Chevron planea invertir USD $7.000 millones para duplicar su producción en Venezuela, mientras ExxonMobil insiste en que aún necesita reformas y garantías antes de comprometerse. La diferencia entre ambas empresas refleja dos estrategias ante un país con enormes reservas, una industria deteriorada y riesgos políticos y legales que siguen en el centro de la discusión.
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- Chevron busca elevar su producción venezolana de 300.000 a 600.000 barriles diarios para 2031, con un programa que su CEO describe como autofinanciado.
- ExxonMobil afirma que todavía faltan cambios fiscales y legales y recuerda que sus activos en Venezuela fueron nacionalizados dos veces.
- Continental Resources, BP y Shell también aparecen entre las compañías que exploran oportunidades petroleras o gasíferas en el país.
🛢️ Chevron proyecta invertir USD 7.000 millones en Venezuela
Busca elevar su producción de 300.000 a 600.000 barriles diarios para 2031.
Exxon aún pide reformas fiscales y legales antes de comprometer capital. Sus activos fueron nacionalizados dos veces. pic.twitter.com/7IN0Uoj6mh
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Dos ritmos ante la oportunidad venezolana
Chevron acelera su apuesta por la industria petrolera de Venezuela con un plan de inversión de USD $7.000 millones y el objetivo de duplicar su producción en el país durante los próximos cinco años. ExxonMobil, en cambio, pide cautela: su CEO, Darren Woods, sostuvo que todavía hacen falta reformas y garantías antes de que la compañía considere una entrada importante. La distancia entre ambas posturas pone en primer plano el peso del riesgo político y contractual para las petroleras.
La posición de Exxon llega después de informes, publicados aproximadamente un mes antes, según los cuales la compañía estaba cerca de firmar un memorando de entendimiento para explorar inversiones en campos venezolanos. Woods respondió que convenía tomar esos reportes “con una pizca de sal” y evitar la euforia, aunque también dijo que cree que Exxon tendrá un papel en el país cuando llegue el momento adecuado. La cautela no equivale, según sus declaraciones, a descartar por completo una oportunidad futura.
En la llamada de resultados del tercer trimestre de Exxon, realizada el viernes, Woods afirmó que su planteamiento no ha cambiado desde enero. Entonces dijo en la Casa Blanca que Venezuela era “no invertible” en ese momento, una expresión que molestó públicamente al presidente Donald Trump. “No me gustó su respuesta. Están jugando demasiado listo”, dijo Trump sobre Exxon, después de la expulsión militar estadounidense del expresidente venezolano Nicolás Maduro, según el relato publicado por Fortune.
La diferencia de exposición ayuda a explicar por qué Chevron puede avanzar con mayor rapidez. Exxon ha sufrido la nacionalización de activos en Venezuela en dos ocasiones, la más reciente en 2007, mientras Chevron negoció un acuerdo con el gobierno de Maduro y permaneció en el país. La compañía es hoy el mayor productor privado de petróleo de Venezuela, una continuidad que le aporta experiencia operativa y conocimiento de sus instalaciones, aunque no elimina los riesgos que Woods considera pendientes.
Las condiciones que Exxon quiere ver
Woods dijo que Venezuela necesita cambios sustanciales en la forma en que históricamente se han desarrollado los negocios y señaló que ya hay avances en los marcos fiscal y legal. También advirtió que el proceso sigue incompleto: una serie de ajustes está en curso, pero, a su juicio, todavía queda camino por recorrer antes de que Exxon comprometa capital. La empresa quiere confirmar que las nuevas condiciones estén vigentes y no dependan únicamente de anuncios o expectativas.
El CEO planteó que cualquier proyecto debe ser viable y sostenible, además de ofrecer retornos que compitan con las demás inversiones del portafolio de Exxon. Por eso, dijo, la compañía no tiene prisa y busca actuar de manera metódica y minuciosa. Su argumento combina la posibilidad de una oportunidad duradera con la necesidad de evitar una decisión que no cumpla los criterios comerciales y de estabilidad que la empresa exige.
Woods también destacó que operar en Venezuela con éxito requiere escala y que solo unas pocas compañías cuentan con los recursos necesarios para hacerlo, entre ellas Exxon. Esa capacidad financiera, sin embargo, no sustituye las garantías legales ni resuelve por sí sola los antecedentes de expropiación que pesan sobre la empresa. En su planteamiento, el tamaño de una inversión hace todavía más importante evaluar con cuidado el régimen contractual, la protección de activos y la previsibilidad de los ingresos.
La cautela de Exxon contrasta con el discurso de Chevron sobre las condiciones recientes. Su CEO, Mike Wirth, sostuvo que los entornos político, legal y financiero cambiaron de forma significativa tras la intervención militar de la administración Trump, y describió los términos contractuales como “mucho más competitivos”. Según Wirth, los acuerdos incorporan cláusulas de estabilidad política y arbitraje internacional comparables con las que Chevron utiliza en otros países donde opera.
La apuesta de Chevron y otros interesados
El plan de Chevron apunta a aumentar su producción venezolana de 300.000 barriles diarios a 600.000 para 2031. La compañía indicó que sus volúmenes crecieron 20% durante el año en curso, desde 250.000 barriles diarios, y Wirth atribuyó parte de su ventaja a que es la única empresa incumbente en el terreno. Ese conocimiento de la geología y la infraestructura, afirmó, le permite avanzar más rápido que compañías que tendrían que empezar por desarrollar experiencia local.
Wirth describió el programa de perforación como una operación “autofinanciada” después de las inversiones iniciales y dijo que la recuperación de esos desembolsos debería ser rápida. También lo comparó con un programa de perforación de tipo fábrica, cuyo ritmo puede acelerarse o reducirse según cambien las condiciones del mercado. La empresa presenta esa flexibilidad como una diferencia frente a ciclos anteriores de inversión en Venezuela, aunque el plan sigue sujeto a que se mantengan las condiciones que considera favorables.
Otro cambio contractual que Wirth destacó es el control del flujo del petróleo producido: según el CEO, Chevron, y no PDVSA, controlará ese crudo, además de las regalías y los impuestos que pague al gobierno. El ejecutivo también sostuvo que una gestión responsable y la creación de empleo pueden ayudar a obtener respaldo dentro del país y facilitar la resolución de diferencias. Se trata de la evaluación de la compañía sobre cómo administrar riesgos, no de una garantía de que no surgirán disputas.
Chevron no es la única empresa que explora opciones. Continental Resources, el mayor productor privado de petróleo y gas de Estados Unidos, firmó el mes anterior un memorando de entendimiento con PDVSA para desarrollar una gran área de la Faja del Orinoco; la firma fue fundada por Harold Hamm, aliado multimillonario de Trump. Por otro lado, BP y Shell planean invertir en campos de gas en alta mar cerca de Trinidad y Tobago, una oportunidad distinta de los proyectos petroleros terrestres que concentran buena parte de la actividad venezolana.
Producción, reservas y anuncios por confirmar
La administración Trump también ha presentado planes para ampliar la actividad petrolera. A finales de agosto, Trump anunció lo que llamó “el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial”, vinculado, según la información divulgada, con más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas en 17 campos venezolanos. Muchos detalles del acuerdo siguen sin conocerse, por lo que la descripción de su alcance debe entenderse como parte de un anuncio cuyos términos aún no están completamente claros.
La estructura mencionada operaría mediante North American Blue Energy Partners, identificada como la segunda mayor petrolera privada venezolana. De acuerdo con el reporte, el Departamento de Defensa de Estados Unidos tendría una participación de 35% en NABEP y controlaría la mayoría de la producción de petróleo. La combinación de una participación gubernamental estadounidense y el control de la producción marcaría una intervención de gran alcance, pero la información disponible no detalla todos los mecanismos ni las condiciones de ejecución.
En paralelo, la producción nacional pasó de menos de 1 millón de barriles diarios a más de 1,2 millones en octubre, según los datos citados por Fortune. El avance reciente todavía queda lejos del máximo histórico del país, que alcanzó casi 4 millones de barriles diarios hace décadas, antes de que su industria entrara en un prolongado deterioro. Venezuela posee, sobre el papel, las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero convertir ese potencial en producción sostenida requiere capital, infraestructura y reglas que las compañías consideren confiables.
La comparación entre Chevron y Exxon deja dos lecturas de esa recuperación posible. Chevron sostiene que su presencia previa, sus nuevos términos contractuales y la posibilidad de ajustar el ritmo de perforación le permiten asumir el desafío con rapidez; Exxon insiste en que el historial de nacionalizaciones y las reformas incompletas justifican esperar. Para el sector, la pregunta inmediata no es solo cuánto petróleo puede extraerse, sino qué condiciones permitirán que las inversiones sobrevivan a cambios políticos y generen retornos sostenibles.
La fuente de esta información es Fortune, que reportó las declaraciones de Woods y Wirth, así como los planes de las empresas y los datos de producción. Hasta que se aclaren los detalles de los acuerdos anunciados y se consoliden los cambios fiscales y legales, el panorama seguirá combinando oportunidades de expansión con reservas sobre la seguridad de invertir. Esa diferencia de evaluación explica por qué Chevron acelera mientras Exxon prefiere esperar antes de comprometer recursos a gran escala.
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