Por Canuto  

Un curso de exorcismo en Roma encendió un nuevo debate sobre los riesgos de la inteligencia artificial. Sacerdotes e investigadores vinculados a la Iglesia católica advierten que grupos satánicos y redes ocultistas podrían estar usando herramientas generativas para crear imágenes rituales, esconder contenido en internet y comunicarse con mayor sigilo.

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  • El padre Luis Ramírez Almanza afirmó que la IA es una fuerza para el bien y el mal, y que podría usarse para la adoración del diablo.
  • El curso en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum reunirá a unos 170 participantes, incluidos sacerdotes, rabinos, imanes y pastores evangélicos.
  • Voceros del Vaticano y expertos ligados a la Iglesia alertan también sobre riesgos más amplios de la IA, como desinformación, propaganda y sistemas fuera de control humano.

 


La inteligencia artificial (IA) ha entrado en casi todos los debates públicos relevantes de los últimos años, desde el empleo y la privacidad hasta la seguridad y la desinformación. Ahora, también aparece en un terreno menos habitual: el de la guerra espiritual y el exorcismo.

En Roma, un curso de formación sobre exorcismo organizado en una universidad afiliada al Vaticano pondrá este año un énfasis especial en el posible uso de herramientas de IA por parte de grupos satánicos y redes ocultistas. La advertencia fue presentada por el padre Luis Ramírez Almanza, sacerdote mexicano que dirige esta capacitación anual.

Según explicó, la tecnología no sería un actor espiritual en sí misma, sino un multiplicador de capacidades humanas. Bajo esa lógica, la IA puede emplearse con fines positivos, pero también para ampliar actividades asociadas a culto ocultista.

El evento se celebrará en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum bajo el nombre de Curso sobre el Ministerio del Exorcismo y la Oración de Liberación. La convocatoria reúne a cerca de 170 participantes interesados en profundizar su conocimiento sobre exorcismo y oración de liberación desde un enfoque interdisciplinario.

Ramírez Almanza declaró en una rueda de prensa que “la inteligencia artificial es un gran poder, una fuerza tanto para el bien como para el mal, y por lo tanto puede usarse para la adoración del diablo”. Este año, además, la convocatoria no se limita al clero católico, ya que incluye la invitación a rabinos, imanes y predicadores evangélicos.

Ese componente interreligioso destaca por plantear otra una lectura del fenómeno tecnológico, donde la IA erige como una herramienta que podría servir a comunidades marginales para producir contenido, coordinarse mejor y operar con menor exposición pública.

Qué se sabe sobre las alertas presentadas en Roma

Entre los ponentes del curso figura el padre Fortunato Di Noto, un sacerdote siciliano conocido por su trabajo contra el abuso sexual infantil. Su intervención apunta a una de las preocupaciones más delicadas expuestas en la cobertura: la posibilidad de que ciertos grupos estén usando sistemas generativos para producir imágenes de niños implicados en supuestos ritos satánicos.

Di Noto afirmó que “creemos que estos grupos están usando IA para generar imágenes de niños involucrados en ritos satánicos”. Añadió que el uso de menores resulta atractivo para esos entornos porque representa una forma de ejercer poder “sobre los inocentes”.

Otro de los focos de alerta tiene que ver con el ocultamiento de actividad en internet. David Murgia, responsable de Catholic Risk and Insurance Services, sostuvo que la policía les ha advertido que grupos satanistas estarían usando IA para esconder contenido en línea y para comunicarse entre sí de formas más difíciles de detectar.

La preocupación, por tanto, no se limita a la producción de imágenes. También abarca la capacidad de estas herramientas para facilitar anonimato, codificación visual, generación rápida de símbolos y circulación de mensajes dentro de comunidades cerradas.

En esa línea, otra ponente mencionada en la cobertura es la académica Beatrice Ugolini, quien abordará cómo grupos ocultistas en Italia usan IA para generar símbolos empleados en sus rituales. En el reporte de The Times también se indicó que en Italia se cree que existen 263 grupos ocultistas.

La discusión resulta relevante incluso para lectores alejados del debate religioso. En entornos digitales, la IA generativa ya ha demostrado su utilidad para producir imágenes convincentes, alterar materiales, automatizar propaganda y dificultar la trazabilidad de contenidos sensibles.

El curso no convierte automáticamente a nadie en exorcista

Uno de los puntos aclarados por la cobertura es que asistir a este curso no convierte a los participantes en exorcistas oficiales. Dentro de la Iglesia católica, esa autorización sigue dependiendo de un obispo diocesano, de acuerdo con el Derecho Canónico.

La universidad explica que el objetivo es ofrecer una formación seria para profundizar el conocimiento sobre el ministerio del exorcismo y la oración de liberación. También se busca ayudar a diferenciar posibles crisis espirituales de problemas de salud mental, estafas o pánico alimentado por internet.

Esa distinción es importante porque el debate sobre posesión, sugestión, manipulación y creencias extremas suele mezclarse con fenómenos psicológicos, sociales y criminales. El curso intenta presentarse como un espacio de análisis riguroso y no solo como una formación ritual.

En la presentación pública del evento, Ramírez Almanza estuvo acompañado por una mujer que habló sobre una supuesta posesión diabólica que la hacía hablar en árabe, idioma que nunca había aprendido. Los exorcistas sostienen que personas poseídas a veces hablan latín, hebreo o arameo, además de mostrar gran fuerza física y aversión a la cruz.

Más allá de la interpretación religiosa de estos testimonios, el curso refleja una preocupación institucional más amplia: cómo responder cuando tecnologías emergentes permiten escalar la manipulación simbólica, la identidad falsa y la circulación de materiales perturbadores.

En ese sentido, la IA aparece no como reemplazo de viejas prácticas, sino como una nueva capa de sofisticación. Los grupos más extremos pueden aprovecharla para producir materiales visuales, reforzar narrativas y esconder mejor sus rastros digitales.

Las advertencias del Vaticano sobre la IA van mucho más allá del exorcismo

El énfasis en el satanismo digital se inserta en una postura más amplia del Vaticano frente a la IA. En fechas recientes, altos funcionarios eclesiásticos han advertido sobre el impacto de estas herramientas en la vida social, la dignidad humana, la privacidad y el empleo.

Durante un seminario celebrado en el Vaticano, el obispo Paul Tighe, alto funcionario del Dicasterio para la Cultura y la Educación, dijo que prefería evitar una retórica apocalíptica. Aun así, advirtió que la IA podría abrir paso a “armas biológicas, propaganda, desinformación y sistemas que están más allá del control humano”.

La preocupación vaticana también ha sido expresada por el papa León, quien ha advertido que la IA podría privar a las personas de privacidad y de sus trabajos. Según la cobertura de The Times, el pontífice ha vinculado este debate con la dignidad del trabajador y con el riesgo de que actores extremadamente ricos impulsen estas tecnologías sin valorar suficientemente a los seres humanos.

El mismo reporte indicó que León ha alertado sobre la posibilidad de que la IA “reescriba la historia humana, incluida la historia de la Iglesia, a menudo sin que realmente nos demos cuenta”. Esa frase resume un temor central: no solo perder control técnico, sino también control narrativo, cultural y moral.

Para una audiencia interesada en IA, mercados y tecnología, este punto es clave. El problema no es exclusivamente religioso. En el fondo, se discute cómo herramientas cada vez más accesibles pueden potenciar desinformación, manipulación visual y operaciones clandestinas.

Por eso, aunque el lenguaje del exorcismo pueda sonar remoto para parte del público, el dilema de fondo resulta contemporáneo. Se trata de la misma tensión que aparece en otros sectores: innovación veloz, regulación limitada y usos extremos de herramientas muy poderosas.

Fe, tecnología y un nuevo capítulo del debate cultural

La relación entre religión e inteligencia artificial ya ha producido escenas que hace pocos años habrían parecido inverosímiles. En 2024, una iglesia en Suiza llamó la atención tras presentar un holograma de Jesús impulsado por IA para escuchar confesiones dentro de una instalación llamada Deus in Machina.

En ese montaje, una pantalla mostraba una imagen animada de Jesús detrás de la rejilla del confesionario. El avatar analizaba las palabras del visitante, generaba respuestas y movía los labios en sincronía mientras ofrecía consejos.

Ese antecedente mostró que la IA no solo es vista como amenaza dentro del mundo religioso. También puede ser presentada como experimento pastoral, herramienta de interacción o vehículo de nuevas formas de mediación espiritual. Precisamente por eso, el debate se ha vuelto más complejo.

En el caso del curso de Roma, la señal institucional parece clara. La Iglesia y los expertos convocados entienden que las herramientas generativas ya no pertenecen solo al ámbito empresarial o académico, sino también a espacios marginales, clandestinos y simbólicos donde pueden adquirir usos perturbadores.

Algunas voces del ecosistema tecnológico han usado metáforas similares desde otra perspectiva. Elon Musk comparó la IA en 2014 con un demonio invocado sin un plan claro para controlarlo. Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, la describió en otra ocasión como una “inteligencia mágica en el cielo”.

Mientras tanto, el curso en Roma pone el foco en una amenaza mucho más terrenal: que la IA facilite la creación de imágenes, símbolos y canales de comunicación para grupos radicales y ocultistas. Para los organizadores, la batalla entre fe y tecnología ha entrado en una fase nueva, marcada por algoritmos, anonimato y redes digitales cada vez más difíciles de vigilar.


 

 


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