadamente las prohibiciones contra el trabajo forzado.

Además, 16 de los principales socios comerciales de Estados Unidos, más de la mitad de ellos miembros del G20, esperan posibles aranceles adicionales para contrarrestar una supuesta capacidad industrial excesiva. Esa investigación comercial separada amplía el alcance de la disputa y complica cualquier intento de que Washington presente sus medidas como una solución limitada a desequilibrios específicos.

Los funcionarios europeos llegan con un reclamo propio: quieren discutir la creciente ola de exportaciones chinas que amenaza a industrias de la Unión Europea, incluida la automotriz. Con una demanda interna crónicamente débil, China ha reforzado sus ventas externas de vehículos eléctricos, semiconductores y otros bienes, y sus exportaciones totales crecieron 23,9% interanual en julio.

Los altos aranceles estadounidenses y la prohibición total de vehículos chinos han desviado una mayor presión exportadora hacia Europa, donde aumentan los llamados para imponer restricciones más severas a las importaciones procedentes de China. Pekín, no obstante, ha mostrado poco interés en reducir sus subsidios industriales o reequilibrar su economía desde las exportaciones hacia el consumo interno, mientras el Fondo Monetario Internacional estima que el yuan está subvaluado en 21%.

La deuda estadounidense inquieta a los mercados

Los economistas señalan que la discusión sobre los desequilibrios comerciales no puede concentrarse únicamente en China. Estados Unidos también tendría que reducir de manera importante sus déficits fiscales para frenar la demanda de importaciones, pero la administración ha mostrado poco interés en presentar ese ajuste como la otra cara de su estrategia comercial.

La deuda pública total de Estados Unidos superó los USD $40 billones el 19 de agosto, después de duplicarse desde 2017 durante el primer mandato de Trump, la presidencia de Joe Biden y el actual mandato de Trump. El dato llega cuando los mercados observan con mayor nerviosismo la evolución futura de las obligaciones del gobierno estadounidense y el costo que tendría financiarlas durante los próximos años.

Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 30 años alcanzaron en agosto su nivel más alto en 19 años, una señal de que los inversionistas exigen una mayor compensación ante los riesgos asociados con la inflación, la oferta de deuda y la sostenibilidad fiscal. Bessent sorprendió entonces al anunciar que duplicaría las recompras programadas de bonos de largo plazo, hasta USD $4.000 millones por operación, una decisión que enfrió brevemente los rendimientos.

La medida recibió críticas de Stanley Druckenmiller, antiguo mentor de Bessent en Wall Street, y provocó inquietud entre banqueros centrales que temen una intervención más activa del Tesoro en un mercado conocido por su emisión regular y predecible. La preocupación no se limita al resultado inmediato sobre las tasas, sino a la posibilidad de que las recompras alteren las expectativas sobre el funcionamiento habitual del mercado de deuda estadounidense.

Consultado sobre cómo abordaría Bessent esas preocupaciones ante sus pares del G20, un alto funcionario del Tesoro dijo que los rendimientos de largo plazo habían subido por encima de lo que Washington considera su valor justo. El funcionario añadió que el Tesoro está comprometido con reducir los rendimientos, una postura que buscará transmitir confianza, aunque difícilmente elimine las preguntas sobre el déficit y el tamaño de las futuras emisiones.

Intervenciones en bonos y monedas

Las tácticas correctivas atribuidas a Bessent no se han limitado al mercado de deuda. La política del Tesoro también se extendió a monedas del G20, con una intervención conjunta de Estados Unidos y Japón el 1 de agosto para apoyar al yen, además de compras de pesos argentinos realizadas en octubre de 2025.

Estas operaciones alimentan el debate sobre hasta dónde debe llegar Washington para estabilizar mercados considerados estratégicos. Para algunos gobiernos, la intervención puede aliviar movimientos desordenados en el corto plazo; para otros, plantea dudas sobre la previsibilidad de la política estadounidense y sobre la posibilidad de que el Tesoro use su influencia para modificar precios financieros.

La reunión de Asheville será, por tanto, una prueba doble para Bessent: tendrá que defender la agenda comercial y geopolítica de su gobierno, mientras ofrece garantías sobre la deuda y los mercados. Sus interlocutores no solo evaluarán sus argumentos, sino también si las acciones de Washington son coherentes con el llamado a una competencia justa y con la promesa de recuperar estabilidad económica global.

El funcionario del Tesoro sostiene que la estrategia estadounidense para promover un mayor crecimiento descansa en menos regulación, más producción energética e innovación privada. Esa visión busca devolver al G20 a sus raíces como foro económico, después de que Sudáfrica priorizara la crisis climática y Brasil impulsara en 2024 propuestas para elevar los impuestos a las personas ricas.

El G20 nació como un foro de líderes durante la crisis financiera global de 2008, con el objetivo de coordinar respuestas que pusieran fin a la recesión más profunda desde la década de 1930. Su última gran acción colectiva ocurrió durante la crisis de COVID-19, cuando sus miembros acordaron inyectar otros USD $5 billones a la economía global para combatir la pérdida de empleos e ingresos.

La pregunta ahora es si un grupo tan diverso podrá recuperar esa capacidad de coordinación mientras enfrenta guerras, sanciones, barreras comerciales y una deuda estadounidense en máximos históricos. La reunión puede ofrecer acuerdos parciales sobre crecimiento y desequilibrios, pero la agenda de Washington corre el riesgo de encontrar más resistencia que consenso.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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