Por Canuto  

Nvidia amplía su red de financiamiento circular invirtiendo USD $1.500 millones en SB Energy, el desarrollador que construye el campus de OpenAI en Ohio. Esta estrategia le permite cobrar dos veces: por el retorno de inversión y por la venta de chips, mientras la deuda oculta del sector alcanza los USD $3 billones. Un análisis sobre los riesgos que nadie ve.
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  • Nvidia invierte USD $1.500 millones en SB Energy y asegura 8 GW de capacidad para OpenAI.
  • La deuda fuera de balance de los grandes tecnológicos asciende a USD $3 billones.
  • Nvidia redujo su respaldo para el proyecto de Ohio de USD $250.000 millones a menos de USD $120.000 millones.
  • OpenAI sigue sin generar beneficios a pesar de estar valorada en USD $852.000 millones.
  • El financiamiento circular de Nvidia le permite cobrar dos veces por el mismo ecosistema de IA.


El debate sobre si la inteligencia artificial responde a una demanda real o a un esquema de financiamiento circular se intensificó en Wall Street durante 2026. La publicación japonesa Nikkei identificó en julio USD $1,65 billones en obligaciones fuera de balance, una cifra que sube a USD $3 billones si se suman todos los compromisos de los grandes hiperescaladores. En el centro de ese entramado aparece Nvidia, la empresa que no solo vende los chips que impulsan la IA, sino que ahora financia la construcción de la infraestructura que los utiliza.

La estrategia de Nvidia evolucionó de simple proveedor de hardware a banquero, arrendador y socio de capital de sus propios clientes. El anuncio de este lunes refuerza esa posición: una inversión de USD $1.500 millones en SB Energy, el desarrollador respaldado por SoftBank que construye el campus de centros de datos de OpenAI en Ohio. La cifra es menor en comparación con los ingresos trimestrales de Nvidia, pero revela la mecánica de una red donde el dinero sale de la compañía y regresa en forma de compras de chips.

El acuerdo de Ohio: una inversión que asegura demanda

La inversión de Nvidia en SB Energy asegura hasta 8 gigavatios (GW) de capacidad de cómputo de IA en el campus PORTS-Pike, ubicado en el condado de Pike, Ohio. La primera fase del proyecto cubre 4,25 GW, y SB Energy será la encargada de construir, poseer y operar la instalación bajo un contrato de arrendamiento de 20 años con OpenAI, la empresa de inteligencia artificial respaldada por Microsoft y SoftBank, entre otros.

El plan contempla además un compromiso de USD $4.200 millones por parte de SB Energy y SoftBank para la infraestructura eléctrica regional, con el objetivo de generar al menos 10 GW de nueva capacidad. Esta cifra es menor a la que se manejaba originalmente, ya que The Wall Street Journal informó el viernes que Nvidia redujo su respaldo financiero para este proyecto de USD $250.000 millones a menos de USD $120.000 millones, y que la garantía ahora cubre solo la primera fase de construcción.

La noticia provocó una caída del 4% en las acciones de Nvidia el viernes, luego de que se conociera el recorte del respaldo. Al mismo tiempo, la compañía y OpenAI están negociando hasta USD $100.000 millones en créditos de soporte para el proyecto más amplio, lo que mantiene el pipeline de financiamiento de chips intacto a largo plazo. La reducción no implica un abandono de la estrategia, sino un ajuste de los términos frente a las presiones de los inversores.

SB Energy y SoftBank son actores clave en este acuerdo, con una alineación de intereses que se extiende más allá de Ohio. SoftBank no solo respalda a SB Energy, sino que también participa como accionista de OpenAI, lo que convierte a la misma empresa en financista del constructor y del cliente final. Esta interconexión plantea preguntas sobre la independencia de las decisiones comerciales en el ecosistema de IA.

Dinero adentro, chips afuera: así funciona el círculo

El movimiento de Nvidia hacia SB Energy es un eslabón más en una cadena de verticalización donde la empresa de Santa Clara controla la oferta de chips y ahora el financiamiento que permite construir los centros de datos. El flujo es el siguiente: Nvidia invierte en SB Energy para asegurar capacidad; SB Energy construye y arrienda la infraestructura a OpenAI; OpenAI necesita GPU de Nvidia para operar esa infraestructura; y finalmente Nvidia cobra por el retorno de su inversión y por la venta de sus chips.

El círculo se cierra con SoftBank, que además de ser accionista de OpenAI y de SB Energy, participa como socio tecnológico en el campus de Ohio. Este entramado permite a Nvidia reportar ingresos dos veces: una por el retorno financiero de su inversión y otra por la venta de hardware. La estrategia no es nueva, pero su escala se amplió considerablemente en los últimos meses.

Hay que recordar que Nvidia ya había incursionado en financiamiento de infraestructura con acuerdos como el de CoreWeave, donde otorgó garantías que luego se convirtieron en contratos de compra de GPU. El caso de SB Energy es similar, pero agrega una capa más compleja: Nvidia no solo asegura la compra de sus chips, sino que participa como inversionista de capital en el proyecto.

Los analistas financieros señalan que este modelo puede ser rentable para Nvidia mientras la demanda de IA crezca al ritmo proyectado, pero también incrementa la exposición a los riesgos de sus clientes. Si una de estas empresas no puede cumplir con los pagos, Nvidia tendría que absorber pérdidas en sus inversiones, algo que no ocurría cuando se limitaba a vender chips.

La deuda oculta de USD $3 billones: el riesgo que nadie ve

El balance de Nvidia es sólido, con un ratio de deuda sobre capital de 0,07, lo que indica que la empresa está financiando este ecosistema principalmente con efectivo, no con deuda. Sin embargo, el riesgo no reside en la propia Nvidia, sino en las empresas que dependen de sus chips y que acumulan obligaciones fuera de balance.

Según Nikkei, las obligaciones fuera de balance de los grandes tecnológicos ascienden a USD $3 billones, todas respaldadas por supuestos de ingresos de IA que nadie puede verificar. Estas cifras incluyen contratos de arrendamiento, garantías y compromisos de compra de energía que no aparecen en los balances tradicionales, pero que representan un pasivo real a futuro.

La cadena de pagos es frágil porque depende de que la IA genere ingresos reales. Si el crecimiento se desacelera, los pagos de arrendamiento y los créditos de soporte podrían dejar de fluir, lo que afectaría a SB Energy, a OpenAI y, en última instancia, a los ingresos de Nvidia por venta de GPU.

Los informes de Nikkei y The Wall Street Journal sobre los USD $3 billones en obligaciones fuera de balance han sido objeto de debate entre analistas, algunos de los cuales consideran que las cifras exageran el riesgo real. Sin embargo, la presión de los inversores llevó a Nvidia a reducir su respaldo financiero para el proyecto de Ohio, lo que indica que el mercado está empezando a evaluar estos riesgos.

Nvidia sigue siendo rentable, pero sus clientes no

A pesar de los cuestionamientos, Nvidia mantiene una posición financiera envidiable, con márgenes de beneficio que superan a los de la mayoría de las empresas tecnológicas. Sin embargo, sus principales clientes, como OpenAI, siguen sin generar beneficios a pesar de estar valorada en USD $852.000 millones.

OpenAI opera con pérdidas, financiando sus operaciones mediante aportes de capital de inversores como Microsoft y SoftBank, y ahora, indirectamente, de Nvidia. Los acuerdos de arrendamiento a 20 años con SB Energy son una apuesta al largo plazo con un flujo de caja incierto, lo que aumenta el riesgo de que la empresa no pueda cumplir con sus compromisos.

Nvidia, al participar como inversor de capital en SB Energy, asume un riesgo que antes no tenía. Ya no se trata solo de vender chips a un cliente que puede pagar; ahora la empresa invierte en el mismo proyecto que pretende abastecer, con la esperanza de que la demanda de IA justifique la inversión.

La pregunta que se extiende en Wall Street es si esta red de financiamiento circular sostendrá el auge de la IA o si terminará convirtiéndolo en un castillo de naipes. Por ahora, Nvidia sigue siendo la principal beneficiaria, pero su creciente exposición a la suerte de sus clientes podría cambiar esa dinámica en el futuro.

El mercado no ha procesado completamente las implicaciones de que el mayor vendedor de herramientas de IA sea también el mayor financiador de su infraestructura. Los próximos meses serán clave para observar si esta estrategia sostiene el crecimiento o si, por el contrario, las obligaciones ocultas desatan una corrección en el sector.


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