Max Hodak, cofundador de Neuralink y actual CEO de Science, describió una hoja de ruta ambiciosa para la neurotecnología y la medicina avanzada: restaurar la visión con implantes retinales, mantener órganos vivos fuera del cuerpo y reducir el costo de desarrollar interfaces cerebro-computadora para que más pacientes puedan acceder a ellas.
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- Science centra su estrategia en restaurar funciones perdidas, no en vender aumentos para personas sanas.
- Su programa Prima ya mostró en ensayos clínicos que un implante subretinal puede devolver visión útil a pacientes ciegos.
- Hodak sostiene que la IA y la ingeniería neural podrían acelerar una nueva etapa de la medicina en la próxima década.
🔬🚀 Max Hodak, CEO de Science, revela una nueva era en neurotecnología.
La empresa trabaja en implantes para restaurar la visión de pacientes ciegos con su programa Prima.
Afirmó que muchas enfermedades podrían ser mejor tratadas con soluciones de ingeniería en lugar de… pic.twitter.com/vhdGu3pCSw
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Max Hodak, cofundador de Neuralink y director ejecutivo de Science, presentó una visión amplia sobre el futuro de la medicina basada en neurotecnología, perfusión de órganos e inteligencia artificial. Su argumento central fue que muchas enfermedades responden mejor a soluciones de ingeniería que a la ruta tradicional de descubrimiento de fármacos.
Durante una conversación con Ashley Vance en Transcripción de video de YouTube, Hodak describió a Science como una empresa médica unificada por una sola idea. Según explicó, la compañía busca usar un conocimiento diferenciado del universo para mejorar la condición humana.
Aunque Science trabaja en varias líneas de producto, Hodak rechazó la idea de que se trate de proyectos pegados de forma arbitraria. A su juicio, el hilo conductor es desarrollar dispositivos capaces de restaurar funciones críticas en pacientes que las han perdido.
Entre esos programas destacó Prima, una prótesis retinal para devolver visión a personas con enfermedades degenerativas. También mencionó biohybrid, una plataforma más temprana de interfaz cerebro-computadora, y Vessel, una línea enfocada en mantener órganos vivos fuera del cuerpo.
Su enfoque, dijo, no parte de la idea de convertir a personas sanas en superhumanos de forma inmediata. La prioridad actual es restaurar capacidades perdidas en pacientes, bajo la premisa de que con el tiempo casi todo el mundo termina convirtiéndose en paciente.
Por qué Science cree que la ingeniería puede superar a los fármacos en ciertas áreas
Hodak sostuvo que el problema de fondo en medicina es que la humanidad sigue siendo poco eficiente en descubrimiento de fármacos. Comparó ese proceso con buscar petróleo, donde durante años se invierte en múltiples intentos para obtener, con suerte, unos pocos aciertos excepcionales.
Como ejemplo, mencionó que en ocasiones aparecen avances de gran impacto, como los agonistas GLP-1 o progresos recientes contra el cáncer de páncreas. Sin embargo, subrayó que lo habitual es trabajar durante una década y terminar con una lectura clínica negativa.
En contraste, afirmó que la ingeniería neural ofrece gradientes más claros para iterar. Cuando un decodificador motor cortical se implanta en un paciente con parálisis o ELA, dijo, en cerca de una hora esa persona puede empezar a jugar videojuegos.
También citó el caso de la estimulación cerebral profunda. Según explicó, bastan unos 10 segundos tras activar el dispositivo para que un paciente pase de no poder sostener un vaso con agua a recuperar una capacidad funcional visible, incluso para escribir en cursiva.
Desde su perspectiva, el cerebro es a la vez el objeto central de la medicina y un sistema más tratable desde la ingeniería. Al final, añadió, el propósito de vigilar el colesterol, aplicar vacunas o preservar órganos es sostener una actividad cerebral continua e interesante.
Hodak remarcó además que, a diferencia de un corazón o un hígado, un cerebro no puede trasplantarse ni siquiera como concepto práctico. Por eso, cree que intervenir de forma directa sobre la señal neural permite obtener magnitudes de efecto raras dentro de la medicina tradicional.
Prima y la apuesta por restaurar la visión desde la retina
El programa más avanzado de Science es Prima, orientado a pacientes con enfermedades donde mueren los fotorreceptores de la retina, pero sobreviven otras capas celulares. Hodak mencionó entre esas condiciones la degeneración macular, la retinitis pigmentosa, la retinopatía diabética y la enfermedad de Stargardt.
Explicó que la retina puede entenderse, de forma simplificada, como una estructura de tres capas. Primero están los conos y bastones, luego las células bipolares y finalmente las células ganglionares retinales, que forman el nervio óptico.
La tesis de Science es que no hace falta resolver molecularmente por qué murieron los conos y bastones para restaurar visión útil. Lo esencial es reinyectar señal en el circuito, y el ensayo clínico mostró que estimular las células bipolares puede producir una imagen coherente en la mente del paciente.
Hodak contrastó ese resultado con intentos previos de estimular directamente el nervio óptico. Según relató, esos enfoques tendían a generar fosfenos o destellos difusos de luz que no se integraban en una visión funcional del entorno.
La razón, dijo, es que estimular el nervio óptico implica comprimir una señal de cerca de 100 millones de fotorreceptores en alrededor de 1 millón de células del nervio. Ese cuello de botella produce algo más cercano a “basura” visual que a una imagen estructurada.
Prima, en su forma actual, es un chip de 2 mm por 2 mm con electrodos de 0,1 mm de diámetro. Se implanta bajo la retina mediante un procedimiento ambulatorio de aproximadamente una hora, que incluso puede realizarse con anestesia local.
Hodak aclaró que el producto todavía no cuenta con aprobación comercial, por lo que solo habló de lo observado en ensayos clínicos. Aun así, presentó esos resultados como una prueba poderosa de que el enfoque funciona en seres humanos.
En los ensayos, explicó, los pacientes conservaban algo de visión periférica, pero habían perdido la visión central de alta resolución y color. Muchos podían caminar sin chocar con paredes, pero ya no podían leer, reconocer rostros ni conducir.
Con Prima, lo que se restaura hoy es un parche de visión central en blanco y negro y alta agudeza relativa. En lugar de ver una página completa, el paciente suele distinguir unas pocas letras a la vez y unirlas en palabras.
Hodak relató que uno de los pacientes en Europa terminó una novela de 300 páginas después de haber pasado más de una década sin reconocer rostros. Para él, ese tipo de resultado marca una diferencia clínica lo bastante grande como para justificar la cirugía y el desarrollo adicional.
Qué limita hoy a la neurotecnología y por qué Prima podría mejorar más rápido
Al evaluar el campo más amplio de las interfaces cerebro-computadora, Hodak reconoció que muchos avances no siguen una lógica tipo ley de Moore. Pacientes con lesión medular que hoy usan implantes no están corriendo ni nadando, y el progreso médico suele verse incremental aunque luego acumule resultados importantes.
También señaló una brecha entre lo que se logra en modelos animales y lo que puede intentarse en humanos. La investigación clínica obliga a congelar diseños durante años, y ese ciclo lento reduce la velocidad de aprendizaje respecto al laboratorio.
Sin embargo, sostuvo que Prima sí podría ser una excepción parcial a esa dinámica. A medida que los electrodos se hagan más pequeños y el implante cubra una zona mayor de atrofia, el sistema debería aumentar resolución y funcionalidad.
Hoy los electrodos estimulan docenas o quizá cientos de células bipolares a la vez. Ese promediado es, según explicó, una de las razones por las que la percepción generada es en blanco y negro.
Hodak recordó que no existe algo como un fotón blanco individual. El blanco surge del promedio entre señales de distintos colores, y por eso espera que una estimulación más precisa, sobre menos células a la vez, pueda abrir la puerta a perceptos de color.
En paralelo, planteó que otra vía futura es una terapia génica que vuelva fotosensibles a esas células bipolares. En vez de usar un chip bajo la retina para estimularlas con luz, la propia célula incorporaría el “píxel” de estimulación, aunque eso todavía exige resolver problemas difíciles de diseño proteico y ensayos clínicos.
BCI, costos, capital de riesgo y el problema del modelo económico
Hodak insistió en que una interfaz cerebro-computadora no debe verse como un solo producto, sino como una categoría médica entera. Comparó ese error conceptual con decir que un fondo ya tiene “su apuesta farmacéutica” y por eso no puede financiar otras terapias.
Desde su punto de vista, el verdadero reto no es si estas tecnologías sirven, sino cuánto cuesta desarrollarlas. Afirmó que nadie ha pasado de una hoja en blanco a implantar un dispositivo cerebral en pacientes para una nueva indicación por menos de cerca de USD $70 millones, y que en la mayoría de los casos la cifra real se acerca más a USD $100 millones.
Ese nivel de gasto eleva el precio final y complica el reembolso. Hodak dijo que su mayor deseo sería vender una prótesis retinal por algo como USD $5.000, pero reconoció que al inicio costará más porque la empresa ya ha levantado cerca de USD $500 millones y buena parte de ese capital se destinó a Prima.
También alertó que este es ya un sector de competencia global. Mencionó que la primera empresa con aprobación comercial para un BCI implantable estaría en China, y sugirió que no necesitó cientos de millones para llegar a mercado.
En su diagnóstico, el sistema de salud enfrenta una tensión estructural. Mientras en tecnología de consumo es positivo gastar cada vez más en teléfonos o laptops, hacer lo mismo en salud sería una catástrofe fiscal si no bajan de forma drástica los costos de desarrollo.
Por eso, Science decidió licenciar su pila electrónica y operar una fundición propia para otros desarrolladores de BCI. La idea es que compañías más pequeñas puedan entrar en humanos con rondas de entre USD $5 millones y USD $10 millones, en lugar de necesitar entre USD $50 millones y USD $75 millones para reinventar chips, software y procesos desde cero.
Hodak argumentó que muchas piezas electrónicas se repiten entre una prótesis retinal, un implante cortical motor, un estimulador espinal o un implante coclear. Si esa infraestructura se comparte, dijo, será más fácil validar nuevas indicaciones y llevar más terapias a más pacientes.
Vessel, perfusión y la ambición de sostener órganos fuera del cuerpo
Otra línea destacada por Hodak fue Vessel, centrada en tecnología de perfusión para mantener órganos activos fuera del cuerpo. Presentó esta área no como una curiosidad futurista, sino como una extensión lógica de su visión de Science como empresa de longevidad.
Contó que su interés por la perfusión comenzó hace cerca de una década, cuando leyó en The Lancet el caso de un joven de 17 años en Boston que esperaba un trasplante de pulmón. Mientras aguardaba un órgano, seguía vivo gracias a un circuito de perfusión que reemplazaba parcialmente la función pulmonar y en menor medida cardíaca.
El paciente estaba en una unidad de cuidados intensivos, hacía tareas, jugaba videojuegos y convivía con amigos. Luego desarrolló una complicación que lo sacó de la prioridad para recibir nuevos pulmones, y el debate médico pasó a ser qué hacer con alguien que seguía vivo, pero dependía por completo de la máquina.
Hodak dijo que el artículo discutía dilemas éticos, de equidad y de costo, pues ese soporte rondaba los USD $500.000 al mes. Finalmente, los médicos dejaron de cambiar el filtro del oxigenador, una membrana de intercambio gaseoso que se coagula con el paso de la sangre, y el joven murió pocos días después.
Para Hodak, ese caso mostró que la perfusión ya permite “milagros” que el público general no suele apreciar. También recordó que la misma familia tecnológica transformó el trasplante de órganos, permitiendo programar cirugías con equipos descansados en lugar de operar a toda prisa tras una donación inesperada.
Además, destacó que algunos órganos de donantes llegan en condiciones subóptimas y mejoran cuando pasan un tiempo fuera del cuerpo en circuitos de perfusión. Si ese tiempo se extendiera a semanas, sostuvo, sería posible aplicar intervenciones ex vivo, incluso terapias génicas o emparejamientos inmunológicos más finos.
Entre las aplicaciones futuras, mencionó sistemas que puedan funcionar como corazones artificiales totales o como soporte portátil para niños pequeños que necesitan un corazón y tienen muy pocos donantes compatibles por tamaño. Un sistema tipo mochila durante una década, dijo, cambiaría por completo la forma de pensar estas enfermedades.
IA, biología y el horizonte de 2035
Hodak afirmó que la inteligencia artificial ya está produciendo avances reales en biotecnología, aunque pidió cautela con los anuncios. Señaló que hacer algo en ratones no prueba demasiado, y que hacerlo solo en computadora tampoco basta si no se da el salto a experimentos en humanos.
Aun así, dijo que muchos grupos serios probablemente obtendrán resultados importantes. A su juicio, la revolución actual no se limita a modelos de lenguaje o software, sino que empieza a revelar principios compartidos entre sistemas biológicos y redes neuronales artificiales.
Una de las pistas más sugerentes para él es que, al mirar dentro de grandes modelos de IA, aparecen representaciones matemáticas parecidas a las observadas por la neurociencia. Mencionó neuronas y grupos neuronales asociados con espacio, rostros, decisiones o conceptos, y sostuvo que patrones similares ya se ven en redes entrenadas.
Esto refuerza, en su opinión, la idea de que la IA no es solo un loro estocástico. También abre una vía para comprender mejor los espacios semánticos compartidos entre cerebros, máquinas e incluso, de manera más especulativa, distintas especies.
Sobre el mediano plazo, Hodak dijo tener un “horizonte de eventos” mental alrededor de 2035. Cree que el mundo atraviesa otra revolución industrial, comparable en magnitud a la transición entre los telares domésticos, la fábrica urbana y, después, el paso desde el caballo y el carruaje hasta ver a un hombre llegar a la Luna.
Su mensaje final fue que los próximos 20 años podrían cambiar la vida humana en una escala que hoy cuesta imaginar. Como en revoluciones tecnológicas previas, advirtió, el proceso traerá tensiones, nuevas regulaciones y reajustes sociales antes de estabilizarse.
En ese marco, Science se presenta menos como una sola startup de moda y más como una apuesta por reingenierizar partes críticas de la medicina. La visión de Hodak combina restauración sensorial, soporte orgánico avanzado y una convergencia creciente entre inteligencia artificial y biología aplicada.
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