Por Canuto  

El Banco Central Europeo volvió a dejar clara su visión para el futuro financiero del bloque: si la tokenización quiere escalar de verdad en la Unión Europea, hará falta algo más que blockchain. Según Piero Cipollone, el despegue dependerá de tres piezas concretas: un euro digital, cooperación con las empresas y una armonización legal que hoy sigue ausente entre los 27 Estados miembros.
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  • Piero Cipollone dijo que la tokenización en Europa tiene gran potencial, pero enfrenta dos obstáculos clave: blockchains incompatibles y falta de dinero tokenizado de banco central.
  • El BCE considera que el euro digital es esencial para escalar los mercados tokenizados y advirtió que una stablecoin dominante sería un resultado subóptimo para la soberanía monetaria europea.
  • Además de una CBDC, el plan europeo exige colaboración con el sector privado y armonizar el derecho societario y las normas de valores entre los países del bloque.

 

La tokenización ha pasado de ser una promesa experimental a una prioridad estratégica para varios reguladores y actores del sistema financiero. En términos simples, consiste en representar activos financieros, depósitos u otros instrumentos sobre infraestructuras basadas en tecnología de libro mayor distribuido, con la expectativa de hacer más ágiles las operaciones, reducir fricciones y facilitar nuevas formas de intercambio.

En Europa, esa promesa se cruza con una discusión más amplia sobre autonomía financiera, competitividad frente a otras potencias y modernización del mercado de capitales. Sin embargo, el enfoque de las autoridades monetarias europeas no coincide necesariamente con la visión más ideológica que impulsó a buena parte del ecosistema cripto, especialmente en lo relativo al papel del Estado y del dinero emitido por bancos centrales.

Ese contraste quedó expuesto esta semana en un discurso de Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo. De acuerdo con la cobertura publicada por DL News, el funcionario afirmó que el potencial de la tokenización para Europa es considerable, pero insistió en que su despliegue a gran escala dependerá de tres condiciones concretas, entre ellas el desarrollo de un euro digital.

Cipollone hizo estas declaraciones el lunes en House of the Euro, un espacio de coworking para banqueros centrales en Bruselas. Allí sostuvo que los mercados financieros tokenizados podrían hacer a Europa más eficiente e innovadora, además de abrir la puerta a una integración transfronteriza real, un objetivo que históricamente ha sido difícil de alcanzar en unos mercados de capitales todavía fragmentados.

Según el funcionario, hoy existen dos grandes obstáculos que frenan ese avance. El primero es técnico y resulta familiar para cualquier usuario o desarrollador de criptomonedas: la proliferación de blockchains incompatibles entre sí. A su juicio, esa falta de interoperabilidad fragmenta la liquidez y encarece los costos de integración.

El segundo obstáculo es la ausencia de lo que describió como dinero tokenizado de banco central, al que calificó como el activo de liquidación más seguro y más líquido. Para el BCE, ese punto no es accesorio. Se trata del ancla que permitiría que el ecosistema tokenizado funcione de manera estable dentro del sistema financiero europeo.

El euro digital como pieza central del plan

La primera iniciativa planteada por Cipollone es el desarrollo de un euro digital, es decir, una moneda digital de banco central o CBDC. En su argumento, sin esa herramienta los usuarios podrían terminar recibiendo pagos en un activo que no se sientan cómodos manteniendo, o que esté expuesto a volatilidad de precio o riesgo de crédito.

Ese escenario, dijo, limitaría la capacidad del mercado para escalar. Aunque reconoció que tanto empresas como consumidores podrían transar con stablecoins vinculadas al euro, sostuvo que esos tokens seguirían siendo un sustituto deficiente frente al dinero emitido por el Estado.

Para respaldar esa idea, citó investigaciones que muestran que las stablecoins respaldadas por dinero fiduciario rara vez cotizan exactamente a la par. La observación es relevante porque una de las promesas de las stablecoins consiste precisamente en ofrecer estabilidad de valor para pagos y liquidaciones dentro de ecosistemas digitales.

Cipollone admitió que los activos privados de liquidación, ya sean depósitos tokenizados o stablecoins, tendrán un papel dentro del sistema. Sin embargo, remarcó que necesitan un ancla pública y confiable para funcionar de forma efectiva en todo el mercado financiero tokenizado. En otras palabras, el BCE no plantea excluir a los emisores privados, pero sí subordinarlos a una base monetaria pública.

El mensaje también tuvo un trasfondo geopolítico y monetario. El funcionario consideró posible que una stablecoin pudiera alcanzar tamaño suficiente como para consolidarse como la moneda digital preferida gracias a efectos de red. Aun así, calificó ese desenlace como subóptimo y advirtió que traería consecuencias graves para la soberanía monetaria de Europa.

Esa preocupación no surge en el vacío. En los últimos meses, funcionarios de la Unión Europea han expresado en público y en privado su inquietud por el crecimiento acelerado de stablecoins vinculadas al dólar estadounidense. Desde esa perspectiva, el ascenso de esos instrumentos podría reforzar la dependencia de activos denominados en dólares dentro de la economía digital europea.

Una Blockchain europea y el proyecto Pontes

Dentro de ese mismo esfuerzo, las autoridades europeas están impulsando lo que describen como tecnología de libro mayor distribuido del Eurosistema. En términos prácticos, se trata de una infraestructura tipo blockchain orientada a conectar los mercados tokenizados con los sistemas ya existentes de liquidación del bloque.

Una de las iniciativas mencionadas es Pontes, un proyecto que desarrolla una blockchain del Eurosistema para enlazar las llamadas DLT de mercado con TARGET, el sistema actual utilizado por la Unión Europea para liquidar transacciones. La meta es construir un puente entre la infraestructura financiera tradicional y los nuevos rieles basados en tokenización.

La UE aspira a lanzar una versión piloto de esa blockchain del Eurosistema durante el tercer trimestre de este año. Ese detalle sugiere que, más allá del debate teórico, ya existe una agenda operativa para probar cómo podría funcionar un esquema de liquidación apoyado en tecnología distribuida, pero bajo supervisión institucional.

Para parte de la comunidad cripto, ese modelo puede resultar incómodo. La razón es que la adopción de elementos de blockchain por parte de los reguladores no implica necesariamente aceptar los principios que inspiraron al sector, como el escepticismo frente al dinero gubernamental o la aspiración de construir sistemas completamente sin permisos.

De hecho, el artículo original recuerda que numerosos emprendedores cripto han criticado las CBDC por considerarlas herramientas potenciales de vigilancia y control. Mientras algunos legisladores de Estados Unidos incluso han intentado frenar el desarrollo de un dólar digital, la Unión Europea mantiene el rumbo hacia su propio euro digital y sostiene que este garantizará el nivel más alto de privacidad.

Empresas privadas y marcos legales, las otras dos condiciones

La segunda iniciativa que, según Cipollone, necesita Europa para hacer realidad sus objetivos de tokenización es una asociación productiva con las empresas que operan dentro del bloque. Su argumento fue que los servicios, la liquidez y los modelos de negocio que darán valor real a los mercados tokenizados no pueden surgir únicamente desde el sector público.

Por eso insistió en que deben provenir del propio mercado. También subrayó que la infraestructura subyacente tiene que diseñarse con las necesidades del mercado en el centro. La afirmación apunta a una idea clave: sin adopción empresarial, casos de uso reales y actores dispuestos a construir sobre esas redes, la tokenización difícilmente pasará de la fase piloto.

La tercera condición es de carácter jurídico y quizá sea la más compleja políticamente. Cipollone sostuvo que la Unión Europea necesita armonizar el derecho societario entre sus Estados miembros, un punto que suele quedar en segundo plano cuando la conversación se enfoca solo en la tecnología.

Su advertencia fue directa: la tecnología de libro mayor distribuido no puede, por sí sola, armonizar el derecho societario de 27 Estados miembros, reconciliar regulaciones de valores divergentes ni anular regímenes nacionales de insolvencia que tratan el mismo activo de forma diferente según el lugar donde se mantenga. Esa fragmentación legal puede bloquear buena parte de las eficiencias que la tokenización promete generar.

En la práctica, esto significa que el desafío europeo no es solo técnico ni monetario. También es institucional. Si la misma representación digital de un activo puede recibir tratamientos distintos en función de la jurisdicción, su circulación transfronteriza seguirá cargando buena parte de las fricciones que hoy ya existen en el sistema tradicional.

La tesis del BCE, por tanto, combina tres capas de intervención. Una monetaria, centrada en el euro digital. Otra empresarial, enfocada en construir mercados útiles y líquidos. Y una tercera legal, orientada a reducir la fragmentación normativa del bloque. Solo con esa combinación, argumenta Cipollone, la tokenización podrá alcanzar la escala que muchos anticipan para la próxima etapa de los mercados financieros europeos.

La discusión también deja ver una tensión de fondo en el desarrollo de la economía digital. Europa quiere aprovechar las ventajas de la tokenización y la blockchain, pero pretende hacerlo sin ceder el control del corazón monetario del sistema. Ese equilibrio puede resultar atractivo para la banca y los reguladores, aunque también podría profundizar el choque con quienes ven en las criptomonedas una alternativa al dinero estatal y no un complemento de este.

Por ahora, el mensaje del BCE es claro. El bloque no descarta a las stablecoins ni a la innovación privada, pero considera que el verdadero despegue de los mercados tokenizados europeos requerirá una base pública. En esa visión, el euro digital no es solo una opción tecnológica, sino un instrumento de política monetaria, integración regional y defensa de soberanía en la era de los activos digitales.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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