Por Canuto  

Un informe de Anthropic sostiene que los robots ya tienen capacidad técnica para realizar el 74% de las tareas físicas en Estados Unidos, pero solo resultan más baratos que los trabajadores en el 0,3% de las tareas analizadas. La diferencia entre lo que pueden hacer las máquinas y lo que cuesta desplegarlas concentra el debate sobre el impacto laboral de la automatización.
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  • El análisis cubre casi 900 ocupaciones y estima que las tareas físicas representan el 46% del tiempo laboral total.
  • La automatización robótica sería hoy competitiva en costos para apenas el 0,3% de las tareas; el informe traduce esa proporción en unos 300.000 trabajadores potencialmente reemplazables por completo bajo las condiciones actuales.
  • Conductores y trabajadores de almacén figuran entre los más expuestos, mientras que la enfermería y el mantenimiento aparecen menos expuestos por ahora.


Robots capaces de hacer más tareas aún chocan con el costo, según Anthropic

La capacidad técnica no garantiza un reemplazo

Los robots podrían realizar cerca de tres cuartas partes de las tareas físicas que hoy llevan a cabo trabajadores en Estados Unidos, pero esa capacidad no significa que las empresas puedan reemplazar personas de forma rentable. Un informe de Anthropic calculó que las máquinas solo son más competitivas que los trabajadores en costos para el 0,3% de las tareas analizadas, una brecha que pone el precio en el centro del debate sobre automatización.

El estudio, titulado What work can robots do?, apareció el 30 de septiembre de 2026 y construye un índice de exposición robótica para medir qué labores pueden asumir las máquinas disponibles actualmente. Para elaborarlo, sus autores desglosaron casi 900 ocupaciones de Estados Unidos en tareas individuales a partir de datos ocupacionales de O*NET, con el objetivo de distinguir la capacidad técnica de la posibilidad práctica de sustituir mano de obra.

Según el informe, los robots pueden encargarse del 74% de las tareas físicas identificadas, una proporción equivalente a cerca del 34% de todas las horas de trabajo de la economía estadounidense. Esa cifra no significa que puedan automatizar el 74% de los empleos completos: el cálculo se refiere a tareas físicas específicas, mientras que cada ocupación suele combinar actividades distintas y puede requerir capacidades que las máquinas no ofrecen.

El alcance del cálculo también tiene límites de entorno. Anthropic señala que buena parte de las tareas técnicamente posibles para los robots ocurre en espacios estructurados o diseñados expresamente para facilitar su operación, condiciones que no describen todos los lugares de trabajo. Por eso, la aptitud para ejecutar una tarea en un entorno controlado no debe confundirse con la posibilidad de llevarla a cabo en cualquier empresa o situación.

El precio marca la diferencia

El costo es la principal barrera que separa la disponibilidad técnica de la adopción comercial, de acuerdo con el análisis. Aunque una máquina pueda completar una tarea, una empresa tiene menos incentivos para sustituir a una persona si la compra, operación y despliegue del robot cuestan más que mantener el trabajo humano, una distinción que transforma la discusión sobre automatización en una pregunta económica además de tecnológica.

El informe estima que hoy los robots son competitivos en costos para apenas el 0,3% de las tareas laborales consideradas. Sus autores traducen esa proporción en unos 300.000 trabajadores que podrían ser reemplazados por completo mediante automatización en las condiciones actuales, una cifra pequeña frente al conjunto de la economía, aunque relevante para las ocupaciones y personas concentradas en ese margen de sustitución.

La proyección temporal del estudio también sugiere que el avance podría ser lento si los costos de los robots continúan cayendo al ritmo histórico utilizado en el cálculo. Bajo esa premisa, la fracción de tareas en las que competirían económicamente con trabajadores llegaría al 10% en aproximadamente 40 años, y alcanzar ese umbral requeriría una reducción del 70% en los costos robóticos.

Ese horizonte no es una fecha garantizada ni una predicción que descarte cambios más rápidos. El propio análisis plantea que una caída de precios superior a la tendencia histórica acortaría el plazo, de modo que el tiempo necesario para ampliar la automatización dependerá de cómo evolucionen los costos. La diferencia entre capacidad y precio, por tanto, puede cambiar si la tecnología se abarata con mayor rapidez.

Conductores y trabajadores de menor salario, más expuestos

La exposición a los robots varía considerablemente entre ocupaciones y perfiles laborales. El informe describe a los trabajadores más expuestos como predominantemente hombres, con menor nivel educativo y salarios más bajos; el dato no implica que cada persona de esos grupos vaya a perder su empleo, pero sí señala dónde se concentra la posibilidad técnica de automatización según el índice utilizado.

Los operadores de vehículos dominan la parte superior de la clasificación: nueve de las diez ocupaciones con mayor exposición pertenecen a esa categoría. Los conductores de taxi encabezan la lista, con una puntuación de 2,2 en el índice de exposición robótica, mientras que los trabajos de almacén también aparecen entre los afectados con mayor intensidad.

La diferencia de ingresos entre los grupos medidos por el informe resulta marcada. Los trabajadores con alta exposición ganan alrededor de USD 23 por hora, frente a unos USD 53 por hora entre quienes no están expuestos, una brecha que pone de relieve que el impacto potencial no se distribuye de manera uniforme entre los niveles salariales.

En el extremo de menor exposición aparecen ocupaciones que requieren habilidades interpersonales avanzadas o capacidad física para desenvolverse en entornos no estructurados. El informe menciona la enfermería y el mantenimiento como ejemplos de trabajos menos propensos a ser automatizados en el futuro cercano, aunque esa clasificación describe una exposición relativa y no asegura que dichas ocupaciones queden al margen de cambios tecnológicos.

Qué mide el porcentaje y qué no permite concluir

El 74% puede llamar la atención porque parece indicar que casi todo el trabajo estaría a punto de pasar a manos de máquinas, pero el informe se refiere exclusivamente a tareas físicas. Estas representan el 46% del tiempo total de trabajo, por lo que el cálculo no cubre por sí solo las actividades cognitivas e interpersonales que completan las jornadas laborales.

Ese límite importa al interpretar la exposición de una ocupación. Un robot puede ejecutar una parte física del trabajo sin hacerse cargo de la totalidad de las responsabilidades asociadas al puesto, y la medición por tareas no equivale automáticamente a una estimación de despidos. El análisis ofrece una herramienta para comparar capacidades, no una cuenta de empleos que desaparecerán de manera inmediata.

También importa el tipo de lugar donde se realiza la tarea. Los ambientes estructurados o construidos para la operación robótica facilitan que una máquina repita movimientos y procedimientos, mientras que una actividad física en condiciones menos previsibles puede exigir capacidades diferentes. La distancia entre ambos escenarios ayuda a explicar por qué una tarea técnicamente alcanzable no se vuelve necesariamente una solución desplegable y económica.

Por eso, el informe plantea una lectura distinta del temor a que los robots ocupen puestos de trabajo: antes de preguntarse únicamente qué pueden hacer, conviene considerar si una empresa puede pagarlos para hacerlo. La capacidad técnica ya abarca una parte considerable de las tareas físicas, pero el costo actual restringe su competitividad, y el abaratamiento será decisivo para medir cualquier ampliación de esa frontera.

La brecha tendrá efectos desiguales

La concentración de la exposición en trabajadores de salarios más bajos plantea una preocupación distributiva, incluso si la automatización económica sigue limitada por ahora. Si los costos disminuyen y más tareas pasan a ser competitivas, las consecuencias podrían sentirse primero en sectores y perfiles que ya aparecen con mayor puntuación en el índice, en lugar de repartirse por igual entre todas las ocupaciones.

El transporte merece atención particular dentro de ese escenario porque nueve de las diez ocupaciones más expuestas corresponden a operadores de vehículos. El informe no afirma que todos esos empleos vayan a desaparecer ni ofrece una fecha para un reemplazo generalizado, pero muestra que la diferencia entre capacidad robótica y costo tendría especial relevancia en esa categoría si se reduce la barrera económica.

Para trabajadores y empresas, las cifras también invitan a separar el potencial de largo plazo de la situación presente. Los aproximadamente 300.000 trabajadores que el estudio considera completamente reemplazables por costo representan una porción reducida de la economía, mientras que el 74% refleja el alcance técnico de los robots sobre las tareas físicas, no una transformación laboral consumada.

La conclusión central es que la automatización no depende solo de que una máquina pueda realizar una actividad, sino de que hacerlo resulte económicamente viable y funcione en el entorno donde se necesita. Con la estimación de 0,3% de tareas competitivas en costos hoy y una posible llegada al 10% en unos 40 años bajo tendencias históricas, el precio aparece como el factor que decidirá cuánto de esa capacidad llegará realmente al mercado laboral.


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