Por Canuto  

Bernie Sanders y Mark Takano volvieron a presentar una iniciativa que reduciría gradualmente el umbral de horas extra de 40 a 32 por semana, en un momento en que la inteligencia artificial promete elevar la productividad, pero también amenaza con desplazar empleos.
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  • La Ley de la Semana Laboral de Treinta y Dos Horas reduciría gradualmente el umbral federal de horas extra hasta 32 horas semanales.
  • La propuesta impediría recortar salarios semanales o beneficios por efecto del cambio, aunque permitiría jornadas más largas con pago adicional.
  • Un análisis estima que la productividad de la IA podría permitir una semana laboral de 32 horas para 35 millones de trabajadores estadounidenses en una década.

 


Bernie Sanders y el representante de California Mark Takano volvieron a presentar en Estados Unidos una iniciativa para reducir la semana laboral estándar de los empleados no exentos de 40 a 32 horas. La propuesta, conocida como Thirty-Two Hour Workweek Act, busca que los aumentos de productividad asociados con la inteligencia artificial y la robótica se traduzcan en más tiempo libre para los trabajadores, en lugar de concentrarse únicamente en las ganancias de grandes empresas y multimillonarios.

El proyecto no garantizaría automáticamente un fin de semana de tres días para todos los estadounidenses, porque permitiría a los empleadores mantener jornadas más extensas siempre que paguen horas extra por encima del nuevo umbral. Según Fortune, la iniciativa comenzaría a aplicarse al menos seis meses después de su promulgación y reduciría gradualmente el límite de horas extra hasta llegar a 32 horas semanales al cabo de cuatro años.

Una propuesta laboral vinculada con la inteligencia artificial

Sanders ha defendido que el avance de la inteligencia artificial debe aliviar la carga del trabajo estadounidense, especialmente cuando las empresas compiten por producir más bienes y servicios con menos empleados. En el anuncio de la iniciativa, sostuvo que las ganancias financieras de esta tecnología deben beneficiar a las familias trabajadoras y no solo a un grupo reducido de directores ejecutivos y multimillonarios.

La propuesta aparece en un momento de fuerte expansión de las herramientas de IA generativa, capaces de automatizar tareas de redacción, análisis, programación y atención al cliente. Para sus impulsores, ese incremento de eficiencia plantea una decisión política: las compañías pueden convertir la productividad adicional en despidos y mayores márgenes, o repartir parte de ese beneficio mediante jornadas más cortas sin reducir la remuneración semanal ni las prestaciones.

Un análisis realizado en 2026 por la socióloga Juliet Schor, del Boston College, para el Political Economy Research Institute de la Universidad de Massachusetts Amherst, estimó que los avances de productividad impulsados por la IA podrían permitir una semana de 32 horas para 35 millones de trabajadores estadounidenses dentro de una década. Esa cifra equivaldría al 28% de la fuerza laboral del país, aunque se trata de una estimación sobre el potencial económico y no de una garantía de adopción empresarial.

Takano argumentó que las normas laborales estadounidenses no han seguido el ritmo de casi nueve décadas de transformación tecnológica. A su juicio, los teléfonos celulares, internet y ahora la IA han aumentado la productividad, por lo que el marco regulatorio debería actualizarse para reflejar cómo cambió el trabajo desde la consolidación de la semana de 40 horas.

Cómo cambiarían las horas extra

La iniciativa modificaría de forma gradual el punto a partir del cual los empleados cubiertos reciben pago adicional. Los empleadores todavía podrían programar semanas superiores a 32 horas, pero tendrían que pagar horas extra por el tiempo que exceda ese límite y no podrían reducir la compensación semanal ni los beneficios de los trabajadores afectados para compensar el cambio.

El proyecto también establecería el pago de horas extra después de ocho horas trabajadas en un mismo día y una remuneración doble después de 12 horas. La legislación federal vigente generalmente exige a los empleadores pagar tiempo y medio a los trabajadores no exentos cubiertos solo cuando superan las 40 horas semanales, sin establecer un requisito federal general de pago adicional por horas extra diarias.

La reducción no se aplicaría de inmediato desde 40 hasta 32 horas, sino mediante un proceso escalonado que comenzaría después de la entrada en vigor de la ley. El umbral bajaría progresivamente durante cuatro años, una fórmula diseñada para dar tiempo a las empresas a reorganizar turnos, presupuestos y niveles de personal antes de afrontar plenamente el nuevo estándar.

La versión original del proyecto fue presentada por Takano en 2021, mientras que Sanders impulsó una iniciativa similar en el Senado durante 2024. El senador ha descrito la reducción de la jornada como el siguiente capítulo de una lucha laboral que comenzó mucho antes de la llegada de las computadoras personales, la automatización avanzada y los sistemas de inteligencia artificial.

Una disputa que comenzó hace más de un siglo

La referencia histórica de Sanders incluye a Eugene V. Debs, uno de los defensores estadounidenses de la reducción de la jornada laboral. En su ensayo de 1890, Eight-Hour Day A Righteous Demand, Debs presentó la jornada de ocho horas como una cuestión de dignidad básica, en una época en que muchos trabajadores cumplían turnos de 12 horas durante seis o siete días de la semana.

La comparación también muestra que las conquistas laborales no siempre redujeron de inmediato todos los días trabajados, sino que primero establecieron nuevos límites sobre la duración de cada jornada. En 1926, Ford Motor Company se convirtió en uno de los primeros grandes empleadores estadounidenses en adoptar una semana de cinco días y 40 horas para sus trabajadores fabriles.

El Congreso consolidó posteriormente ese estándar mediante la Fair Labor Standards Act, firmada en 1938. La ley estableció inicialmente una semana de 44 horas y redujo gradualmente el límite hasta 40 horas en 1940, creando la referencia que todavía estructura buena parte del sistema de pago de horas extra en Estados Unidos.

Los defensores de la reforma sostienen que esa referencia ya no refleja la relación entre productividad y remuneración. Datos del Economic Policy Institute citados en el debate muestran que, desde 1979, la productividad neta aumentó aproximadamente 90%, mientras que el salario por hora de los trabajadores típicos creció alrededor de 33%, una diferencia que alimenta los argumentos a favor de repartir parte de la eficiencia acumulada mediante más tiempo libre.

Beneficios potenciales y obstáculos políticos

La defensa de una jornada más corta no depende únicamente de proyecciones sobre la IA. Un estudio realizado en seis países por Wen Fan y Juliet Schor, sociólogos del Boston College, junto con el grupo de incidencia 4 Day Week Global, siguió a casi 2.900 trabajadores de 141 empresas que redujeron sus horarios en aproximadamente cinco horas semanales.

Después de seis meses, los participantes reportaron menos agotamiento, además de mejoras en su salud física y mental, satisfacción laboral y capacidad para desempeñar sus funciones. Estos resultados describen la experiencia de empresas que participaron en un esquema de reducción horaria y no demuestran por sí solos que una obligación federal produciría los mismos efectos en todos los sectores o tamaños de compañía.

La transición desde experimentos voluntarios hasta una norma nacional constituye uno de los principales desafíos de la propuesta. Durante una audiencia de 2024 dedicada a una versión anterior del proyecto de Sanders, el senador de Louisiana Bill Cassidy argumentó que los costos laborales adicionales podrían elevar los precios y amenazar a empresas con márgenes reducidos.

El debate legislativo enfrentará la promesa de una distribución más equitativa de la productividad tecnológica con las preocupaciones empresariales sobre precios, contratación y viabilidad financiera. El avance de la iniciativa dependerá de su recorrido en el Congreso y de la capacidad de sus impulsores para responder a esas objeciones.

Para Sanders, la pregunta central no es si la IA modificará la economía, sino quién capturará los beneficios de ese cambio. El proyecto de ley plantea que una parte de esas ganancias pueda convertirse en descanso, menor agotamiento y más tiempo personal, aunque su avance legislativo dependerá de superar las objeciones sobre costos y de demostrar que una semana laboral más corta puede funcionar más allá de los programas voluntarios.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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