Andrew Ross Sorkin, presentador de CNBC y veterano cronista de Wall Street, lanzó una de las advertencias más tajantes de los últimos meses: asegura que habrá un crash bursátil, aunque nadie pueda anticipar cuándo llegará ni qué tan profundo será. Su argumento mezcla valoraciones elevadas, euforia por la inteligencia artificial, paralelos con 1929 y dudas sobre el rol de la desregulación en Estados Unidos.
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- Andrew Ross Sorkin afirmó que habrá un crash bursátil, aunque dijo que es imposible anticipar el momento exacto o su magnitud.
- El periodista comparó el auge actual de la IA con el frenesí previo al colapso de 1929 y describió el fenómeno como un posible “frenesí dorado o un berserk de azúcar”.
- Con el S&P 500 cotizando cerca de 29 veces ganancias, el reporte plantea considerar activos defensivos sin abandonar por completo el rally.
Andrew Ross Sorkin, copresentador de Squawk Box en CNBC y uno de los observadores más conocidos de Wall Street, lanzó una advertencia inusual por su tono y contundencia. Según un artículo de Yahoo Finance, el periodista sostuvo que un crash del mercado accionario es inevitable, aunque nadie pueda precisar ni el momento ni la profundidad de esa eventual caída.
La afirmación sobresale en un entorno donde los pronósticos bajistas han perdido protagonismo durante los dos últimos años. En medio de un mercado impulsado por las tecnológicas y por la narrativa de la inteligencia artificial, cuestionar las valuaciones se ha vuelto incómodo, sobre todo después de varios años en los que los escépticos quedaron rezagados frente al alza de los índices.
Sorkin no es un comentarista cualquiera dentro de ese debate. El texto recuerda que ha dedicado casi una década a un libro titulado 1929: Inside the Greatest Crash in Wall Street History—and How It Shattered a Nation, además de acumular dos décadas cubriendo los mercados, liderar la cumbre DealBook y firmar un best seller sobre la Gran Recesión.
Su mensaje central fue directo: “Tendremos un crash, solo que no puedo decirte cuándo, ni cuán profundo será. Pero te puedo asegurar, desafortunadamente, desearía no estar diciendo esto, que tendremos un crash”. Para el periodista, el problema no es si ocurrirá una corrección severa, sino que la confianza del mercado puede evaporarse con rapidez y provocar una reacción en cadena.
El paralelismo con 1929 y la euforia por la inteligencia artificial
Uno de los puntos más llamativos de la advertencia de Sorkin es su comparación entre el ciclo actual y el que precedió al desplome de 1929. El presentador argumentó que Estados Unidos podría estar viviendo una nueva versión de los rugientes años veinte, justo un siglo después, con una mezcla de innovación tecnológica, exuberancia financiera y una sensación de prosperidad que podría resultar engañosa.
En ese contexto, recordó que entre 1928 y septiembre de 1929 el mercado accionario subió un 90%. La cifra le sirve para subrayar que los periodos previos a una gran caída no suelen estar marcados por señales simples o por un deterioro visible y gradual, sino por un optimismo extremo que hace parecer sostenible lo que después se revela como excesivo.
Cuando fue consultado sobre si temía por el nivel actual de las valuaciones, Sorkin respondió que le generaban ansiedad porque los precios podrían no ser sostenibles. En sus palabras, el mercado vive “alguna especie de auge notable” vinculado a la inteligencia artificial y a la tecnología, o bien un escenario donde “todo está sobrevalorado”, como ocurrió antes del colapso de 1929.
También planteó que la economía estaría siendo sostenida, “casi artificialmente”, por la explosión de la inteligencia artificial. De ahí su frase más gráfica: esto sería “ya sea un frenesí dorado o un berserk de azúcar”, y probablemente no se sabrá durante un par de años cuál de las dos lecturas es la correcta. En otras palabras, reconoce que la IA puede justificar parte del entusiasmo, pero cree que aún no hay evidencia suficiente para distinguir una revolución sólida de una burbuja especulativa.
Para lectores menos familiarizados con la jerga del mercado, el trasfondo es relevante. En los últimos trimestres, muchas empresas ligadas a semiconductores, centros de datos, software y automatización han captado flujos masivos de capital. Eso ha elevado tanto las cotizaciones como las expectativas de beneficios futuros, un patrón que a menudo se observa en ciclos de innovación profunda, pero también en etapas de sobrecalentamiento financiero.
Trump, desregulación y la fragilidad de la confianza
El artículo también recoge un argumento político y regulatorio. Una de las ideas más repetidas por quienes siguen apostando al rally es que Donald Trump no permitiría una caída severa del mercado. Bajo esa lógica, una eventual respuesta de política económica, cambios en la Reserva Federal o nuevas medidas de liquidez podrían amortiguar cualquier deterioro serio en el corto plazo.
Sorkin se mostró escéptico ante esa premisa. Su respuesta fue que es difícil saber cómo las cosas se salen de control y que, cuando la confianza desaparece, ocurre de manera súbita. La observación es importante porque en los mercados el factor psicológico suele importar tanto como los datos duros. Una vez que el apetito por riesgo se rompe, incluso los inversores que confiaban en un rescate oficial pueden salir al mismo tiempo.
Además, señaló que la Oficina de Protección al Consumidor “prácticamente ya no existe” y advirtió sobre una cantidad creciente de deuda en el mercado, todo ello en un contexto de eliminación de barandas regulatorias. El uso de esa metáfora apunta a la idea de que el sistema financiero cuenta hoy con menos mecanismos de contención frente a posibles excesos.
Sorkin también comparó la situación actual de las empresas privadas con lo ocurrido antes de 1929. Recordó que, tras la creación de la SEC, las empresas públicas quedaron sujetas a reglas de divulgación que permiten a los inversores entender mejor lo que ocurre internamente. Las empresas privadas, en cambio, no enfrentan ese mismo nivel de transparencia, y eso podría reabrir un foco de riesgo que en el pasado resultó problemático.
En su lectura, la administración Trump tendríaparte de la responsabilidad por este clima. Dijo que ha existido un “verdadero impulso” de la industria y del gobierno para atraer más dinero y abrir ese mercado. También sostuvo que los directores ejecutivos están tan nerviosos por criticar cualquier cosa vinculada con la administración que el debate público sobre riesgos se vuelve más débil.
Valuaciones elevadas, contexto macro y cautela sin pánico
Aunque el mensaje de Sorkin fue severo, el propio artículo introduce un matiz importante. Después de todo, decir que algún día habrá un crash no equivale a afirmar que la caída sea inminente. Cualquier ciclo alcista termina corrigiendo, y salirse demasiado pronto también puede implicar perder parte de las ganancias acumuladas en el proceso.
El texto incluso reconoce que una pérdida abrupta de confianza en Trump no parece un escenario fácil de imaginar de la noche a la mañana. También menciona que el Estrecho de Ormuz ha permanecido cerrado durante más de tres meses y que, aunque eso ha elevado los precios en las gasolineras, no ha derivado en una catástrofe bursátil. Hasta ahora, las empresas siguen funcionando razonablemente bien.
Otro elemento citado es que los temores previos sobre aranceles e inflación de dos dígitos terminaron siendo exagerados. Según el artículo, la administración solo tuvo que retroceder parcialmente en esas tarifas, mientras evalúa nuevas medidas que podrían aplicarse a varios países por “trabajo forzado”. Es decir, el entorno macro no ha sido inocuo, pero tampoco ha desencadenado el escenario de crisis que algunos anticipaban.
Aun así, los números de valoración invitan a la cautela. El ratio precio-beneficio del S&P 500 se ubica en 29x, un nivel que el texto describe como cercano al observado antes de que comenzara a estallar la burbuja puntocom. Para muchos inversores, un múltiplo tan alto no prueba por sí solo que el mercado vaya a caer mañana, pero sí sugiere que el margen de error es menor y que cualquier decepción puede castigarse con fuerza.
La conclusión práctica del análisis es moderada: mantener algo de dinero en activos defensivos puede ser sensato, aunque no necesariamente convenga abandonar por completo el rally. Ese enfoque intenta equilibrar dos riesgos opuestos. Por un lado, quedar expuesto a una corrección fuerte en un mercado exigente. Por otro, salir demasiado pronto de una tendencia alcista que todavía no ha dado señales concluyentes de agotamiento.
Para quienes siguen de cerca activos de riesgo como acciones tecnológicas, memestocks o incluso criptomonedas, la advertencia resuena más allá de Wall Street. Cuando la liquidez, la narrativa y la confianza empujan los precios, los movimientos alcistas pueden extenderse más de lo esperado. Pero cuando cambia el ánimo del mercado, el ajuste suele ser rápido, desordenado y difícil de cronometrar.
En ese sentido, la tesis de Sorkin no pretende fijar una fecha para el próximo desplome. Su argumento es más incómodo y quizá más útil: en periodos de euforia, la pregunta no es solo cuánto puede subir el mercado, sino qué tan preparado está el inversor para el momento en que esa euforia deje de funcionar.
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