La Novo Nordisk Foundation construirá en Copenhague una planta de USD $62 millones para fabricar chips cuánticos y ofrecer capacidad industrial a empresas de todo el mundo desde 2027.
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- Quantum Foundry Copenhagen levantará una instalación de 5.300 metros cuadrados dedicada a fabricar, probar y ensamblar chips cuánticos.
- La inversión forma parte de un compromiso superior a DKK 2.900 millones de la Novo Nordisk Foundation con la investigación y manufactura cuánticas.
- El proyecto busca resolver una limitación europea: la falta de infraestructura abierta para que las empresas escalen diseños cuánticos sin construir sus propias fábricas.
⚛️🇩🇰 Europa construirá una fábrica de chips cuánticos
💰 Novo Nordisk Foundation invertirá USD 62 millones en Copenhague.
🏭 La planta de 5.300 m² abrirá en 2027 y fabricará, probará y ensamblará chips para empresas globales.
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Europa se prepara para sumar una fábrica de chips cuánticos, en lugar de concentrar todos sus esfuerzos en construir otro computador cuántico. Quantum Foundry Copenhagen, creada como parte del programa de computación cuántica de la Novo Nordisk Foundation, levantará una instalación de 5.300 metros cuadrados en la capital danesa, con apertura prevista para 2027 y capacidad para ofrecer fabricación de obleas a empresas cuánticas de todo el mundo. La inversión rondará los USD $62 millones, según informó Bloomberg.
El monto resulta modesto frente a los miles de millones de dólares que actualmente se destinan a centros de datos para inteligencia artificial, pero apunta a un cuello de botella decisivo para la computación cuántica europea. La planta cubrirá la nanofabricación de materiales cuánticos, su caracterización y pruebas, además del ensamblaje, el empaquetado de chips y la manufactura con ultra alto vacío. Son procesos industriales que sostienen el funcionamiento de un computador cuántico y que Europa todavía no ofrece con suficiente amplitud fuera de sus instituciones de investigación.
Una fábrica para convertir investigación en producción
Peter Krogstrup, director ejecutivo de Quantum Foundry Copenhagen, presentó el proyecto como una apuesta para construir una plataforma industrial de alcance internacional. “Nuestra visión es convertirnos en un fabricante líder mundial de chips cuánticos, suministrar a Europa procesadores avanzados de próxima generación y permitir que las empresas cuánticas amplíen su producción”, afirmó. La compañía también pretende desarrollar líneas de producción de vanguardia y respaldar una industria de tecnología profunda sostenible.
La diferencia frente a un laboratorio universitario está en la continuidad y la escala del proceso. Una empresa puede diseñar un nuevo tipo de cúbit, pero necesita transformar ese concepto en materiales, obleas, conexiones, encapsulados y componentes que soporten pruebas repetibles. La instalación de Copenhague pretende reunir esas etapas bajo una misma infraestructura, reduciendo la distancia entre un resultado experimental y un producto que pueda fabricarse para clientes comerciales.
La iniciativa no nace de un gobierno ni de un fondo de capital de riesgo, sino de la Novo Nordisk Foundation, fundación independiente danesa que respalda el programa. La entidad, vinculada a la compañía detrás de Ozempic, ya ha comprometido más de DKK 2.900 millones, equivalentes a aproximadamente EUR €390 millones, para tecnologías cuánticas. Ese capital se ha dirigido tanto a la investigación como a la construcción de capacidades manufactureras.
La fundación también administra un programa de computación cuántica en el Niels Bohr Institute de Copenhague, cuyo objetivo es construir el primer computador cuántico tolerante a fallos de Dinamarca para 2034. La fábrica busca conectar ese esfuerzo científico con una capacidad productiva que permanezca dentro del ecosistema danés y europeo. Mads Krogsgaard Thomsen, director ejecutivo de la fundación, describió las tecnologías cuánticas como uno de los campos científicos y tecnológicos más determinantes del siglo.
El desafío de la soberanía tecnológica europea
Para la Novo Nordisk Foundation, la inversión forma parte de un compromiso de largo plazo con un ecosistema cuántico de alcance mundial en Dinamarca y Europa. Lene Oddershede, directora científica de la entidad, sostuvo que la creación de esta capacidad representa un paso importante para colocar a Europa en una posición central dentro del ecosistema cuántico global. La presencia de la Comisión Europea en el lanzamiento reforzó el carácter estratégico que Bruselas atribuye al proyecto.
Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, señaló que fortalecer la capacidad del continente para desarrollar y fabricar chips cuánticos resulta esencial para la competitividad y la soberanía tecnológica. El énfasis refleja un cambio de prioridades en la política europea, que durante años concentró buena parte de la inversión pública en investigación. Ahora, la discusión incorpora con mayor fuerza la comercialización, la producción y el control de las cadenas tecnológicas.
La estrategia Quantum Europe de la Unión Europea y la propuesta de una futura Quantum Act colocan más atención en la fabricación y en la llegada de la tecnología al mercado. La Comisión Europea incluyó una iniciativa legislativa sobre un Quantum Act en su programa de trabajo para 2026, con publicación prevista para el segundo trimestre de ese año. Europa posee una base sólida de investigación y ha creado empresas relevantes, pero con frecuencia la comercialización de sus avances ha ocurrido fuera del continente. Construir infraestructura propia busca evitar que el conocimiento producido en sus universidades termine dependiendo de fábricas ubicadas en otras regiones.
Dinamarca ha intentado ocupar una posición destacada dentro de ese proceso. El país cuenta con una estrategia para transformar la investigación cuántica en una industria y sumó a Microsoft para construir, junto con EIFO, su fondo nacional de inversión, lo que fue presentado como el computador cuántico más potente del mundo. Las primeras tareas del sistema Magne están previstas para principios de 2027. En otros países europeos, como Francia y Finlandia, los recursos se han concentrado en programas nacionales, aplicaciones o compañías específicas; el proyecto de Copenhague busca añadir una infraestructura especializada en la fabricación de procesadores cuánticos.
El modelo de las fundiciones de semiconductores
Quantum Foundry Copenhagen podría modificar las opciones disponibles para las empresas cuánticas pequeñas. Actualmente, una startup con un diseño novedoso de cúbit debe desarrollar su propia capacidad de fabricación o negociar acceso a una sala blanca universitaria, y ninguna de las dos alternativas está especialmente preparada para sostener una producción comercial creciente. Una fundición abierta permitiría separar el diseño del proceso fabril, siempre que consiga atender las exigencias técnicas de distintos clientes.
El referente más evidente es la industria de semiconductores, donde TSMC ayudó a convertir el diseño de chips en un negocio accesible para compañías que no poseen una fábrica. Ese modelo permitió que numerosas empresas se especializaran en arquitectura y productos, mientras un fabricante externo asumía la producción. La propuesta cuántica intenta reproducir una lógica parecida, aunque la tecnología todavía se encuentra en una etapa mucho más temprana y carece de estándares industriales consolidados.
La principal dificultad será la diversidad de arquitecturas de cúbits. No existe un diseño dominante, por lo que una fábrica de este tipo podría necesitar respaldar con el tiempo enfoques superconductores, de espín y topológicos, cada uno con materiales y procesos de manufactura diferentes. Esa incertidumbre puede complicar la planificación de equipos, líneas de producción y servicios, pero también explica por qué una infraestructura flexible tendría valor para un sector que aún está definiendo sus métodos.
El éxito del proyecto dependerá de que la fábrica logre convertir una capacidad científica en un servicio industrial confiable, no solamente de que complete sus instalaciones en 2027. Europa no enfrenta una carencia de investigación cuántica, sino una dificultad persistente para retener la producción y la comercialización de sus avances. Si Quantum Foundry Copenhagen consigue ofrecer a las compañías acceso estable a fabricación, pruebas y empaquetado, el continente podría conservar una parte mayor de la cadena de valor que hasta ahora ha permanecido fragmentada.
La apuesta también introduce una relación más estrecha entre financiación filantrópica, investigación pública e infraestructura empresarial. El programa del Niels Bohr Institute apunta a una meta científica para 2034, mientras la fundición intenta resolver desde ahora los problemas industriales que pueden impedir que los diseños lleguen al mercado. En ese cruce se definirá si Europa logra construir una industria cuántica competitiva o si sus descubrimientos continúan encontrando capacidad productiva principalmente en el extranjero.
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