Por Canuto  

Perú se incorporó al Escudo de las Américas, una alianza de seguridad liderada por Estados Unidos para compartir inteligencia y coordinar operaciones contra los cárteles. El anuncio de Keiko Fujimori junto a Marco Rubio fortalece el vínculo bilateral, pero también provoca protestas y preocupaciones por la soberanía regional, la presencia militar estadounidense y la creciente influencia económica de China.
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  • Keiko Fujimori anunció que Perú se unirá al Escudo de las Américas, también conocido como Coalición contra los Cárteles de las Américas.
  • Marco Rubio defendió una respuesta firme contra grupos criminales transnacionales y aseguró que Estados Unidos actuará solo con autorización local.
  • La cooperación ocurre mientras Washington busca contener la influencia china en Perú, donde el puerto de Chancay y los recursos de cobre tienen importancia estratégica.


Perú se incorporará al Escudo de las Américas, una alianza de seguridad regional liderada por Estados Unidos que comparte inteligencia y coopera en operaciones militares contra los cárteles de drogas. La presidenta Keiko Fujimori anunció la decisión el jueves, después de reunirse en Lima con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, en un acercamiento que conecta la agenda peruana contra la criminalidad con la estrategia de Washington para el hemisferio.

La medida coloca a Perú dentro de una estructura conocida también como Coalición contra los Cárteles de las Américas, o ACCC por sus siglas en inglés. El mecanismo promueve una participación militar más amplia frente al narcotráfico y los grupos criminales transnacionales, aunque su expansión regional también reabre el debate sobre la soberanía latinoamericana y el alcance de la cooperación con Estados Unidos.

Una alianza centrada en seguridad

Fujimori presentó la adhesión como una respuesta a la experiencia peruana frente a amenazas violentas y al aumento de delitos vinculados con organizaciones criminales. “Agradecemos esta oportunidad [de unirnos a la iniciativa], porque para nosotros, que anteriormente tuvimos que enfrentarnos al terrorismo, [sabemos] lo difícil que es confrontar la criminalidad hoy”, afirmó la mandataria durante su encuentro con Rubio.

La presidenta peruana asumió el cargo en julio, después de una campaña centrada en la seguridad, y es hija del expresidente Alberto Fujimori, además de haber ejercido como primera dama. La fuente describió a su gobierno como una administración de derecha recientemente electa, en un contexto donde los reportes sobre delitos como la extorsión han aumentado durante los últimos años.

Perú ocupa además un lugar relevante dentro del mapa regional del narcotráfico, ya que es el segundo productor de cocaína del mundo, detrás de Colombia. Ese dato ayuda a explicar por qué Lima considera importante el intercambio de inteligencia y la coordinación operativa, aunque la incorporación a la alianza no elimina por sí sola los desafíos institucionales, sociales y económicos relacionados con el crimen organizado.

Rubio elogió la decisión peruana y presentó al Escudo de las Américas como una herramienta para proteger a los Estados frente a organizaciones con recursos superiores a los de algunas instituciones públicas. “Es un escudo contra estas amenazas a la soberanía de estas naciones independientes”, dijo el funcionario, quien agregó que ciertos grupos criminales transnacionales tienen, en muchos casos, más dinero y mejor equipo militar que el Estado.

El secretario de Estado sostuvo que esa desigualdad exige una confrontación firme y coordinada, en lugar de respuestas fragmentadas entre países. Su argumento refleja el enfoque de Washington, que busca ampliar la cooperación militar regional contra los cárteles, mientras los gobiernos participantes deben definir hasta dónde llega la asistencia extranjera y qué operaciones permanecen bajo control nacional.

Soberanía y rechazo en las calles

La visita de Rubio no transcurrió sin oposición en Lima, donde manifestantes se concentraron frente a la casa de gobierno durante la reunión con Fujimori. Algunos llevaron carteles con los mensajes “Marco Rubio fuera de Perú” y “No al Escudo de las Américas”, en rechazo a una iniciativa que consideran vinculada con una mayor presencia militar estadounidense en la región.

Soledad Lozano, una de las manifestantes, resumió esa preocupación al afirmar que Perú no es colonia ni el “jardín trasero” de ningún país del mundo. Su declaración muestra que el debate no se limita a la eficacia de la lucha antidrogas, sino que también incluye el recuerdo de intervenciones pasadas de Washington y el temor a que la cooperación de seguridad reduzca el margen de decisión de los gobiernos latinoamericanos.

La corresponsal de Al Jazeera Teresa Bo explicó que el acercamiento genera miedo entre sectores de la población que temen una mayor influencia política y militar de Estados Unidos. La preocupación se vuelve especialmente sensible cuando una alianza regional plantea compartir inteligencia y participar en operaciones militares, dos ámbitos que pueden afectar la seguridad interna, la política exterior y la relación de los países con sus vecinos.

Rubio intentó responder a esas críticas con una promesa de límites operativos, al asegurar que Estados Unidos solo intervendrá cuando las autoridades locales lo soliciten. “No vamos a hacer nada que nuestros socios no nos pidan hacer”, dijo, y añadió que Washington no quiere hacer menos de lo solicitado, pero tampoco hará más de lo que sus socios le pidan.

La competencia con China

La adhesión peruana también ocurre dentro de una disputa económica y estratégica más amplia entre Estados Unidos y China por su influencia en América Latina. La administración de Donald Trump ha señalado que le gustaría que países como Perú reduzcan su dependencia de Beijing, que superó a Washington como principal socio comercial peruano.

El puerto de Chancay se encuentra en el centro de esa tensión, debido a que China participó en su construcción y el complejo está ubicado a unos 75 kilómetros de Lima. En febrero, la administración estadounidense criticó que Perú permitiera la obra y advirtió que el “dinero chino barato cuesta soberanía”, una frase que vinculó la inversión extranjera con los riesgos estratégicos que Washington atribuye a la presencia de Beijing.

Bo señaló que China mantiene grandes inversiones en Perú y que controla un puerto cercano a la capital, mientras Estados Unidos intenta aumentar su presencia en el hemisferio occidental. Desde esa perspectiva, la cooperación de seguridad forma parte de una estrategia más extensa para reducir la dependencia económica de varios países latinoamericanos respecto de China, aunque Lima enfrenta la tarea de equilibrar sus relaciones sin sacrificar inversiones ni autonomía.

El vínculo bilateral también tiene una dimensión relacionada con los recursos naturales, porque Perú es el tercer productor de cobre del mundo. Ese mineral es esencial para numerosas cadenas industriales y tecnológicas, por lo que su disponibilidad agrega importancia económica a un país que Washington considera relevante tanto para la seguridad regional como para sus intereses comerciales y estratégicos.

Más cooperación militar y nuevos compromisos

El acercamiento entre Lima y Washington ya había recibido señales institucionales antes del anuncio de la alianza. El 14 de enero, Estados Unidos designó a Perú como aliado importante extra-OTAN, una categoría que profundiza la cooperación en defensa sin convertir al país en miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

El Departamento de Estado estadounidense también aprobó una posible venta militar extranjera por USD $1.500 millones para trabajos en la Base Naval del Callao, el principal centro naval peruano situado cerca de Lima. La operación conecta la relación de seguridad con infraestructura militar concreta, aunque la información disponible la presenta como una posible venta y no como una ejecución definitiva de todos los trabajos.

Durante la visita, el gobierno peruano otorgó a Rubio la Orden del Sol, una de las más altas condecoraciones civiles del país. El gesto protocolario acompañó el anuncio político y reflejó la intención de ambas administraciones de presentar la cooperación como una alianza entre socios, pese a las críticas de quienes consideran que el fortalecimiento de los vínculos militares puede aumentar la dependencia de Perú.

La gira de Rubio por Lima cerró un recorrido de tres días por tres países de Sudamérica destinado a reforzar los lazos entre el presidente estadounidense Donald Trump y sus aliados conservadores en la región. En el caso peruano, el acuerdo combina seguridad, comercio, infraestructura y minerales, por lo que sus efectos se medirán no solo por las operaciones contra los cárteles, sino también por la forma en que Lima gestione sus vínculos simultáneos con Washington y Beijing.

La incorporación al Escudo de las Américas ofrece al gobierno peruano una plataforma para buscar mayor apoyo frente al narcotráfico y la extorsión, pero también lo obliga a explicar los límites de la cooperación militar. La promesa estadounidense de actuar únicamente con autorización local puede reducir parte de las inquietudes, aunque las protestas en Lima muestran que el debate sobre soberanía seguirá abierto mientras la alianza avance.

Por ahora, el anuncio fortalece la agenda de seguridad de Fujimori y amplía la presencia diplomática de Estados Unidos en un país clave de Sudamérica. También confirma que la competencia entre Washington y Beijing ya no se desarrolla únicamente en el comercio, porque los puertos, el cobre, la inteligencia y la defensa forman parte de una misma disputa por influencia regional.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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