La Unión Europea propone clasificar desde 2027 a los centros de datos con una potencia instalada superior a 500 kW, mediante una evaluación que incluirá energía, agua, calor recuperado y flexibilidad de demanda.
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- La propuesta cubriría cada centro de datos individual con una potencia instalada superior a 500 kW.
- La UE planea triplicar su capacidad de centros de datos en cinco a siete años, mientras la demanda eléctrica podría llegar a unos 114 TWh en 2030.
- Las etiquetas no imponen todavía requisitos mínimos, pero podrían anticipar futuras reglas de rendimiento para el sector.
⚡️🇪🇺 La UE pondrá nota a los centros de datos desde 2027
Los de más de 500 kW serán evaluados por energía, agua, calor recuperado y flexibilidad de demanda.
Su consumo podría subir de 68 TWh en 2024 a 114-115 TWh en 2030 por la IA.
Las etiquetas aún no fijan mínimos. pic.twitter.com/FTtHMGeSFf
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 21, 2026
La Unión Europea quiere hacer visible el costo energético y ambiental de la expansión de los centros de datos, una infraestructura cada vez más vinculada al crecimiento de la inteligencia artificial. La Comisión Europea propuso un esquema de calificación que evaluará el consumo de energía y agua de cada centro con una potencia instalada superior a 500 kW, además de medir los recursos que esas instalaciones devuelven al sistema.
La iniciativa no se limitará a contar cuánta electricidad utiliza cada centro. También tendrá en cuenta el calor recuperado y reutilizado, la generación limpia que añade y la capacidad de reducir o desplazar su demanda cuando la red eléctrica se encuentre bajo presión, un enfoque que busca valorar tanto el impacto como la contribución de cada instalación.
Una etiqueta para medir el impacto de los centros de datos
El planteamiento de la Comisión Europea parte de una preocupación concreta: ampliar la capacidad informática sin multiplicar en la misma proporción la presión sobre las redes, el agua y las facturas de energía. Según The Next Web, la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión para una transición limpia, justa y competitiva, Teresa Ribera, afirmó que triplicar la capacidad de centros de datos no puede significar triplicar esas presiones sobre la infraestructura europea.
La propuesta considera que el consumo bruto no ofrece una imagen completa del desempeño de un centro de datos. Una instalación que recupera parte del calor de sus servidores, incorpora generación limpia o puede flexibilizar su demanda durante momentos críticos podría recibir una valoración distinta de otra con un consumo similar, pero sin mecanismos para aliviar la red.
La recuperación térmica ocupa un lugar central en el argumento de la Comisión, debido a la cantidad de calor que los equipos informáticos disipan durante su funcionamiento. La institución sostiene que, si Europa recuperara aproximadamente la mitad del calor que actualmente desperdician sus centros de datos, podría cubrir las necesidades de calefacción de cuatro millones de hogares.
El esquema también incorpora el agua como una variable de evaluación, aunque la información presentada no detalla una escala concreta de puntuaciones ni el diseño final de cada etiqueta. Por ahora, el objetivo principal consiste en reunir y hacer comparables los datos de las instalaciones, para que el crecimiento de la infraestructura digital no permanezca separado de sus consecuencias físicas.
La expansión de la inteligencia artificial eleva la presión
La escala del desafío queda reflejada en el consumo eléctrico registrado por el sector. En 2024, los centros de datos europeos utilizaron alrededor de 68 TWh de electricidad, mientras que las previsiones atribuidas a la Agencia Internacional de la Energía sitúan la cifra en torno a 114-115 TWh para 2030, impulsada principalmente por la demanda asociada con la inteligencia artificial.
Si se cumple esa previsión, los centros de datos representarían más del 3% de toda la electricidad consumida en la región para 2030. La cifra ayuda a explicar por qué la Comisión vincula la política de infraestructura digital con la planificación energética, incluso cuando presenta la expansión de la capacidad como una cuestión de independencia tecnológica.
La Unión Europea plantea triplicar su capacidad actual de centros de datos en un plazo de cinco a siete años. Ese objetivo convierte la eficiencia, la disponibilidad de agua y la coordinación con las redes eléctricas en factores estratégicos para la soberanía digital, especialmente mientras los servicios de inteligencia artificial requieren más capacidad de procesamiento.
El comisionado de Energía, Dan Jørgensen, resumió esa tensión al señalar que la soberanía digital debe avanzar junto con la responsabilidad energética. La frase refleja el dilema que enfrenta la región: acelerar la infraestructura necesaria para competir tecnológicamente, pero sin trasladar de forma ilimitada sus costos a los sistemas eléctricos, los recursos hídricos y los consumidores.
El calendario regulatorio todavía está abierto
La medida propuesta adopta la forma de un reglamento delegado, por lo que ahora corresponde al Parlamento Europeo y al Consejo examinarla durante un periodo de dos meses. Ambos organismos pueden oponerse al reglamento en su totalidad, pero no tienen capacidad para modificar una línea específica del texto presentado por la Comisión.
Si la propuesta supera esa revisión, los centros de datos individuales comenzarían a recibir sus etiquetas en 2027. La entrada en vigor del esquema está prevista para agosto de ese año. La Comisión también prevé completar a finales de 2028 una revisión para determinar si el sistema funciona, lo que abriría la puerta a ajustes posteriores basados en la experiencia de su aplicación.
La existencia de una calificación no equivale, por sí misma, a una obligación de cumplir estándares mínimos. La Comisión presentó por separado requisitos mínimos de rendimiento para consulta pública, y ese proceso, cuyo plazo llega hasta el 14 de diciembre, sería el espacio del que podría surgir un piso obligatorio para el desempeño del sector.
La diferencia entre transparencia y exigencia resulta importante para interpretar el alcance inmediato de la propuesta. Las etiquetas permitirían identificar el desempeño relativo de los centros de datos, pero los límites efectivos sobre consumo, eficiencia o uso de recursos dependerían de futuras decisiones regulatorias y de los estándares mínimos que finalmente se adopten.
Coordinación entre operadores y proveedores
La Comisión también trabaja en un acuerdo tripartito que reuniría a operadores de centros de datos, operadores de redes y proveedores de energía. El trabajo está previsto para más adelante este año, después de una declaración de intenciones realizada en junio, aunque la información disponible no precisa todavía el contenido definitivo ni las obligaciones que tendría ese acuerdo.
La coordinación entre esos actores busca abordar un problema que no puede resolverse únicamente dentro de los edificios donde funcionan los servidores. La ubicación de cada centro, su conexión a la red, la disponibilidad de agua, la posibilidad de utilizar energía limpia y la capacidad de ajustar su demanda determinan el impacto que tendrá la expansión sobre cada territorio.
Para los operadores, una clasificación podría convertirse en una herramienta de comparación y reputación, especialmente si clientes corporativos o instituciones públicas empiezan a valorar el desempeño ambiental de la infraestructura que utilizan. Sin embargo, la propuesta no afirma que una etiqueta favorable vaya a garantizar menores costos, ni establece que una calificación desfavorable implique el cierre de una instalación.
Por ahora, el resultado más inmediato será aumentar la visibilidad de los centros de datos dentro del debate energético europeo. La Comisión intenta que la carrera por la capacidad informática, acelerada por la inteligencia artificial, avance con información sobre sus consumos y con incentivos para recuperar calor, añadir generación limpia y flexibilizar la demanda.
La iniciativa de la Unión Europea marca así una primera capa de supervisión sobre una industria cuya expansión se presenta como estratégica. El próximo paso dependerá de la revisión institucional del reglamento, de la consulta sobre estándares mínimos y de la negociación entre quienes consumen, transportan y suministran la energía.
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