Por Canuto  

Investigadores del MIT desarrollaron un dispositivo nanomecánico que combina memoria y procesamiento para imitar el comportamiento de una neurona, con posibles aplicaciones en sensores, prótesis y dispositivos de salud de bajo consumo.
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  • El dispositivo utiliza una película de PDMS de apenas 2 nm entre dos electrodos metálicos.
  • La viscoelasticidad del polímero permite acumular estímulos, superar un umbral y generar un disparo similar al de una neurona.
  • El equipo apunta a aplicaciones de computación en el borde, monitoreo médico, sensores ambientales y robótica inteligente.


Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) desarrollaron una plataforma de computación nanomecánica que imita una función esencial de las neuronas: acumular estímulos hasta alcanzar un umbral y luego dispararse. El dispositivo combina memoria y procesamiento dentro de una estructura diminuta, con la promesa de reducir componentes y consumo energético en equipos que necesitan analizar información cerca de donde se genera.

La propuesta busca atender una limitación de la computación convencional, especialmente relevante para sensores, dispositivos médicos y sistemas autónomos: mover grandes volúmenes de datos hacia un procesador central puede consumir energía y añadir complejidad. En cambio, los investigadores integraron parte de la lógica en las propiedades físicas de un polímero blando, de modo que el material participe directamente en la función computacional.

Un chip que convierte el movimiento en memoria

El dispositivo está formado por una película extremadamente delgada de polidimetilsiloxano, conocido como PDMS, colocada entre dos electrodos metálicos. La capa de polímero viscoelástico tiene un espesor de apenas 2 nanómetros, una escala en la que pequeños cambios mecánicos pueden modificar de manera considerable el comportamiento eléctrico de la estructura.

Cuando los investigadores aplican voltaje, los electrodos se atraen y comprimen el PDMS, alterando la corriente que atraviesa el dispositivo. El polímero no regresa de inmediato a su forma inicial, porque su naturaleza viscoelástica hace que tarde un tiempo en relajarse; esa respuesta permite conservar una huella del historial de fuerzas y voltajes recibidos.

La memoria, en este caso, no depende de un componente externo diseñado exclusivamente para almacenar información, sino de la dinámica mecánica propia del material. Según Peter Satterthwaite, estudiante graduado de ingeniería eléctrica y ciencias de la computación y uno de los autores principales, el dispositivo puede recordar de forma dinámica los estímulos aplicados y convertir ese historial en una respuesta eléctrica.

El diseño también resuelve un obstáculo fundamental de la mecánica a nanoescala. Cuando dos superficies se acercan demasiado, las fuerzas adhesivas pueden hacer que queden unidas de manera irreversible, pero la película blanda funciona como un nanoresorte que equilibra esas fuerzas y permite una reconfiguración controlada y reversible.

La inspiración en neuronas y sistemas biológicos

En una neurona biológica, las señales eléctricas se acumulan gradualmente hasta superar un umbral, momento en el que la célula genera un disparo que transmite información a otras neuronas. El dispositivo del MIT reproduce esa secuencia mediante la compresión progresiva del polímero, seguida por un cambio eléctrico abrupto y una relajación hacia el estado original.

Esta función permitió al equipo demostrar una neurona artificial contenida en un solo dispositivo nanométrico. La computación y la memoria quedan incorporadas en la respuesta del material, por lo que el sistema no necesita añadir capacitores ni circuitos complejos para representar cada parte del proceso.

Farnaz Niroui, profesora asociada de ingeniería eléctrica y ciencias de la computación, miembro del Research Laboratory of Electronics y autora principal del trabajo, sostuvo que los fenómenos nanométricos acoplados pueden abrir nuevas vías para combinar computación, sensórica y actuación. A su juicio, esa integración podría mejorar la eficiencia energética, la autonomía y la capacidad de reconfiguración de sistemas diminutos.

El enfoque toma como referencia sistemas biológicos capaces de procesar información de manera distribuida, sin depender siempre de un controlador central. Niroui citó el caso del pulpo, cuyas neuronas se encuentran ampliamente repartidas por el cuerpo y permiten que sus brazos perciban y respondan al entorno local, mientras ciertas células de la piel cambian mecánicamente para producir camuflaje.

Qué aplicaciones podría habilitar

La plataforma está orientada a la computación en el borde, un modelo en el que los dispositivos procesan datos localmente en vez de enviarlos continuamente a un centro de datos. Esa arquitectura puede ser útil cuando una respuesta rápida, un consumo reducido o una operación autónoma resultan más importantes que la potencia de cálculo de un sistema central.

Entre las posibilidades mencionadas por el equipo aparecen los sistemas interactivos de monitoreo médico y ambiental, los robots inteligentes y los dispositivos vestibles. Un parche de salud podría, por ejemplo, recopilar y analizar indicadores en tiempo real con un circuito compacto, aunque la investigación todavía describe una plataforma experimental y no un producto listo para uso clínico.

Los investigadores también señalaron una posible aplicación en prótesis inteligentes capaces de interpretar datos táctiles con rapidez. En ese escenario, un dispositivo nanomecánico podría contribuir a que la información captada por sensores se procese cerca del punto de contacto, reduciendo la necesidad de enviar cada señal a una unidad de procesamiento separada.

Sarah Spector, estudiante graduada de ingeniería eléctrica y ciencias de la computación y coautora principal, explicó que el rendimiento depende en gran medida de la memoria introducida mediante el polímero blando. Esa memoria puede diseñarse dentro de un espacio amplio de parámetros para ajustar la respuesta del dispositivo a las necesidades de distintas aplicaciones.

Un camino todavía experimental

El trabajo no presenta una computadora completa ni demuestra que estos dispositivos puedan reemplazar de inmediato a los procesadores electrónicos convencionales. Su principal resultado es una arquitectura nanomecánica capaz de integrar funciones que normalmente requieren varios elementos, una característica que podría servir como bloque de construcción para sistemas más amplios.

La fabricación de los dispositivos se realizó parcialmente en las instalaciones MIT.nano, y el proyecto recibió apoyo de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de Estados Unidos, la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, una beca MathWorks de MIT EECS y la Organización Neerlandesa para la Investigación Científica. La investigación fue publicada el 16 de septiembre de 2026 en Science Advances, según informó MIT News.

El equipo está trabajando en una siguiente etapa que combine de forma más estrecha sensórica, computación y memoria. El objetivo es avanzar hacia una forma de materia de computación nanomecánica capaz de adaptarse a su entorno y ejecutar funciones inteligentes con menos componentes externos.

La relevancia del enfoque dependerá de que los investigadores puedan ampliar la fabricación, mantener la estabilidad de las respuestas mecánicas y conectar muchos dispositivos sin perder las ventajas de tamaño y consumo. Por ahora, el experimento muestra que un material blando de escala nanométrica puede hacer algo más que actuar como soporte: también puede almacenar el pasado inmediato de un estímulo y convertirlo en una decisión eléctrica.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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