Por Canuto  

Un desarrollador de Bloomberg afirma que GPT-6 Astra y varios agentes de IA ayudaron a descifrar un mensaje de la Wehrmacht que llevaba 83 años sin resolverse, aunque la solución todavía deberá superar una revisión independiente.
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  • El mensaje fue enviado el 10 de julio de 1941 desde Rosenow y tenía 82 caracteres cifrados con Enigma.
  • La búsqueda habría encontrado la clave al probar que el nombre Rosenow aparecía dos veces en el texto original.
  • El proyecto publicó código y un simulador de Enigma, pero aún no demuestra que la interpretación sea única ni históricamente definitiva.


Un mensaje de radio alemán enviado durante la Segunda Guerra Mundial habría encontrado una respuesta 83 años después, gracias a una investigación que combinó inteligencia artificial, archivos históricos y criptoanálisis. Carter Leffen, entrenador de desarrollo de productos en Bloomberg LP en Nueva York, afirma que utilizó GPT-6 Astra Extra High junto con varios agentes especializados para estudiar un texto cifrado de 82 caracteres, identificado como MVUEH en un archivo de mensajes interceptados del ejército alemán.

Según el relato publicado por The Decoder, el sistema necesitó alrededor de diez horas para recorrer distintas hipótesis, consultar materiales históricos, construir un simulador de Enigma y ejecutar búsquedas de claves en paralelo. El resultado no constituye todavía una validación académica definitiva, porque los paquetes publicados reproducen los cálculos, pero no prueban por sí solos la identidad histórica del mensaje ni que la solución encontrada sea la única posible.

Un mensaje militar perdido durante décadas

Según la reconstrucción descrita por Leffen, el mensaje original fue transmitido el 10 de julio de 1941 desde Rosenow, una localidad mencionada en el texto que supuestamente se logró reconstruir. La comunicación pedía instrucciones para la ruta de marcha y solicitaba una respuesta inmediata por radio, una combinación de datos operativos que encaja con el tipo de tráfico militar interceptado durante la guerra.

Durante más de ocho décadas, el mensaje permaneció catalogado como no resuelto dentro de un archivo de comunicaciones del ejército alemán. Su longitud reducida no facilitaba el trabajo, ya que cada carácter aportaba poca información estadística y cualquier error en la documentación podía alterar la búsqueda de las configuraciones correctas.

Enigma era una máquina electromecánica que transformaba cada letra mediante rotores, conexiones y ajustes diarios, lo que generaba un espacio de posibilidades enorme para los investigadores que intentaran recuperar el texto original. La fuente calcula que el dispositivo ofrecía aproximadamente 159 trillones de configuraciones diarias, una cantidad que hacía inviable probar todas las opciones mediante fuerza bruta.

El sistema tampoco representaba una barrera absolutamente indestructible. El matemático polaco Marian Rejewski logró descifrar Enigma por primera vez en 1932, y durante el conflicto los criptoanalistas aprovecharon errores operativos, patrones repetidos y debilidades de procedimiento para reducir el número de configuraciones que debían examinar.

Rosenow abrió una nueva línea de búsqueda

Los primeros intentos descritos por Leffen no produjeron resultados concluyentes, porque las claves conocidas del mismo día no coincidían con el mensaje y las búsquedas automatizadas no encontraban una combinación útil. El avance habría llegado cuando el equipo comparó el texto sin resolver con otra comunicación ya descifrada y detectó que el nombre Rosenow aparecía dos veces seguidas.

Leffen y sus agentes de inteligencia artificial plantearon entonces que esa misma palabra podía estar presente en el mensaje MVUEH. La hipótesis permitió convertir un problema abierto en una búsqueda más acotada, porque el nombre de una ciudad ofrecía una secuencia concreta que podía probarse en distintas posiciones del texto cifrado.

La investigación también utilizó una propiedad conocida de Enigma: la máquina nunca cifraba una letra como sí misma. Si una posición del texto original contenía una R, por ejemplo, el carácter cifrado en ese lugar no podía ser otra R, una limitación sencilla que permitió descartar numerosas posiciones antes de ejecutar cálculos más complejos.

En una de esas posiciones, las restricciones habrían coincidido con las configuraciones calculadas para la máquina y los 68 caracteres restantes produjeron un texto alemán coherente. La reconstrucción incluía expresiones equivalentes a una respuesta inmediata por radio y a la indicación de la ruta de marcha, mientras una cabecera conservada por separado en el archivo habría confirmado las configuraciones empleadas.

La IA coordinó herramientas, pero no tomó todas las decisiones

El caso no describe a GPT-6 Astra como una solución autónoma que recibió el mensaje y entregó una respuesta instantánea. De acuerdo con Leffen, distintos agentes se ocuparon de buscar información histórica, escribir programas, comparar comunicaciones resueltas y ejecutar experimentos, mientras él establecía los objetivos y decidía qué líneas de investigación debían continuar.

La arquitectura de trabajo se parece más a un equipo de asistentes digitales que a una caja negra capaz de resolver cualquier cifrado sin supervisión. Esa distinción resulta importante para evaluar el alcance de la demostración, porque el modelo ayudó a coordinar tareas técnicas y a acelerar la exploración, pero la formulación de hipótesis y la interpretación de los resultados siguieron dependiendo de una persona.

Leffen sostiene que el descifrado fue relativamente rápido frente al trabajo de presentación del proyecto. En su propio relato, dedicó 99 veces más esfuerzo a construir el sitio web que explica el problema y la solución que a descifrar realmente el código, una proporción que ilustra el peso de documentar y hacer reproducible una investigación histórica.

El proyecto ofrece para descarga el código utilizado, los datos de búsqueda y un simulador de Enigma en tres dimensiones que funciona en la práctica. Esos materiales permitirían replicar la secuencia de búsqueda de claves y revisar los cálculos, aunque la disponibilidad del software no sustituye una revisión independiente de los archivos, las transcripciones y el contexto militar del mensaje.

Los errores ortográficos son una pista, no una prueba definitiva

El texto reconstruido contiene errores que posiblemente provienen del operador de radio, entre ellos la forma BTTE en lugar de BITTE y WASCHBBSCH en lugar de lo que probablemente era Waschbusch, identificado como el nombre del remitente. Para Leffen, esas imperfecciones fortalecen la hipótesis porque un resultado fabricado o excesivamente corregido habría producido un alemán más limpio.

Sin embargo, los errores no resuelven por sí mismos todas las dudas sobre la autenticidad. Una interpretación puede parecer lingüísticamente plausible y aun así requerir comprobaciones adicionales sobre el documento, el origen de la cabecera, las prácticas de transmisión de la Wehrmacht y la relación entre el remitente, la localidad y las órdenes mencionadas.

El trabajo también se apoya en contribuciones criptoanalíticas de Frode Weierud, Geoff Sullivan y Olaf Ostwald, cuyos aportes ayudaron a contextualizar el material y las posibles configuraciones de la máquina. La participación de estos especialistas aporta antecedentes relevantes, pero la confirmación final dependerá de que otros expertos examinen los datos publicados sin asumir de antemano que la respuesta propuesta es correcta.

La historia muestra una aplicación distinta de la inteligencia artificial, alejada de los usos habituales relacionados con generación de texto, automatización empresarial o programación. En este caso, el valor principal estaría en coordinar búsquedas, comparar documentos, generar código y sostener experimentos repetitivos, mientras la evidencia histórica continúa siendo el filtro decisivo para separar un resultado convincente de una conclusión probada.

El supuesto descifrado de MVUEH seguirá necesitando revisión independiente antes de considerarse una solución definitiva al misterio de 83 años. Hasta entonces, el caso funciona como una demostración prometedora del cruce entre IA y criptoanálisis, pero también como un recordatorio de que la velocidad computacional no elimina la necesidad de verificar fuentes, métodos y contexto.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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