Inversores, emprendedores y ejecutivos extranjeros están pagando miles de dólares para visitar fábricas chinas y entender de primera mano el avance del país en robótica, inteligencia artificial y vehículos eléctricos. La tendencia refleja el temor a quedarse atrás frente a una industria que combina escala manufacturera, apoyo estatal y velocidad de despliegue.
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- Giras especializadas: Algunas delegaciones pagan hasta USD $15.000 por programas de cinco días que recorren el ecosistema tecnológico chino.
- Ansiedad empresarial: Ejecutivos europeos buscan lecciones sobre inteligencia artificial, inversión tecnológica y coordinación industrial a gran escala.
- Shenzhen como vitrina: La ciudad registró un fuerte aumento de visitantes extranjeros y promueve espacios para que emprendedores desarrollen hardware y robótica.
PEKÍN, 3 de septiembre de 2026. Robots humanoides que trabajan en fábricas, modelos de inteligencia artificial que desafían a competidores globales y plantas de vehículos eléctricos capaces de producir a una escala extraordinaria están impulsando una nueva oleada de visitantes extranjeros a China. Inversores, emprendedores y ejecutivos pagan miles de dólares por acceder a instalaciones industriales y observar de cerca un ecosistema que muchos consideran decisivo para la próxima revolución tecnológica.
La tendencia refleja el temor empresarial a un posible “China shock 2.0”, expresión utilizada para describir una nueva presión competitiva sobre compañías occidentales que podrían quedar rezagadas en manufactura avanzada y tecnologías de frontera. Un reportaje de Reuters señaló que estos visitantes ya no llegan únicamente para vender productos o negociar suministros, sino también para estudiar qué pueden aprender de las empresas chinas y de la estrategia estatal que respalda su expansión tecnológica.
Una industria de visitas tecnológicas
Robert Wu, CEO de Baiguan, una firma de investigación de datos con sede en Shanghái, describió el cambio como una transformación en la percepción internacional de China. Según Wu, el país pasó de ser visto principalmente como un mercado o una plataforma de producción a convertirse en un objeto de estudio, una tendencia que apenas existía hace pocos años.
Wu ha organizado dos giras para más de dos docenas de inversores, emprendedores y ejecutivos, con programas de cinco días cuyo precio llega a USD $15.000 por participante. Cerca de la mitad de los asistentes procedía del Sudeste Asiático, lo que muestra que el interés no se limita a las economías occidentales y también alcanza a regiones que buscan fortalecer sus propias cadenas de suministro y capacidades industriales.
El organizador explicó que algunos visitantes llegan con ideas equivocadas sobre el liderazgo tecnológico chino. Entre ellas aparece la suposición de que el sector de los robotaxis de China supera necesariamente al de Estados Unidos, cuando la cautela de la política doméstica estadounidense frente a posibles pérdidas de empleo mantiene a ese país, en ciertos aspectos, un paso atrás.
La demanda ha dado lugar a una industria incipiente de acceso especializado al ecosistema de innovación chino, aunque muchos participantes prefieren no publicitar sus viajes. Entre los visitantes conocidos figuran las firmas de inversión estadounidenses Dimension, Capital Group y Thrive Capital, además del podcaster tecnológico estadounidense Lex Fridman.
El auge del turismo industrial
Aunque existen pocos datos específicos sobre las giras tecnológicas, el turismo industrial chino crece con rapidez. Medios estatales calcularon que el sector recaudó USD $17.800 millones el año pasado y proyectaron que superará los 300.000 millones de yuanes, equivalentes a USD $44.600 millones, para 2029.
GloPen, una agencia de Shanghái especializada en recorridos tecnológicos, informó que las consultas aumentaron 50% en 2026, principalmente por el interés de clientes europeos y de Singapur. La empresa asegura que ahora organiza más de 100 visitas de un solo día a compañías cada mes, una cifra que apunta a una demanda empresarial más regular y estructurada.
Las fábricas también han convertido sus instalaciones en espacios de exhibición para el público. El Gobierno de Pekín se comprometió explícitamente a promover el turismo industrial y designó más de 140 sitios oficiales de demostración, mientras un número creciente de plantas ofrece recorridos públicos por aproximadamente USD $60.
La fábrica de vehículos eléctricos de Xiaomi en Pekín recibió más de 250.000 visitantes desde marzo de 2024, según la información citada en el reportaje. La demanda llegó a tal nivel que los cupos de entrada asignados mediante lotería se revendieron en línea por hasta 2.000 yuanes, unos USD $300, una señal de que la curiosidad tecnológica también se transformó en un activo escaso.
La inquietud de los ejecutivos extranjeros
Para empresas europeas que enfrentan un crecimiento lento de la productividad y temen perder terreno en inteligencia artificial y robótica, China se convirtió en un destino especialmente relevante. Alex Shengyun Lu, consultor de IA de Praxis Advisory con sede en Shanghái, guió siete delegaciones corporativas de hasta 50 visitantes desde finales de 2025 y describió una sensación palpable de inseguridad entre los ejecutivos.
Lu afirmó que los grupos suelen llegar con dos preguntas centrales: qué pueden aprender de las compañías chinas y qué lecciones ofrece el enfoque respaldado por el Estado para invertir en tecnología. De acuerdo con su descripción, muchos visitantes adoptan una actitud de humildad y aprendizaje, en lugar de llegar con la intención exclusiva de comparar proveedores o cerrar acuerdos comerciales.
Los ejecutivos europeos también buscan comprender cómo China coordina el despliegue de inteligencia artificial a gran escala entre sus provincias. Lu, quien no identificó a las empresas por acuerdos de confidencialidad, señaló que los visitantes quieren evaluar qué elementos de ese modelo podrían aplicarse en sus propios países sin asumir que todas las condiciones institucionales o industriales son idénticas.
La preocupación no implica, sin embargo, que China haya tomado el control de todo el mercado tecnológico mundial. Rui Ma, fundadora de Tech Buzz China y organizadora de 11 giras desde 2019, advirtió que las empresas no chinas todavía concentran la mayor parte de la cuota global, la propiedad intelectual más avanzada y las mayores ganancias.
Una competencia difícil de desacoplar
El circuito de estas visitas incluye Pekín, Shenzhen, Shanghái, Hangzhou y Hefei, ciudades que ocupan posiciones importantes en el desarrollo chino de vehículos eléctricos, baterías, inteligencia artificial y robótica. Líderes mundiales también visitaron la fábrica de automóviles de Xiaomi en Pekín, mientras el canciller alemán Friedrich Merz fue grabado observando robots humanoides bailarines de Unitree en Hangzhou.
El interés estadounidense persiste pese al aumento de las tensiones tecnológicas entre Washington y Pekín. Joshua Woodard, consultor estadounidense de manufactura radicado en Shenzhen, sostuvo que quienes intentan construir productos físicos prestan menos atención a la política porque las empresas de robótica de Estados Unidos todavía dependen ampliamente de componentes y hardware fabricados en China.
La dependencia de las cadenas de suministro limita la posibilidad de un desacoplamiento completo, incluso cuando los gobiernos promueven una mayor producción doméstica. Woodard considera que la idea de fabricar todo en Estados Unidos no refleja la dificultad real de replicar, con rapidez y a costos competitivos, la red de proveedores, fábricas y especialistas que opera en China.
Ma también presenta las giras como una forma de debida diligencia, aunque el visitante no planee invertir directamente en China. Su argumento es que las empresas chinas pueden aparecer cada vez más como competidoras, socias, proveedoras u oportunidades de inversión en mercados de todo el mundo, por lo que ignorar su evolución puede elevar el riesgo estratégico para cualquier compañía tecnológica.
Shenzhen busca convertirse en escaparate
Ninguna ciudad representa mejor esta tendencia que Shenzhen, el centro tecnológico del sur de China que está previsto que albergue la reunión de líderes de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) de 2026 los días 18 y 19 de noviembre. La ciudad registró un aumento de 70% en sus visitantes extranjeros el año pasado y un crecimiento superior a 30% durante el primer trimestre, con más de cinco millones de entradas acumuladas hasta agosto.
La infraestructura urbana empieza a adaptarse a ese público internacional: los taxis incorporan anuncios en inglés y los influencers extranjeros aparecen con frecuencia en exhibiciones tecnológicas. La ciudad también intenta presentar su ecosistema de fabricación y prototipado como una experiencia accesible para fundadores que necesitan pasar rápidamente de una idea a un producto físico.
Según Woodard, compañías locales están creando espacios conocidos como “hacker houses”, inspirados en Silicon Valley, para que emprendedores extranjeros de robótica y hardware de inteligencia artificial puedan vivir y trabajar. Grupos de WeChat con hasta 400 integrantes conectan a personas que se desplazan entre Silicon Valley y Shenzhen mientras buscan de manera informal fábricas de baterías, pantallas y otros componentes.
Las políticas de exención de visado para estancias cortas pueden facilitar que algunos fundadores lleguen sin una agenda completamente definida y comiencen a explorar proveedores para sus próximos prototipos. La duración y los requisitos dependen de la nacionalidad del viajero y de las condiciones vigentes. Jan Smejkal, emprendedor checo que vive en Shenzhen desde hace 11 años, afirmó que casi todos los días recibe solicitudes de fundadores extranjeros interesados en visitar la ciudad, a la que describió como un lugar sin equivalente para integrar la tecnología en la vida cotidiana.
El flujo de visitantes no demuestra por sí solo que China haya superado a sus rivales en todos los segmentos, pero sí revela un cambio importante en la dirección de la curiosidad empresarial. La carrera tecnológica ya no consiste únicamente en venderle a China, sino también en viajar allí para entender cómo fabrica, coordina y despliega innovaciones antes de que sus efectos alcancen al resto del mundo.
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