Un informe contabilizó USD 137 millones en anuncios de campaña elaborados, al menos parcialmente, con inteligencia artificial antes de las elecciones intermedias de 2026 en Estados Unidos. La expansión de estos videos, muchos sin aviso explícito, abre un nuevo frente de preocupación por la desinformación y la confianza de los votantes.
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- El Wesleyan Media Project detectó 220 videos de campaña con IA y más de USD 137 millones en gastos hasta el 11 de octubre.
- Las campañas republicanas y sus comités de acción política concentraron el 81% de los anuncios y el 88% del gasto.
- Más del 70% de los videos no incluía una divulgación sobre el uso de IA, según el informe.
🚨 La publicidad política con IA supera los USD 137 millones en EE.UU.
Un informe detectó 220 videos de campaña hasta el 11 de octubre.
Más del 70% no divulgó el uso de IA. Campañas republicanas y comités afines concentraron el 88% del gasto. pic.twitter.com/4FUp2rkOmf
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 21, 2026
Un salto acelerado en el gasto electoral
La inteligencia artificial pasó de tener una presencia casi imperceptible en la publicidad política de Estados Unidos a convertirse en una partida de nueve cifras en apenas un ciclo electoral. Un informe del Wesleyan Media Project, grupo de investigación vinculado a la Universidad de Wesleyan, contabilizó más de USD 137 millones en gastos asociados con 220 videos de campaña realizados, al menos en parte, mediante IA hasta el 11 de octubre, antes de las elecciones intermedias de 2026. El cambio resulta especialmente marcado frente a 2024, cuando el mismo proyecto detectó menos de USD 50.000 en anuncios generados con estas herramientas.
Travis Ridout, codirector del proyecto y profesor de ciencias políticas en la Universidad Estatal de Washington, calificó la cifra como elevada y destacó el contraste con el ciclo anterior. Para el investigador, el dato no solo refleja la importancia de la contienda electoral en curso, sino también la rapidez con que la IA se incorporó a la producción de contenido político. La tecnología puede intervenir en distintos grados, desde reemplazar imágenes de apoyo, como un apretón de manos, hasta alterar la apariencia de un candidato.
La cifra del informe reúne piezas que contienen algún uso de inteligencia artificial, por lo que no implica que los 220 videos se hayan creado enteramente con sistemas generativos. Esa distinción importa: una campaña puede usar IA para modificar un fragmento o producir una escena completa, y ambas prácticas quedan dentro de la categoría amplia analizada. El crecimiento del gasto muestra que los partidos y los comités electorales ya consideran estas herramientas parte de su repertorio de comunicación, aunque su adopción también plantea preguntas sobre transparencia y límites.
La discusión no se limita a la novedad tecnológica, sino que involucra la capacidad de los votantes para identificar cuándo una imagen o una voz fueron alteradas. Según el informe, más del 70% de los videos políticos con IA no incluía un aviso de divulgación que indicara el uso de esa tecnología. La ausencia de una advertencia no demuestra por sí sola que cada pieza busque engañar, pero dificulta que el público evalúe el contexto y la autenticidad de lo que ve.
Videos fabricados y riesgos para el debate
La carrera al Senado por Texas ofrece uno de los ejemplos más visibles de la controversia. Un anuncio de la campaña del republicano Ken Paxton mostró una representación generada con IA del demócrata James Talarico escribiendo en una Biblia con crayones y pronunciando un monólogo inventado sobre Dios y el género. Talarico respondió que había intentado impulsar legislación para prohibir los deepfakes de IA, a los que calificó de engañosos, y sostuvo que el anuncio difundía mentiras sobre un candidato.
El caso ilustra cómo estas piezas pueden cruzar la frontera entre una representación satírica y una escena fabricada que atribuye palabras o acciones a una persona real. El anuncio no es una grabación auténtica, sino una representación generada con IA; aun así, su circulación puede exigir que el candidato aludido dedique tiempo y recursos a refutar lo que aparece en pantalla. Ridout advirtió que esa dinámica puede desplazar el debate sobre propuestas y plataformas.
El investigador también alertó sobre un efecto más amplio: incluso cuando los electores reconocen que un video fue generado o manipulado mediante IA, todavía pueden verse influidos por la desinformación que contiene. En otros casos, la repetición de contenido artificial puede aumentar la desconfianza hacia los candidatos y hacia la información política en general. Ridout describió el riesgo de que los votantes concluyan que ya no saben en qué creer y, por ello, decidan no creer en nada.
Ese escepticismo puede complicar la evaluación de afirmaciones electorales, porque las personas necesitan distinguir entre una crítica legítima, una edición engañosa y una escena enteramente fabricada. La preocupación no se agota en que un video falso cambie el voto de una persona, sino que incluye la posibilidad de erosionar la confianza en cualquier material audiovisual. En ese escenario, los candidatos podrían gastar más tiempo respondiendo a contenidos engañosos, mientras los votantes encuentran más difícil basar sus decisiones en hechos verificables.
La política partidista y las actitudes ante la IA
El informe atribuye a campañas republicanas o comités de acción política vinculados con ese partido el 81% de los anuncios identificados y el 88% del gasto. Ridout relacionó esa concentración con una disposición más favorable de los republicanos hacia la tecnología, y mencionó el respaldo expresado por líderes del partido, incluido el presidente Donald Trump, a la expansión de la infraestructura de IA. Esa asociación, sin embargo, no significa que todos los votantes republicanos aprueben cada uso político de la tecnología.
La adopción electoral de herramientas nuevas suele ser gradual, explicó Ridout, porque las campañas sopesan posibles objeciones éticas y la reacción de sus propias bases. Aunque las capacidades de video generativo llevan un par de años disponibles, su uso en publicidad política ha crecido con rapidez en este ciclo. La diferencia entre disponibilidad técnica y adopción masiva ayuda a entender por qué la inversión actual destaca frente al gasto casi nulo observado en 2024.
Las actitudes hacia la IA tampoco se reducen a una división partidista sencilla. Una encuesta de Gallup citada en la información encontró que el 70% de los estadounidenses se opone a la construcción de centros de datos en su zona, con oposición del 75% entre demócratas y del 63% entre republicanos. En Sugarloaf Township, una comunidad rural de Pensilvania, las protestas contra esos proyectos reunieron a personas que, según un manifestante citado por Fortune, podían discrepar en otros asuntos y aun así encontrar una causa común.
Ese contraste puede influir en cómo los votantes reciben los anuncios generados con IA, aunque la oposición a centros de datos no equivale automáticamente a un rechazo de toda aplicación de la tecnología. Las percepciones cambian según el uso y el impacto local que las personas atribuyen a la IA. Por eso, el respaldo político general a su infraestructura no garantiza que los mensajes de campaña que la emplean sean bien recibidos, ni que la afiliación partidista prediga por completo la reacción del público.
Una herramienta más barata, pero aún en evaluación
La proliferación de estos anuncios también puede ofrecer ventajas prácticas para campañas con presupuestos más limitados. Ridout señaló que la IA reduce la necesidad de grabar imágenes de apoyo o filmar en distintas locaciones, lo que permite producir videos con menos recursos y obtener exposición que, de otro modo, podría quedar fuera de alcance. Ese ahorro potencial ayuda a explicar el atractivo de la tecnología, aunque no resuelve las preocupaciones sobre la veracidad o la divulgación de las piezas.
Algunos anuncios, además, muestran que las campañas todavía están experimentando con el modo de usar la IA y con el mensaje que quieren transmitir. Ridout mencionó una pieza generada con esta tecnología por Stacy Garrity, candidata republicana a gobernadora de Pensilvania, que representaba al gobernador demócrata Josh Shapiro elogiando su respaldo a los centros de datos de IA. La aparente paradoja consiste en emplear IA para criticar a un candidato por apoyar una infraestructura vinculada con esa misma tecnología.
A diferencia de muchos otros videos identificados, ese anuncio sí revelaba su origen y comenzaba con una frase que agradecía a los grandes centros de datos por hacer posible su creación. La divulgación convierte el ejemplo en una muestra de que la transparencia puede formar parte del recurso creativo, aunque también deja en evidencia que las prácticas no son uniformes entre campañas. Según Ridout, todavía hay actores políticos tratando de entender cómo integrar la IA y qué efecto tendrá en la audiencia.
El escenario que describen estos datos combina un mercado publicitario en rápida expansión con reglas y hábitos de uso que aún no parecen consolidados. La cifra de gasto registra la escala de la adopción, mientras la falta de avisos en la mayoría de los videos pone el foco en la información que reciben los votantes. Para las campañas, el reto inmediato será aprovechar la eficiencia de estas herramientas sin agravar la confusión que, según Ridout, puede hacer más difícil decidir con base en hechos.
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