Por Canuto  

El BCE sostiene que el crecimiento de las stablecoins podría retirar depósitos del sistema bancario y debilitar la soberanía monetaria europea. Piero Cipollone presentó al euro digital como una alternativa pública que conservaría el papel de los bancos en los pagos, mientras el proyecto avanza hacia un piloto con 36 proveedores y una posible emisión en 2029.

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  • Piero Cipollone advirtió que las stablecoins, especialmente las denominadas en dólares, podrían erosionar los depósitos minoristas de los bancos europeos.
  • El euro digital sería dinero público distribuido por bancos, con pagos gratuitos, límites de tenencia, privacidad reforzada y funcionamiento sin conexión.
  • El BCE seleccionó a 36 proveedores de servicios de pago para un piloto de 12 meses que comenzará en la segunda mitad de 2027.

 


El Banco Central Europeo (BCE) volvió a advertir sobre el posible impacto de las stablecoins en el sistema financiero europeo. Piero Cipollone, miembro de la Junta Ejecutiva del organismo, afirmó que un crecimiento amplio de estos activos podría reducir los depósitos minoristas de los bancos comerciales.

La declaración se publicó el 17 de julio de 2026, durante una reunión en Roma con la Federación de Bancos de Crédito Cooperativo Italiano, Federcasse. Cipollone vinculó el debate sobre las stablecoins con la soberanía monetaria, el costo del crédito y el futuro de los pagos digitales.

Según el funcionario, el euro digital permitiría preservar el papel del dinero público en una economía cada vez más digitalizada. También mantendría a los bancos cerca de sus clientes, al encargarlos de distribuir la nueva forma digital de efectivo.

El proyecto avanza en paralelo con un piloto de 12 meses que comenzará en la segunda mitad de 2027. La posible emisión general del euro digital no ocurriría antes de 2029, siempre que el proceso legislativo europeo concluya según el calendario previsto.

La discusión también refleja una disputa por la infraestructura de pagos. Europa utiliza ampliamente redes no europeas, mientras las stablecoins denominadas en dólares, como USDT y USDC, ganan presencia en los mercados digitales.

El riesgo para los depósitos bancarios

Las stablecoins son tokens diseñados para mantener un valor estable frente a una moneda de referencia. Muchas están vinculadas al dólar y permiten mover valor dentro de mercados digitales sin utilizar directamente una cuenta bancaria tradicional.

El BCE teme que los usuarios comiencen a mantener una parte creciente de sus euros en estos instrumentos privados. Si ese dinero abandona las cuentas bancarias, los bancos perderían una fuente de financiación considerada importante para sus operaciones.

Cipollone ha planteado este riesgo en intervenciones anteriores del 6 de febrero y del 28 de mayo de 2026. Su argumento sostiene que las tenencias ilimitadas de stablecoins podrían acelerar una salida de depósitos en determinados escenarios.

Los bancos tendrían que sustituir parte de esa financiación por recursos mayoristas, que suelen resultar más costosos y volátiles. En consecuencia, podrían endurecer sus criterios de préstamo o trasladar mayores costos a empresas y consumidores.

El funcionario presentó el problema como una cuestión que supera la actividad bancaria. Una reducción significativa de los depósitos podría afectar la transmisión de la política monetaria y dificultar la respuesta del BCE ante tensiones financieras.

La preocupación adquiere especial relevancia para los bancos cooperativos italianos. Estas entidades dependen de vínculos estrechos con empresas y comunidades locales, además de una base de depósitos que sostiene buena parte de sus préstamos.

Isabel Schnabel, otra integrante de la Junta Ejecutiva del BCE, afirmó el 1 de junio que las stablecoins amenazan la estabilidad financiera y la soberanía monetaria. Schnabel comparó el riesgo con el desplazamiento de depósitos que provocaron los fondos del mercado monetario durante la década de 1970.

El mercado global de stablecoins alcanza aproximadamente USD $320.000 millones, según la información citada en las fuentes secundarias. USDT de Tether representa cerca de USD $188.000 millones y USDC de Circle alrededor de USD $75.800 millones.

En contraste, EURC de Circle, la mayor stablecoin denominada en euros mencionada en el reporte, tiene una oferta aproximada de USD $543 millones. La diferencia muestra el predominio actual de los tokens vinculados al dólar frente a sus equivalentes en euros.

El euro digital como respuesta institucional

El BCE describe el euro digital como dinero público en formato digital. El Eurosistema lo emitiría y los bancos comerciales se encargarían de distribuirlo a sus clientes.

Una persona interesada solicitaría a su banco la apertura de una cuenta de euro digital. Luego podría utilizarla para pagar en tiendas, comercios electrónicos y transacciones entre personas dentro de la zona euro.

Los pagos serían gratuitos para los usuarios y podrían ejecutarse con conexión a internet o sin ella. El diseño busca ofrecer una alternativa digital al efectivo, que todavía conserva su importancia, pero no funciona en las compras en línea.

El euro digital tendría condición de moneda de curso legal. Por ello, los comerciantes que acepten pagos digitales también tendrían que aceptar esta modalidad, de acuerdo con el planteamiento presentado por Cipollone.

La propuesta permitiría integrar el euro digital en tarjetas de débito con varias marcas. Los usuarios podrían pagar en toda la zona euro utilizando infraestructura europea, en lugar de depender necesariamente de una red internacional de tarjetas.

El BCE también plantea estándares abiertos para el sistema. Las soluciones nacionales de pago podrían adoptarlos y ampliar su alcance a otros países de la zona euro sin tener que convencer a cada comerciante de aceptar un estándar distinto.

La modalidad sin conexión está pensada para zonas remotas o con conectividad poco confiable. Los usuarios podrían cargar una cantidad limitada en una billetera digital y realizar pagos directamente entre dispositivos, de manera comparable a un retiro de efectivo en formato digital.

El diseño contempla límites de tenencia y la ausencia de intereses sobre los saldos. Estas características buscan reducir el incentivo para trasladar grandes cantidades desde las cuentas bancarias hacia las billeteras de euro digital.

El análisis preparado por el BCE para los legisladores europeos, publicado en octubre, concluyó que el proyecto no representa un riesgo para las posiciones de liquidez de los bancos ni para la estabilidad financiera. La institución considera que los límites ayudarán a proteger ese equilibrio.

La legislación también pretende mantener la libertad de elección. El euro digital se ofrecería como una opción adicional y no reemplazaría los billetes, las monedas, las tarjetas u otros medios de pago existentes.

Bancos, datos y privacidad

El BCE sostiene que los bancos seguirán administrando la relación con sus clientes. Cada entidad podría mantener la cuenta de euro digital y ofrecer el servicio mediante su aplicación bancaria existente.

Si un banco no desea integrar la función en su propia aplicación, podría ofrecer gratuitamente la aplicación del Eurosistema. De ese modo, las entidades conservarían el contacto con sus clientes, los registros de transacciones y las tarifas de intercambio asociadas.

La privacidad ocupa un lugar central en el diseño descrito por Cipollone. El Eurosistema no podría identificar al pagador ni al beneficiario, porque solo observaría un código encriptado durante las operaciones.

Los bancos sí conservarían información sobre dónde, cuándo y cómo gastan sus clientes en línea. Esa información les permitiría cumplir con las normas contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo.

Los datos también seguirían apoyando los análisis de crédito y riesgo. Para los bancos pequeños, esta función resulta especialmente importante porque sus decisiones de préstamo dependen de su conocimiento de las empresas y comunidades locales.

El avance de los pagos móviles ya genera presión sobre ese modelo. En Irlanda, Países Bajos y Finlandia, los pagos móviles superan una de cada diez transacciones en puntos de venta.

Cuando los clientes pagan con el móvil, los bancos suelen asumir tarifas más elevadas que con las tarjetas de débito tradicionales. Además, con frecuencia reciben menos información sobre la operación, lo que implica una pérdida de ingresos y datos.

Los pagos con tarjeta también dependen cada vez más de redes extranjeras. Dos tercios de las operaciones con tarjeta en la zona euro se procesan actualmente mediante esquemas no europeos, mientras 13 de los 21 países de la zona euro no cuentan con un esquema nacional de tarjetas.

Más de la mitad de los países de la zona euro tampoco dispone de una solución nacional para pagos de comercio electrónico. Donde existen alternativas locales, no siempre cubren todos los casos de uso ni permiten operar entre diferentes países.

El proyecto europeo intenta responder a esa dependencia con una infraestructura común. El BCE sostiene que el euro digital podría reforzar la resiliencia de los pagos y reducir la dependencia de plataformas externas.

El calendario del piloto y la regulación

El BCE seleccionó a 36 proveedores de servicios de pago para participar en el piloto del euro digital. La lista incluye bancos, empresas fintech y otros operadores con distintos modelos de negocio y tamaños.

Los participantes fueron elegidos entre más de 50 postulantes y ofrecen una cobertura amplia del mercado europeo. Entre ellos figuran Deutsche Bank, UniCredit y Revolut, según la información divulgada sobre el proceso.

El piloto comenzará en la segunda mitad de 2027 y tendrá una duración de 12 meses. La versión de prueba no contará con condición de moneda de curso legal.

Las pruebas serán organizadas por el BCE junto con 19 de los 21 bancos centrales nacionales de la región. Malta y Bulgaria son los dos miembros de la zona euro que no aparecen representados en la lista mencionada.

El Parlamento Europeo votó su posición sobre el euro digital durante la semana previa al discurso de Cipollone. La propuesta recibió casi el 70% de los votos, un resultado que el funcionario interpretó como una señal de legitimidad democrática.

La votación permitió comenzar el proceso de diálogo entre las instituciones europeas. Cipollone señaló que el trílogo ya había comenzado el lunes de esa misma semana.

El BCE espera que el proceso legislativo termine a finales de 2026. Si se cumple esa condición, la primera emisión del euro digital podría ocurrir en 2029.

La institución también trabaja en dos proyectos de infraestructura vinculados con las finanzas tokenizadas. Pontes busca liquidar transacciones de activos tokenizados usando dinero del banco central y tendría un lanzamiento esperado para el tercer trimestre de 2026.

Appia plantea un ecosistema público-privado más amplio para las finanzas tokenizadas. Ambos proyectos podrían influir en la forma en que bancos, empresas de tecnología y participantes de mercados utilizan dinero del banco central en operaciones digitales.

En el marco regulatorio actual, MiCA exige que los emisores europeos de stablecoins denominadas en euros mantengan al menos el 30% de sus reservas en depósitos bancarios. Para los emisores considerados significativos, el umbral aumenta al 60%.

Sin embargo, esas exigencias también pueden crear canales de contagio. Si una stablecoin importante enfrenta una corrida, el retiro rápido de reservas concentradas en determinados bancos podría generar tensiones de liquidez localizadas.

MiCA regula principalmente las stablecoins denominadas en euros emitidas en Europa. Las mayores por capitalización de mercado son tokens denominados en dólares y emitidos fuera de la Unión Europea, un factor que el BCE utiliza para defender una respuesta más estructural.

Una disputa por el futuro de los pagos

La discusión enfrenta dos modelos de dinero digital. Las stablecoins privadas ofrecen transferencias programables y presencia en mercados globales, mientras el euro digital busca conservar el control público y la unidad monetaria europea.

El BCE no plantea al euro digital como una inversión con rendimiento. La ausencia de intereses y los límites de tenencia lo orientan principalmente a los pagos cotidianos y no a la acumulación de grandes saldos.

Los bancos también podrían utilizar la infraestructura para desarrollar servicios nuevos. Entre los ejemplos citados aparecen pagos automáticos activados después de confirmar la entrega de mercancías, la llegada puntual de un tren o el cumplimiento de condiciones de un seguro.

La inversión total estimada para la zona euro oscila entre EUR €4.000 millones y EUR €5.800 millones durante cuatro años. El BCE calcula que ese monto equivale aproximadamente al 3,4% del presupuesto tecnológico anual de los bancos significativos.

Los grupos de ahorro y bancos cooperativos podrían reducir costos mediante proveedores tecnológicos centrales. El enfoque permitiría desarrollar una solución una sola vez y desplegarla en múltiples entidades.

El BCE también pondría a disposición un kit de desarrollo de software. Los bancos podrían integrar sus componentes en sus propias aplicaciones o utilizarlos como base para ofrecer el servicio.

La inclusión será otro desafío. La aplicación del Eurosistema pretende superar los requisitos de la Ley Europea de Accesibilidad y atender a personas con discapacidad visual, clientes mayores y usuarios sin cuenta bancaria.

Los bancos cooperativos deberán explicar el funcionamiento del sistema en sus sucursales y comunidades. Cipollone considera que la confianza acumulada durante generaciones puede facilitar la adopción entre ciudadanos que todavía no comprenden el dinero digital.

La fuente oficial del BCE presenta el proyecto como una asociación público-privada. Bajo ese enfoque, la institución conservaría la emisión del dinero y los bancos aportarían distribución, atención al cliente, cumplimiento y servicios innovadores.

La advertencia sobre las stablecoins no implica que el debate esté cerrado. Los emisores privados seguirán compitiendo por usuarios, liquidez y casos de uso, mientras Europa define el alcance final de su moneda digital pública.

El resultado dependerá de la legislación, la experiencia del piloto y la disposición de bancos y comerciantes para integrar el sistema. Hasta entonces, el BCE intentará demostrar que el euro digital puede modernizar los pagos sin expulsar a los bancos del centro de la economía.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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